ZOOLOGÍA POLÍTICA


EL FUTURO DE LA UNIVERSIDAD PÚBLICA Por José Luis Pardo

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Dr. José Luis Pardo Universidad Complutense

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Dr. Adolfo Vásquez Rocca – Compilador

José Luis Pardo: La dudosa modernización de la educación superior

José Luis Pardo: Filosofía, Universidad y Sociedad

Como un vendaval o como un incendio, se ha propagado en los últimos años el proyecto de construcción de un espacio europeo de educación superior (EEES) . Quienes están instalados en el prejuicio de que todo cambio lo es necesariamente a mejor, y quienes (más abundantes en España, debido a nuestro reciente pasado político) lo están en el de asentir por principio a cualquier cosa que lleve el calificativo de “europeo” (del mismo modo que, en la Europa de la posguerra, lo “americano” le añadía hasta a los mecheros una plusvalía de progreso) no tienen la menor duda de que es preciso dejarse arrastrar por el viento o alimentar el fuego arrojando a las llamas todas las antiguallas y trastos viejos (que son, en nuestro país, abundantes) para asegurar su propagación sin límites. Como estos dos prejuicios son menos operativos en quienes tienen una mentalidad “conservadora” y “euroescéptica”, ellos han sido, por desgracia, los primeros y casi los únicos en llamar la atención sobre las desventajas que este proceso de construcción podría acarrear para las estructuras educativas; por tanto, en términos periodístico-públicos, se ha convertido en un dogma de casi imposible refutación el de que la resistencia a los principios que inspiran la construcción de dicho “espacio europeo” es monopolio y privilegio de los conservadores y euroescépticos, lo cual ha supuesto en la práctica un mecanismo de desactivación de toda contestación posible a sus fundamentos por la vía de considerarla una consecuencia del corporativismo que quiere conservar a toda costa sus obsoletos privilegios y de una mentalidad provinciana que se niega a integrarse en las nuevas realidades supranacionales emergentes.

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Ello no obstante, la primera cuestión que habría que traer a la reflexión no sería la discusión del carácter “progresista” o no del EEES, sino la de su compatibilidad, en las condiciones particulares de cada uno de los Estados miembros de la UE, con los cimientos (que, al margen de la adscripción al progresismo o al conservadurismo entendemos irrenunciables) de la democracia social y del Estado de Derecho que defiende, por ejemplo, la Constitución Española. En un principio, la motivación de esta “construcción”, según comunican sus más convencidos defensores, no es la detección de déficits educativos o de obsolescencias en la docencia o en la investigación (pues, si se tratase de esto último, no se comprende que la “reforma” no se hubiera acometido en España hace años o incluso siglos), sino la necesidad europea de competir con los Estados Unidos en materia educativa. Es el caso que, según cuentan, las universidades de este país americano atraen en nuestros días a sus aulas a la inmensa mayoría de los estudiantes que, procedentes de países menos desarrollados (y a veces también desarrollados), desean y están en condiciones de sufragarse una educación superior. Esta exposición es, sin embargo, insuficiente. Lo que realmente maravilla a los analistas (económicos) europeos es que, mientras que en Europa las instituciones de educación superior han llegado a ser, en términos contables, ruinosas, y a convertirse en una carga fiscalmente insoportable para el Estado, en los Estados Unidos se ha conseguido que las universidades (tanto las de gran renombre y prestigio como las restantes, en general) sean un negocio rentable, en algunos casos prodigiosamente próspero. Y esto es lo que genera una competencia desigual entre los dos continentes. Y es bien conocida la regla de que para igualar los resultados del competidor es preciso imitar sus métodos. Por tanto, además de que el móvil de la reforma es económico y no científico o cultural (ni siquiera político), las condiciones de su planteamiento determinan la conversión —conversión en la cual, ciertamente, Europa lleva un notable retraso con respecto a los Estados Unidos— del conocimiento en una mercancía. Esto puede contribuir a esclarecer el significado de la expresión propagandística —empleada con idéntico entusiasmo por “progresistas” y “conservadores” en el espectro político— sociedad del conocimiento, que mienta, por tanto, aquella sociedad en la cual el conocimiento se ha convertido enteramente en una mercancía.

Esta reconversión de la educación en negocio tiene multitud de efectos colaterales: define a sus destinatarios no en calidad de estudiantes (reales o potenciales) sino únicamente de clientes. De este modo, la enseñanza se concibe como una empresa (se podría decir también como un servicio, si se añade que se trata de un servicio gestionado con criterios empresariales), empresa que los Estados Unidos habrían sabido hacer más rentable que Europa por la vía de captar a la mayor parte de los consumidores potenciales del producto (porque han sabido, ante todo, hacer de la educación un “producto”). Naturalmente, nada se puede objetar a la pretensión legítima de las empresas (incluidas las universidades) privadas de orientarse de acuerdo con este criterio, pero es difícil no notar que el mismo puede entrar en colisión con los fines que (por mandato constitucional) se asignan a la enseñanza pública. Si la universidad se concibe como una empresa (privada), los estudiantes como sus clientes y sus gestores como directivos de una corporación multinacional, es manifiesto que casi todo lo que en este momento consideramos la universidad (y que no procede —no conviene olvidarlo— de las mentes morbosas y calenturientas de los corporativistas conservadores o de los euroescépticos reaccionarios, sino del espíritu más cabalmente moderno e ilustrado) está de sobra y puede considerarse en rigor como un obstáculo y, desde luego, como un negocio ruinoso. La existencia de cosas tales como “carreras” (con esa rígida estructura dividida en cursos, y estos en asignaturas), “profesores” (que son o aspiran a ser funcionarios públicos cuya competencia se determina mediante concursos igualmente públicos, con todo lo que ello acarrea de “inamovilidad” y de “rigidez” en el puesto de trabajo), “licenciaturas” y “doctorados” (con su rígida arquitectura de sanciones científicas, exámenes, tesis, investigaciones largas y pesadas, etc.) se adapta, obviamente, muy mal, a las fluidas y cambiantes exigencias de un mercado en constante “evolución” que no puede esperar tanto tiempo como el que dura una “carrera” para contratar a un profesional cualificado cuya necesidad ya ha detectado (pues es harto posible que, cuando el sujeto empleable haya terminado su carrera, la necesidad de su presencia en el mercado laboral haya dejado de existir o se haya transformado en otra), y que por tanto no precisa profesores sino más bien entrenadores. Pero es preciso notar que el abandono de todos estos conceptos implica necesariamente la caída de todo el sistema de garantías jurídicas a ellos asociados.

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Prof. Dr. Adolfo Vásquez Rocca

Por otra parte, cuando se pregunta a los expertos diseñadores de este sistema por los resultados que cabe esperar de él en caso de llegarse a aplicar con “éxito”, dibujan en el horizonte de nuestro porvenir educativo el siguiente panorama del futuro: unas (pocas) universidades de elite (entendiendo por tal cosa aquellas que sean capaces de captar la demanda educativa de los clientes potenciales dispuestos a ser entrenados en los sectores profesionales especializados que a su vez registran una mayor demanda empresarial y/o a pagar cantidades de dinero mayores por satisfacer sus expectativas —y, de paso, de captar también la oferta de aquellos “patrocinadores” privados dispuestos a contribuir más generosamente a su financiación a cambio de que se les garantice la generación de mano de obra de alta cualificación para sus actividades comerciales) y otras (la mayoría) universidades de masas (concepto éste, como alguien dijo, más propio de la panadería que de las ciencias sociales), dedicadas a la producción de mano de obra de baja cualificación pero rápida y fácilmente reinsertable en los ya aludidos “flexibles y fluidos” mercados laborales contemporáneos.

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Universidad y Políticas culturales por Adolfo Vásquez Rocca

Es necesario, en verdad, sujetar en este punto la tendencia demagógica que podrían suscitar las reflexiones más inmediatas sobre estos aspectos, pero al mismo tiempo es al menos cuestionable que esta nueva organización del “conocimiento” sea totalmente compatible con la finalidad objetivamente asignada por el Estado social de Derecho a la enseñanza pública superior, es decir, la de contribuir a la reducción de las desigualdades sociales en materia de acceso a la formación universitaria. Cae por su propio peso que los “conocimientos” organizados de esta nueva manera obedecen a una “estructuración” (o quizás “desestructuración”) “inestable”, “abierta” y “modulable” (adjetivos todos ellos afectados frecuentemente por el prejuicio señalado al principio de este escrito acerca de lo “progresivo” y lo “conservador”) que no procede de las necesidades “internas” de las materias objeto de enseñanza-aprendizaje (materias que, por su propia naturaleza, comportan rigor, rigidez y cierta inflexibilidad), sino por las necesidades de la “sociedad”, es decir, del mercado. Este es el motivo de que se haya de proceder a la más completa desmembración de los cuerpos académicos de los diferentes saberes y disciplinas universitarias en términos de “competencias”, “habilidades” o “destrezas” que no se pueden asignar a ningún núcleo teórico definido (pongamos por caso, el Derecho o la Física de la Materia Condensada), sino que son el tipo de aptitudes que el mercado laboral y profesional requiere en cada momento y que, como es natural, no soportan esas rígidas divisiones académicas ni precisan los complejos mecanismos sancionadores de legitimidad establecidos por la comunidad científica. El encargo dado a los especialistas en pedagogía de llevar a cabo la materialización de esta adaptación in situ desnaturaliza a menudo la cuestión y arruina por completo la posibilidad de entender su auténtica índole: los “pedagogos” piden a los “profesores” que hagan algo imposible: que descompongan sus disciplinas en “competencias”, “habilidades” y “destrezas”, para que luego “la sociedad” (o sea, los analistas de mercado) puedan decidir cuáles de ellas son socialmente aprovechables y cuáles son enteramente desechables. Pero los profesores no saben cómo hacer esto, sencillamente porque ya lo han hecho y no han dejado de hacerlo desde que existe la educación superior (¿qué otra cosa puede ser aprender matemáticas sino aprender a ser diestro, competente y hábil con los teoremas, los logaritmos neperianos y los polinomios?), sin que nadie haya descubierto ninguna contraposición (sino, al contrario, la más estricta solidaridad) entre el rigor científico de los saberes superiores y los requerimientos, por parte de quien se educa en ellos, de ser competentes en la materia. Nadie —por mucha pedagogía que haya estudiado— puede ser competente para determinar cuáles son las competencias matemáticamente relevantes salvo aquel que sabe matemáticas, y nadie puede enseñar a nadie competencia matemática alguna si no le enseña a la vez matemáticas, con todo el rigor que ello supone e impone. Este planteamiento —que sólo contribuye a hacer la vida imposible a los profesores que intentan de buena fe “descomponer” sus materias en “habilidades” para hacer lo que no puede hacerse (o sea, dejar de enseñar las primeras y seguir enseñando las segundas) y erradicar el rigor del campo de la enseñanza, sustituyéndolo por un sinfín de documentos de control pedagógico muy semejantes a la proliferación cancerígena de reglamentos que caracteriza a aquellos regímenes políticos en donde no hay una verdadera ley— oscurece por completo los objetivos de la reforma al invertir de punta a cabo el trayecto natural de su proceder: no se trata de descomponer las disciplinas existentes en unas presuntas “competencias” mágicamente desgajables del saber en cuyo contexto únicamente tienen sentido, porque no hay manera alguna de hacer esto (y de ahí la desesperación de los profesores que intentan “adaptarse” y el desprecio de los adaptadores ante las “resistencias” corporativistas de la clase docente-investigadora), sino que se trata de extraer de la sociedad la suma de “competencias” que el mercado necesita eventualmente (alguien que, por ejemplo, sepa algo de derecho y algo de biología, sin necesidad de que sepa demasiado de ninguna de las dos cosas, alguien que sepa algo de lingüística y algo de economía, pero sin ser especialista en ninguna de las dos, etc.) para a continuación encargar a las “nuevas” universidades que se ocupen de entrenar en ellas a sus clientes en cuanto empleados potenciales, y que lo hagan lo más rápidamente posible (como sucede en las nuevas guerras contemporáneas, la capacidad de respuesta rápida —un ejército “flexible”, poco numeroso y fácilmente transportable y redefinible— es mucho más operativa que las “grandes maquinarias bélicas” del pasado). Si el planteamiento se hiciese con este grado de honestidad, aunque los pedagogos se quedasen sin trabajo (y sumidos en la misma perplejidad que el resto de los especialistas universitarios), el grado de sufrimiento del profesorado disminuiría notablemente. Porque esto sí puede hacerse. Y, por lo que parece, se hará.

Así pues, “adaptación de la universidad a la sociedad” ha de leerse, en este contexto, como la completa desarticulación del corpus del saber constituido como tal a partir del proyecto ilustrado como columna vertebral de la enseñanza pública (y del cual las “ciudades universitarias” —otra obsolescencia que el espíritu posmoderno se declara presto a remover en beneficio de la deslocalización del conocimiento— son la concreción espacial) y su disolución en una estela nebulosa de técnicas híbridas, de cortos plazos y estrechas miras (tan cortos y tan estrechas como la duración de la vigencia de un tipo de interés en el mercado financiero, y tan sometidos a fluctuación como esos mismos tipos) que puedan redefinirse indefinidamente en virtud de las necesidades del mercado mundial. La mera idea de concebir la universidad como una empresa de servicios o, mejor (y con un símil ya catalogado por sus entusiastas), de bricolage tecnológico, es ya en sí misma una plasmación espacial de esa desarticulación y de esa disolución.

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Por último, es preciso advertir que esta reforma que ha de desembocar en el EEES no afectará igualmente a todas las disciplinas universitarias. Por su grado de implantación tecnológica y de implicación empresarial, es obvio que ya existen muchas materias, por así decirlo, predispuestas a esta adaptación (en su mayoría, las que se imparten en las Escuelas Politécnicas y en el área de Ciencias de la Naturaleza y de la Computación y la Comnicación), materias que, debido a las mencionadas implantación e implicación, están llamadas a constituir el “núcleo duro” de las aludidas universidades de elite del futuro, capaces de captar a los clientes más rentables y a los patrocinadores más generosos. Y no es menos obvio, por tanto, que los saberes de baja cotización en la sociedad del conocimiento —que aproximadamente coinciden con el ya de por sí ambiguo terreno de las “humanidades”— están más o menos destinados a configurarse en torno a las también aludidas universidades de masas. Dejando aparte la “humillación” y la pérdida de distinción social que esto representará para los profesores de Humanidades (que, además de que no es objeto de este escrito hacer cuentas de las afrentas y agravios del orgullo profesional, es algo a lo cual los tales profesores están ya sobradamente acostumbrados y que, por tanto, no supone motivo de escándalo mayor), uno puede preguntarse qué sentido tiene, entonces, someter a las materias agrupadas bajo este rótulo a ese mismo proceso de desmembración en competencias, considerando que la gama de destrezas mercantilmente aprovechables que puede ofrecer a “la sociedad” este gremio es verdaderamente insignificante. Y aunque nunca puede descartarse del todo un cierto sadismo como móvil de este empeño aparentemente inútil (pues el rencor acumulado contra el parasitismo social de quienes cobran del Estado sin ofrecer a cambio nada rentable es cuantitativamente respetable), es lícito preguntarse qué tipo de “necesidades” sociales vendrían a cubrir las humanidades reformadas en el EEES, y a qué tipo de clientes (y de patrocinadores) puede interesar la adquisición de las destrezas acumuladas por estas históricas disciplinas. Puesto que se trata de competir con los Estados Unidos, no deja de ser interesante observar, a este respecto, el modelo vigente en las universidades de este país, en el cual hemos visto transformarse en los últimos años a todas las carreras del sector “literario” (las licenciaturas en “letras” en sentido amplio) en una nueva realidad social llamada cultural studies. Una realidad que, al igual que las nuevas “competencias” del sector tecnológico, es completamente inclasificable en las catalogaciones sistemáticas del saber universitario de origen ilustrado y, en una medida nada desdeñable, está en trance de absorber a la totalidad de ese antiguo sector de Letras. Este fenómeno (que ya se ha extendido notablemente por Europa) no afecta exclusivamente a las “Letras” clásicas (las filologías, la historia, la filosofía, la antropología cultural, la sociología, etc.), sino también a disciplinas más especializadas como la vieja historia del arte, que se encuentra en vías de redefinirse en términos de visual studies. No debería extrañarnos que, en una sociedad en la cual el conocimiento se ha convertido en una mercancía y en la cual los criterios de calidad de la enseñanza se miden en términos de “satisfacción del cliente”, en una sociedad que se propone atraer a una fuerza de trabajo (o quizá habría que decir “fuerza de estudio”, puesto que ahora el estudio, como en otro tiempo el trabajo, debe convertirse en capital) dispersa en el escenario internacional del espacio global, las instituciones educativas estén llamadas a adaptarse, no tanto al “mercado global” (pues los saberes humanísticos suponen una porción poco representativa del conocimiento que circula en este mercado), sino a la llamada “ciudadanía multicultural” y a lo que podríamos denominar “el mercado de las identidades”. En este caso, podría decirse que, más que económica, la motivación es marcadamente política. No se trata en modo alguno de que, tras un concienzudo análisis de los programas educativos, se haya detectado en ellos una desatención científicamente significativa de los rasgos culturales, se trata más bien de que esto último (los rasgos culturales) es todo lo que queda cuando se despoja a los ciudadanos precisamente de su ciudadanía (la que proviene fundamentalmente de la concepción moderna e ilustrada del Estado de Derecho y de la implantación contemporánea de los principios de la democracia social). La destrucción del espacio público en beneficio del privado, de la que ya hemos hablado suficientemente en lo anterior, y de la cual el desmontaje del sistema público de educación superior heredado del proyecto ilustrado es uno más de los síntomas, trae como inevitable consecuencia el desplazamiento del juego político de la esfera de los intereses públicos a la de los intereses privados (esfera en la cual, en el proyecto ilustrado, se situaban las cuestiones relativas a las creencias religiosas y a las convicciones de la identidad cultural), de tal manera que todos los conflictos políticos quedan reducidos a conflictos (jurídica y democráticamente irresolubles) de identidades inconmensurables. Así como el conocimiento se ha convertido en un plusvalor mercantil (y, por tanto, en un signo de riqueza del que harán ostentación los clientes y proveedores de las universidades de elite), la identidad se ha convertido en un plusvalor político (el único que pueden exhibir los estigmatizados clientes y proveedores de las universidades de masas). De este modo, todas las disciplinas humanísticas se aprestan a quedar reducidas a un conjunto de “habilidades”, “destrezas” y “competencias” características de una determinada tradición cultural y, por tanto, a tener que integrarse en un conjunto más amplio de “habilidades”, “destrezas” y “competencias” características de otras tradiciones culturales, religiosas o lingüísticas con igual derecho a la representación académica (lo cual modifica sustantivamente la consideración que pueda tenerse, pongamos por caso, de Stendhal o de Aristóteles, cuyas obras ya no serán evaluadas sino como emblemas de una determinada identidad cultural, religiosa, sexual o lingüística).

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Alguien podría aducir, tras la descripción anterior, que de nada de lo dicho se sigue que el proceso en cuestión sea necesariamente malo. Puede que haya llegado la hora de relevar en sus funciones a la Universidad (una institución que en otro tiempo desempeñó un papel crucial, pero a la que ahora habríamos dejado de necesitar), y la decisión de hacerlo no tiene por qué ser ilegítima. Mi interés principal, no obstante, era el de conseguir abrir algún camino a la idea de que tampoco se sigue en absoluto que el proceso de reforma sea indiscutiblemente bueno. Y, más allá de esta cuestión de valoraciones, lo importante es, ante todo, notar de qué se trata en este proceso de reforma. Y se trata, repito, de desmontar pieza a pieza uno de los pilares del Estado de Derecho heredado de la Ilustración y de la democracia social heredada del siglo anterior. Puede que en verdad el Estado de Derecho se haya convertido en una rémora indeseable, o que en verdad el estado del bienestar inspirado en los principios de la democracia social se haya convertido en una carga fiscalmente insostenible (ambas cosas darían lugar a discusiones distintas a la presente), pero lo que de ningún modo puede sobreentenderse y darse por probado sin discusión alguna es que la reforma de las instituciones educativas superiores en la que se cimienta el EEES, y aún más en el modo en el cual se está aplicando en un Estado con estructuras académicas y científicas tan débiles y con dotaciones presupuestarias tan modestas como el español, sea algo de suyo modernizador y progresista (a menos que sean progresistas la destrucción del Estado de Derecho y el desmontaje de las estructuras de la democracia social), cuando parece antes bien formar parte de un severo tratamiento de en el cual están involucradas todas las instituciones de las sociedades del mundo desarrollado. Hay, en efecto, muchas cosas desmontables y directamente desechables en las instituciones educativas (superiores e inferiores) españolas, pero no parece razonable perder la conciencia de todo lo que se está arrojando al basurero aprovechando la ocasión que la reforma nos brinda para deshacernos de los restos de un pasado en muchos aspectos lamentable. No sería imposible que, so pretexto de una modernización revolucionaria y sin precedentes, estuviéramos condenando a la docencia superior y a la investigación universitaria españolas (como ya sucedió, con consecuencias difícilmente reversibles, en las enseñanzas medias) a una situación de retraso y postergación objetivos, tanto en términos científicos como políticos y morales, aún más graves que los que se deseaba contrarrestar con tal revolución.

El Mundo – Zoología Política

José Luis Pardo, Premio Nacional Ensayo con ‘La regla del juego’

José Luis Pardo: El futuro de la universidad pública
Profesor de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid

Dr. Adolfo Vásquez Rocca – Compilador

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Adolfo Vásquez Rocca

| E-mail: adolfovrocca@gmail.com

ERNST JÜNGER: TEMPESTADES DE ACERO, DIARIOS DE GUERRA Y ESCRITURAS DE LA CATÁSTROFE Por Adolfo Vásquez Rocca

 

 

 

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Ernst Jünger por Adolfo Vásquez Rocca

 

ERNST JÜNGER: TEMPESTADES DE ACERO O LA ENTRADA EN ESCENA DE LOS TITANES

La lucha de los titanes y el crepúsculo de los dioses son metahistóricos, ellos echan mano de la historia a partir de la naturaleza y del cosmos. Considerados temporalmente, es de suponer que los titanes precedieron a los dioses y, a su vez, administraban el caos. A esto le siguió el mito que afirma que fueron los titanes quienes generaron y educaron a los dioses. Su revuelta hizo temblar el Olimpo, luego fueron refrenados por Zeus y exiliados al mundo subterráneo. Con todo, ellos han de retornar siempre de nuevo; así, por ejemplo, Prometeo encadenado, en la figura y aspecto del trabajador. Los dioses crean desde lo atemporal; los titanes empero, actúan e inventan en el tiempo. Se hallan emparentados más con la técnica que con las artes. De allí que Hölderlin aconsejase al poeta soñar y dejarse consolar por Dionisos, mientras sea que dominen los “hombres del acero”, no obstante, él sabe que los dioses han de retornar”.

Ernst Jünger

 

La trinchera tiene una profundidad de dos o tres hombres. Por tanto, los defensores se mueven por ella como por el fondo de un pozo, y, para poder observar el terreno que tienen delante o disparar contra el enemigo, tienen que subir por escalones hechos en la tierra o por escaleras de madera, al puesto de observación: una larga tarima o saliente practicado en el talud, de manera que quienes estén sobre él puedan asomar la cabeza y mirar. Sacos de tierra, pedruscos y planchas de acero constituyen el parapeto (…) Delante mismo y a lo largo de las trincheras se extiende, casi siempre en varias líneas, redes de alambradas, enrejados de púas de alambre que detienen a los asaltantes y permiten a los defensores disparar con toda tranquilidad (…)”

 

Ernst Junger. Tempestades de acero. 1920.

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Jünger La Esctitura de la Catástrofe por Adolfo Vásquez Rocca

 

 

1.-

Ernst Jünger1, escritor, filósofo, novelista e historiador alemán nacido en Heidelberg en 1895 y fallecido en Wilfingen en 1998. Hijo del doctor Ernst George Jünger, un profesor de química, y Lily Karoline. Se une a los Wandervögel en 1911, movimiento juvenil, que sostenía principios radicales posteriormente adoptados por el movimiento hippie, extremaba el espíritu de la naturaleza y la búsqueda de los bosques así como el respeto absoluto por la vida animal. Además, a diferencia de estos últimos teñía su ideario de una glorificación de la nación alemana.

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Jünger y Alemania por Adolfo Vásquez Rocca

Cuando estalló la I Guerra mundial Jünger fue uno de los primeros en alistarse, obteniendo en 1918, pocas semanas antes del fin de la guerra, la condecoración “Blaue Max” al mérito militar. Fruto de esta experiencia, fue la publicación -con tan sólo 25 años- de sus recuerdos de la guerra en el libro “Tempestades de Acero”, una alabanza a la guerra en cuanto “experiencia interior”, que catapultó al joven escritor a la fama.

 

Entre la guerra y la subida de Hitler al poder en Alemania, Jünger formó parte de la órbita de una compleja corriente político-cultural llamado “Konservative Revolution” o revolución conservadora alemana, de la que formaron parte, además de diversos grupos, autores como Ernst von Salomon, Werner Sombart, Carl Schmitt o Oswald Spengler. Algunas de las características más importantes que definieron a la “Konservative revolution” fue su nacionalismo radical, su rechazo al liberalismo decimonónico, a la Revolución francesa o la influencia de autores como Nietzsche. Dentro de esta corriente, Jünger publicó libros como “La guerra como experiencia interior”, “La movilización general” o “El trabajador”.

 

Como se ha señalado, en los primeros años de la República de Weimar -Júnger- es un activo polemista y articulista dentro de la cultura del nacionalismo alemán revolucionario, que une pasión revolucionaria y extremo conservadurismo antiliberal. En este sentido existe un elemento fascistizante en el Jünger joven, que ha constituido hasta nuestros días un punto de referencia espectacular. Nunca fue nazi, pero de los años 1925-1933 existen referencias ambiguas a ese movimiento, es decir, positivas y negativas. El asunto es que en su lenguaje ideológico —con nivel, pero dentro de esa esfera— Jünger creyó identificar el espíritu de la Historia con un tipo de actitud que en la política real no podía sino llevar a una suerte de “parafascismo.” En algunos pocos esto significó en esos años el acompañar al desarrollo de Leviatán hasta sus últimas consecuencias, hasta el fin; en muchos casos creó la ilusión de una suerte de Parusía. Conocido es el caso de Martin Heidegger que fue más allá de Jünger y apoyo al régimen, al menos en sus primeros años1.

Ahora bien, a pesar del marcado tono nacionalista de la obra de Jünger durante esta época, el matiz “de élites” de su obra, además de la ausencia de antisemitismo, llevó a Jünger a rechazar ya en 1933 al nacionalsocialismo, al no aceptar el ingreso en la Academia de Poesía Alemana, purgada hacía poco tiempo por la Gestapo, y se marchó a una aldea, Goslar, en las montañas Harz; después se radicó en Ueberlingen.

 

En 1934 prohíbe al periódico del partido nazi que siga utilizando y manipulando sus escritos, rechazando también ocupar un asiento en el Reichtsag, al tiempo que publica “Blaetter und Steine” (Hojas y piedras), su primera crítica al racismo fascista.

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Jünger pasó una parte de la II Guerra Mundial como militar en el París ocupado, donde a partir de 1941 frecuentó los salones literarios y de fumadores de opio, así como la bohemia parisina, se dejó invitar por los oficiales que comenzaban a rebelarse contra Hitler y salvó la vida a cuantos judíos represaliados pudo. “El uniforme, las condecoraciones y el brillo de las armas, que tanto he amado, me producen repugnacia”, anotó Jünger en su diario, al enterarse de la exterminación progresiva de los judíos.

Así pues, una visión como la de Jünger no se refiere únicamente al nazismo, ni siquiera a las ideologías y sistemas totalitarios, sino un rasgo de la civilización moderna de querer vincular el advenimiento de la sociedad industrial con una esperanza de escatología secularizada, que en la era de las guerras mundiales y de la Guerra Fría adquiere una dimensión política, la que más tarde – en la obra posterior– se tornará en objeto de crítica, ejerciendo una labor de medium y vidente superdotado de las sociedades del futuro.

2.-

 

Desde que en los años 50 entablara amistad con Albert Hofmann, el creador del LSD, varios de los libros de Jünger versaron de forma directa o indirecta sobre la experiencia psicodélica. En 1952, después de su primera experiencia con la LSD, escribe “Besuch auf Godenholm” (Visita a Godenholm), cuya publicación coincidió con la aparición de “Las puertas de la percepción”, de Aldous Huxley. Su otro gran libro sobre el tema de las drogas es “Annäherungen. Drogen und Rausch”, (Acercamientos. Drogas y ebriedad), de 1970. Esta obra, en la que el autor acuñó el término psiconautas (navegantes de la psique), expone las numerosas experiencias de Jünger con varios tipos de sustancias psicoactivas, tanto enteogénicas como estimulantes u opiáceos.

 

Hacia 1977 escribe otra de sus obras más conocidas, “Eumeswil”, donde sobresale la figura del “anarca”, personaje preconfigurado por Albert Camus en su libro “L’homme révolté” (El hombre rebelde, 1951). Uno de sus últimos textos sería “Die Schere” (La Tijera), publicado en 1989, cuando Jünger contaba con 95 años de edad. De gran valor histórico y literario son sus diarios de la II Guerra Mundia (”Radiaciones”). En la actualidad se considera a su obra como una de las mayores contribuciones a la literatura en lengua alemana en el siglo XX.

Finalmente murió el 17 de febrero de 1998 cuando ya contaba con 103 años de edad.

 

3.-

 

Amigo personal de Heidegger, la polémica desatada alrededor del posible nazismo personal y teórico de este filósofo le parece de tono menor. “El gran éxito de Heidegger fue el giro que le dio a la teoría del conocimiento hacia el concepto del ser. Eso es una filosofía muy amplia, que naturalmente se puede desglosar en algunos aspectos y atribuirle una conexión con ideologías de la época, pero eso no resume ni con mucho la totalidad de la filosofía de Heidegger, sino sólo algún aspecto parcial”.

 

Tempestades de acero es un canto al guerrero, un canto a los valores que surgen del peligro de vivir, una visión romántica de la guerra. Jünger, en su madurez, se distancia de aquellos primeros fervores, pero se reconoce en quien los vivió. “En cierto modo, no he realizado autocrítica. En la distancia, aún soy proclive de darle unos golpecitos en el hombro a aquel jovencito que escribió Tempestades de acero. Naturalmente, aquel jovencito era agresivo, no había llegado a la consciencia de la importancia que tiene el evitar y prevenir las guerras. Ahora que he llegado a este estado senatorial de madurez, pues tengo otra visión de las cosas, pero esto no significa que me distancie de aquel joven”.

 

Llegado a la madurez, ¿ha logrado en literatura sus propósitos? “Naturalmente, hay personas que no llegan tampoco con la edad a la madurez. A mí no me gustaría pertenecer a ese grupo de personas a las que sería aplicable la frase de Voltaire que dice que quien no tiene el espíritu de su edad tiene todas las desgracias de su edad”.

 

Instalado en la mejor tradición de la cultura alemana, Jünger parece fijarse en las individualidades que trascienden su tiempo. “A Hölderlin le ponen siempre en el grupo de los románticos, y eso no es cierto. Hölderlin sobrepasa a su tiempo, y en cierto modo prevé nuestra época y, por tanto, no es un romántico en la acepción clásica”.

 

Sus diarios, escritos en circunstancias terribles, guardan distancia para con los horrores que describen. “Un diario puede sustituir a la oración. En una ocasión fui herido, y al transportarme me quitaron los diarios; al darme cuenta, me incorporé, fui a buscarlos y me volvieron a herir”.

 

4.-

Ernst Jünger (1895-1998) constituye, posiblemente a causa de sus participaciones – diametralmente opuestas – en ambas guerras mundiales, una figura privilegiada del escritor-soldado; sin embargo, Jünger fue cronológicamente, combatiente antes de ser escritor. Así, como subraya Marcel Decombis (Ernst Jünger, l’homme et l’œuvre jusqu’en 1936) siguiendo la línea trazada por el especialista de historia literaria Langenbucher, es necesario distinguir “el linaje de poetas que se convirtieron en soldados, de la joven generación (de la cual forma parte Jünger) que la guerra transformó en poetas”. En efecto, la generación intelectual alemana que había publicado anteriormente a 1914, entre otros R.G. Binding o St George, sintió la guerra como un cuestionamiento apocalíptico de la cultura de la cual formaba parte. Sin embargo, la generación literaria de Jünger o de Dwinger y Schauwecker, irrumpía en ese momento dentro de la historia contemporánea. En este sentido, Jünger forma parte de los autores que no esperaron ver madurar en ellos una vocación, sino que se sintieron incitados a la escritura por la crudeza de una experiencia belicosa que derrocaba el antiguo mundo y que debía ser contada sin artificio.

 

Aunque Jünger ha sido acusado de poeta ingenuo y de verdadero apólogo de la guerra, su posicionamiento moral frente los conflictos es más ambiguo o heterodoxo que una aproximación superficial del autor podría sugerir. Confrontado a un dilema prometeico entre, de una parte, su lealtad espiritual a los ideales caballerescos del Imperio Alemán, y por otra, la necesidad de conformarse a los nuevos retos de “rebelión de la materia esclavizada por el hombre” (Drieu Rochelle, La comédie de Charleroi), va a intentar relatar escrupulosamente de manera a la vez objetiva (experiencia) y poética (sensación) (I), los desafíos físicos e intelectuales de la guerra, y hacerles frente formulando una nueva moral guerrera (II), que sea sintética y adaptada a la ruptura de civilización para su pertinencia en el tiempo histórico y en el espacio político (III).

 

La prosa poética de Jünger da cuenta de la naturaleza gratuita del acto heroico, que no tiene por qué tener “causas” para existir. Como lo ha dicho ya a los noventa años, la gloria “es como la cola inflamada de un cometa, que centellea todavía algún tiempo en la estela de la obra. Uno puede entonces preguntarse cuál es el propósito de la escritura, suponiendo que haya alguno: es el instante creador mismo en que algo se produce fuera del tiempo, el cual ya no puede ser anulado. El universo se ha afirmado en el individuo, y esto debe bastar, así sea que a algún otro se le ocurra o no”1.

5.-

 

I) Relatos de guerra: la aceptación de la guerra tal como es

 

Los recuerdos personales de Jünger constituyen la base esencial de sus primeros textos: escritos de fuente real, sin construcción de una intriga y sin elaboración de personajes de ficción. En complemento de estos libros, La guerra como la experiencia interior, concentra sus reflexiones acerca de la guerra. De este modo, la obra del autor resulta representativa del destino de millones de combatientes que participaron en el conflicto, “hasta el punto que sus testimonios aparecen como documentos simples” (Julien Hervier en Deux individus contre l’Histoire : Drieu la Rochelle et Jünger)

 

 

Los escritos de guerra de Jünger, como lo explica Decombis, tratan la guerra en tres dimensiones. Partiendo de la realidad, los escritos inflexionan de manera lineal hacia consideraciones más abstractas y globalizantes: en un primer momento se presentan los aspectos tácticos, luego se abordan (bajo la forma de relación carnal con la guerra) las huellas físicas en el cuerpo de los soldados, y finalmente se señalan las interrogaciones morales que produce la experiencia fuera de lo común.

 

Tres grandes escritos “objetivos” de la guerra: Tempestades de acero, El bosque 125, Fuego y Sangre

 

En la obra de Jünger, la preocupación por tratar la realidad no excluye la exigencia estética; así, Tempestades de acero serán acogidas con admiración por André Gide que verá en ellas “el más bello relato de guerra”. Este primer diario de guerra describe las diferentes campañas y las heridas del autor durante los cuatro años de guerra. Se trata, sobretodo, de una aproximación a la práctica cotidiana de la guerra: el ataque, la guardia y el descanso, entre las explosiones de obuses y las heridas meticulosamente descritas por el narrador que se abandona a “sollozos compulsivos” por la visión de “la inmensa mayoría de sus hombres destripados”.

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Jünger y André Gide por Adolfo Vásquez Rocca

 

El boqueteau 125 explicita una semana de los mismos acontecimientos en un lugar circunscrito y particularmente representativo del frente: un grupo de soldados defiende una posición totalmente devastada. El tercer texto, Feu et Sang, es la descripción de un solo día de combate: desde las esperanzas del asalto, hasta el “vértigo que se apodera de todo y arrebata la conciencia” en una “pelea donde las cosas y los valores cambian de aspecto” (Decombis).

 

El sentido de la guerra reside en su fatalidad: la negación de su absurdo.

 

Jünger toma como punto de partida la experiencia en toda su crudeza y, como Hobbes, considera que el hombre está sometido a un deseo de destrucción que constituye una ley natural. Además, como explica Julien Hervier, según Jünger “esta plaga necesaria es una fuerza saludable”. Bajo el influjo de una perspectiva nietzscheana, el escritor alemán considera que la lucha es el principio de toda vida y de la cultura misma. La guerra entendida como un acto valeroso, no deja lugar a crítica. Jünger considera que los esfuerzos de los pacifistas son vanos, y hasta condenables. Según él, “la guerra es el más potente encuentro de los pueblos” (La Guerra como experiencia interior). Jünger, alistado a la Legión extranjera de manera voluntaria a los 17 años, seducido por la cultura francesa, participará en las dos ofensivas del ejército alemán sobre París. La dureza de la prueba sufrida por el soldado implica retrospectivamente considerar la guerra como algo no absurdo. El principio de la lucha es una fuente de sentido.

 

El significado de la guerra radica en la memoria necesariamente mantenida. El valor de los combatientes, su valentía en el momento de las ofensivas, entran en la historia y dejan huella: “¿cuánto tiempo hará falta para que fenómenos como la gran ofensiva de la primavera de 1918 o la batalla de Skaggerak se desprendan del tiempo como monumentos independientes?” (La Guerra como experiencia interior).

La lógica de la prueba, entre idealismo y realismo: la aceptación de la guerra tal como es.

La postura de Jünger es heroica: la guerra es una prueba con la cual hay que enfrentarse: “para no ser víctima del acontecimiento, hay que ponerse a su altura” (Decombis). En este sentido, Jünger se inscribe dentro de la tradición heroica de la caballería inspirada por los grandes héroes homéricos de Grecia arcaica. La guerra como ineluctable, tiene consecuencias terribles para los que intentan sustraerse de ella ignorándola: “no tenemos derecho a negarla, si no nos tragará” (La Guerra como experiencia interior). Los relatos de Jünger se dirigen a los que no han conocido los combates del Frente para informarles de la realidad de la guerra vivida.

 

Sin embargo, los libros de Jünger sobre la guerra de 1914-1918 no incitan al combate. Jean-Michel Palmier afirma en este sentido que “por un curioso giro dialéctico, Tempestades de acero parece ser una de las más apropiadas obras para inspirar el horror de toda guerra, precisamente porque su recurrente estética grandilocuente se convierte en insoportable”. De hecho, el mismo Jünger previene a la juventud de la posible seducción de “esta atracción de armas chispeantes, de sangre espumante y de juego intrépido con la vida y la muerte” (Fuego y Sangre). Alejado del nihilismo, Jünger ratifica el horror de la guerra, no duda en utilizar una descripción minuciosa del olor y del aspecto de los cadáveres a medio descomponer. Decombis subraya el esfuerzo de Jünger para sintetizar, según una perspectiva “estereoscópica”, los puntos de vista militaristas y antimilitaristas representantes ambos de la Alemania en guerra. Idealismo y realismo por separado acceden a una visión truncada del hecho vivido; por eso Jünger se ampara de un tono que concilia “la poesía del corazón y la prosa del mundo” (El corazón aventurero). Definición muy próxima a los términos que Hegel utilizaba en Estética por la definición de la novela (Jean-Michel Palmier).

 

II / Pensar la guerra a partir de la “experiencia interior”

 

El carácter sintético de la visión estética y metafísica de Jünger radica en un vaivén entre un gusto por la tradición y la confrontación a las exigencias de su tiempo. Siendo la guerra tanto un desafío moral como un reto para el entendimiento. La resolución de esta tensión en la persona y la psyche de Jünger, incita a reflexión.

 

6.-

Las interrogaciones morales del sentido de la guerra

 

La moral que se desprende de los diarios de guerra es fundamentalmente aristocrática. El componente nietzscheano del pensamiento de Jünger desemboca en una omnipresente apología de la fuerza, desarrollada bajo forma estética por el joven aficionado de Baudelaire y de Rimbaud. Como lo subraya Decombis, “su admiración tiene como objeto tanto la belleza del ordenamiento de las armas (…) como los soldados que las manejan con tanta (…) seguridad”. Esta estética ilustra los principales rastros de la síntesis aristocrática que concilia la firmeza de la fuerza natural con la desenvoltura en su utilización.

 

Jünger se niega a calificar la guerra de absurda: sería una renuncia y una traición a la memoria de los compañeros de armas que van desapareciendo a lo largo de las páginas de las Tempestades de acero. Según una perspectiva una vez más, resueltamente nietzscheana, el enemigo es un alter ego. Éste merece respeto según el viejo principio caballeresco. Encontramos eco de este comportamiento en otro testimonio de la Primera Guerra Mundial; la película La Gran ilusión de Jean Renoir. El capitán alemán Von Rauffenstein invita a comer a oficiales franceses cuyo avión acaba de destruir, saludando con cortesía la memoria de las víctimas francesas y pidiendo disculpas a sus huéspedes: “que la tierra les sea ligera a nuestros valerosos adversarios”. Jünger promueve este sentido de “guerra sin odio” fratricida entre los mejores de cada campo. Un juego trágico pero necesario: “cuando nos lanzamos uno contra otro en una nube de fuego y polvo, hacemos uno, no somos más que los componentes de una sola fuerza fundida en un solo cuerpo” (La guerra como experiencia interior).

 

Jünger se esfuerza por recrear la unidad de la guerra, a pesar de su complejidad y de los sentimientos contradictorios que pueden avasallar al soldado desconcertado por la violencia de su realidad. La abdicación de la Razón no le conduce a desprestigiar la guerra, le confirma en la validez de lo irracional, continuidad del romanticismo político de la segunda mitad del siglo XIX alemán. La guerra como experiencia interior abunda en los “contrastes [que] lejos de dar un carácter contradictorio a nuestra vida, constituyen su carácter grave”.(Decombis)

 

Enfrentarse con la “revancha de la materia sobre el espíritu”: hacer del materialismo un valor

 

Jünger constata la obsolescencia de la guerra de movimiento bajo las Tempestades de acero vertidas por la artillería, y considera que el fin de este tipo de guerra es la derrota del idealismo. Jean-Michel Palmier nos recuerda que Alemania conoció el equivalente de la matanza de los jóvenes Cadetes de la Academia General Militar de Saint-Cyr en la batalla de Langemark, a finales de 1914. Estos jóvenes anestesiados por la embriaguez de la acción encarnan el culto del heroísmo sin objeto calificado de “beatitud de los epilépticos” por Walter Benjamín.

 

De hecho, Jünger se aparta del heroísmo inútil y se esfuerza por entender el materialismo que caracteriza su tiempo. De ahí su obsesión por la técnica, tema objeto de la constante correspondencia entre el escritor y Heidegger. Así como lo señala Decombis, Jünger se aferraba al pasado: sabia que la caballería perdía su pertinencia una vez preparadas las trincheras. “La trinchera convirtió a los combatientes en asalariados de la muerte” (La guerra como la experiencia interior). La vigilancia del mismo Jünger ante las evoluciones tácticas de la guerra es paradigmática de la del soldado en su trinchera: se trata de comprender con pragmatismo las nuevas incógnitas del fenómeno para anticiparse. En esto, las opiniones de Jünger, lejos de ser ingenuas, son un pensamiento para la supervivencia.

 

El autor evoluciona al materialismo por la imposición de las circunstancias: se trata de resistir estoicamente bajo las tormentas de acero. Aunque la guerra “pierda alma”, su principio de prueba sigue vigente y reforzado por las nuevas condiciones materiales. Las realidades tienen vocación a ser afrontadas: Jünger, pensador distinguido del realismo conservador, se acerca a la famosa máxima del Príncipe Salina, el Gatopardo de Lampedusa: “Es necesario que todo cambie para que todo se quede como está”. Decombis anota al respecto como Jünger acepta la ineluctable dictadura del materialismo, esforzándose a encontrarle una justificación espiritual. El materialismo constituye, para él, la base de un nuevo orden moral. La guerra como experiencia interior ilustra este pensamiento: “las máquinas son la inteligencia de un pueblo soldada al acero”.

 

“La revancha de lo brutal sobre lo sentimental” (Decombis): el regreso fulgurante de los instintos primitivos y el verbo “prenazi” de Jünger

 

Jünger estudia la actitud del hombre confrontado con experiencias excepcionales como camino hacia la esencia de su ser. La verdad que encuentra es irracional, la propia de un inconsciente que se esconde bajo la capa de la Razón. Las causas: el “oscurecimiento de la inteligencia por el cansancio, el vencimiento de la sensibilidad por la indiferencia” (Decombis). Pero esta “salida de uno mismo” esta limitada temporal y espacialmente al campo de batalla, ocasión de tomar la justa medida de sí mismo y de vivir la experiencia privilegiada de la “anarquía interior” (que Jünger tratará de reencontrar por otros caminos en tiempos de paz, menos destructores para el prójimo, como en la droga y en la embriaguez: Aproximaciones a las drogas y embriaguez). Esta experiencia espiritual constituye un privilegio que no tiene vocación de durar más que un instante, permite el distanciamiento del mundo y la impasibilidad estoica de resistir.

 

En 1953, después de una experiencia con el LSD, escribió un pequeño relato titulado Visita a Godenholm, cuya publicación coincidió con el ensayo Las puertas de la percepción, de Aldous Huxley. Ambos ensayos marcan un hito en la aparición de los enteógenos en la escena del siglo XX, pero con una diferencia: Jünger en ninguna de sus páginas mencionó la palabra droga, ni LSD, ni nada que se le pareciera. La reserva y la discreción ha sido la tónica general de los libros de Jünger sobre substancias “visionarias”, ello nace del escepticismo de Jünger.

 

La guerra como la experiencia interior es la oportunidad del retorno, por el estrépito del combate, a los instintos primarios del hombre. Una propensión al equilibrio entre el miedo y la curiosidad que incita a la acción ante el peligro. Rehusando el nacionalismo como principio explicativo del coraje de los combatientes; éstos son estimulados por pulsiones anteriores y más básicas: “no queremos un mundo apacible y refinado, queremos el mundo con la totalidad de sus posibilidades” (Fuego y Sangre). La inflexión a la acción es posible gracias al descubrimiento de esta energía bruta e insospechada en “una raza nueva, del más elevado potencial, formada en la dura escuela de la guerra que tiene a mano el instrumento de realización de la muerte” (Fuego y Sangre).

 

Así, Jünger consigue la síntesis entre materialismo y brutalidad, entre modernidad y barbarie. De ellos, emana una nueva espiritualidad, propia a la raza anteriormente evocada (Decombis). Sus ideales, los encuentra en su recuerdo como teniente fuerzas de choque: el racionamiento a sangre fría y el calor en la acción. En su extremo esta idea remite a una apología audaz y peligrosa de la embriaguez y de la violencia, que ha sido etiquetada de “fascista” por Marc Vanoosthuyse en Fascismo y literatura pura. En cierta manera, prefigura los llamamientos a la lucha con un “furor sagrado” de Hitler quien asumiría la acusación de barbarie en Nuremberg (”Sí, somos unos bárbaros y queremos ser unos bárbaros. Es un título de honor. Somos los que rejuveneceremos el mundo. El mundo actual toca su fin. Nuestra tarea es de saquearlo”). No obstante, la distancia manifiesta de Jünger respecto al mundo en general o el nacionalsocialismo en particular, permitieron a sus introductores en Francia, especialmente sus traductores Henri Thomas y Julien Hervier, su editor Christian Bourgois, o sus admiradores como Julien Gracq, defender al autor, una de las más grandes figuras de la “reacción revolucionaria prefascista” (Ernst Nolte, El fascismo en su época) que constituyó la revolución conservadora alemana.

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Fascismo y Literatura por Adolfo Vásquez Rocca

 

7.-

Un pensamiento de síntesis y de ruptura: la guerra, la historia y el destino

 

La controversia en cuanto al papel exacto desempeñado por Jünger en la revolución conservadora y la dimensión “prenazi” de sus escritos nos remiten a la relación del escritor alemán con la historia y a la política de la nación alemana.

 

El mundo antiguo, feliz y glorioso, colmado de armonía y belleza, debe pasar por las llamas para ser purificado de sus debilidades

 

Militarista al igual que su generación, Jünger no pone en tela de juicio la legitimidad de la guerra: “no se rebela contra la marcha del tiempo” (Decombis) intentando anticiparlo como ilustra su relación con el materialismo. Del mismo modo que Spengler en La decadencia de Occidente, se muestra sensible a las metáforas biológicas (vegetales y entomológicas), y desarrolla una concepción cíclica de la historia parecida al ritmo de la vida: el desarrollo fulgurante de Alemania bajo Bismarck era patológico y el mundo idealista que había nacido bajo la jefatura prusiana debía inevitablemente entrar en crisis, provocando la muerte de la Alemania imperial por su afán de provocar guerra.

 

Por eso Jünger considera, según una perspectiva vitalista, que la guerra es una ruptura filosófica en el contexto de una civilización cambiante: tiene un efecto radicalmente roborativo, ya que elimina las debilidades contenidas en la Alemania imperial. La Alemania del fin del siglo XIX está condenada, aunque Jünger sea sensible a sus honores, como en la medalla Pour le mérite, la más alta condecoración alemana que simboliza las largas tradiciones militares prusianas. En el libro de protesta metafórica contra el nazismo, Sobre los acantilados de mármol, el mundo antiguo está presentado como una edad de oro marcada por una belleza y una armonía que no dejan insensible a Jünger. Sin embargo este mundo ideal debe prender en las llamas para salir regenerado: aunque “ese tiempo se fue para no volver más”, y sea objeto de “una intratable melancolía”, el renacer de la vida es necesario.

La guerra, momento de inflexión en el ciclo de la historia: la lucha entre fuertes y débiles

La guerra, siendo una prueba sin concesión, no deja espacio ni a la debilidad ni a los que se refugian en la abstracción pura. En el mismo registro, Jünger escribe en El trabajador: “en todos los países que han participado en la guerra, hay vencedores y vencidos”. Tanto para Jünger como para Nietzsche, conviene eliminar el ideal ante el hecho, así como hacer prevalecer la fuerza ante el derecho (Julien Hervier). La colectividad se reconstituye en función de la línea de ruptura, ya que el grado de devastación del país impone que los supervivientes se concentren en los recursos restantes. Los egoísmos de la sociedad burguesa de período anterior a la guerra dan sitio a la movilización total de las energías, para tomar en mano el destino de la nación a la hora de la gran prueba común.

 

Catorce veces herido, como lo relatan las últimas páginas de Tempestades de acero, Jünger no se sorprende de su suerte. El momento de la última herida, casi fatal, le causa una “tristeza extraña” (Jean-Michel Palmier), pero Jünger espera resignado el desenlace: “tenía la certeza de estar irrevocablemente perdido. Y, cosa extraña, este momento fue uno de los pocos que fueron verdaderamente felices. Comprendí en ese segundo, como a la luz de un relámpago, mi vida en su estructura más secreta (..). Allí dónde estaba entonces, no había más guerra ni enemigo”.

 

8.-

 

Las bodas bárbaras del hombre y la técnica por Ernst Jünger y Walter Benjamin

 

El destino individual y colectivo: “las bodas bárbaras del hombre y de la técnica” vistas por

 

En La guerra como la experiencia interior, Jünger manifiesta una filosofía que Decombis cualifica de “más próxima de la de las Jansenistas que de la de los antiguos griegos”: concibe una potencia superior cuyos fines son escondidos pero fijados de antemano, y niega que sólo el azar disponga del destino de los individuos. El hombre debe someterse sin queja a esta fuerza, siendo la fe lo que permite superar la crisis. Pero esta experiencia individual tiene también connotación colectiva: “porque el poderoso destino de los pueblos ha sido experimentado y sufrido a través del destino del individuo”. Así, el porvenir contingente del individuo queda justificado por el destino de la comunidad: Jünger y Alemania se reforzaron independientemente del resultado del conflicto.

 

Así como lo recuerda Decombis, Jünger estudia las “bodas bárbaras del hombre y de la técnica”, y escribe que “la guerra no es el fin, sino el comienzo de la violencia”, sugiriendo que el viejo conflicto entre los elementos que llama “solares y telúricos” acaba de terminarse con la victoria de estos últimos (El trabajador).

 

Walter Benjamin, en Dirección única, contesta irónicamente a Jünger y su misticismo, en el mismo registro lexical: “es señal de amenazadora confusión por parte de la comunidad moderna el tomar esta experiencia (de embriaguez) por algo insignificante que se pueda descartar, como lo es el dejar esta experiencia a manos del individuo que la trasforma en un delirio místico bajo el cielo de bellas noches estrelladas. No, (la confusión) se impone de nuevo en cada época, y el pueblo y las razas escapan de ella bien poco. (…) Se echaron en campo raso masas humanas, gases y fuerzas eléctricas. Corrientes de alta frecuencia atravesaron los paisajes, nuevos astros se elevaron en el cielo, el espacio aéreo y las profundidades marinas resonaron con el ruido de las hélices, y por todas partes cavamos en la Tierra Madre hoyos para el sacrificio. Este gran noviazgo con el cosmos se realizó por primera vez a escala planetaria, es decir bajo la forma de la técnica. (…) La técnica traicionó la humanidad y transformó el lecho nupcial en un baño de sangre”.

 

Como lo sugiere Benjamin, existe un lazo entre la estética jüngeriana y las formulas y temáticas del III Reich: la dimensión cosmológica, el culto del sacrificio y la exaltación de la tradición heroica de la Gran Guerra constituirán la base la propaganda nazi. Sin embargo, la “belleza de la catástrofe”, con la cual Jünger mantendrá siempre una relación ambigua, será para el autor de Sobre los acantilados de mármol, a pesar de los sarcasmos dolorosos de Benjamin, el punto de partida de un alejamiento mucho más profundo que el de Gottfried Benn que presidió la Academia de poesía de III Reich. Será un verdadero “el exilio interior” en tiempos de grandes tormentos.

 

9.-

 

Sobre los acantilados de mármol.

 

Juan-Miguel Palmier recuerda que “el 24 de junio de 1940, Jünger celebra con champán el anuncio del armisticio y guarda los leptinopartsa capturados en los jardines salvajes de la Essômes. Los únicos presos que hizo, durante la campaña de Francia, es este puñado de doríforas”. Palmier, cuya obra es la que, entre todos los comentarios sobre la vida y la obra de Ernst Jünger, se aproxima más a la biografía del autor, señala que el posicionamiento del escritor alemán en la Segunda Guerra Mundial, será muy diferente a su experiencia de combatiente veinticinco años antes; Su sola hazaña consistirá en salvar a jóvenes soldados imprudentes que se habían acercado exageradamente al Frente con el fin de tomar fotografías.

 

Después de haber escrito dos ensayos que parecían “preparar” el nazismo (El trabajador y La movilización total), Sobre los acantilados de mármol, su texto más célebre, lo alejara de sus actitudes belicistas iniciales y cultivará la lógica aristocrática de la distancia ya presente en sus primeros textos, manteniéndose lejos del nacionalismo agresivo de los nacionalsocialistas y de los círculos oficiales de la RFA durante muchos años. Su ensayo clandestino La Paz, aparecido clandestinamente poco antes el atentado contra Hitler de julio de 1944, incitará a la juventud europea a superar rencores. Hasta la alegría de Jünger ante la reconciliación franco alemana y la Construcción europea. François Mitterrand, una de las personalidades pacifistas que alimentaron el proceso, definirá al autor como un “gran ejemplo de hombre libre”.

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Teatro de vanguardia y Arte Político por Adolfo Vásquez Rocca

 

 

La figura de Jünger continua siendo objeto de debate en los círculos intelectuales: tanto en Alemania donde su estilo fue muy atacado, o en Francia donde ha sido objeto de consideración. Sin embargo son numerosas aún las obras, como la de Marc Vanoosthuyse, que asemejan injustamente al autor, con escritores sensiblemente más nihilistas como Ernst von Salomon que escribía: “el caos es más favorable para el futuro que el orden; salvando la patria del caos, cerramos la puerta del futuro y abrimos camino a la renuncia”.

 

10.-

 

Otro de los temas recurrentes que Jünger trató en varios de sus libros fue el final de la historia, y entre otras cosas de los infinitos procesos bélicos que han levantado cabeza a lo largo del siglo XX. Según Jünger, la globalización de las comunicaciones -tanto físicas como medios de información-, invitan a este punto de la historia a la creación de un estado mundial, pero no entendiendo este como un estado totalizador, sino como una administración mínima para la gestión de los problemas comunes -como el medio ambiente, o las ansias de poder de recurrentes dictadores-, y dando libertad de acción a cada una de las naciones y pueblos en los temas particulares.

 

Otro gran tema tratado en la obra de este pensador es la retirada de los dioses, o mejor dicho, la entrada en escena de los titanes. Según su visión, los antiguos cultos a divinidades, omnipresentes en las civilizaciones humanas, han sido substituidos en la cultura occidental por una concepción puramente mecanicista de la existencia, un proceso que ha desposeído de alma al mundo, velando la trascendencia y amenazando arrasar el espíritu humano y extender su poder de destrucción al mundo natural, hogar común de todos nosotros.

 

Jünger también recuerda que las sociedades humanas nacieron con el culto a los difuntos, y apunta que nuestra cultura es la primera en la historia que ignora el momento del tránsito. Así pues, en opinión de Jünger, nuestra civilización no puede ser otra que la del fin de los tiempos -o en todo caso, llevarnos sin solución de continuidad a un proceso de inflexión en el que una nueva concepción ha de nacer, esta vez representando una unión entre lo aportado por la ciencia y lo atesorado por los antiguos cultos religiosos.

 

En Heliopolis, con más o menos optimismo, Jünger sitúa la experiencia visionaria como punto de inflexión de esta carrera de velocidad que no nos lleva a otra parte que a estamparnos contra el rígido muro de nuestra soberbia.

 

Dr. Adolfo Vásquez Rocca

 

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Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, Teoría del Conocimiento y Pensamiento Contemporáneo. Áreas de Especialización Antropología y Estética. Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la PUCV; Profesor de Antropología Filosófica en la Escuela de Medicina y de Estética en el Departamento de Artes y Humanidades de la UNAB. Profesor asociado al Grupo Theoria Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado. Director de la Revista Observaciones Filosóficas http://www.observacionesfilosoficas.net/. Editor asociado de Psikeba Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales http://www.psikeba.com.ar/; Director del Consejo Consultivo Internacional de Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo.

Compilador

1FERMANDOIS, Joaquín, Ernst Jünger, Escritura en tiempos de catástrofe, Estudios Públicos, 58 (otoño 1995)

1 Ernest Jünger: Su obra, polémica donde las haya, ha ido sobreviviendo a los avatares de la Historia gracias a la sedimentada lucidez con la cual ha vivido y dado cuenta, desde una posición personal siempre incómoda y delicada, de los acontecimientos que han ido marcando un siglo cargado de convulsiones de toda índole. Escribió entre otras obras, Acercamientos, La emboscadura, El libro del reloj de arena, Radiaciones (Vol. 1 Diarios de la Segunda Guerra Mundial), Radiaciones (Vol. 2 Diarios de la Segunda Guerra Mundial), Pasados los setenta I (Radiaciones Vol. 3), Tempestades de acero, La tijera, El tirachinas y El trabajador.

1 HERVIER, Julien, Conversaciones con Ernst Jünger (Buenos Aires, México, Madrid: Fondo de Cultura Económica, 1990; original, Paris, Gallimard, 1986), p. 50

 

MODERNIDAD LÍQUIDA Y FRAGILIDAD HUMANA; DE ZYGMUNT BAUMAN A SLOTERDIJK Por Adolfo Vásquez Rocca.

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En “La Modernidad Líquida” Zygmunt Bauman busca explorar cuales son los atributos de la sociedad capitalista que han permanecido en el tiempo y cuales las características que han cambiado. El autor busca así expandir los trazos que eran levemente visibles en las etapas tempranas de acumulación pero que se vuelven centrales en la fase tardía de la modernidad. Una de esas características es la profundización del proceso creciente de individualización social, por ello se discutirá cuales son las posibles alternativas para recrear el espíritu y el accionar comunitario en una era en que las relaciones sociales se han vuelto profundamente líquidas, precarias, transitorias y volátiles.

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Modernidad Líquida y Filosofía por Adolfo Vásquez Rocca

La caracterización de la modernidad como un “tiempo líquido” -la expresión, acuñada por Zygmunt Bauman- da cuenta del tránsito de una modernidad “sólida” –estable, repetitiva– a una “líquida” –flexible, voluble– en la que las estructuras sociales ya no perduran el tiempo necesario para solidificarse y no sirven de marcos de referencia para los actos humanos.


 


Bauman no ofrece teorías o sistemas definitivos, se limita a describir nuestras contradicciones, las tensiones no sólo sociales sino también existenciales que se generan cuando los humanos nos relacionamos.

En principio lo líquido es un concepto positivo. Lo fluido es una sustancia que no puede mantener su forma a lo largo del tiempo. Y ese es el rasgo de la modernidad entendida como la modernización obsesiva y compulsiva. La modernidad sólida es la ya desaparecida, la que mantenía la ilusión de una una solución permanente, estable y definitiva de los problemas, y con ello una cierta inmovilidad o ausencia de cambios, al menos hasta nuevo aviso.

El sentimiento dominante hoy en día es la incertidumbre, inseguridad y vulnerabilidad. Se trata de una particular “precariedad”, la de esa inestabilidad asociada a la desaparición de patrones a los que anclar las certezas.


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Modernidad Líquida y Filosofía por Adolfo Vásquez Rocca

Lo “líquido” de modernidad, a su vez, se refiere a la conclusión de una etapa de “incrustación” de los individuos en estructuras “sólidas”, como el régimen de producción industrial o las instituciones democráticas, que tenían una fuerte raigambre territorial.

 

La incertidumbre en que vivimos se debe también a otras transformaciones entre las que se cuentan: el debilitamiento de los sistemas de seguridad que protegían al individuo, o la renuncia al pensamiento y a la planificación a largo plazo: el olvido se presenta como condición del éxito. Este nuevo marco implica la fragmentación de las vidas, exige a los individuos que sean flexibles, que estén dispuestos a cambiar de tácticas, a abandonar compromisos y lealtades. Bauman también se refiere al miedo a establecer relaciones duraderas y a la fragilidad de los lazos solidarios que parecen depender solamente de los beneficios que generan. Postula que el amor al prójimo, uno de los fundamentos de la vida civilizada y de la moral, ha distorsionado hasta tal punto que se teme a los extraños. Bauman se empeña en mostrar cómo la esfera comercial lo impregna todo, en el sentido de que las relaciones se miden en términos de costo y beneficio -”liquidez” en el sentido financiero.

 

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Antropología y Filosofía política por Adolfo Vásquez Rocca

 

ESTADOS TRANSITORIOS Y VOLÁTILES DE LAS RELACIONES HUMANAS

 

La fragilidad de los vínculos humanos.

Bauman explora las consecuencias de la globalización sobre el amor. Se refiere al miedo a establecer relaciones duraderas y a la fragilidad de los lazos solidarios que parecen depender solamente de los beneficios que generan. Postula que el amor al prójimo, uno de los fundamentos de la vida civilizada y de la moral, ha distorsionado hasta tal punto que se teme a los extraños. Bauman se empeña en mostrar cómo la esfera comercial lo impregna todo, en el sentido de que las relaciones se miden en términos de costo y beneficio. A través de audaces y originales reflexiones, Bauman revela las injusticias y las angustias de la modernidad sin abandonarse al pesimismo, confiando en la esperanza humana para superar los problemas de la sociedad líquida.

 

 

Lo “líquido” de la modernidad, a su vez, se refiere a la conclusión de una etapa de “incrustación” de los individuos en estructuras “sólidas”, como el régimen de producción industrial o las instituciones democráticas, que tenían una fuerte raigambre territorial. Ahora, “el secreto del éxito reside (…) en evitar convertir en habitual todo asiento particular”. “La apropiación del territorio ha pasado de ser un recurso a ser un lastre, debido a sus efectos adversos sobre los dominadores: su inmovilización, al ligarlos a las inacabables y engorrosas responsabilidades que inevitablemente entraña la administración de un territorio”.

 

 

Vivimos un tiempo líquido, señala Zygmunt Bauman, en el que ya no hay valores sólidos sino volubles; en el que los modelos y estructuras sociales ya no perduran lo suficiente como para enraizarse y gobernar las costumbres de los ciudadanos y en el que, casi sin darnos cuenta, hemos ido sufriendo transformaciones y pérdidas como la renuncia al pensamiento, la separación del poder y la política en un mundo en el que el verdadero Estado es el dinero y, entre otros dramas, la renuncia a la memoria, puesto que “el olvido se presenta como condición del éxito”.

 

Bauman sostiene que nuestras ciudades son metrópolis del miedo, lo cual no deja de ser una paradoja, dado que los núcleos urbanos se construyeron rodeados de murallas y fosos para protegerse de los peligros que venían del exterior. Lo que Sloterdijk llamó “la ciudad amurallada” en Esferas II hoy ya no es un refugio, sino la fuente esencial de los peligros.



Adicción a la seguridad y miedo al miedo.


 

 

Nos hemos convertidos en ciudadanos “adictos a la seguridad pero siempre inseguros de ella”, lo aceptamos como si fuera lógico, o al menos inevitable, hasta tal punto que, en opinión de Zygmunt Bauman, contribuimos a “normalizar el estado de emergencia”.

 

Los temores son muchos y variados, reales e imaginarios… un ataque terrorista, las plagas, la violencia, el desempleo, terremotos, el hambre, enfermedades, accidentes, al otro… Gentes de muy diferentes clases sociales, sexo y edades, se sienten atrapados por sus miedos, personales, individuales e intransferibles, pero también existen otros globales que nos afectan a todos, como el miedo al miedo…

 

Los miedos nos golpean uno a uno en una sucesión constante aunque azarosa, ellos desafían nuestros esfuerzos (si es que en realidad hacemos esos esfuerzos) de engarzarlos y seguirles la pista hasta encontrar sus raíces comunes, que es en realidad la única manera de combatirlos cuando se vuelven irracionales. El miedo ha hecho que el humor del planeta haya cambiado de manera casi subterránea.


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Adolfo Vásquez Rocca

 

 

 

 

Superfluidad y desvinculación


 

Bauman sigue desgranando las ideas que le han hecho popular en el mundo intelectual. Conceptos como el de “modernidad líquida”, que explican cómo vivimos en plena era del cambio y del movimiento perpetuo: “los sólidos conservan su forma y persisten en el tiempo: duran, mientras que los líquidos son informes y se transforman constantemente: fluyen. Como la desregulación, la flexibilización o la liberalización de los mercados”. O conceptos tan provocadores y desolados como el de “desechos humanos” para referirse a los parados, que hoy son considerados, a su juicio, “gente superflua, excluida, fuera de juego”. Explica Bauman que hace medio siglo los desempleados formaban parte de una suerte de reserva del trabajo activo que aguardaba en la retaguardia del mundo laboral una oportunidad. Ahora, en cambio, “se habla de excedentes, lo que significa que la gente es superflua, innecesaria, porque cuantos menos trabajadores haya, mejor funciona la economía. Esta es una consecuencia de la globalización. La otra es que eres realmente superfluo. Para la economía sería mejor si desaparecieras. Es el Estado del desperdicio, el pacto con el diablo: la decadencia física, la muerte es una certidumbre que azota. Es mejor desvincularse rápido, los sentimientos pueden crear dependencia. Hay que cultivar el arte de truncar, de desconectarse, de anticipar la decrepitud, saber cancelar los contratos a tiempo, desvincularse.

 

Decrepitud; estados transitorios y volátiles.

 

El amor, y también el cuerpo decaen. El cuerpo no es una entelequia metafísica de nietzscheanos y fenomenólogos. No es la carne de los penitentes ni el objeto de la hipocondría dietética. Es el jazz, el rock, el sudor de las masas. Contra las artes del cuerpo, los custodios de la vida sana hacen del objeto la prueba del delito. La “mercancía”, el objeto malo de Mélanie Klein aplicado a la economía política, es la extensión del cuerpo excesivo. Los placeres objetables se interpretan como muestra de primitivismo y vulgaridad masificada.

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Filosofía y modernidad Adolfo Vásquez Rocca

 

¿Quién soy? Esta pregunta sólo puede responderse hoy de un modo delirante, pero no por el extravío de la gente, sino por la divagación infantil de los grandes intelectuales. Para Bauman la identidad en esta sociedad de consumo se recicla. Es ondulante, espumosa, resbaladiza, acuosa, tanto como su monótona metáfora preferida: la liquidez. No sería mejor hablar de una metáfora de lo gaseoso. Porque lo líquido puede ser más o menos denso, más o menos pesado, pero desde luego no es evanescente. Me gusta pensar que soy más denso- como la imagen de la Espuma que propone Sloterdijk para cerrar su trilogía, allí con la implosión de las esferas– se intenta dar cuenta del carácter multifocal de la vida moderna, de los movimientos de expansión de los sujetos que se trasladan y aglomeran hasta formar espumas donde se establecen complejas y frágiles interrelaciones, carentes de centro y en constante movilidad expansiva o decreciente.

 

Adolfo Vásquez Rocca

Universidad Católica de Valparaíso – Universidad Complutense de Madrid

Dr. Adolfo Vásquez Rocca

ADOLFO VÁSQUEZ ROCCA. Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, Teoría del Conocimiento y Pensamiento Contemporáneo. Áreas de Especialización: Antropología y Estética. Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la PUCV, del Magíster en Etnopsicología, Escuela de Psicología PUCV, Profesor de Antropología y de Estética en el Departamento de Artes y Humanidades de la UNAB. Profesor asociado al Grupo Theoria, Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado. Director de la Revista Observaciones Filosóficas http://www.observacionesfilosoficas.net/. Secretario de Ejecutivo de PHILOSOPHICA, Revista del Instituto de Filosofía de la PUCV http://www.philosophica.ucv.cl/editorial.htm, Editor Asociado de Psikeba Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, Buenos Aireshttp://www.psikeba.com.ar/, miembro del Consejo Editorial de Escaner Cultural Revista de arte contemporáneo y nuevas tendenciashttp://www.escaner.cl/ y Director del Consejo Consultivo Internacional de Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo.

Dr. Adolfo Vásquez Rocca

http://www.psikeba.com.ar/obras/AVR/autor.htm

MODERNIDAD LÍQUIDA Y FRAGILIDAD HUMANA; DE ZYGMUNT BAUMAN A SLOTERDIJK

SLOTERDIJK Y HEIDEGGER; HIPERPOLÍTICA Y CRÍTICA DEL IMAGINARIO FILOAGRARIO

SLOTERDIJK; DE LA ONTOLOGÍA DE LAS DISTANCIAS AL SURGIMIENTO DEL ‘PROVINCIANISMO GLOBAL’

EL HIPERTEXTO Y LAS NUEVAS RETORICAS DE LA POSTMODERNIDAD

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MODERNIDAD LÍQUIDA Y FRAGILIDAD HUMANA; DE ZYGMUNT BAUMAN A SLOTERDIJK

 

 

 

 

 

 

LA CULTURA DE MASAS Y EL MODELO AMIGABLE DE LA SOCIEDAD LITERARIA Por Adolfo Vásquez Rocca

EL FENOMENO BLOG, LA CULTURA DE MASAS Y EL MODELO AMIGABLE DE LA SOCIEDAD LITERARIA

Adolfo Vásquez Rocca

Adolfo Vásquez Rocca

Buscando una imàgen para el post “EL MUTANTE”, me encontrè con este post de un blog, cuyo nombre es “ZOOLOGIA POLITICA”, y su autor es: ADOLFO VÀSQUEZ ROCCA.

Me he tomado la libertad de publicarlo debido a lo interesante del tema.
……………..
“…Un blog como forma de experimentación, como bitácora, como crónica, como diario, croquis y registro de los disturbios en el Parque Humano.

El fenómeno blog ha acabado con el monopolio de los grandes medios qué deciden cada día qué es noticia y qué no lo es y cómo hay que divulgarla o disimularla. Unos pocos periodistas y directores de grupos mediáticos como The New York Times y CNN ya no determinan la agenda internacional. Otro tanto acontece en los Estados Nación; Argentina, Chile, México y España no son una excepción.


Cada vez más los blogs están en condiciones de cuestionar y evidenciar la manipulación –los elementos distractivos– que generan distorsiones en la conformación de la opinión pública, dando cuenta del tráfico de la desinformación a nivel tanto ideológico, como bajo la forma de encuestas que pretenden validar la opinión de los grupos de interés que las confeccionan, entendiendo que, en los tiempos del marketing, la estadística a venido a ser nuestra Ciencia Social por excelencia, desperdigando datos preparados en los propios laboratorios comunicacionales de las Fundaciones que a su vez controlan los medios.

Estas prácticas obedecen a las mutaciones que los fenómenos de masas y de comunicación político-ideológica han tenido lugar desde comienzos del siglo recién pasado. Para anudar un vínculo telecomunicativo entre los habitantes de la moderna sociedad de masas ha sido necesario recurrir a prótesis difusivas. Por el establecimiento mediático de la cultura de masas en el Primer Mundo en 1918 con la radio, y tras 1945 con la televisión, y luego extendido a todo el Globo por medio de las revoluciones de redes actuales, la coexistencia de las personas en las sociedades del presente se ha vuelto a establecer sobre nuevas bases. Y no hay que hacer un gran esfuerzo para ver que estas bases son decididamente post-literarias, post-epistolográficas y, consecuentemente, post-humanísticas. Si alguien considera que el sufijo ‘post-’ es demasiado dramático, siempre podemos reemplazarlo por el adverbio ‘marginalmente’, como lo ha sugerido Peter Sloterdijk1, quedando nuestra tesis formulada así: las síntesis políticas y culturales de las modernas sociedades de masas pueden ser producidas hoy sólo marginalmente a través de medios literarios, epistolares, humanísticos. De modo alguno esto quiere decir que la literatura haya llegado a su fin, sino en todo caso que se ha diferenciado como una subcultura sui generis, y que ya han pasado los días de su sobrevaloración como portadora de los genios nacionales.

“La síntesis nacional ya no pasa predominantemente –ni siquiera en apariencia– por libros o cartas. Los nuevos medios de la telecomunicación político-cultural, que tomaron la delantera en el intervalo, son los que acorralaron al esquema de la amistad escrituraria y lo llevaron a sus modestas dimensiones actuales. La era del humanismo moderno como modelo escolar y educativo ya ha pasado porque se ha vuelto insostenible la ilusión de que masivas estructuras políticas y económicas pueden ser ya organizadas siguiendo el modelo amigable de la sociedad literaria ”2.

El concepto de “opinión pública” nos remite a una distinción fundamental, aquella existente entre multitudes y públicos. Una vez que la psicología de masas ha quedado establecida debe elaborarse una psicología de los públicos, y si se quiere, de las audiencias, concebida esta última como una colectividad puramente espiritual, como una diseminación de individuos físicamente separados cuya cohesión es completamente mental.3 El público, en este sentido era desconocido en la Antigüedad y en la Edad Media, y la precondición para su surgimiento fue la invención de la imprenta en el siglo XV. Este público de lectores, sin embargo, era limitado y sólo comenzó un proceso de generalización y fragmentación en el siglo XVIII, proceso que se profundizaría y consolidaría con el advenimiento del periodismo político durante la Revolución Francesa. No obstante, en ese momento, el público revolucionario era principalmente parisino; fue necesario esperar hasta el siglo XX, al desarrollo de medios veloces de transporte y comunicación, para ver el surgimiento de verdaderos públicos nacionales e, incluso, internacionales. En el análisis epistémico de los fenómenos comunicacionales resulta fundamental la distinción aquí introducida entre multitudes y públicos, y como se ha agregado, entre públicos y audiencias.

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Arte Crítica y Políticas culturales por Adolfo Vásquez Rocca

 

2.- Tics y sistemas de vigilancia.

Muchos de los usuarios de Internet, por su campo de especialización, pueden saber más sobre un tema en particular que los periodistas autores que los han redactado y publicar en un blog sus opiniones y valoraciones. Los medios de comunicación están así bajo vigilancia, de modo tal que ejercer el periodismo constituye hoy un desafío ante la posibilidad más que eventual de ser refutado públicamente con el consiguiente desprestigio profesional y los costos que esto significa para su credibilidad y su aura de comunicador.

Internet ha producido una explosión de datos disponibles4 al público a todos los niveles, poniendo información en manos de millones de ciudadanos, periodistas, políticos, académicos, expertos, que tienen los conocimientos como para comprender esa información. Los miembros de un Gobierno ya no pueden controlar la forma de medir el éxito o el fracaso de su política. Por ejemplo, en los Estados Unidos a través de Internet puede saberse el gasto público en educación, obtener información sobre impuestos, cuidados sanitarios, etc. etc. Conforme el público sea más consciente de la utilidad y accesibilidad de estos datos la demanda crecerá exigiendo mayor acceso y más datos. Y empezará a presionar al gobierno para que publique más información sobre procesos internos gubernamentales en Internet. Será un punto importante en el avance de la perentoria necesidad de transparencia, aquella que como ciudadanos demandamos de nuestros gobiernos, aquí y ahora, en el cono sur de América, casos como el del MOP en Chile, sumados a los innumerables casos de corrupción en la política Argentina son sólo ejemplos emblemáticos de un foco de corrupción que no puede ya ser escondido bajo la alfombra de la desinformación ciudadana.

La pregunta que cabe aquí es ¿Cuánto tardarán las enormes masas de ciudadanos y especialistas usuarios de Internet en aplicar la misma inmensa capacidad de comprobar la veracidad de datos a su gobierno de la misma forma que hacen actualmente los blogers con los grandes medios de comunicación?

Cuando esto ocurra la Ley sobre la Libertad de Información tendrá verdadera fuerza5.

Seguramente la mayoría de los políticos actuales comprendan lo que es un blog. Podrán hacer uno, pero ignoran lo que supone como movimiento, renovación y filosofía de comunicación. Si un político hace un blog, lo hace por cuestiones de “imagen”, hace un blog como sonríe ante las cámaras. Eso, junto a los tics de estos señores nos preocupa.

 

Filosofía y Teoría Literaria Dr. Adolfo Vásquez Rocca

3.- La habitabilidad de los mundos venideros hipercomplejos.

El Humanismo como palabra y proyecto tiene siempre un opuesto, la Barbarie. Es fácil de entender que precisamente aquellas épocas que han hecho sus principales experiencias a partir de un potencial de barbarie liberado excesivamente en las relaciones interhumanas, sean asimismo aquellas en las que el llamado al Humanismo suele sonar más alto y perentorio. Quien hoy se pregunta por el futuro del humanitarismo y de los medios de humanización, quiere saber en el fondo si quedan esperanzas de dominar las tendencias actuales que apuntan a la caída en el salvajismo [Verwilderung] del hombre.

La habitabilidad de los mundos venideros hipercomplejos no está pues demostrada y lo que aparece en nuestro horizonte de horas extraordinarias, en la era del individualismo burgués, es la creación de distancias entre los sujetos.

“A fuerza de investigación y toma de conciencia, el ser humano se ha convertido en el idiota del cosmos; se ha condenado él mismo al exilio y se ha expatriado en lo sin-sentido, en lo que no le concierne, en lo que le ahuyenta de sí, perdiendo su inmemorial cobijo en las burbujas de ilusión entretejidas por él mismo. Con ayuda de su inteligencia incansablemente indagadora, el animal abierto derribó el tejado de su vieja casa desde dentro”. Tomar parte de la Modernidad significa poner en riesgo sistemas de inmunidad desarrollados evolutivamente. Los ciudadanos de la época moderna hubieron de acomodarse a una situación en la que, con la ilusión de la posición central de su patria en el universo, desapareció también la imagen consoladora de que la tierra estaba envuelta por bóvedas esféricas a modo de cálidos abrigos celestes. Desde entonces los seres humanos de la época tuvieron que aprender a arreglárselas para existir sin las viejas protecciones, sin los sistemas de inmunidad desarrollados psicológica y evolutivamente, expuestos a la helada cósmica. Helada y descentramiento de los cuales ya en el siglo XVI se acusan los primeros vértigos.


Frente a un momento de cavilaciones en torno al estatuto de lo humano, a una zozobra ontológico-moral planteada en términos de política de la especie, a la falta de transparencia de la información mediática y al ya argumentado potencial de los blogs es que con el Licenciado Leonardo Sai
6, Sociólogo de la Universidad de Buenos Aires (UBA), la Psicoanalista Licenciada Rosa Aksenchuk7 y un grupo de escritores, académicos y artistas hispanoamericanos hemos iniciado este Blog “Zoología Política: Mundanidades en el Parque Humano” -que habrá de funcionar como bitácora de los acontecimientos y disturbios tenidos lugar en el Parque Humano, como cuaderno de apuntes y notas, como una contabilidad ética de las promesas escatológicas y desfalcos fiscales, como un borrador de impresiones, a veces con tesis de largo aliento, otras a quemarropa, impelidos por las exigencias de alguna flagrante injusticia, todo lo cual esperamos confluya en una Revista de Sociología y Filosofía Política –bajo el mismo título “Zoología Política”– donde esperamos que la crítica y la participación ronden y cerquen la pregunta ya no sólo por el fundamento de la domesticación, la forja y la educación humana, sino también y de modo principal, por la deriva de los proyectos políticos latinoamericanos, las crisis ambientales, entendiendo estas crisis en términos de ecología espiritual. Como políticas de climatización donde la helada del afuera hoy recorre y congela nuestros sueños de reorganizar la convivencia y afianzar la fragilidad de nuestros vínculos. Donde nuestras posibilidades de reinventarnos sean más amplias y diversas que las unidimensionales formas de la sociedad liberal industrial, donde este modelo no sea el único posible, aunque legítimamente, para muchos, pueda constituir el único deseable.

 

 

Adolfo Vásquez Rocca

En la zoología política existen metáforas y endemismos raros y curiosos, hoy en una fase terminal y larvaria a la vez -como proyecto de sociedad-, una hora crepuscular de hombres sin perfiles, en una sociedad sin ideologías, de un modelo civilizatorio único, globalizado, universal, que hace innecesaria la política, en la medida en que ya no hay alternativas posibles a ese modo de vida, existe en ciertos invernaderos un ser, una especie en peligro de extinción, un animal político, que en ocasiones puede ser peligroso para la ciudadanía no avisada, pero sobre el cual recaen aún nuestras esperanzas, sobre él hemos querido esbozar aquí unas noticias iniciales para una investigación más amplia y un espacio de discusión más participativo, se trata de ese extraño ser, creado a imagen y semejanza de Dios, que hoy nos convoca y en cierto sentido nos interpela, ‘el hombre’, un embutido de ángel y de bestia.

Dr. Adolfo Vásquez Rocca

Ver:

EL FENOMENO BLOG, LA CULTURA DE MASAS Y EL MODELO AMIGABLE DE LA SOCIEDAD LITERARIA

Literatura y Artes visuales Dr. Adolfo Vásquez Rocca

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La sociedad del Espectáculo y la cultura de masas Adolfo Vásquez Rocca

Ver:

MODERNIDAD LÍQUIDA Y FRAGILIDAD HUMANA; DE ZYGMUNT BAUMAN A SLOTERDIJK

REVISTA OBSERVACIONES FILOSOFICAS – Revista de Filosofía

 

 

Ver Artículos de Estética y Teoría del Arte de Adolfo Vásquez Rocca:

Disturbios en el Parque Humano. por Adolfo Vásquez Rocca

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1.- El fenómeno blog, la cultura de masas y el modelo amigable de la sociedad literaria.

 

 

Un blog como forma de experimentación, como bitácora, como crónica, como diario, croquis y registro de los disturbios en el Parque Humano. El fenómeno blog ha acabado con el monopolio de los grandes medios qué deciden cada día qué es noticia y qué no lo es y cómo hay que divulgarla o disimularla. Unos pocos periodistas y directores de grupos mediáticos como The New York Times y CNN ya no determinan la agenda internacional. Otro tanto acontece en los Estados Nación; Argentina, Chile, México y España no son una excepción.

Cada vez más los blogs están en condiciones de cuestionar y evidenciar la manipulación –los elementos distractivos– que generan distorsiones en la conformación de la opinión pública, dando cuenta del tráfico de la desinformación a nivel tanto ideológico, como bajo la forma de encuestas que pretenden validar la opinión de los grupos de interés que las confeccionan, entendiendo que, en los tiempos del marketing, la estadística a venido a ser nuestra Ciencia Social por excelencia, desperdigando datos preparados en los propios laboratorios comunicacionales de las Fundaciones que a su vez controlan los medios.

 

Estas prácticas obedecen a las mutaciones que los fenómenos de masas y de comunicación político-ideológica han tenido lugar desde comienzos del siglo recién pasado. Para anudar un vínculo telecomunicativo entre los habitantes de la moderna sociedad de masas ha sido necesario recurrir a prótesis difusivas. Por el establecimiento mediático de la cultura de masas en el Primer Mundo en 1918 con la radio, y tras 1945 con la televisión, y luego extendido a todo el Globo por medio de las revoluciones de redes actuales, la coexistencia de las personas en las sociedades del presente se ha vuelto a establecer sobre nuevas bases. Y no hay que hacer un gran esfuerzo para ver que estas bases son decididamente post-literarias, post-epistolográficas y, consecuentemente, post-humanísticas. Si alguien considera que el sufijo ‘post-’ es demasiado dramático, siempre podemos reemplazarlo por el adverbio ‘marginalmente’, como lo ha sugerido Peter Sloterdijk1, quedando nuestra tesis formulada así: las síntesis políticas y culturales de las modernas sociedades de masas pueden ser producidas hoy sólo marginalmente a través de medios literarios, epistolares, humanísticos. De modo alguno esto quiere decir que la literatura haya llegado a su fin, sino en todo caso que se ha diferenciado como una subcultura sui generis, y que ya han pasado los días de su sobrevaloración como portadora de los genios nacionales.

 

La síntesis nacional ya no pasa predominantemente –ni siquiera en apariencia– por libros o cartas. Los nuevos medios de la telecomunicación político-cultural, que tomaron la delantera en el intervalo, son los que acorralaron al esquema de la amistad escrituraria y lo llevaron a sus modestas dimensiones actuales. La era del humanismo moderno como modelo escolar y educativo ya ha pasado porque se ha vuelto insostenible la ilusión de que masivas estructuras políticas y económicas pueden ser ya organizadas siguiendo el modelo amigable de la sociedad literaria ”2.

 

 

El concepto de “opinión pública” nos remite a una distinción fundamental, aquella existente entre multitudes y públicos. Una vez que la psicología de masas ha quedado establecida debe elaborarse una psicología de los públicos, y si se quiere, de las audiencias, concebida esta última como una colectividad puramente espiritual, como una diseminación de individuos físicamente separados cuya cohesión es completamente mental.3 El público, en este sentido era desconocido en la Antigüedad y en la Edad Media, y la precondición para su surgimiento fue la invención de la imprenta en el siglo XV. Este público de lectores, sin embargo, era limitado y sólo comenzó un proceso de generalización y fragmentación en el siglo XVIII, proceso que se profundizaría y consolidaría con el advenimiento del periodismo político durante la Revolución Francesa. No obstante, en ese momento, el público revolucionario era principalmente parisino; fue necesario esperar hasta el siglo XX, al desarrollo de medios veloces de transporte y comunicación, para ver el surgimiento de verdaderos públicos nacionales e, incluso, internacionales. En el análisis epistémico de los fenómenos comunicacionales resulta fundamental la distinción aquí introducida entre multitudes y públicos, y como se ha agregado, entre públicos y audiencias.

 

 

 

2.- Tics y sistemas de vigilancia.

 

 

 

Muchos de los usuarios de Internet, por su campo de especialización, pueden saber más sobre un tema en particular que los periodistas autores que los han redactado y publicar en un blog sus opiniones y valoraciones. Los medios de comunicación están así bajo vigilancia, de modo tal que ejercer el periodismo constituye hoy un desafío ante la posibilidad más que eventual de ser refutado públicamente con el consiguiente desprestigio profesional y los costos que esto significa para su credibilidad y su aura de comunicador.

 

Internet ha producido una explosión de datos disponibles4 al público a todos los niveles, poniendo información en manos de millones de ciudadanos, periodistas, políticos, académicos, expertos, que tienen los conocimientos como para comprender esa información. Los miembros de un Gobierno ya no pueden controlar la forma de medir el éxito o el fracaso de su política. Por ejemplo, en los Estados Unidos a través de Internet puede saberse el gasto público en educación, obtener información sobre impuestos, cuidados sanitarios, etc. etc. Conforme el público sea más consciente de la utilidad y accesibilidad de estos datos la demanda crecerá exigiendo mayor acceso y más datos. Y empezará a presionar al gobierno para que publique más información sobre procesos internos gubernamentales en Internet. Será un punto importante en el avance de la perentoria necesidad de transparencia, aquella que como ciudadanos demandamos de nuestros gobiernos, aquí y ahora, en el cono sur de América, casos como el del MOP en Chile, sumados a los innumerables casos de corrupción en la política Argentina son sólo ejemplos emblemáticos de un foco de corrupción que no puede ya ser escondido bajo la alfombra de la desinformación ciudadana.

 

La pregunta que cabe aquí es ¿Cuánto tardarán las enormes masas de ciudadanos y especialistas usuarios de Internet en aplicar la misma inmensa capacidad de comprobar la veracidad de datos a su gobierno de la misma forma que hacen actualmente los blogers con los grandes medios de comunicación?

 

Cuando esto ocurra la Ley sobre la Libertad de Información tendrá verdadera fuerza5.

 

Seguramente la mayoría de los políticos actuales comprendan lo que es un blog. Podrán hacer uno, pero ignoran lo que supone como movimiento, renovación y filosofía de comunicación. Si un político hace un blog, lo hace por cuestiones de “imagen”, hace un blog como sonríe ante las cámaras. Eso, junto a los tics de estos señores nos preocupa.

 

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Reglas para el Parque Humano por Adolfo Vásquez Rocca – Vigilar y Castigar de Foucault

 

 

 

3.- La habitabilidad de los mundos venideros hipercomplejos.

 

 

El Humanismo como palabra y proyecto tiene siempre un opuesto, la Barbarie. Es fácil de entender que precisamente aquellas épocas que han hecho sus principales experiencias a partir de un potencial de barbarie liberado excesivamente en las relaciones interhumanas, sean asimismo aquellas en las que el llamado al Humanismo suele sonar más alto y perentorio. Quien hoy se pregunta por el futuro del humanitarismo y de los medios de humanización, quiere saber en el fondo si quedan esperanzas de dominar las tendencias actuales que apuntan a la caída en el salvajismo [Verwilderung] del hombre.

 

La habitabilidad de los mundos venideros hipercomplejos no está pues demostrada y lo que aparece en nuestro horizonte de horas extraordinarias, en la era del individualismo burgués, es la creación de distancias entre los sujetos.

 

A fuerza de investigación y toma de conciencia, el ser humano se ha convertido en el idiota del cosmos; se ha condenado él mismo al exilio y se ha expatriado en lo sin-sentido, en lo que no le concierne, en lo que le ahuyenta de sí, perdiendo su inmemorial cobijo en las burbujas de ilusión entretejidas por él mismo. Con ayuda de su inteligencia incansablemente indagadora, el animal abierto derribó el tejado de su vieja casa desde dentro”. Tomar parte de la Modernidad significa poner en riesgo sistemas de inmunidad desarrollados evolutivamente. Los ciudadanos de la época moderna hubieron de acomodarse a una situación en la que, con la ilusión de la posición central de su patria en el universo, desapareció también la imagen consoladora de que la tierra estaba envuelta por bóvedas esféricas a modo de cálidos abrigos celestes. Desde entonces los seres humanos de la época tuvieron que aprender a arreglárselas para existir sin las viejas protecciones, sin los sistemas de inmunidad desarrollados psicológica y evolutivamente, expuestos a la helada cósmica. Helada y descentramiento de los cuales ya en el siglo XVI se acusan los primeros vértigos.

 

Adolfo Vasquez Rocca Esferas Sloterdijk

Frente a un momento de cavilaciones en torno al estatuto de lo humano, a una zozobra ontológico-moral planteada en términos de política de la especie, a la falta de transparencia de la información mediática y al ya argumentado potencial de los blogs es que con el Licenciado Leonardo Sai6, Sociólogo de la Universidad de Buenos Aires (UBA), la Psicoanalista Licenciada Rosa Aksenchuk7 y un grupo de escritores, académicos y artistas hispanoamericanos hemos iniciado este Blog “Zoología Política: Mundanidades en el Parque Humano” -que habrá de funcionar como bitácora de los acontecimientos y disturbios tenidos lugar en el Parque Humano, como cuaderno de apuntes y notas, como una contabilidad ética de las promesas escatológicas y desfalcos fiscales, como un borrador de impresiones, a veces con tesis de largo aliento, otras a quemarropa, impelidos por las exigencias de alguna flagrante injusticia, todo lo cual esperamos confluya en una Revista de Sociología y Filosofía Política –bajo el mismo título “Zoología Política”– donde esperamos que la crítica y la participación ronden y cerquen la pregunta ya no sólo por el fundamento de la domesticación, la forja y la educación humana, sino también y de modo principal, por la deriva de los proyectos políticos latinoamericanos, las crisis ambientales, entendiendo estas crisis en términos de ecología espiritual. Como políticas de climatización donde la helada del afuera hoy recorre y congela nuestros sueños de reorganizar la convivencia y afianzar la fragilidad de nuestros vínculos. Donde nuestras posibilidades de reinventarnos sean más amplias y diversas que las unidimensionales formas de la sociedad liberal industrial, donde este modelo no sea el único posible, aunque legítimamente, para muchos, pueda constituir el único deseable.

 

En la zoología política existen metáforas y endemismos raros y curiosos, hoy en una fase terminal y larvaria a la vez -como proyecto de sociedad-, una hora crepuscular de hombres sin perfiles, en una sociedad sin ideologías, de un modelo civilizatorio único, globalizado, universal, que hace innecesaria la política, en la medida en que ya no hay alternativas posibles a ese modo de vida, existe en ciertos invernaderos un ser, una especie en peligro de extinción, un animal político, que en ocasiones puede ser peligroso para la ciudadanía no avisada, pero sobre el cual recaen aún nuestras esperanzas, sobre él hemos querido esbozar aquí unas noticias iniciales para una investigación más amplia y un espacio de discusión más participativo, se trata de ese extraño ser, creado a imagen y semejanza de Dios, que hoy nos convoca y en cierto sentido nos interpela, ‘el hombre’, un embutido de ángel y de bestia.

 

 

Dr. Adolfo Vásquez Rocca

Dr. Adolfo Vásquez Rocca

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Dr. Adolfo Vásquez Rocca Instituto de Filosofía Pontificia Universidad Catolica de Valparaiso

Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, Teoría del Conocimiento y Pensamiento Contemporáneo. Áreas de Especialización: Antropología y Estética. Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la PUCV, del Magíster en Etnopsicología, Escuela de Psicología PUCV, Profesor de Antropología y de Estética en el Departamento de Artes y Humanidades de la UNAB. Profesor asociado al Grupo Theoria, Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado. Director de la Revista Observaciones Filosóficas http://www.observacionesfilosoficas.net/. Secretario de Ejecutivo de PHILOSOPHICA, Revista del Instituto de Filosofía de la PUCV http://www.philosophica.ucv.cl/editorial.htm, Editor Asociado de PsikebaRevista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, Buenos Aires— http://www.psikeba.com.ar/, miembro del Consejo Editorial de Escaner CulturalRevista de arte contemporáneo y nuevas tendencias— http://www.escaner.cl/ y Director del Consejo Consultivo Internacional de Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo.

| E-mail: adolfovrocca@gmail.com

 

 

 

http://danoex.sitesled.com/adolfovasquezrocca.html

 

Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso – Universidad Complutense de Madrid

Director de la Revista Observaciones Filosóficas http://www.observacionesfilosoficas.net/

Editor Asociado de Psikeba, Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, Buenos Aires, http://www.psikeba.com.ar

Co-fundador del Blog y Espacio de Investigación:

https://labola.wordpress.com/

ZOOLOGÍA POLÍTICA: Mundanidades en el Parque Humano

 

1 SLOTERDIJK, Peter, “Reglas para el parque humano, una respuesta a la Carta sobre el humanismo”, Die Zeit, semanario, 10 de septiembre. Traducción: Fernando La Valle, 1999.

2Ibid.

3VÁSQUEZ ROCCA, “Sloterdijk y Canetti; El detonante iconográfico y operístico de la política de masas”, en NÓMADAS Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas. Universidad Complutense de Madrid, | Nº 15 | Enero-Junio 2007, pp. 201-214

http://www.ucm.es/info/nomadas/15/avrocca_detonanteiconografico.pdf

4El padre de la Web Tim Berners-Lee explica en el último número (octubre 2004) de la revista Technology Review del MIT sus efuerzos en sacar adelante la web semántica, redenominada Internet 2.0. Este proyecto aplaudido por los expertos ha estado presidido en los últimos años por un ambiente de creciente escepticismo.
La idea, presentada por Berners en 1994, e impulsada con el lenguaje XML desde el W3C en el MIT ha alcanzado, 10 años más tarde, los estándares que permiten a los ordenadores intercambiar web con información semántica. En su opinión el éxito de la web semántica se logrará al alcanzar una masa crítica suficiente que permita al usuario identificar sus enormes ventajas. Será un paso decisivo para hacer los ordenadores más “inteligentes”.
El esfuerzo de la web semántica estriba en que hay mucha información en la web (financiera, metereológica, corporativa, etc.) en bases de datos, hojas de cálculo que se puede leer pero no podemos trabajar con ellas. Aunque esta información existe, las computadoras no saben cómo interrelacionarla entre sí. Tampoco se pueden diseñar programas para utilizarla más eficientemente.

Tim Berners asegura que cuando exista una web semántica con una masa crítica relevante y con datos interesantes semánticos globales, entonces se podrá combinar la información conocida con otra información que no se conoce, y mejorar sustancialmente las prestaciones de nuestros ordenadores, y por ende, nuestra calidad de vida.

5 TAPSCOTT, Mark, periodista y Director del Center for Media and Public Policy de The Heritage Foundation, en Artículo se ha publicado en Townhall.com

6 Licenciado, Leonardo Sai, Sociólogo, http://humanobsas.wordpress.com/

7 Licenciada en Psicología, Universidad de Buenos Aires, Psicoanalista, Coordinadora de Arès Atención Psicológica, Buenos Aires, Directora de Psikeba. Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales
http://www.psikeba.com.ar/ ;Editora Asociada de la Revista Observaciones Filosóficas. http://www.psikeba.com.ar/RA/autor.htm

 

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PETER SLOTERDIJK; MIEMBRO DE LA ACADEMIA DE LAS ARTES DE BERLÍN Y DE ‘DAS PHILOSOPHISCHE QUARTETT’ .

 

Artículo “El Hipertexto y las nuevas retóricas de la postmodernidad; textualidad, redes y discurso excéntrico
REVISTA PHILOSHOPHICA N º 27 2004, Instituto de Filosofía PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE VALPARAÍSO. pp.331 – 350
http://www.philosophica.ucv.cl/abs27Vasquez.pdf

 

 

 

 

Artículo “El Hipertexto y la lógica del laberinto“, En Revista Latinoamericana de Filosofía Aplicada.(RLFA),
Publicación asociada a Journal of Applied Philosophy (Inglaterra).
http://www.geocities.com/filosofia_aplicada/HIPERTEXTO.htm

 

Artículo “La Metáfora Viral en William Burroughs; Postmodernidad, compulsión y Literatura conspirativa
En  Psikeba – Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, BUENOS AIRES, ISSN 1850-339X Nº 1  – 2005 – 2006
Re-editado en En NÓMADAS Nº 13 | Enero-Junio.2006. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas. UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID.
http://www.ucm.es/info/nomadas/13/avrocca2.html
Reproducido en Revista La Tecl@ Eñe ©– Ideas y cultura – Año IV – número 16 – Abril 2005 – Buenos Aires.
http://www.icarodigital.com.ar/numero16/zona/metafora.htm