ZOOLOGÍA POLÍTICA


EL NIETZSCHE DE PETER SLOTERDIJK; Del “superhumanismo de Nietzsche” al kitsch en la política fascista. Por Adolfo Vásquez Rocca

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Nietzsche – Por Adolfo Vásquez Rocca

 

 

En el marco del creciente interés que suscita la obra de Friedrich Nietzsche , los numeroso seminarios, nuevas lecturas contextualizadas, investigaciones en curso sobre su obra, el filósofo Peter Sloterdijk describió en una Conferencia pronunciada en Weimar al autor de Así habló Zaratustra como el “gran profeta del individualismo”.

 

Nietzsche provoca lecturas diversas y desconcertantes. En 1920, cuando el nazismo quizás se presentía pero aún no se había manifestado en toda su virulencia: “Al mejor Nietzsche no se lo conoce, mientras que el peor y secundario es el que se expone, se discute, se cita y el que se ha popularizado y traducido en efectos prácticos y el de usos religiosos y guerreros”.

 

¿Hay lugar hoy para una relectura de Nietzsche?

 

¿Hay lugar hoy para una relectura de Nietzsche que, a partir de la manipulación genética, sueñe con una humanidad “superior” basada en una reversión de los valores? Es lo que parece sugerir Peter Sloterdijk, discutido y polémico, acusado de promover una eugenesia fascista. El 25 de agosto de 2000, en la ciudad alemana de Weimar, donde hace cien años muriera Nietzsche, y en el marco de una serie de actos en homenaje a su memoria, Sloterdijk volvió a conmover el pensamiento europeo recordando al autor de Zaratustra con una conferencia sobre el “superhumanismo de Nietzsche”.

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Nietzsche – Por Adolfo Vásquez Rocca

 

Con su tradicional discurso, entre provocador y desconcertante, Sloterdijk explicó el fascismo como una muestra “de la irrupción de la cultura del pop y del kitsch en la política”.

 

El discurso de Sloterdijk en Weimar, bajo el título La mejora de la buena noticia. El quinto evangelio de Nietzsche, fue el acto más sobresaliente de los que se celebraron ayer en Alemania con motivo del centenario de la muerte del genial filósofo.

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Peter Sloterdijk por Adolfo Vásquez Rocca

Sloterdijk, que ya sembró la polémica hace un año con sus planteamientos sobre la biotecnología, se refirió a Nietzsche como una imagen de marca. Pero en esta ocasión, el historiador y germanista no se refirió a sus tesis sobre biotecnología.

 

El pensador, uno de los representantes más singulares de las jóvenes generaciones de filósofos alemanes y profesor invitado de la Fundación Weimarer Klassik desde noviembre a enero, no quiso dejar pasar la ocasión de insistir en cómo los nazis abusaron del concepto de superhombre de Nietzsche, ni tampoco de recordar cómo después de que los nazis se apropiaran indebidamente de su obra, en la Alemania Oriental se convirtió prácticamente en un proscrito. Con la caída del Muro se comenzó a recuperar su legado en el Este.

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Peter Sloterdijk – Por Adolfo Vásquez Rocca

Según Sloterdijk, Nietzsche y el régimen nazi no hablaban en el mismo idioma cuando se referían a este concepto que ha dado lugar a tantas discrepancias.

En Weimar, donde murió Nietzsche el 25 de agosto de 1900, sigue siendo un éxito de público la exposición sobre la vida del filósofo, que se inauguró a mediados del pasado mes de abril en el Schillermuseum. También en Bayreuth, donde se celebra el célebre festival creado por Richard Wagner, con quien el pensador mantuvo una turbulenta relación, se rinde homenaje al autor con una exhibición sobre su obra.

 

La tumba del pensador, que se encuentra en la diminuta localidad de Röcken, en Sajonia Anhalt, donde nació, se convirtió ayer en obligado centro de peregrinación para muchos de sus seguidores.

 

 

 

Peter Sloterdijk: ¿Ilustración Dionisiaca?

