ZOOLOGÍA POLÍTICA


El hombre, un animal de lujo

Posted in Uncategorized por fbacon en abril 24, 2007

Dr. Adolfo Vásquez Rocca

– Según Peter Sloterdijk el hombre es un ‘animal de lujo’ al punto que no es capaz de seguir siendo un verdadero animal. Perdió la facultad de ser un animal. Esa es su definición de la humanidad: la incapacidad adquirida de quedar en el terreno de la animalidad. Somos seres condenados a la fuga hacia adelante, y en esa carrera nos volvemos extáticos. Ese éxtasis corresponde a lo que Heidegger llamaba “la apertura al mundo”. Volviendo al eugenismo, soy partidario de un eugenismo de lujo. Me interesa particularmente el ser humano como fenómeno de lujo, casi milagroso, aparecido en forma aleatoria. Esa criatura lleva una carga hereditaria de enfermedades genéticas que no sirven para nada, pero que nos acompañan. La única pregunta eugenésica que las generaciones futuras podrían plantearse sería si suprimir, gracias a la ingeniería genética, algunos de esos acompañantes. En 50 o 100 años, estoy seguro de que la mayoría de la humanidad estará de acuerdo con esas técnicas. Pero esto no tiene nada que ver con un eugenismo eliminador. Es necesario habituarse a pensar al hombre como un ser de lujo, aun cuando los dogmáticos no dejen de decirnos que el hombre es hombre sólo en función de sus carencias.

 

Sloterdijk con sus tres tomos de “Esferas” dejó el terreno de la bioética para plantear nada menos que una morfología general del espacio humano. Lo que también puede denominarse ontogéneis de los espacios humanos. En esa trilogía retoma la gran pregunta de Heidegger: ¿dónde estamos cuando decimos que estamos en el mundo?

Para responder: Es en burbujas, esferas, incubadoras, invernaderos, donde el hombre se construye, se protege y cambia”. La vida humana se autoorganiza siempre creando espacios protegidos e inmunes, de la célula y su protoplasma a los niños dentro del útero, pasando por los hombres cuando construyen su intimidad, sus casas, sus ciudades y sus espacios metafísicos o imaginarios.

Seminario Sloterdijk – Nietzsche

Prof. Dr. Adolfo Vásquez Rocca
Modalidad: Seminario de Postgrado
Créditos: 8 créditos / __
Evaluación: Ponencia o Exposición
Trabajo de Ensayo
Horario: jueves 16:00 a 18:00 hrs.
Instituto de Filosofía PUCV

http://www.observacionesfilosoficas.net/seminariosloterdijknietzsche.html

Una respuesta to 'El hombre, un animal de lujo'

Subscribe to comments with RSS o TrackBack to 'El hombre, un animal de lujo'.

  1. fbacon said,

    Comentarios a mi mismo: “El hombre, un animal de lujo”

    No más relaciones ni más disculpas. Sólo saludos lejanos en las encrucijadas del infinito, saludos de meteoro a meteoro. Un intercambio de destellos de incandescencia a incandescencia y un cauto caminar en compañía con los pasos inaudibles del amor.

