ZOOLOGÍA POLÍTICA


EL PARQUE HUMANO; Sloterdijk

 

 

Dr. Adolfo Vásquez Rocca

Ver: Peter Sloterdijk

1.- El cinismo difuso de nuestras sociedades exhaustas

¿Quién es Peter Sloterdijk? La nueva estrella de la filosofía mundial, que dirige la Universidad de Karlsruhe. Célebre por su ya legendaria ‘Crítica de la razón Cínica’. Un visionario, un “nuevo y genial Nietzsche”, el filósofo alemán más célebre después de Jürgen Habermas o el supuesto responsable -a través de la publicación de su “Reglas para el Parque Humano” de abrir las puertas a la eugenesia y con ello convocar los fantasmas del nacional-socialismo -que aun se ciernen sobre el inconsciente colectivo de Alemania, que reviven con el anuncio de una era antropotécnica caracterizada por los experimentos y la manipulación genética.

 

Peter Sloterdijk

 

De una gran cultura filosófica, bella retórica y un estilo provocador. Sloterdijk enfrenta los problemas de su tiempo con las armas de un fenomenólogo agudo, atento y perspicaz, que desea escribir una “ontología de nosotros mismos”. Su independencia le lleva, sin reparos, no sólo a mostrar su vasta discrepancia con “el sueño ilustrado”, sino que además a hacer suyas las propuestas de filósofos incómodos y no siempre bienvenidos en Alemania: Nietzsche y Heidegger.

Apelando al arte y la literatura de comienzos de este siglo que se nos acabó, Sloterdijk logró, con referencias a Duchamp, Man Ray y Musil, proponer al cínico como estandarte de la razón, que llama a la sensibilidad y a su razón de perro como la única posible: después de la caída en la alienación, al humano lo único que le queda es el cinismo -de la raíz can, perro-.

De los discípulos de Heidegger quedan hoy testimonios de su grandeza personal, cruzados por los diferentes silencios, rechazos y enigmas por su posición en los años 30, cuando afirmó que el Führer era el único destino del pueblo alemán. Hay uno de Levinas, el más importante por su condena irreductible a la vez que por su reconocimiento al filósofo; está el silencioso y amante de Hannah Arendt, del cual supimos hace poco, y está el testimonio de Sloterdijk.

 

2.- Normas Parque Humano, una respuesta a la Carta sobre el Humanismo.

 

Con ocasión de un seminario a los pocos años de la muerte de Levinas, en septiembre pasado, Sloterdijk propuso un documento que llamó el Parque Humano, una respuesta a la Carta sobre el Humanismo, suscitando el debate filosófico de Europa más importante en este momento. La teoría es que si el humanismo fue rechazado por Heidegger en su carta a un filósofo francés en los 60, no fue por un capricho del alemán, sino porque ya se vislumbraba que la educación que estábamos recibiendo y dando los humanos no era buena, en el sentido que dejaba por fuera la verdadera dignidad del hombre, que está en otra parte y que no es la razón occidental, ni son la ciencia y la técnica, sus hijas. La sorpresa por lo sucedido se muestra en la carta de Heidegger, quien puso en tela de juicio todas las proposiciones -incluso la que presuponía su interlocutor acerca de si habría lugar para el humanismo-.

Sloterdijk, recordando todo este ambiente, se propone mostrar hoy que el parque humano, como lo intuyeron Platón y Nietszche, ya está andando, y que es el proyecto de la razón occidental, donde la educación será un desafío, el más grande: existirán dos esferas sociales que ni siquiera se tocarán. Habrá una aristocracia del gobierno, que será la misma de la ciencia, y una plebe, la gente con cuernos de la que habla Platón en La República en boca de un extranjero; a esta gente se le permitirá habitar el parque humano como un zoológico más sofisticado.

 

Peter Sloterdijk

 

En esta ponencia Sloterdijk reclama una revisión genético-técnica de la humanidad. En su planteamiento constata que “las fantasías de selección biopolítica han tomado el relevo de las utopías de justicia”, de allí que Sloterdijk al destacar los medios y posibilidades que ofrece la biotecnología, sugiera formular un ‘código antropotécnico’, dejando abierta la posibilidad a una ‘antropotecnología’ en la que pueda cambiarse el ‘fatalismo del nacimiento’ por un ‘nacimiento opcional’ y una ‘selección prenatal’. Reviviendo con ello los fantasmas de los totalitarismos del siglo XX, con sus sueños eugenésicos y ambiciones de poder y control en la selección de seres humanos. Esta nueva ingeniería social busca cimentarse en una antropología de cuño neo-darwinista, compatible con cualquier racismo revivido, encontrando sus primeros antecedentes en Platón donde los discursos educativos sobre la comunidad humana parecen apuntar a un parque zoológico.

El Humanismo como palabra y proyecto tiene siempre un opuesto, la Barbarie. Es fácil de entender que precisamente aquellas épocas que han hecho sus principales experiencias a partir de un potencial de barbarie liberado excesivamente en las relaciones interhumanas, sean asimismo aquellas en las que el llamado al Humanismo suele sonar más alto y perentorio. Quien hoy se pregunta por el futuro del humanitarismo y de los medios de humanización, quiere saber en el fondo si quedan esperanzas de dominar las tendencias actuales que apuntan a la caída en el salvajismo [Verwilderung] del hombre.

Sin querer confrontar a nadie, Sloterdijk ha tenido la valentía de mostrar que entre las cosas fantasmales que amenazaban el desarrollo de la humanidad estaba, sin duda, el asunto de la cibernética aplicada a la vida. Cuando Platón y Nietzsche, separados por el comienzo y el fin de la metafísica y de la ontología, dijeron que la filosofía era un punto de referencia de los fantasmas de la organización humana -en ‘La República’ y en ‘La Voluntad de Poder’ respectivamente- dejaron abierto el campo a la amenaza del poder de los gobernantes, pero con el poder de la ciencia y la técnica de su lado, como advirtió Foucault.

Podrían hacer cosas que nos dejarían anulada la voluntad autónoma, en situación de habitantes del parque de diversiones de los experimentadores científicos y los locos postmilenaristas de los laboratorios: ya no produciendo Frankesteins sino meros obesos asimilados, con su ración de McHamburger asegurada, mientras la humanidad -quién sabe qué querrá decir esa palabra a estas alturas del partido- se encargaba de seguir con fiereza el desafío de ser la administradora del parque, y hacer uno que otro experimento de vez en cuando (en un zoológico nazi, o en un campo de concentración, como la isla del doctor Moreau de Wells), o como si fuéramos plantas de hace 100 años, cuando comenzaron los cruces de Mendel.

Lo que no le perdonan a Sloterdijk es su capacidad de desnudar la jerga filosófica sin perder de vista el fondo de la cuestión. Si Heidegger es difícil de leer, en cambio Sloterdijk lo cita sin traicionarlo y nos lo muestra en el problema de nuestra condición de huérfanos y a la vez padres del sentido a la espera del ser, que sólo se revela en el acto poético y en la aclaración del bosque de los símbolos, por decirlo de alguna manera. Pero esa horfandad no nos coge solos, como al comienzo de la historia. Nos coge en el momento más delicado, cuando -como ya lo había advertido Heidegger, buen lector de Platón y de Nietzsche- la técnica va a dar un vuelco a la condición humana, desde una forma matemática oculta, pero evidente en la metafísica occidental, que le roba a los entes una capacidad común de ser numerados, contados, olvidando el ser. Algo así.

La obligación de hacerle frente a la segunda etapa de este fenómeno epocal está ahí. Y mientras Habermas -una especie de enfermero de la asimetría humana- con su preocupación por las condiciones del diálogo insiste en que sin los apósitos por él diseñados (la “horizontalidad”, el “conocimiento de los intereses” y la “transparencia”) no se puede hablar, otros -sin preguntarnos nada- están cambiando la clínica. Sloterdijk lo dice. Y Habermas se enfurece. El debate está encendiendo las cátedras de filosofía y la opinión ilustrada en el mundo entero. Mientras tanto, lleno de suspicacia, Habermas intuye que Sloterdijk es pronazi y el otro le recuerda que la finitud moral de Habermas comienza donde termina su juventud hitleriana, con la intención de crear un debate sobre el verdadero tono moral de la época. Sloterdijk ve tres formas morales: la de los que tienen algo que fundamentar (Habermas entre ellos), la de los que tienen en frente el horizonte de las ciencias duras sin horror pero sin mayor entusiasmo, y los jóvenes, a quienes no les importa el debate pero que, a la hora de la verdad, preferirían el parque humano.

El reto no es sólo para filósofos desencantados. La educación humanística y en general la idea de ciencias sociales, economía, etc., queda afectada por el ensayo de Sloterdijk que no tiene más de diez cuartillas. Es hora de que repensemos estos retos, sobre todo en estas sociedades pequeñas donde todo está por hacer y en donde, por lo mismo, se puede hacer distinto.

Ahora bien, como lo indica su título, Reglas para el Parque Humano aborda el problema del Humanismo bajo la forma de una respuesta al conocido texto de Heidegger de 1946[2]. La tesis fundamental es que el supuesto componente bestial de la naturaleza humana quiso ser neutralizado por el humanismo clásico mediante la domesticación a través de la lectura, entendida ésta más que como una campaña de alfabetización, como un masivo envío postal -bajo la forma de extensas cartas dirigidas a los amigos- cartas destinadas a instaurar lo que Sloterdijk define como una sociedad pacificada de lecto-amigos. De tal modo que las naciones lejanas serían ellas mismas productos literarios y postales: ficciones de un destino de amistad con compatriotas remotos y una afinidad empática entre lectores de los mismos autores de propiedad común[3]. De ahí en adelante, los pueblos se organizan como ligas alfabetizadas de amistad compulsiva, conjuradas en torno a un canon de lectura asociado en cada caso con un espacio nacional. Esto fue así, hasta el advenimiento de las ideologías, con los Estados- nacionales en los siglos XIX y XX, el humanismo se vuelve pragmático y programático, el modelo de sociedad literaria amplía su alcance, convirtiéndose en norma de la sociedad política y -en la práctica- germen de ambiciones imperialistas. Además de los autores europeos antiguos se movilizan ahora también -para estos fines- clásicos modernos y nacionales, cuyas cartas al público son ensalzadas y convertidas en motivos eficientes de la creación nacional por parte del mercado de libros, las casas de altos estudios y los ideólogos de los nuevos totalitarismos.

Dr. Adolfo Vásquez Rocca

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Dr. Adolfo Vásquez Rocca

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2 comentarios to 'EL PARQUE HUMANO; Sloterdijk'

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  1. fbacon said,

    La vida en un Parque; Sloterdijk entre Disney y Platón.

    El fundamento que hay tras estos asentamientos, con sus diversos grados de ficción, puede deducirse del término «parque humano», introducido por Peter Sloterdijk en su notoria conferencia de 1999: “Normas para el parque humano”. Sloterdijk hizo aquí diversas referencias a la ingeniería genética, suficientemente ambiguas como para que muchos críticos –Jürgen Habermas entre otros– supusiesen que estaba promoviendo algún tipo de programa eugénico para “mejorar” la raza humana. De hecho, Sloterdijk no parece dar por sentado que el diseño genético fuese realmente capaz de controlar la compleja totalidad de la conducta humana una suposición que sería criticable tanto por su ingenuidad científica como por sus implicaciones políticas. Las afirmaciones de Sloterdijk estuvieron provocadas por su desesperación ante el estado de la tradición “humanista”. En su opinión, la Schriftkultur está bajo ataque de los dionisíacos medios de comunicación de masas, que amenazan con destruir la civilización apelando a la bestia que hay en el hombre. Mientras que la Bildung tradicional, con su hincapié en el texto, ha representado un impulso humanizador y civilizador, los medios de comunicación de masas, saturados de imágenes, reducen las inhibiciones. Sloterdijk contempla un conflicto similar entre palabra e imagen en la antigua Roma, donde la cultura del anfiteatro –gladiadores y otros entretenimientos similarmente brutales– triunfó sobre la de los oradores clásicos, con consecuencias bien conocidas. La decadencia de la antigua Roma puede parecer un tropo de pesimismo cultural excesivamente conocido, pero Sloterdijk es original en la medida en que considera el declive cultural de Roma como un choque cultural entre medios: el espectacular medio del conflicto entre gladiadores frente al medio de la escritura. “Así como el libro perdía la guerra contra el teatro en la antigüedad, también la escuela podía perder ahora la lucha contra formas indirectas de violencia, en la televisión, en el cine y en otros medios desinhibidores”.
    Sloterdijk podría haberse preguntado si no estaba proyectando su concepto del papel central del “libro”, propio de la era de la imprenta, sobre la cultura de la Antigüedad; o si es útil, en la actual situación, quejarse del declive de la escritura y acusar a la cultura de la imagen, como tal, de ser deshumanizante. Pero es llamativo que a la propia cultura que él ataca le guste reflejarse en los antiguos espectáculos romanos.
    Sloterdijk concibe la sociedad como un parque humano, una especie de zoo en el que los cuidadores deben mantener el orden. Aunque su visión “pastoral” de la sociedad se basa en Platón, también asoman referencias contemporáneas: “Desde la Politikos y la Politeia, ha habido un discurso que describe a la sociedad humana como un jardín zoológico, que es lo mismo que un parque temático; a partir de ahí, mantener a la gente en parques o en ciudades ha parecido una especie de tarea zoopolítica”.
    Tradicionalmente, los parques son lugares en los que la naturaleza ha sido domada y «refinada», adaptada al consumo humano. Las plantas están cuidadosamente agrupadas y cuidadas; los animales están domesticados o enjaulados. En un parque temático, los peligros de la naturaleza están simulados en “paseos” emocionantes: en ellos, una excursión se retrata como una aventura, pero uno sabe que es tan segura como una visita al zoo. En la visión del «parque humano», la sociedad es una especie de zoo para personas: deben restringirse sus instintos peligrosos. Sloterdijk considera a las personas como “animales bajo la influencia” de la cultura; los guardianes del parque tienen que asegurarse de que estas influencias son beneficiosas.
    Es la cuestión de cómo mantener la estabilidad dentro del parque ante la creciente influencia de los dionisíacos medios de comunicación de masas, la que ha conducido a Sloterdijk a plantear sus comentarios sobre la ingeniería genética. Las polémicas provocadas por esto han tendido a oscurecer el hecho de que el texto de Sloterdijk, con todos sus aspectos fantásticos –o, de hecho, debido a ellos– tiene la virtud de poner de manifiesto una tendencia dominante en la cultura actual. A pesar de sus referencias a Platón, y de un paternalismo tecnocrático, reminiscente del Estado moderno en sus diversas formas (comunista, fascista, democrático–belicoso), Normas para el parque humano está sobre todo marcado por el temor contemporáneo a la desintegración social. Sloterdijk está más cerca de Disney que de Platón. Las tendencias desintegradoras de una sociedad que ha sucumbido a los dionisíacos Enthemmungsmedien, se buscan en el exterior…en un nuevo tipo de urbanismo, donde se crean ciudades para refugiarse de la comunidad en general. Si los grandes parques humanos que antes se denominaban naciones se han vuelto ingobernables, entonces deben crearse otros más seguros para aquellos que desean una vida tranquila.

    Cuaderno de Notas y Apuntes

    Dr. Adolfo Vásquez Rocca

  2. fbacon said,

    La respuesta de Sloterdijk a Habermas

    Cuaderno de Notas y Apuntes
    Dr. Adolfo Vásquez Rocca

    Todavía resuenan los ecos del entredicho que se produjo por la publicación de ‘Normas para el parque humano’. Fue en septiembre de 1999. Varios suplementos literarios de Alemania interpretaron que, en ese ensayo, Sloterdijk elevaba a la tecnología genética a una dominante cultural de nuestro tiempo, y denunciaron a esta lectura por fascista –nada casualmente el subtítulo del famoso libro era Una respuesta a la carta sobre el humanismo de Heidegger. Estas acusaciones encontraron su punto más álgido cuando el semanario alemán Die Zeit tituló a una nota “El proyecto Zaratustra”.

    Sloterdijk, entonces, hizo algo mucho más escandaloso y sorpendente: acusó al académico Jürgen Habermas, de haber intervenido y alentado estas malas lecturas. En la carta abierta al filósofo de Frankfurt que publicó Die Zeit, Sloterdijk se quejaba de que Habermas le negara la posibilidad de discutir, desde una posición simétrica –algo que su teoría de la acción comunicativa afirmaba como un principio fundamental-. Después de este episodio, Sloterdijk hizo su melancólica declaración de la muerte de la teoría crítica y el fracaso del humanismo como utopía.

    ¿En qué punto esta polémica –que incluso muchos niegan que haya existido- se conecta con una teoría de los medios de comunicación, que es el tema de este capítulo?

    Como él mismo dice en una entrevista publicada en El País (2003): Desde el siglo XIX (piénsese en Kierkegaard, Schopenhauer o Nietzsche), el mundo de los filósofos se escinde entre aquellos que, como yo, buscan una alianza con los medios de comunicación de su tiempo (en aquella época, la literatura; hoy, la prensa, la radio y la televisión) y aquellos que no lo hacen y mas bien confían en la clásica vinculación entre universidad e imprenta de libros como su único biotipo cognitivo.

    Esta división de la que habla Sloterdijk puede fundamentarse comentando sólo dos hechos: que su Crítica de la razón cínica (1983) se convirtió en el libro más leído y debatido en Alemania; y que Sloterdijk pasó a ser una estrella mediática, gracias a su propio programa de televisión El cuarteto filosófico.

    De todos modos, recientemente la Academia alemana de Literatura y Poesía le otorgó el Premio Sigmund Freud de Prosa Científica, un reconocimiento que recibieron autores tan diversos como H. Arendt, K. Barth, W. Heisenberg, E. Bloch, H.G. Gadamer, y J. Habermas, entre otros.

    Seminario Sloterdijk Nietzsche

    http://fbacon.wordpress.com/2007/04/21/seminario-sloterdijk-nietzsche/


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