 

 

Para explicar medianamente, a modo de ciceroniano acercamiento sin artificios subjetivos, que significa el nombre de Sloterdijk en el actual panorama filosófico del estrenado milenio, habría que retomar una cartografía en la que continuarían estando presentes las referencias a la crisis del Humanismo iniciada por Nietzsche y continuada con diferente designio hermenéutico por Heidegger. Si bien la crisis del Humanismo es el punto de encuentro entre los dos filósofos, cada uno entroniza desde diferentes posturas el vaciamiento llevado a cabo por el despliegue del nihilismo, coincidiendo en la síntesis de que “a más logocentro mayor alejamiento del carácter “errático” y descentralizado como consecuencia del estado de “yecto” o “arrojado a la existencia”. En realidad, lo que Heidegger ve con lucidez abrumadora es que bajo la voluntad de poder nietzscheana yace una consumación en la historia metafísica, provocada precisamente por la voluntad de poder. “Incondicionada” agregaría el pastor de la Selva Negra; una de sus innumerables expresiones entrecomilladas que conforman su obra principal “Sein und Zeit”, bajo todo un despliegue etimológico en busca del desvelamiento por olvido del Ser en la lengua alemana, que en su opinión significaba también el extravío de Occidente.

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Nihilismo – Adolfo Vásquez Rocca

Alemania como destino del Ser.

 

 

La escisión que advierte se podría exponer como sigue; la lucha entre el valor desvalorizado y el primigenio olvido del Ser en que incurre la cultura griega en sus primeros pasos Occidentales. Un nuevo punto de confluencia entre Nietzsche y Heidegger tiene que ver con lo ya comentado: la crisis del Humanismo. Ambos se remontan a los orígenes de la “decadencia”, uno irrumpiendo en lo que en realidad fue la introducción previa a su crítica de la moral, “El origen de la Tragedia”, obra que por su contenido estético preludia el resto de investigaciones y la consiguiente presencia latente como divorcio entre Apolo y Dionisio. Un valorar que desprecia la relación siempre existente entre el placer y el dolor, hipostasiado en un dios dueño y señor. Heidegger por su parte, ni siquiera soslaya el problema del valor y su desvaloración, advierte que la línea descendente se produce por el “olvido del Ser” entendido como instrumetalización escamoteadora, que al poner una verdad unitaria en lo “ente” también la conciencia queda presa como “logocentro” en adelante valorizador. Por ello advierte de que todo valorar es en-sí, olvido del Ser y subjetividad que se sabe a sí misma. Ver su crítica a Hegel. La problematica que ha atravesado a toda la filosofía Occidental entre afuera-adentro, se intensifica en mi opinión con la crítica que ambos construyen al Humanismo.

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Estética – Adolfo Vásquez Rocca

El escándalo que se produjo en Alemania, entre Habermas y Sloterdijk, por la disputa en torno a las posibilidades tecnológico-genéticas, viene a ser la secularización posmetafísica del problema que el Humanismo en su intensificación domesticadora, no cuenta para Sloterdijk con las mínimas garantías para hacer frente a un mundo con problemas distintos al ideario Humanista. Arrojados definitivamente al mundo, los humanos deben decidir sobre elecciones optativas. Se produce pues en Sloterdijk, una síntesis entre el “estado de yecto” Heideggeriano y la automanipulación nietzscheana.

El fantasma del nazismo sobrevuela otra vez por la Alemania postnazi. Manipular al ser humano, obliga según Sloterdijk a revisar los conceptos de natalidad como fatalidad o en definitiva a desproteger a ese animal mimado que es el hombre.

Tecnología (manipulación) aparece en escena como en realidad algo muy antiguo que en parte no corresponde por entero a nuestra época, sin embargo, las posibilidades optativas son únicas en la historia de la humanidad. Quisiera aportar un punto de vista sobre la polémica, filosófica, no lo olvidemos, que consiste en desvoluntarizar la postura de Sloterdijk y evitar observar en él a un “lider neonazi” con aficiones a lo “Frankenstein” costurero, para contemplar responsablemente una pregunta que tarde o temprano será imposible eludir. El descubrimiento de un código genético bajo la expresión “hay información” le sirve para escribir lo que sigue:

 

” En la frase “hay información” hay implicadas otras frases: hay sistemas, hay recuerdos, hay culturas, hay inteligencia artificial. Incluso la oración “hay genes” sólo puede ser entendida como el producto de una situación nueva: muestra la transferencia exitosa del principio de información a la esfera de la naturaleza. Esta ganancia en conceptos que permiten abordar poderosamente la realidad, hace que el interés en figuras de la teoría tradicional tales como la relación sujeto-objeto disminuya. Incluso la constelación de yo y mundo pierde mucho de su prestigio, sin hablar de gastada polaridad individuo-sociedad. Pero encima de todo, con las nociones de recuerdos realmente existentes y de sistemas autoregulados, caduca la distinción metafísica de naturaleza-cultura: en esta perspectiva, ambos lados de la distinción no pasan de ser estados regionales de la información y su procesamiento. Habrá que armarse de paciencia, sin embargo, ya que la comprensión de estas ideas va a ser particularmente difícil para los intelectuales que han vivido de esta antítesis de cultura y naturaleza, y que se encuentran ocupando ahora una posición reactiva”.

 

Dejando al margen ya las cuestiones potentes de su quehacer filosófico, habría que resaltar las revisiones al pensamiento nietzscheano (El pensador en escena) donde pone definitivamente en tela de juicio la voluntad de poder, como lo que en realidad aducía Heidegger; voluntad de voluntad o el hombre como pura técnica incondicionada.

 

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Günter Grass – Adolfo Vásquez Rocca – Literatura alemana

 

En Eurotaoismo, al hilo de lo anteriormente comentado, establece una crítica a la movilización Occidental, deudora de cinetismo como energía que genera más energía. Resulta curioso leerle, que tanto Nietzsche como Marx participaron por igual en esta movilización dinamizadora. En las teorías tanto de la fuerza como de la plusvalía se produce un sobrante que retroalimenta una política denominada “cinética”. No conviene olvidar sus preocupaciones sobre la cultura de masas o la cultura como “mito”, recogidas en su obra “El desprecio de las masas” donde de paso hace un extenso comentario al otra vez actual Canetti, y su libro “Masa y Poder”. Sobre “Crítica de la razón cínica” o la monumental “Esferas” no puedo agregar nada debido a una limitación editorial que por el momento no he podido esquivar, espero que en nuestra nueva condición de “zahoríes apócrifos” tenga más suerte.

 

Los parejos y polémicos “Normas para el parque humano” y “En el mismo barco” donde con crítica secular, refuta la sustancial actualidad de la “Carta al humanismo” de Heidegger, para continuar a renglón seguido con lo expuesto al principio de este páginas. Por lo que a “En el mismo barco” se refiere, el estilo es menos escrutador y más poéticamente reconstructivo, flirteando si cabe con cierta antropología filosófica.

 

Desde las pretéritas hordas, hasta la perdida de “resonancia acústica”, teoría musical explorada por Nietzsche, hasta nuestras sociedades movilizadas e hiperdesarrolladas.

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Estética – Adolfo Vásquez Rocca

 

Finalmente, “Extrañamiento del mundo” nos sumerge por todo un catálogo de técnicas y fugas destinadas a aprehender o negar el mundo. Orientalismo, divinidad, sustancias psicotrópicas con o sin dioses, adicción como problema cultural ajeno al binomio existente entre embriaguez-mundo y que erróneamente expresa una rotura que en la mayoría de los casos problematiza la carencia de mundo al que hemos llegado. También analiza figuras fundamentales insertadas en la historia de las enseñanzas como Sócrates, Jesús o Freud. Diferentes formas de venir al mundo, traducidas a menudo en las figuras cotidianas de consideración puestas en marcha. La Ilustración como proyecto aún no explorado y un sin fin de matices articulados con un estilo literario brillante, lúcido y originalísimo.

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Dr. Adolfo Vásquez Rocca

Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, Teoría del Conocimiento y Pensamiento Contemporáneo. Áreas de Especialización: Antropología y Estética. Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la PUCV, del Magíster en Etnopsicología, Escuela de Psicología PUCV, Profesor de Antropología y de Estética en el Departamento de Artes y Humanidades de la UNAB. Profesor asociado al Grupo Theoria, Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado. Director de la Revista Observaciones Filosóficas http://www.observacionesfilosoficas.net/. Secretario de Ejecutivo de PHILOSOPHICA, Revista del Instituto de Filosofía de la PUCV http://www.philosophica.ucv.cl/editorial.htm, Editor Asociado de Psikeba —Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, Buenos Aires— http://www.psikeba.com.ar/, miembro del Consejo Editorial de Escaner Cultural —Revista de arte contemporáneo y nuevas tendencias— http://www.escaner.cl/
y Director del Consejo Consultivo Internacional de Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo, Capital Federal, Argentina.

 

adolfovrocca@gmail.com

Adolfo Vásquez Rocca

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Instituto de Filosofia Pontificia Universidad Catolica de Valparaíso

Ver:

 

 

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SLOTERDIJK; ESFERAS III, ESPUMAS GLOBALIZACIÓN Y ESTORNUDOS METAFÍSICOS Por Adolfo Vásquez Rocca

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Adolfo Vásquez Rocca

 

Las pestes no perdonan y atacan con el mismo entusiasmo a los seres humanos y a los sistemas filosóficos. Las ideas se le vuelven efervescentes a Peter Sloterdijk, que inventa sobre la marcha, entre estornudos metafísicos, cosmovisiones intraducibles. Según el autor de la trilogía «Esferas» (Siruela), “los fenómenos sociales se tienen que considerar siempre desde un punto de vista epidemiológico y, a la inversa, también la memoria es muy oportunista y sólo recuerda aquellas catástrofes que a uno le son útiles”. En el análisis de la fenomenología de la obsesión cabe decir que el ser humano moderno es una víctima propicia de obsesiones oportunistas, que en el lenguaje de la prensa se clasifican de información. Lo que se llama información, es en realidad una microobsesión que tiene carácter de epidemia colectiva.

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Esferas Peter Sloterdijk por Adolfo Vásquez Rocca

 

-Esta obra se divide en tres partes,«Burbujas», «Globos» y «Espumas», un universo filosófico de un hermetismo lírico. ¿Cómo lo ha estructurado desde el punto de vista del pensamiento?

 

– El primer tomo lleva el título de «Burbujas». Pero la información más importante procede del término que se ha añadido, la microesferología. Aquí se hace referencia a una teoría de lo animado, lo que tiene alma. y del espacio psíquico interpersonal.

 

-En el segundo tomo, «Globos», ¿hacia qué alturas espaciales orienta su vuelo?

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Sloterdijk Esferas por Adolfo Vásquez Rocca

 

-La información se centra en torno al tema de la macroesferología. Planteo una historia de dos mil años que se extiende desde Platón y Aristóteles hasta Leibniz y que abarca toda la estructura del cosmos y la estructura interna de Dios, esa inmensa esfera convertida en un gran globo. No hay que olvidar que nos encontramos frente a tres globalizaciones. La primera es la globalización morfológica que muestra que el cosmos tiene forma de globo. Esa información central es la cosmología. Lo más importante es que Dios tiene forma redonda. La segunda globalización es la terrestre y en ella España ocupa un lugar, como protagonista de “la conquista del mundo” a través de la colonización. La tercera es la globalización náutica que durante un periodo de 400 años fue decisiva, con un foco en España y otro en el Reino Unido. Tan sólo al final de este periodo de la historia, se produce lo que consideramos la mundialización o globalización electrónica.

Estética Arte Posmoderno por Adolfo Vásquez Rocca

 

 

-En este universo globalizador recorrido por las autopistas de la información, ¿cuáles han sido las grandes conquistas o las grandes pérdidas de la historia de los seres humanos?