    Peter Sloterdijk, El árbol mágico

    Diario de Notas para un futuro no lejano

    Dr. Adolfo Vásquez Rocca

    El hombre es el animal “Convaleciente” que se interrumpe y sobre-pone. Sólo cuando el hombre se interrumpe aparece lo que llamamos Mundo. Cuando se “toma su tiempo”, cuando hace del tiempo algo “propio”. Pero cuando lo hace, precisamente, sale del tiempo pánico, devorador de hombres. Del estado de indiferenciación del mundo horizontal, animal. Hacia el tiempo distendido, como “momento para la contemplación”, y ese mundo indiferenciado aparece por primera vez: “Cosmos”.
    Se “abre” espacio a la esperanza en la seguridad de la herencia. En lo mutuo, dado que es la mutualidad lo que mantiene el estado de esperanza en “alerta” y sólo en el embrutecimiento de la soledad abisal se reencuentra el lugar del “tiempo pleno”. De “indiferenciación”. “Tal vez esta vigilia en mí es el resto que quedó cuando, hace mucho tiempo, renuncié a esperar a la que perdí. En su lugar vinieron las impresiones incontables.” El campo de la “experiencia precaria” proviene de la diferenciación originaria que “la vigilia”, como un Don de nuestros antepasados, garantiza. Recibimos el espacio del silencio por la “ventaja” que heredamos, la tranquila ventaja de caminar sin cuidado, por el hecho de que nuestros abuelos protohistóricos despertaron del sueño del mundo y se alzaron en dos pies. La perpendicularidad es la dignidad del hombre, su orgullo. La perpendicularidad es el modo bestial y banal de distanciamiento del tiempo pánico, y por tanto, de urbanización de ese lugar de proximidad brutal. “Nadie podría decir que no he seguido esta mañana la llamada de la dignidad humana”. Como consecuencia vino el tiempo de las impresiones incontables, la experiencia y con ella el tiempo de las pequeñas certezas.
    Lo que aparece “Mundo” para el hombre en vela, ya no es aquello de lo que huye pues ya no le amenaza, todo lo contrario solo hay Mundo cuando el animal hombre levantó la mirada y no era temor lo que sentía, pues habían otros que cuidaban de él, así tuvo tiempo de ver seguridad en el horizonte. Pero con la seguridad mansa apareció la Nostalgia.
    “Demasiadas veces he aguantado lo inminente como si fuera posible un malentendido sobre el desenlace de la cosa.”
    Nada, acerca de la cosa, habría de sorprender al animal de la certeza. “su manso dejarse ver es un asiento de confianza donde vigilar se convierte en saber”, así el Mundo sería el compendio de aquello con lo que nos familiarizamos, en lo que nuestra mirada se depositara mansa y paciente, en la tranquilidad heredada por la vigilia de incontables generaciones pasadas; La Cultura. El Mundo sería aquello que no pertenecería al estadio del horror o la utilidad.
    Pasa el “hombre en vela” a ser el “animal teórico” en un esfuerzo de “totalización”, en una suerte de intento por recuperar la unidad perdida, y en ese intento a modo de grito aciago: la palabra. Aun así, el mundo parece cada vez más lejos. Borges en “la parábola del palacio” o en una “cartografía imposible” propone la anomalía de la representación, el intento frustrado de incontables cartógrafos para lograr hacer un mapa absolutamente fiel al territorio que describe, y que por ello se ha vuelto tan grande como el mismo territorio, y hasta lo oculta al estar sobre la tierra. Sloterdijk lo propone así: “Estoy en vela porque soy sólo un resto de dos. Si viniera ahora (ese que ya no soy), estoy seguro que el mundo se esfumaría en un segundo”.
    Ninguna conciencia es conciencia individual, ninguna unidad vigilante es sin un anterior vigía que le permite el “tiempo mutuo”. Toda autoconciencia es un Yo en vela y otro Yo velado por él. En esta mutualidad es donde sucede el abrirse primario para cuestionamientos más “elevados”. “no puede haber filosofía y conceptos del mundo hasta el día en que se emplee más atención, en la conciencia del pensante, en hacer que los enunciados se manifiesten trabados entre sí que en hacerlos plausibles para los oyentes, o en formular los hechos convenientes.” El objeto de la filosofía a partir de esto, son “las estructuras que se muestran al pensamiento lineal y “consecuente”,” no las “libres fluctuaciones sincrónicas de vigías” que están en mayor atención y cercanía al mundo pánico. Y que además perseveran en la “llamada de alerta” frente “al campo del mundo bullente de sucesos ante el muro de la ciudad”.
    Para Sloterdijk los grandes textos que se regala el animal de lujo, el hombre, varían así en estas dos posibilidades epistemológicas: – Percepciones fluctuantes sincrónicas de la circunstancia íntegra “mundo” y – El crítico seguimiento interrogante de discursos profundos sobre la estructura de la totalidad. [¿Cómo tocamos el Sueño del mundo? conjeturas sobre el despertar. Peter Sloterdijk]
    La modernidad está basada en una ontología del experimento por el que la humanidad desembriagada de Occidente sale del sopor mediante fantasmas del día y la noche metafísica.”
    Esa noche metafísica mesurada, lugar de la verdad psíquica, paracósmica. El exilio de lo ausente, ha contribuido al olvido de la noche, del mundo. De la interrupción, “cuando el mundo se interrumpe, forma las vocales alrededor de las que se agrupan las consonantes de lo existente”, Los recuerdos de las nadas discretas, de las interrupciones de las noches febriles, de los deseos bestiales, son la verdadera comunidad de la especie. “Esa nada pactada es la quietud universal a la que los hombres de los tiempos metafísicos confirieron su más excelsa palabra: Dios.” Pareciera que lo más notable de la teología clásica fue alejar al pensamiento positivo de cualquier conceptualización de dicha palabra. La pausa del mundo es la farmacia para la recapitulación de la vigilia.
    En la recapitulación de la vigilia, el “imperativo” de su metamorfosis en la atención.
    La globalización de las perspectivas, al mismo tiempo que comprender la completa geografía a disposición del habitar del hombre diurno, ha puesto en crisis ecológicas ese recinto. “la crisis de la mundanidad pone principalmente en cuestión el poder-ser-casa-de la tierra y el poder-habitar de la humanidad.”
    Más allá del encargo geológico de ocupación preventiva. El encargo de Sloterdijk aparece como un intento de acepar la madurez como “el que viene al mundo lo bastante extensamente”, es un encargo sobre-ético, de la relación entre el hombre y sus entrañas, entre el temor de no ser capaz de superar la conmoción por el mundo hipercomplejo, y de la inminencia de un siglo de hordas extraordinarias e irresolutas. De suprimir la vieja distinción entre Política y Filosofía transformando la vieja doctrina de la sabiduría universal en la facultad planetaria de vela global.

    Ver más sobre Peter Sloterdijk
    http://www.psikeba.com.ar/recursos/autores/sloterdijk.htm


Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: