ZOOLOGÍA POLÍTICA


Los Anormales; genealogía de lo monstruoso

 

Dr. Adolfo Vásquez Rocca

Foucault: Los Anormales

 

1.-

El tranquilo sueño de la razón no dejará de generar monstruos. Monstruos que son consecuencia de la domesticación, del conformismo y de la seguridad garantizada por el ejercicio del poder. Foucault dará una doble función a este ejercicio: En primer lugar, una anátomo-política del cuerpo humano que obedece a la mecánica de las disciplinas. El principal objetivo de ellas es la comprensión del cuerpo como máquina. Estos procedimientos intentan conseguir docilidad política y utilidad económica de los individuos. En segundo lugar, destaca una biopolítica de la población. En este caso se considera al cuerpo individual en tanto forma parte de la especie. Esta operación queda a cargo de una serie de intervenciones y controles reguladores del individuo en tanto partícipe de los avatares propios de la especie humana: nacimiento, muerte, migración, reproducción, etc. Por lo tanto, el cuerpo es considerado como soporte de los procesos biológicos. Los mecanismos de poder ya no tienen allí por objeto la muerte, sino actúan como administradores de la vida:


“Las disciplinas del cuerpo y las regulaciones de la población constituyen los dos polos alrededor de los cuales se desarrolló la organización del poder sobre la vida”.

En Los Anormales curso dictado en el Collège de France entre enero y marzo de 1975, Michel Foucault prolonga los análisis en torno a las relaciones entre el saber y el poder: poder disciplinario, poder de normalización, bio-poder. A partir de múltiples fuentes teológicas, jurídicas y médicas, Foucault enfoca el problema de esos individuos ‘peligrosos’ a quienes, en el siglo XIX, se denomina ‘anormales’. Define sus tres figuras principales: los monstruos, que hacen referencia a las leyes de la naturaleza y las normas de la sociedad, los incorregibles, de quienes se encargan los nuevos dispositivos de domesticación del cuerpo, y los onanistas, que dan pábulo, desde el siglo XVIII, a una campaña orientada al disciplinamiento de la familia moderna. Los análisis de Foucault toman como punto de partida las pericias médico legales que aún se practicaban en la década de 1950. Esboza a continuación una arqueología del instinto y el deseo, a partir de las técnicas de la revelación en la confesión y la dirección de conciencia. Plantea de ese modo las premisas históricas y teóricas de trabajos que retomará, modificará y reelaborará en su enseñanza en el Collège de France y en las obras ulteriores. Este curso representa, por lo tanto, un elemento esencial para seguir las investigaciones de Foucault en su formación, sus prolongaciones y sus desarrollos.

2.-

 

La primera de las figuras de lo que Foucault llama el monstruo humano es el que trasgrede la ley. La noción de monstruo es así – en principio – esencialmente una noción jurídica; jurídica en el sentido amplio del término, claro está, porque lo que define al monstruo es el hecho de que, en su existencia y su forma, no sólo viola el pacto cívico, sino también de las leyes de la naturaleza-. Es, en un doble registro, infracción a las leyes en su misma existencia. El campo de aparición del monstruo, por lo tanto, es un dominio al que puede calificarse de jurídico, biológico y plástico. Por otra parte, el monstruo aparece en este espacio como un fenómeno extremo, límite, el punto de derrumbe de la ley y, al mismo tiempo, de la salud y lo natural. El monstruo es así excepcional, precisamente por su rareza, por su carácter de curiosidad de feria; lo que hace que un ser humano sea un monstruo no es sólo la excepción que representan en relación a la forma de la especie, sino el problema que plantea a las regularidades jurídicas (se trate de las leyes del matrimonio, de los cánones de bautismo o de las reglas de la sucesión). El monstruo humano combina lo imposible y lo prohibido .

Así en esta genealogía de lo anormal va a hacer su aparición la figura del individuo “peligroso” –al cual es imposible darle un sentido médico o un estatuto jurídico- y que no obstante es la noción fundamental de los peritajes contemporáneos. Al plantear hoy a la medicina la pregunta en sí misma insensata: ¿es peligroso este individuo? (pregunta que contradice un derecho penal fundado en la sola condena de los actos y postula una relación de implicación mutua y de naturaleza entre enfermedad e infracción), los tribunales están prolongando –a través de transformaciones que se trata de analizar- los equívocos de los viejos monstruos seculares.

El monstruo es la excepción por definición; el individuo a corregir es un fenómeno corriente. Tan corriente que presenta -y ésa es su primera paradoja- la característica de ser, en cierto modo, regular en su irregularidad. Por consiguiente, a partir de ahí también van a desplegarse toda una serie de equívocos. En primer lugar, esto: en la medida en que el individuo a corregir es muy frecuente, en la medida en que está inmediatamente próximo a la regla, siempre va a ser muy difícil determinarlo. Está tan exactamente en el límite de la indecidibilidad que difícilmente se podrá demostrar efectivamente que el individuo es incorregible. Primer equívoco.

 

3.-

Otro equívoco es que, en el fondo, la persona que hay que corregir se presenta en ese carácter en la medida en que fracasaron todas las técnicas, todos los procedimientos, todas las inversiones conocidas y familiares de domesticación mediante los cuales se pudo intentar corregirla. Lo que define al individuo a corregir, por lo tanto, es que es incorregible. Y sin embargo, paradójicamente, el incorregible, en la medida misma en que lo es, exige en torno de sí cierta cantidad de intervenciones específicas, de sobreintervenciones con respecto a las técnicas conocidas y familiares de domesticación y corrección, es decir, una nueva tecnología de recuperación, de sobrecorrección. De manera que alrededor de este individuo a corregir, vemos dibujarse una especie de juego entre la incorregibilidad y la corregibilidad. Se esboza un eje de la corregible incorregibilidad, donde más adelante, en el siglo XIX, vamos a encontrar precisamente al individuo anormal. Ese eje va a servir de soporte a todas las instituciones específicas para anormales, que se desarrollarán en el siglo XIX. Monstruo empalidecido y trivializado, el anormal de ese siglo es igualmente un incorregible, un incorregible a quien se va a poner en medio de un aparato de corrección. Ése es el segundo antepasado del anormal del siglo XIX .

 

El monstruo es, en el fondo, la casuística necesaria que el desorden de la naturaleza exige en el derecho.

 

Así se dirá que el monstruo el ser en quien leemos la mezcla de dos reinos, porque, por una parte, cuando podemos leer, en un único y mismo individuo, la presencia del animal y la de la especie humana, y buscamos la causa, ¿a qué se nos remite? A una infracción del derecho humano y el derecho divino, es decir, a la fornicación, en los progenitores, entre un individuo de la especie humana y un animal

4.-

El individuo a corregir. Es un personaje más reciente que el monstruo. Es menos correlativo a los imperativos de la ley y de las formas canónicas de la naturaleza que a las técnicas de encauzamiento con sus exigencias propias. La aparición del “incorregible” es contemporánea a la puesta en práctica de las técnicas de disciplina a la que se asiste durante los siglos XVII y XVIII en el ejército, las escuelas, los talleres, e incluso, un poco más tarde, en las familias mismas. Los nuevos procedimientos de encauzamiento (dressage) del cuerpo, del comportamiento, de las aptitudes, abren el problema de aquellos que escapan a esta normatividad que ya no es la soberanía de la ley.

La “interdicción” constituía la medida judicial por la cual un individuo era, al menos parcialmente, descalificado como sujeto de derechos . Este marco jurídico y negativo será en parte colmado, en parte reemplazado, por un conjunto de técnicas y de procedimientos con los cuales se intentará encauzar (dresser) a aquellos que se resisten al encauzamiento y corregir a los incorregibles. El “encierro”, aplicado a gran escala a partir del siglo XVII, puede aparecer como una especie de fórmula intermedia entre el procedimiento negativo de la interdicción judicial y los procedimientos positivos de encauzamiento (redressement). El encierro excluye de hecho y funciona fuera de la ley, pero se da como justificación la necesidad de corregir, de mejorar, de conducir al arrepentimiento, de producir el retorno de los “buenos sentimientos”. A partir de esta forma confusa, pero históricamente decisiva, es preciso estudiar la aparición con fechas históricas precisas de las diferentes instituciones de encauzamiento y de las categorías de individuos a las cuales están dirigidas. Nacimientos técnico-institucionales de la ceguera, de los sordomudos, de los imbéciles, de los retardados, los nerviosos, los desequilibrados.

Monstruo banalizado y pálido, el anormal del siglo XIX es también un descendiente de esos incorregibles que han aparecido en los márgenes de las técnicas modernas de “encauzamiento”.

El individuo a corregir es un personaje más reciente que el monstruo. Así, según Foucault, el incorregible surge luego del monstruo, tras la introducción de técnicas disciplinarias como las del ejército, las escuelas y lugares de trabajo, así como los procesos de domesticación del cuerpo y del comportamiento. Entra el asunto de la prohibición, como método de descalificación del individuo, para luego desatarse sin medida en la práctica del encierro. Es por esta razón que no queda claro en qué momento la locura y los problemas judiciales del comportamiento forman un solo sistema a corregir. En Historia de la locura en la época clásica se trata el tema de la locura aparte del de la incorrección, pero en este caso la aparición en la escena del loco (en el sentido moderno) se da cuando los antiguos males (como la lepra) tienden a desaparecer a medida que se desarrollan formas médicas y sanitarias que tienden a mejorar el ambiente de vida en la Europa del s. XVI, reforzándose esta imagen de la locura como enfermedad mental y biológica en situaciones como la del psiquiatra Pinel, quien libera a los asilados del auspicio de parís, con el fin de hacer la vida de los locos un poco más útil para los demás. (Poniéndolos a trabajar, además le servía para estudiar sus grados de locura como cita Foucault sobre Pinel) En esta ocasión el punto de ruptura lo constituye la famosa “liberación” del doctor Pinel a mediados del s. XVIII, pero por supuesto sobre la fastuosa escena del gran encierro de los locos en el s. XVII.

 

Ver

ANTIPSIQUIATRÍA; EL ESTADO TERAPEÚTICO, POLÍTICAS PÚBLICAS DE SALUD MENTAL Por Adolfo Vásquez Rocca

Lo monstruoso en el Arte

http://www.margencero.com/articulos/articulos2/arte_monstruo.htm

ANTIPSIQUIATRÍA; EL ESTADO TERAPEÚTICO, POLÍTICAS PÚBLICAS DE SALUD MENTAL Por

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  1. fbacon said,

    TEXTO SELECCIONADO

    Los Anormales
    MICHEL FOUCAULT

    Texto del Informe del curso de 1974-75 dictado por Michel Foucault en el College de France.

    La gran familia indefinida y confusa de los “anormales”, acechada por el miedo a finales del siglo XIX, no marca simplemente una fase de incertidumbre o un episodio un poco desdichado en la historia de la psicopatología, sino que ha sido formada en correlación con todo un conjunto de instituciones de control, toda una serie de mecanismos de vigilancia y de distribución. Mientras estuvo casi por completo contenida en la categoría de “degeneración”, dio lugar a elaboraciones teóricas irrisorias, pero con efectos duramente reales.
    El grupo de anormales se formó a partir de tres elementos cuya constitución no ha sido exactamente sincrónica.

    1.- El monstruo humano. Vieja noción cuyo marco de referencia es la ley. Noción jurídica, entonces, pero en sentido amplio, ya que en ella se trata no sólo de leyes de la sociedad sino también de leyes de la naturaleza: el campo de aparición del monstruo es un dominio jurídico-biológico. Cada una en su momento, las figuras del ser mitad hombre mitad bestia (valorizadas sobre todo en la Edad Media), las individualidades dobles (valorizadas sobre todo en el Renacimiento), los hermafroditas (que han suscitado tantos problemas durante los siglos XVII y XVIII) han representado esta doble infracción: lo que hace que un monstruo humano sea un monstruo no es sólo la excepción que representan en relación a la forma de la especie, sino el problema que plantea a las regularidades jurídicas (se trate de las leyes del matrimonio, de los cánones de bautismo o de las reglas de la sucesión). El monstruo humano combina lo imposible y lo prohibido. Es preciso estudiar en esta perspectiva los grandes procesos a hermafroditas donde se han enfrentado juristas y médicos desde el caso de Rouen (a comienzos del siglo XVII) hasta el proceso de Anne Grandjean (a mediados del siglo siguiente) como así también obras como la Embriología sagrada de Cangiamila, publicada y traducida en el siglo XVIII.

    A partir de allí se pueden comprender un cierto número de equívocos que continuarán obsesionando el análisis y el estatuto del hombre anormal, incluso cuando éste haya reducido y confiscado los rasgos propios del monstruo. En primera línea de estos equívocos se encuentra un juego nunca completamente controlado entre la excepción a la naturaleza y una infracción al derecho. Ambas dejan de superponerse sin dejar de jugar una en relación a la otra. El alejamiento “natural” de la “naturaleza” modifica los efectos jurídicos de la transgresión y sin embargo no los borra por completo, no remite pura y simplemente a la ley, pero tampoco la suspende: la pliega, produciendo efectos, activando mecanismos, apelando a instituciones para-judiciales y, marginalmente, médicas. Se ha podido estudiar en este sentido la evolución del peritaje médico-legal en materia penal desde el acto “monstruoso” problematizado a comienzos del siglo XIX (con los casos Cornier, Léger, Papavoine) hasta la aparición de esta noción de individuo “peligroso” –a la cual es imposible darle un sentido médico o un estatuto jurídico- y que no obstante es la noción fundamental de los peritajes contemporáneos. Al plantear hoy a la medicina la pregunta en sí misma insensata: ¿es peligroso este individuo? (pregunta que contradice un derecho penal fundado en la sola condena de los actos y postula una relación de implicación mutua y de naturaleza entre enfermedad e infracción), los tribunales están prolongando –a través de transformaciones que se trata de analizar- los equívocos de los viejos monstruos seculares.

    2.- El individuo a corregir. Es un personaje más reciente que el monstruo. Es menos correlativo a los imperativos de la ley y de las formas canónicas de la naturaleza que a las técnicas de encauzamiento con sus exigencias propias. La aparición del “incorregible” es contemporánea a la puesta en práctica de las técnicas de disciplina a la que se asiste durante los siglos XVII y XVIII en el ejército, las escuelas, los talleres, e incluso, un poco más tarde, en las familias mismas. Los nuevos procedimientos de encauzamiento (dressage) del cuerpo, del comportamiento, de las aptitudes, abren el problema de aquellos que escapan a esta normatividad que ya no es la soberanía de la ley.

    La “interdicción” constituía la medida judicial por la cual un individuo era, al menos parcialmente, descalificado como sujeto de derechos. Este marco jurídico y negativo será en parte colmado, en parte reemplazado, por un conjunto de técnicas y de procedimientos con los cuales se intentará encauzar (dresser) a aquellos que se resisten al encauzamiento y corregir a los incorregibles. El “encierro”, aplicado a gran escala a partir del siglo XVII, puede aparecer como una especie de fórmula intermedia entre el procedimiento negativo de la interdicción judicial y los procedimientos positivos de encauzamiento (redressement). El encierro excluye de hecho y funciona fuera de la ley, pero se da como justificación la necesidad de corregir, de mejorar, de conducir al arrepentimiento, de producir el retorno de los “buenos sentimientos”. A partir de esta forma confusa, pero históricamente decisiva, es preciso estudiar la aparición con fechas históricas precisas de las diferentes instituciones de encauzamiento y de las categorías de individuos a las cuales están dirigidas. Nacimientos técnico-institucionales de la ceguera, de los sordomudos, de los imbéciles, de los retardados, los nerviosos, los desequilibrados.

    Monstruo banalizado y pálido, el anormal del siglo XIX es también un descendiente de esos incorregibles que han aparecido en los márgenes de las técnicas modernas de “encauzamiento”.

    3.-El onanista. Figura completamente nueva en el siglo XVIII. Aparece en correlación con los nuevos vínculos entre sexualidad y organización familiar, con la nueva posición del niño en medio del grupo parental, con la nueva importancia acordada al cuerpo y a la salud. Aparición del cuerpo sexual del niño.

    De hecho, esta emergencia tiene una larga prehistoria: el desarrollo conjunto de técnicas de dirección de conciencia (en la nueva pastoral nacida de la Reforma y del Concilio de Trento) e instituciones de educación. De Gerson a Alphonse de Ligori, toda un cuadriculación discursiva del deseo sexual, del cuerpo sensual y del pecado de mollities (pereza, molicie) está asegurada por la obligación del testimonio penitenciario y de una práctica muy codificada de interrogatorios sutiles. Esquemáticamente, puede decirse que el control tradicional de las relaciones prohibidas (adulterio, incesto, sodomía, bestialismo) duplicó el control de la “carne” en los movimientos elementales de la concupiscencia.

    Pero sobre este fondo, la cruzada contra la masturbación introduce una ruptura. Comienza estrepitosamente, primero en Inglaterra hacia 1710 con la publicación de Onanía, y sigue en Alemania antes de desencadenarse en Francia alrededor del 1760 con el libro de Tissot. Su razón de ser es enigmática pero sus efectos, innumerables. Unos y otros no pueden ser determinados sino tomando en consideración algunos de los rasgos esenciales de esa campaña. Sería insuficiente, en efecto, no ver en ella –y esto desde una perspectiva próxima a Reich que inspirado recientemente los trabajos de Van Hussel- más que proceso de represión ligado a las nuevas exigencias de la industrialización: el cuerpo productivo contra el cuerpo del placer. De hecho esta cruzada, al menos en el siglo XVIII, no toma la forma de una disciplina sexual general. Se dirige de manera privilegiada –si no exclusiva- a los adolescentes o a los niños, y más precisamente aún, a los de familias ricas o acomodadas. Ubica a la sexualidad, o al menos al uso sexual del propio cuerpo, en el origen de una serie indefinida de desórdenes físicos que pueden hacer sentir sus efectos sobre todas las formas y en todas las edades de la vida. La potencia etiológica ilimitada de la sexualidad, a nivel de los cuerpos y de las enfermedades, es uno de los temas más constantes no sólo en los textos de esta nueva moral médica, sino también en las obras de patología más serias. Si luego el niño se convierte por ellas en el responsable de su propio cuerpo y de su propia vida, en el “abuso” que él hace de su sexualidad, se acusa a los padres de ser los verdaderos culpables: deficiente vigilancia, negligencia, y sobre todo esa falta de interés por sus hijos, por sus cuerpos y sus conductas, lo que los lleva a confiarlos a nodrizas, domésticas, preceptores, todos esos intermediarios regularmente denunciados como los iniciadores del desenfreno (Freud comenzará allí su primera teoría de la “seducción”). A través de esta campaña se entrevé el imperativo de una nueva relación padres-hijos y, más ampliamente, una nueva economía de las relaciones intrafamiliares: solidificación e intensificación de las relaciones padre-madre-hijos (a expensas de las relaciones múltiples que caracterizarían la “casa grande”), inversión del sistema de obligaciones familiares (que antes iban de los hijos a los padres y que ahora tienden a hacer del niño el objeto primero e incesante de los deberes de los padres, asignándoles la responsabilidad moral y médica de todos sus descendientes), aparición del principio de salud como ley fundamental de los vínculos familiares, distribución de la célula familiar alrededor del cuerpo –y del cuerpo sexual- del niño, organización de un lazo físico inmediato, de un cuerpo a cuerpo padres-hijos donde se anudan de manera compleja el deseo y el poder y, finalmente, necesidad de un control y de un conocimiento médico externo para arbitrar y regular estas nuevas relaciones entre la vigilancia obligatoria de los padres y el cuerpo tan frágil, irritable, excitable de los niños. La cruzada contra la masturbación traduce la organización de la familia restringida (padres, hijos) como un nuevo aparato de saber-poder. El cuestionamiento de la sexualidad del niño, y de todas las anomalías de las cuales ésta será responsable, ha sido uno de los procedimientos de constitución de este nuevo dispositivo. La pequeña familia incestuosa que caracteriza nuestras sociedades, el minúsculo espacio familiar sexualmente saturado donde fuimos criados y donde vivimos, se ha formado allí.

    El individuo “anormal” al que desde el fin del siglo XIX toman en cuenta tantas instituciones, discursos y saberes, deriva a la vez de la excepción jurídico-natural de monstruo, de la multitud de incorregibles en los aparatos de encauzamiento y del secreto universal de las sexualidades infantiles. A decir verdad, las tres figuras del monstruo, el incorregible y del onanista no van a confundirse exactamente. Cada uno se inscribirá en sistemas autónomos de referencia científica: el monstruo en una teratología y una embriología que han encontrado en Geoffroy Saint-Hilaire su primera gran coherencia científica, el incorregible en una psico-fisiología de las sensaciones de la motricidad y de las aptitudes, el onanista en una teoría de la sexualidad que se elabora lentamente a partir de la Psycopathia Sexualis de Kaan.

    Pero la especificidad de estas referencias no puede hacer olvidar tres fenómenos esenciales que en parte la anulan o por lo menos la modifican: la construcción de una teoría general de la “degeneración” que a partir del libro de Morel (1857) va a servir a lo largo de medio siglo de marco teórico y al mismo tiempo de justificación social y moral a todas las técnicas de localización, de clasificación y de intervención sobre los anormales. La organización de una red institucional compleja que, en los confines de la medicina y de la justicia, sirve a la vez de estructura de “recepción” de los anormales y de instrumento para la “defensa” de la sociedad. Finalmente, el movimiento por el cual el elemento más reciente aparecido en la historia (el problema de la sexualidad infantil), va a cubrir los otros dos para convertirse en el siglo XX en el principio de explicación más fecundo de todas las anomalías.

    La Antiphysis que el terror del monstruo llevaba una vez a la excepcional luz del día, es ahora desplazada por la sexualidad universal de los niños bajo la forma de las pequeñas anomalías cotidianas.

    Ver Foucault y la Antipsiquiatría

    http://www.psikeba.com.ar/articulos/AVRantipsiquiatria.htm

    Dr. Adolfo Vásquez Rocca

    Bibliografía

    – Dreyfus, H.L. y Rabinow, P., Michel Foucault. Más allá del estructuralismo y la Hermeneutica, Buenos Aires, Nueva Visión, 2001.

    – Eribon, Didier, Michel Foucault, Barcelona, Anagrama, 1992.

    – Terán, Oscar, “Presentación”, en Discurso, poder y subjetividad, Bs.As., El cielo por asalto, 1995.

    – M. Foucault, Historia de la locura en la época clásica “Prefacio” de 1961, Parte II, caps III, “Del buen uso de la libertad”, IV, “El nacimiento del asilo” y V, “El círculo antropológico”.)

    – Gros, Frédéric, Foucault y la locura, Bs.As., Nueva Visión, 2000.

    -M. Foucault, Vigilar y castigar (1975), México, Siglo XXI, 1976, Suplicio, I “El cuerpo de los condenados” pp.23-37; IIIª parte: “Disciplina”.

    – Boullant, Michel Foucault y las prisiones, Buenos Aires, Nueva Visión, 2004.

    – Dreyfus, H.L. y Rabinow, P., Michel Foucault. Más allá del estructuralismo y la Hermeneutica.

    – Le pouvoir psychiatrique, Cours Année 1973-1974, Lec.

    – Castro, Edgardo, El vocabulario de Michel Foucault,

    – M. Foucault, Historia de la sexualidad I. La voluntad de saber (1976), caps. I-IV.

    Michel Foucault. Más allá del estructuralismo y la Hermeneutica

    – M. Foucault, Historia de la sexualidad I. La voluntad de saber, cap. V.

    – S. Freud, Tres Ensayos de una teoría sexual, Obras completas, t. 7.

    -“El sujeto del poder”.

    – “Omnes et Singulatim: hacia una crítica de la ´razón política´”.

    -”Sobre la genealogía de la ética”.

    Bibliografia de M. Foucault

    – “Préface” (1961), Dits et écrits, París, Gallimard, 1994, t.I; prefacio a la primera edición de la Historia de la locura, suprimido en las ediciones posteriores, En: http://elseminario.com.ar/

    – Nietzsche, la genealogía y la historia (1971), Valencia, Pre-textos, 1988; también en O. Terán (comp.) Discurso, poder y subjetividad, Bs.As., El cielo por asalto, 1995.

    – La verdad y las formas jurídicas (Conferencias dictadas en 1973, editadas en 1978), Barcelona, Gedisa, 1980.

    – Saber y verdad, Madrid, La Piqueta, 1991; incluye diversos trabajos y entrevistas de 1966 a 1984.

    – Microfísica del poder (incluye trabajos y entrevistas de 1971 a 1977), Madrid, La Piqueta, 1978.

    – “El sexo verdadero” (1980), en Herculine Barbin, llamada Alexina B., Madrid, Ed. Revolución, 1985.

    – “El sujeto y el poder”, en Hubert L. Dreyfus, Paul Rabinow, Michel Foucault: más allá del estructuralismo y la hermenéutica, Benos Aires, Nueva Visión, 2001. En: http://elseminario.com.ar

    – “Sobre la genealogía de la ética” (entrevista por H.Dreyfus y P.Rabinow) (1983), (”A propos de la généalogie de l‘éthique”, Dits et écrits, t.IV, p.609. en Hubert L. Dreyfus, Paul Rabinow, Michel Foucault, op. cit. y en O.Terán (comp.), Discurso, poder y subjetividad, Bs.As., El cielo por asalto, 1995.

    – Discurso, poder y subjetividad, presentación y compilación por O.Terán, Bs.As., El cielo por asalto, 1995.

    – Dits et écrits, París, Gallimard, 1994, 4 tomos; la compilación más completa de artículos y entrevistas publicados entre 1954 y 1988, bajo la dirección de Daniel Defert y François Ewald.

    – Le pouvoir psychiatrique, Cours Année 1973-1974, Paris, Seuil, 2003. Primeras lecciones, en http://elseminario.com.ar.

    – Los anormales, Curso 1974-75, Buenos Aires, FCE, 2000.

    – Defender la sociedad, Curso 1976, Buenos Aires, FCE, 2000.

    – La hermenéutica del sujeto, Curso 1981-82,Buenos Aires, FCE, 2002.

    – «La gouvernementalité», (cours du Collège de France, année 1977-1978: Sécurité, territoire et population, 4e leçon, 1er février 1978), Aut-Aut, nos 167-168, septembre-décembre 1978, pp. 12-29. En: Dit et Écrits, París, Gallimard, 1994, III, pp. 635-657.

    – “Omnes et Singulatim: hacia una crítica de la ´razón política´” (1981), en Tecnologías del yo, Barcelona, Paidós, 1990. Dit et Écrits, t.IV, p.134.

    -“El sujeto y el poder” (1982), en Hubert L. Dreyfus, Paul Rabinow, Michel Foucault: más allá del estructuralismo y la hermenéutica, Benos Aires, Nueva Visión, 2001. En: http://elseminario.com.ar

    – “Sobre la genealogía de la ética” (entrevista por H.Dreyfus y P.Rabinow) (1983), (”A propos de la généalogie de l‘éthique”, Dits et écrits, t.IV, p.609), en Hubert L. Dreyfus, Paul Rabinow, Michel Foucault, op. cit. y en O.Terán (comp.), Discurso, poder y subjetividad, Bs.As., El cielo por asalto, 1995.

    Ver Antipsiquiatría

    http://www.psikeba.com.ar/articulos/AVRantipsiquiatria.htm

  2. fbacon said,

    Mecanismos del Poder y Espacios de exclusión;

    En relación al texto Los Anormales, la aparición de individuo anormal y sus tres categorías (el monstruo, el onanista y el indócil)

    Texto Relacionado

    La primera cuestión a tratar es el surgimiento de los espacios de exclusión, en relación al texto Los Anormales, la aparición de individuo anormal y sus tres categorías (el monstruo, el onanista y el indócil)

    Gran parte del desarrollo del ensayo, hará énfasis en la cuestionada aparición del individuo indócil, la escena en la cual aparece este, lo cual lleva a tratar la escena del suplicio, su teatralidad, los elementos que constituyen la escena del castigo. Uno de esos elementos es la idea del panóptico de Bentham, cómo la mirada tiene el papel más importante en la configuración del saber que encuentra Foucault, de ese saber que está disfrazado y está latente en la escena.

    Luego se expondrá el nacimiento del espacio de exclusión, según la puesta en escena que da en El nacimiento de la Clínica, o en Historia de la locura .

    Como último objeto de trabajo analizaré la relación entre las teorías wagnerianas, que le fueron inducidas por Boulez, la influencia de Nietzche a su vez sobre Wagner.

    El objeto central no es cómo sucedió la escena, sino cómo es puesto en escena, el asunto histórico no es qué pasó, es cómo pasa.

    Desarrollo

    La escena como parte de la expresión en los cambios culturales es más que una aparente constante histórica. Es una verdad que se muestra a través de los conflictos que suceden entre las fuerzas que gobiernan al mundo. Las fuerzas del poder.

    Si bien, para Foucault existen claramente unas fuerzas de poder que operan en cada cultura e indudablemente en el desarrollo de la cultura occidental, la interacción de estas fuerzas han de producir a la larga ciertos espacios que satisfagan las necesidades que han dejado las interacciones. Las relaciones del poder están ligadas a las relaciones económicas, de producción, y son las que han configurado el teatro de la racionalidad occidental.

    En otras palabras el surgimiento de ciertos espacios de exclusión como las cárceles han surgido tras una necesidad, tras conflictos sociales, guerras y por supuesto para hacer del prisionero, un objeto de la escena del castigo, todo esto (aunque fuera de la conciencia de la gente) con el fin de mostrar el poder del soberano, puesto que el crimen más mínimo es un intento de rebelión ente el soberano, esto es a finales del siglo XVI, cuando los lugares de castigo, se convirtieron en demostraciones del poder político de los gobernantes en Europa.

    Foucault demuestra que su interés no está en ver cómo acaecieron los hechos en los que las fuerzas del poder, sino que su interés está en que es lo que pasa, cómo se transforma la sociedad por medio del conflicto de las fuerzas del poder, allí hay conocimiento.

    Estoy de acuerdo con este planteamiento foucaultiano, aún cuando parece que no se interesara por un planteamiento estructuralista (que él mismo negara en varias ocasiones) de la historia, el cual creo es importante porque la historia no debe ser vista sólo desde un punto de vista ya sea como acontecimiento pasado (del discurso claro está) o como un acontecimiento que sucede en determinado momento y que configura una transformación del mundo.

    Es claro que deshecha la tentativa de un suceso importante para la mayoría de historiadores, en este caso un asesinato importante, un regicidio; por considerar que éste no es la verdadera crisis del conflicto de las fuerzas del poder, es más bien un producto de este conflicto, que se suma al verdadero saber que arrastra cada tentativa del poder.

    El problema que creo no se resuelve en Foucault, se muestra claramente en Los anormales, que es un curso que dicta en el College de Francia hacia 1974 y en el cual trata la anomalía humana dentro de tres categorías: El monstruo humano, el masturbador y el indócil. Estas categorías que suponen una escena dentro de la cual se manifiestan, se han constituido como unidades, hacia las cuales se dirige la corrección y es hacia ellas que se desarrolla una coacción que se pretende vigilar y castigar los actos anormales.

    La primer categoría que es el monstruo humano se desarrolla en un ámbito jurídico-legal (recordemos los casos de hermafroditismo, en los cuales el problema social lo constituía el ir en contra de las leyes familiares, de matrimonio, etc.) el monstruo humano combina lo imposible y lo prohibido, es un individuo peligroso. Por supuesto el papel de la mirada como rayo investigador es claro, lo mismo que la infracción a las leyes de la naturaleza que hace el monstruo humano. La forma de corregir al monstruo es hacerlo consciente de su deformidad, para luego dejarlo libre, cargando a cuestas su anormalidad, esto le hará tener una posición en la sociedad (posición que ha de ser la del rechazo) Se ve al monstruo como un castigo de lo divino, el monstruo no cabe en ningún lugar hasta que su connotación biológica le convierte en una forma médica. La escena en la que actúa el monstruo está delimitada por su peligrosidad, por ello es que el lugar de ruptura histórica es cuando jurídicamente se asocia la monstruosidad con la perversión y la maldad en los actos humanos.

    La segunda figura es la del onanista (masturbador) Aparece dentro de las nuevas relaciones entre la sexualidad y la organización familiar en el s. XVIII, con la nueva posición del niño

    dentro de la familia, esto con respecto a la importancia que toma el cuerpo y su salud, es una aparición del cuerpo sexual. ¿Pero qué es lo que conduce la escena de la aparición de este personaje? En este caso la ruptura que pone en escena al masturbador es la cruzada sexual que se lleva a cabo en la Inglaterra hacia 1710, sitúa el mal uso del cuerpo dentro de determinados trastornos físicos que pueden surtir efectos en cualquier momento de la vida; Como vemos en este caso la escena es de un tipo sexual con connotaciones médicas, porque cuando se dan estas connotaciones es cuando aparece el masturbador como individuo a corregir.

    El tercer caso es algo peculiar a pesar que es uno de los más estudiados por Foucault, pues la relación que debería haber entre el individuo y la escena se limita a describir aspectos como el encierro y la prohibición, como aspectos sicológicos del individuo (esto no quiere decir dicha relación no exista) en caso tal que nos queda como solución recurrir a las teorías de corrección en otros textos, pero eso lo dejo para más adelante, ahora es necesario definir al individuo indócil. L práctica del encierro es de por sí una consecuencia del rápido crecimiento del mundo, cada vez es necesario excluir a cierto tipo de gente.

    Según Foucault, el incorregible surge luego del monstruo, tras la introducción de técnicas disciplinarias como las del ejército, las escuelas y lugares de trabajo, así como los procesos de domesticación del cuerpo y del comportamiento. Entra el asunto de la prohibición, como método de descalificación del individuo, para luego desatarse sin medida en la práctica del encierro. Es por esta razón que no queda claro en qué momento la locura y los problemas judiciales del comportamiento forman un solo sistema a corregir. En Historia de la locura en la época clásica se trata el tema de la locura aparte del de la incorrección, pero en este caso la aparición en la escena del loco (en el sentido moderno) se da cuando los antiguos males (como la lepra) tienden a desaparecer a medida que se desarrollan formas médicas y sanitarias que tienden a mejorar el ambiente de vida en la Europa del s. XVI, reforzándose esta imagen de la locura como enfermedad mental y biológica en situaciones como la del siquiatra Pinel, quien libera a los asilados del auspicio de parís, con el fin de hacer la vida de los locos un poco más útil para los demás. (Poniéndolos a trabajar, además le servía para estudiar sus grados de locura como cita Foucault sobre Pinel) En esta ocasión el punto de ruptura lo constituye la famosa “liberación” del doctor Pinel a mediados del s. XVIII, pero por supuesto sobre la fastuosa escena del gran encierro de los locos en el s. XVII.

    Como vemos la solución no está tan visible a menos que remitamos otros textos de Foucault.

    ¿De qué forma se ha corregido entonces al individuo indócil? Es indudable que durante milenios ha existido una u otra forma de coacción ante el delito o la anormalidad, pero el punto crítico de la historia del castigo, o si lo queremos llamar, el momento de aparición en escena (con todo y teatralidad) del castigo como institución formal, se da en los albores de la inquisición en la edad media.

    Pero lo interesante es analizar cómo evoluciona la imagen del individuo peligroso, cómo se llegó a diferenciar entre un acto propio de la locura, o propio de la maldad pura.Pues entre más grave era el crimen, menos se podía achacar a la locura. De todas formas a la inquisición (como institución) no le importaban siquiera cuales eran las causas o las razones del crimen, o si hubo crimen, sino cómo castigar; Es en este instante cuando surge la escena del suplicio.

    Examinémoslo ahora, caso que menciona Foucault en Los Anormales: La escena del suplicio. El castigo es una vendetta personal del soberano con el criminal, en donde el cadalso es la inversión ceremonial del crimen, es allí donde el soberano hace un despliegue ritual de la fuerza que ejerce sobre sus súbditos. El suplicio como método del terror es la causa de castigo más común durante la edad media e inicios de la época moderna, en este lapso histórico no hay una relación clara o medida entre el crimen y el castigo. Se desarrolló un terror inherente al castigo, el cual debía corresponder al tamaño del crimen; es importante ver cómo el horror del crimen se refleja en el sitio del suplicio.

    Otro elemento clave en la escena del suplicio es el carácter ejemplificante del mismo (aunque es claro que lo ejemplarizante del suplicio no disminuyera la cantidad de los mismos a la final, creo que en momentos en los que no hubiera suficientes crímenes se atribuían castigos a cualquier indicio de “anormalidad” con respecto al común de la gente) Cuando una persona no encajaba ya fuera meramente en un ámbito estético, u orgánico, simplemente era anormal, lo cual era suficiente para ser enjuiciada y castigada por el hecho de ser un monstruo, un hermafrodita, homosexual o un loco. Su castigo iniciaba por la “pregunta”, si el individuo no aceptaba su culpabilidad, iniciaban con las variadas torturas, (porque los inquisidores han tenido fama de inigualables torturadores) así, pasando por los grados de dolor más dispares, hacen del cuerpo del condenado, un chivo expiatorio de los males del mundo hasta causarle la muerte por causa evidentemente violenta, esto no siempre a la sazón de los inquisidores, quienes desarrollaron técnicas especiales para mantener al reo vivo durante la mayor cantidad de tiempo posible. El desahogar el castigo con el cuerpo, es más bien una expiación de tipo religioso que conllevaba la salvación del alma.

    En la sociedad feudal el cuerpo de los individuos es importante, es allí donde se ejerce el poder, ya sea político, económico o religioso. El poder se ejerce mediante tres formas. La primera es que el cuerpo del sujeto produzca signos de respeto, de devoción o de sujeción. La segunda forma de ejercer poder sobre el cuerpo es mediante el derecho sobre el cuerpo, el derecho a castigar ejerciendo la violencia inclusive hasta la muerte del individuo. La tercera forma es el trabajo, las fuerzas de coacción que conllevan las labores dentro del espacio a que corresponden. Pero volvamos sobre las dos primeras formas, la demostración de sujeción, y el derecho de castigar.

    Es ahora cuando nos encontramos de frente con el elemento más dramático de la escena del suplicio: la atrocidad. Es el más dramático por cuanto el nivel de lo atroz, es la causa del terror. Un castigo brutal y violento es una demostración del exceso del poder reinante, cuyo ejemplo se puede ver en las grandes escenas de suplicio a que nos remite Foucault las cuales suceden en el s. XVII y XVIII. Es claro que han desaparecido en su mayoría los suplicios, bueno al menos en la forma de aplicarlos (aunque el elemento del escarnio en medio de la aplicación de la pena aún se haga efectivo en algunos países.)

    La escena no estaría completa sin el público asistente al suplicio, este es el carácter del escarnio, de no-privacidad del castigo, pero este es un tema que Foucault examina desde una mirada psicologizante, de esta forma nos encontramos ante un lugar muy importante, es un lugar que surge como propio para el castigo, la idea del panóptico.

    La sociedad europea del s. XVIII transforma de manera sustancial la forma de castigo; si durante el transcurso del suplicio el espectador es libre de observar hasta donde crea conveniente o a su morbo no le sea repulsivo, es porque el espectador se encuentra casi al mismo nivel del verdugo y del criminal.

    De por sí el cadalso es una forma de panóptico, pues el individuo es observado, analizado de formas múltiples, entonces es necesario aclarar el ideal de Bentham.

    Cuando se crean espacios de exclusión con tendencia a ser panópticos se da una estricta división espacial y sobretodo “La mirada está por doquier en movimiento”. Esta idea del panóptico que ya menciona Bentham y que influencia el pensamiento de nuestro autor, supone un claro movimiento arquitectónico de los espacios de exclusión y de igual manera de las ciudades.

    Ejemplo de ello son las construcciones con forma cuadriculada asemejando campos de batalla, las aulas de establecimientos educativos en los cuales el lugar del maestro sobresale notoriamente para tener un control del todo por medio de su mirada, los asilos mentales y hospitales en donde el médico debe tener un dominio visual y por ende sicológico sobre el enfermo a quien trata (nuevamente la demostración del poder) y por supuesto los espacios laborales, las fábricas. Estos son pues los lugares de exclusión de la sociedad, es allí a donde se envían los individuos que antes eran enviados lejos de la ciudad. Aunque sea irónico, el panóptico tiene la particularidad de que es un lugar que estando dentro y en contacto con la sociedad, margina de la misma a ciertos personajes, esto por un lado no cambia para nada la escena de aquella época de los griegos (cuando los locos eran sacados de la polis o bien eran enviados en unos barcos especiales que iban de ciudad en ciudad recogiendo a los locos) , pero por otra parte hace que el espacio de exclusión sea más manejable y constituya un lugar de estudio de la locura por ejemplo.

    El panóptico según la teoría ideal de Bentham, es un espacio cerrado, vigilado en todos sus puntos, en el que los individuos están insertos en un lugar fijo en el que todos los acontecimientos están registrados y sus movimientos controlados y lo más importante: Une el centro con la periferia por medio de un trabajo de escritura.

    En este sistema el poder se ejerce por entero y constantemente, por una figura jerárquica continua. Cada individuo está constantemente localizado y examinado y en palabras de Bentham : “Todo esto constituye un modelo compacto de dispositivo disciplinario”.

    Se hace aún más evidente la partición del espacio de exclusión, por una parte está el gran encierro con el fin de hacer desaparecer al individuo molesto, y por otra parte está el buen encauzamiento de la conducta.

    Cada celda del panóptico es como un pequeño escenario, un teatrino. Basta con situar un vigilante en la torre central para controlar al enfermo, al loco, al escolar o al condenado. El elemento más teatral a mi parecer es la luz, la visibilidad, en el panóptico se elimina la antigua práctica del calabozo oscuro, en el cual la oscuridad es un escondrijo, ahora la luminosidad ofrece un control psicológico continuo, nada puede escapar a la claridad y por lo tanto el individuo se siente en escena; Es esta la reaparición de la mirada y de su efecto escudriñador.

    La mirada de por sí conlleva una mecánica de poder, pues es esto lo que se manifiesta a través de la mirada. Hasta aquí el interés de Foucault no está en describir los elementos de los espacios de exclusión, sino a la mecánica que el poder impone haciéndolo eficaz. O sea que no ha de importarnos la dramaturgia con la que transcurren los espacios de exclusión, más que eso ha de importarnos la puesta en escena, que hace realizable esa dramatización del espacio.

    Hay un momento en el s. XVI en el cual se institucionalizan los espacios de exclusión, como hospitales, asilos, barrios de ricos y de pobres, etc. Esta diferenciación es una parte de la historia, y por ende uno de sus elementos comunes.

    Por último considero de importancia analizar la relación que ha tenido Foucault con la obra de Richard Wagner (a quien admira por la forma en que pone en escena la tragedia) Ya en la entrevista que hace M. Watanabe, se nota la influencia de Wagner sobre Foucault.

    Wagner ha desarrollado una idea de espectáculo total, que combina ciertas artes como la música, el teatro, el ballet, la pintura, y otras con el fin de expresar la escena como un todo que lleve a la representación ideal o sea confundir la realidad con la irrealidad, esto incluye la utilización del elemento del leitmotiv, esto es hacer que un tema musical se identifique con el eidos de un objeto, que este tema musical sea la idea primordial del sujeto, este aspecto en especial es muy analizado por Foucault en un ensayo que hizo alrededor de 1951 en compañía de su amigo de toda la vida Pierre Boulez.

    Por medio de Boulez, Foucault tiene acceso a la teoría teatral de Wagner (sin dejar de lado a Wedekind), luego se relaciona con Wieland Wagner (bisnieto de Wagner y actual director del festival del mismo nombre que se sigue realizando anualmente en Bayreuth) el cual le hace partícipe de los montajes en algunos festivales.

    Wagner hace de la ópera un conjunto coherente dentro de sí mismo. Recordemos que el tema del ring fue una influencia directa de Nietzche, quien fue el encargado para hacer el texto del libreto para la ópera. Wagner no plantea el problema del sujeto en términos cartesianos, hace del drama un hecho importante con una importancia histórica, sin tomar en cuenta sus propias convicciones políticas (como el “antisemitismo” que se le atribuye al igual que a Nietzche.)

    Es muy interesante como desde Nietzche, pasando por Wagner, y luego por Boulez, Foucault a configurado un sistema de trabajo que siendo paralelo a sus investigaciones en otros campos de la ciencia moderna como en sus Historias parte de la importancia del espacio como concepto positivo u objetivo, y lo más importante: de cómo en este espacio hay una puesta en escena de la verdad que ha de constituir el saber de occidente.

    Bibliografía relacionada:

    Foucault, Michel (1966) Les mots et les choses Se cita la traducción española: (1990) Las palabras y las cosas, en Siglo XXI, Madrid
    Citado: El historiador como productor: proyectos históricos de Nietzsche a Tafuri. Álvaro Sevilla

    Foucault, Michel (1970) Nietzsche, Freud, Marx Anagrama, Barcelona
    Citado: El historiador como productor: proyectos históricos de Nietzsche a Tafuri. Álvaro Sevilla

    Foucault, Michel (1979!) Microfísica del poder La Piqueta
    Citado: Por un urbanismo de los ciudadanos. Carlos Verdaguer

    Foucault, Michel (1996!) Vigilar y Castigar Madrid, Siglo XXI, 25. Edición
    Citado: Seguridad urbana y miedo al crimen. María Naredo

  3. fbacon said,

    El Monstruo, el presagio y lo siniestro.

    Cuaderno de Notas 27 de abril

    Adolfo Vásquez Rocca

    El monstruo es la encarnación de un miedo. Las sociedades occidentales se han servido durante siglos de símbolos como el demonio, las brujas o los seres monstruosos para marginar o expulsar a cualquier miembro considerado indeseable (…) Estos seres diabólicos amenazan la unidad del grupo social y han de ser eliminados para reforzar la coherencia interna e impedir el cuestionamiento jerárquico. Tomar conciencia de esta herramienta de control nos sirve para “contemplar el reverso del tapiz, las costuras y los anudamientos que hacen posible la tersura (aparente, añado yo) de éste (…) Se trata, en suma, de advertir la exigencia de que esa cara oculta, umbría, ominosa, inhóspita esté siempre, de un modo indirecto, analógico (o simbólico), de alguna manera expuesta” [ Trías, E.: Lo bello y lo siniestro, Barcelona, Ariel, 2001].

    La presencia de la figura del monstruo no sólo sirve como medida coercitiva, sino también como medida catártica. Lo que interesa es controlar la forma, fuerza y materialización de este flujo inevitable e inherente al ser mismo del hombre. El monstruo es la encarnación de un miedo y, asumiendo un papel semejante a lo festivo, se convierte en el elemento catártico de un inconsciente colectivo y a la par, en un elemento normalizador. En el monstruo están las huellas de lo no dicho –lo inadmisible para la cultura–, todo aquello que ha sido silenciado, la anomalía hecha invisible, puesta en las tinieblas de fuera. Lo monstruoso remite así a lo oculto y negado.

    El monstruo es “la sublimación de las tendencias antisociales” [pero también representaría aquello que se enfrenta a las leyes de la normalidad. Unos monstruos traspasan las normas de la naturaleza ( física) y otros las normas morales o psicológicas. Miedo al desorden, a la inestabilidad, a la oscuridad, a lo desconocido, a lo que se nos escapa y nos sobrepasa.

    Vencer al miedo implica vencer a una angustia fundamental. Si no hay miedo, no hay aglutinamiento social alrededor de un núcleo duro seguro. Eso lo sabe bien la estrategia del poder. Vencer al monstruo implica volver a la normalidad.

    Ver
    Francis Bacon; el desgarro de la carne y la deriva del yo
    http://www.sumagestion.com/revista/3/francis_bacon/index.htm

  4. fbacon said,

    MONSTRUOS Y PRODIGIOS

    Historia de la teratología clínica: monstruos y las malformaciones

    Los monstruos y las malformaciones congénitas han fascinado a la humanidad por siglos.
    Los babilonios consideraban que el nacimiento de hijos anormales tenía un valor predictivo para los asuntos económicos y políticos del país. En la cultura griega, las anomalías congénitas y las monstruosidades constituían los modelos de algunas figuras mitológicas como el cíclope Polifemo, era un monstruo gigante, tenía un solo ojo en la frente, según la fábula se alojaba en el Etna ante los rayos Zeuz, bajo las órdenes de Hefesios.

    Licodia Eubea.

    Es muy posible que el relato de Homero sobre la visita de Ulises a la cueva del gigante cíclope se basará en
    rumores acerca de una isla poblada de monstruos enormes con probóscides de gran tamaño y las excavaciones han revelado que un tipo relativamente pequeño de

    elefante habitaba en Sicilia en el pasado. Los griegos pueden haber “embellecido” los monstruos antes de deificarlos y dado a Polifemo una nariz debajo del ojo en vez de una probóscide encima de la línea media de los ojos. El dios egipcio Ptah era un enano acondroplásico y los dismorfólogos modernos quizás clasificarían a Ptah, que tiene facciones regulares, como un caso de displasia espondiloepifisaria. En su historia natural, Plinio el Viejo describe individuos y razas monstruosos, pero no se sabe con certeza si realmente existían. Sabemos de niños ciclópicos pero no tenemos conocimientos de tribus ciclópicas o seres humanos con cabeza o piel de perro.

    Los antiguos griegos atribuían los nacimientos anormales a causas naturales o accidentes de la naturaleza, se consideraban augurios de acontecimientos futuros. Otra explicación, era la creencia de que los defectos congénitos eran resultado del apareamiento de seres humanos con demonios, brujas, y otros elementos malignos. Una teoría que ha persistido a lo largo de la historia es la de que impresiones maternas tienen un efecto sobre la formación y desarrollo del niño.

    La teratología es el nombre que se le da al estudio del crecimiento anormal, deriva del griego tépaç (monstruo) y hóyoç (ciencia).
    Fue utilizada por primera vez en 1832 por Geoffroy St. Hilaire en su libro “ Histoire générale et particulière des anomalies de l’organisation chez l’homme et les animaux”, que fue subtitulado Traìté de tératologie. A lo largo de la historia, se han propuesto muchas explicaciones fantásticas tradicionales y teorías biológicas, que actualmente parecen racionales como el consumo de alcohol y la inadecuada alimentación.
    Otra explicación biológica, sugerida por Harvey en 1651, fue que algunas anomalías como (paladar hendido y hernia umbilical) podían explicarse por interrupción repentina de determinados procesos del desarrollo.

    MONSTRUOS Y PRODIGIOS

    Ambroise Paré (1510 – 1590) dedicó una sección en su Chirurgie publicado en 1579, a los “monstruos y prodigios”. A lo largo de su vida vio y oyó hablar de muchos niños anormales. Paré , quién se considera no solo el padre de la cirugía francesa sino también de las teorías multifactoriales de las anomalías congénitas, creía en la multiplicidad de factores etiológicos,. Actualmente hay muchos investigadores en el tema, pero no logran encontrar el origen de hechos muy sencillos, denominándolos de etiología desconocida. En el siglo XVIII, Abraham Trembley de Ginebra, produjo cambios importantes en los conceptos de la embriología experimental, teratología, y biología.

    Los anatomopatólogos del siglo XIX, mostraron gran interés sobre las malformaciones congénitas en el hombre y muchos libros con ilustraciones realistas se dedicaron enteramente a las monstruosidades y los defectos congénitos.

    Willem Varolik publicó su Tabulae ad illustrandam embryogenesin hominis et mammalium tam naturalem quam abnormen, en el cual se ilustraron malformaciones como focomelia, osteogénesis imperfecta y el Kleeblattschädel (cráneo en forma de trébol) con tal perfección que no se han mejorado hasta la actualidad.

    A principios del siglo XIX, como consecuencia de los experimentos de Trembley, el desarrollo de la embriología experimental permitió profundizar nuestra comprensión del origen de los defectos congénitos y surgió un enorme interés por la morfología y taxonomía. En aquella época la teratología se consideraba parte de la anatomía y la embriología, siendo de carácter descriptivo ya que no era posible ni prevenir ni tratar las anomalías.

    A principios del siglo XX, en gran parte gracias al desarrollo de la bacteriología y el descubrimiento posterior de las causas de las infecciones, los investigadores pasaron a concentrar sus esfuerzos en las enfermedades infecciosas.

    El redescubrimiento de las leyes de Mendel y el saber que algunas anomalías congénitas eran transmitidas de padres a hijos llevaron a intentos de dar alguna explicación genética a las anomalías congénitas. Sin embargo, en:

    1933- Hale observó que las crías de cerdas sin vitamina A, nacían sin ojos y concluyó que este déficit podía perturbar los factores que controlan el desarrollo ocular.

    1941- Epidemia de rubéola, Gregg observó que los embriones expuestos al virus tenían anomalías como: cataratas, defectos cardíacos, sordera y retraso mental.

    1960- Talidomida, sedante suave utilizado en las mujeres, parecía provocar anomalías características en las extremidades, fue descubierto por Lenz

    Las deformidades observadas por la Talidomida, variaban desde hipoplasia de uno o más dígitos a la ausencia total de todas las extremidades. Un ejemplo de la embriopatía por talidomida es la focomelia, en la cual las estructuras de las manos y pies pueden verse reducidas a solo un dígito, o pueden tener aspecto totalmente normal pero salen del tronco. Este descubrimiento por Lenz desencadenó un interés mundial por la teratología clínica.

    Dr. Adolfo Vásquez Rocca


  5. […] Los Anormales; genealogía de lo monstruoso […]


  6. […] Los Anormales; genealogía de lo monstruoso […]


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