 

-Estas primeras globalizaciones planetarias convirtieron el universo en un mundo grande, con un amplio espacio para la lectura. La globalización electrónica nos lleva al punto opuesto, donde nos envuelve el peligro de la banalidad. Hace 500 años, la información parecía expandirse, ahora sucede lo contrario. La globalización electrónica inicia un siglo de ausencia de distancias y ausencia de respeto. Es lo que se deduce al analizar como tratan los estadounidenses al resto del mundo.

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Sloterdijk Esferas por Adolfo Vásquez Rocca

 

Dr. Adolfo Vásquez Rocca

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REVISTA OBSERVACIONES FILOSOFICAS

Revista de Filosofía Contemporánea, con secciones dedicadas a la Antropología, Estética, Epistemología, Ética, Psicología y Literatura. Indexada en Base de Datos de la Universidad Complutense de Madrid; DOAJ – Directory of Open Access Journals – Lund University; INTUTE Arts and Humanities UK universities. Catalogada en UNIVERSIA.net Directorio de la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC); DIALNET Directorio de publicaciones científicas hispanoamericanas; LATINDEX Sistema de Publicaciones Científicas Seriadas de América Latina, España y Portugal. En BIBLIOTECA VIRTUAL MIGUEL DE CERVANTES; Les Signets de la BIBLIOTHÈQUE NATIONALE DE FRANCE: Philosophie, Revues y Centre d’Études en Rhétorique, Philosophie et Historie des Idées, Paris. Asociada al Postgrado en Filosofía – Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y al Grupo THEORIA Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado.

 

 

 

ISSN 0718-3712

Director: Adolfo Vásquez Rocca | Revista Observaciones Filosóficas © 2005 – 2007

http://www.observacionesfilosoficas.net/

Adolfo Vásquez Rocca

 

 

Adolfo Vásquez Rocca

http://www.danoex.net/adolfovasquezrocca.html

Artículo “Peter Sloterdijk; Espumas, mundo poliesférico y ciencia ampliada de invernaderos” En KONVERGENCIAS, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo, Nº 16 – 2007, Capital Federal, Argentina, pp. 217-228

Artículo “Peter Sloterdijk: Temblores de aire, atmoterrorismo y crepúsculo de la inmunidad” En NÓMADAS, Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas ISSN 1578-6730 – Universidad Complutense de Madrid, | Nº 17 | Enero-Junio 2008 -1º | En Prensa
http://www.ucm.es/info/nomadas/17/avrocca_sloterdijk3.pdf

Artículo “Sloterdijk ‘Normas para el Parque humano’; De la carta sobre el humanismo a las antropotecnias y el discurso del pos-thumanismo“, En
Revista Observaciones Filosóficas – Nº 5 / 2007 | ISSN 0718-3712
http://www.observacionesfilosoficas.net/petersloterdijkdelasnormas.html


Artículo, Peter Sloterdijk: Esferas, flujos, sistemas metafísicos de inmunidad y complejidad extrahumana” En NÓMADAS Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas. UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID, | Nº 17 | Enero-Junio 2008 | En Prensa
http://www.ucm.es/info/nomadas/17/avrocca_sloterdijk.pdf

Artículo “Peter Sloterdijk: Espacio tanatológico, duelo esférico y disposición melancólica” En NÓMADAS, Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas ISSN 1578-6730 – Universidad Complutense de Madrid, | Nº 17 | Enero-Junio 2008 -1º | En Prensa http://www.ucm.es/info/nomadas/17/avrocca_sloterdijk2.pdf

Artículo “Sloterdijk; Temblores de aire, atmoterrorismo y crepúsculo de la inmunidad” En A PARTE REI, Nº 53, Sociedad de Estudios Filosóficos, MADRID, 2007.
http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/vasquez53.pdf

Artículo “Peter Sloterdijk; Espumas, mundo poliesférico y ciencia ampliada de invernaderos” En KONVERGENCIAS, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo, Nº 16 – 2007, Capital Federal, Argentina, pp. 217-228

Ver:

PETER SLOTERDIJK Libro de Adolfo Vasquez Rocca | Institución Alfons el Magnànim (IAM) Valencia 2008

 

Libro ‘PETER SLOTERDIJK’ | Institución Alfons el Magnànim (IAM) Valencia 2008 | Autor: Adolfo Vasquez Rocca
Institució Alfons el Magnànim (IAM)
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REVISTAS DE FILOSOFÍA: REVISTAS DE FILOSOFÍA

REVISTAS DE FILOSOFÍA. Revista de Filosofía contemporánea, Publicaciones Científicas Indexadas en Directorios Internacionales

PETER SLOTERDIJK ‘EL PALACIO DE CRISTAL’; Introducción Dr. Adolfo Vásquez Rocca

SLOTERDIJK; DE LA ONTOLOGÍA DE LAS DISTANCIAS AL SURGIMIENTO DEL ‘PROVINCIANISMO GLOBAL’ Liliana Vásquez Rocca

MODERNIDAD LÍQUIDA Y FRAGILIDAD HUMANA; DE ZYGMUNT BAUMAN A SLOTERDIJK

PETER SLOTERDIJK; MIEMBRO DE LA ACADEMIA DE LAS ARTES DE BERLÍN Y DE ‘DAS PHILOSOPHISCHE QUARTETT’ .

SLOTERDIJK Y NIETZSCHE; POSTHUMANISMO, ANTROPOTÉCNICAS Y COMPLEJIDAD EXTRAHUMANA Por Adolfo Vásquez Rocca

PETER SLOTERDIJK Libro de Adolfo Vasquez Rocca | Institución Alfons el Magnànim (IAM) Valencia 2008

 

Adolfo Vasquez Rocca

Adolfo Vásquez Rocca

 

Peter Sloterdijk ©

 

*Adolfo Vásquez Rocca
Doctor en Filosofía
por la Pontificia Universidad Católica
de Valparaíso,
Postgrado en la Universidad
Complutense de Madrid,
Profesor Universidad Andrés Bello.

E-mail: adolfovrocca@gmail.com

 

 

PETER SLOTERDIJK; UTOPÍA, ARTE Y ESPACIO POLÍTICO Introducción Adolfo Vásquez Rocca

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Liliana Vásquez Rocca

 

 

Introducción

 

Prof. Dr. Adolfo Vásquez Rocca.

 

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Adolfo Vásquez Rocca

 

 

 

Presentamos aquí una entrevista al filósofo alemán Peter Sloterdijk, ubicado en la tradición de Nietzsche y Heidegger, emparentado a la vez con artistas contemporáneos de la sensibilidad de Wim Wenders y Peter Handke. Sloterdijk, autor de la Crítica de la razón cínica1, obra fundacional del cinismo contemporáneo.

Los cínicos, curiosa vertiente anarquista, toman como modelo a animales como el perro, de los que adoptan el ejemplo de la autosuficiencia, de ahí su comportamiento ético –bastarse a sí mismo– y su rigurosa disciplina física y mental. Los animales tienen pocas necesidades y se adaptan rápidamente a la situación en que se encuentran.

 

El hombre, en cambio según Sloterdijk, en una concepción menos romántica, a su vez goza y sufre su ser animal. Los animales viven en un entorno y dependen de un hábitat. El hombre -en cambio- “ve la luz del mundo” lo que comporta una “implicación ontológica” de carácter heideggeriano, la que deriva hiperbólicamente en un excursus por el concepto de “neotenia” –mantenimiento de algunos aspectos de la fase larvaria durante la fase adulta de un animal–2, es decir, del hecho de que el hombre alarga su morfología juvenil y fetal, como efecto secundario de ser un animal que proviene del nido y de la caverna, que actúan como un segundo claustro materno3.

 

 

 

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Adolfo Vásquez Rocca

 

Desde su monumental Crítica de la razón cínica de 1983, saludada por Jürgen Habermas como el acontecimiento más importante en la historia de las ideas desde 1945, el alemán Peter Sloterdijk se ha impuesto como uno de los pensadores europeos más fecundos e innovadores. De una gran cultura filosófica, llama la atención por la belleza y la fuerza de su lenguaje, su estilo y su tono. Lejos de las rígidas convenciones de la filosofía académica, Sloterdijk, enfrenta los problemas de su tiempo con otras armas y otros fines: una prosa clara, consciente de su afinidad con la música, deudora de la “gran” retórica clásica y de su casi increíble erudición filosófica y literaria. Por ese entonces, Sloterdijk tenía treinta y cinco años. Las armas de un fenomenólogo agudo, atento y perspicaz, que deseaba escribir una “ontología de nosotros mismos”. Su independencia le lleva, sin reparos, no sólo a mostrar su vasta discrepancia con “el sueño ilustrado”, sino que además a hacer suyas las propuestas de filósofos incómodos y no siempre bienvenidos en Alemania: Nietzsche y Heidegger. Sobre Nietzsche ha escrito El pensador en escena4.

 

Sloterdijk en su Crítica… pretende hacer una reivindicación del otro cinismo, del original y clásico, frente al de hoy, con el que no guarda más relación que la antinomia, un cinismo entendido de modo usual y corriente, que comporta una falsa conciencia ilustrada. El de Sloterdijk es un libro de horizontes más amplios, y que tematiza el iconoclasta ideario de la transgresión.

 

 

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Adolfo Vásquez Rocca

Es así como Crítica de la razón cínica puede leerse también como una puesta al día de la Dialéctica de la Ilustración de Adorno y Horkheimer. No se trata ya del nihilismo en ascenso, ni la metamorfosis de la razón en nuevo mito ni, mucho menos, del dominio de la razón instrumental lo que Sloterdijk describe y denuncia, sino el cinismo difuso de nuestras sociedades exhaustas. Ese “nuevo cinismo” que se despliega como una negatividad madura que apenas proporciona un poco de ironía y compasión, pero que finalmente desemboca en la desesperanza. Un cinismo que Sloterdijk define como “falsa conciencia ilustrada”: la de quienes se dan cuenta de que todo se ha desenmascarado y pese a ello no hacen nada, la de quienes se dan cuenta de que la escuela de la sospecha tampoco ha servido de mucho.

 

La conciencia conservadora dominante es cínica, porque consciente del desenmascaramiento de los grandes relatos ve un peligro de crisis social en la desaparición de las ilusiones religiosas e intenta mantener en pie al menos la fachada del edificio. Por ello es a ésta conciencia, que sabe que no tiene ilusiones y sin embargo las propugna, a la que cabe llamar cínica.

 

Liliana Vásquez Rocca

 

En Crítica de la razón cínica, Sloterdijk presenta pues un discurso ético comprometido, libre de las falacias y espejismos del humanismo “edificante” y fundado en una antropología filosófica con nuevas perspectivas críticas.

 

Gustosamente provocador, Sloterdijk practica el arte de dinamitar nuestras certezas. En su última obra traducida al francés –La hora del crimen y el tiempo de la obra de arte–, cuenta así la historia de las hipótesis científicas como la historia –novelada- de una serie de “vejaciones” hacia las autoilusiones del género humano, e incluso aprovecha el pretexto de una larga digresión sobre el pensamiento de la técnica en Heidegger para notar que nuestra visión sobre Platón no tiene en cuenta la “ironía” que ésta contiene; y en un último corto ensayo sobre Cioran califica la actitud filosófica de este último como “revanchismo desinteresado” y explica la calidad de sus textos por su voluntad de “no condescender con la madurez”. Se comprende que Peter Sloterdijk es un inconformista, lo que –por demás- asegura a su pensamiento una seducción y un estilo particular en el campo intelectual contemporáneo.

 

Sloterdijk, que ha presentado en España el primer volumen de su trilogía “Esferas” –en editorial Siruela- no se pregunta ¿quiénes somos?, sino ¿dónde estamos? Una filosofía espacial en la que el autor, un nietzscheano de izquierdas, combina, renovándolas, numerosísimas fuentes, desde Platón hasta Hegel, desde Heidegger hasta Foucault, el psicoanálisis no-freudiano, el eurotaoísmo, la antropología, la biología moderna o el iluminismo tecnológico.

 

 

 

 

Este es un material en el que el lector no encontrará sólo al pensador que hizo estallar en mil pedazos la herencia de la ilustración y la creencia en el progreso, proclamó el fin del totalitarismo metafísico y la caducidad de la fatiga nihilista para encarar el mundo contemporáneo y abrió una brecha entre los apocalípticos y los entusiastas de las nuevas tecnologías, incluida la genética, sino que también a quien ensaya una teoría de la intimidad, del espacio interior, para explicar su concepción general del mundo y de la historia.

Filósofo complejo como pocos, crítico, polémico, pero sobretodo “hiperbólico”. Sloterdijk, sin duda requiere un tratamiento en profundidad, el que se espera para una próxima entrega.

 

Allí, además, se habrá de poner en relación el sentido contemporáneo de lo cínico, propio del tratamiento de Sloterdijk, que es el del sentido habitual del término, y el de la Escuela cínica clásica, donde el concepto, ya en un sentido filosóficamente acotado, alude más bien a una actitud vital y poética, caracterizada precisamente por la autenticidad de sus posiciones y pensamientos, corrosivos y anti-sistémicos al modo anárquico de las diatribas de Diógenes.

 

Adolfo Vásquez Rocca.

Doctor en Filosofía.

 

ENTREVISTA

 

¿Cómo interpreta usted el hecho de que se vuelva otra vez a hablar de utopía?

 

Peter SLOTERDIJK: Debo confesar que me he sentido bastante sorprendido al ver, en las librerías de París, la cantidad de nuevas obras sobre el tema. Ahora bien, la vida temática de una sociedad es un síntoma importante de su estado. En los temas que se propone una sociedad se expresan lo que Ernst Bloch denominaba “sueños despiertos”, ¿De qué se trata, pues? ¿De un ritual de adiós? ¿De una renovación? Para empezar recordaría que la utopía fue en principio un género literario, una forma de apropiarse de lo lejano. Y ese modo de apropiación de un mundo lejano fue la manera como los europeos, alrededor de los siglos XVI y XVII efectuaron lo que Carl Schmitt denominó su Weltnahme su “toma del mundo”. La utopía fue la forma mental, literaria y retórica de un cierto colonialismo occidental imaginario: nos ha servido a la vez para proyectar la realidad exterior de nuestra sociedad sobre nuestro imaginario y para exteriorizar nuestros sueños interiores sobre lugares alejados. En este sentido constituye un elemento esencial de nuestra “toma del mundo” – por “nuestra” entiendo la de Occidente; es un “nuestro” local, no un “nuestro” afirmativo.

Es, pues, interesante preguntarse como una noción tal pudo salir de la retórica para entrar en el lenguaje corriente, y, también, naturalmente, en que condiciones ha podido asumir un significado positivo; por qué hemos acabado adoptando con tal propósito un nuevo juego de lenguaje. Porque hace todavía veinte años, la utopía representaba una noción muy problemática: a ojos de las clases medias, burguesas o conservadoras, la palabra contenía sobretodo el reproche de haber faltado al respecto a la “realidad”. Pero hoy tiene, más bien, la tonalidad positiva de eso que antes expresaba la palabra “sueño”.

 

Adolfo Vásquez Rocca

 

Personalmente, pienso que el uso contemporáneo del término “utopía” refleja, de entrada, el éxito social del psicoanálisis. Hacia el fin de su vida, Ernst Bloch, que contribuyó mucho en la carrera “hacia lo alto” del término decía, por su parte, que si el concepto de utopía había dejado de constituir un reproche o un insulto, era debido al hecho que él había reconstituido el trabajo del sueño colectivo del género humano a través de esta categoría. Bloch distinguía entre por una parte los sueños nocturnos, los sueños regresivos, los sueños que no llevan a ningún sitio; y por otra, los sueños que tienen razón. En él, la antítesis realidad-irrealidad se ve, pues, reemplazada por un campo tripolar donde surgía un valor intermedio que se inserta entre lo real y lo irreal. Ese valor intermedio es lo que él llamaba la “tendencia” y Popper la “propensión”: hay irrealidades portadoras de realidades; y en el soñar despierto, que es el que nos conduce al porvenir, se puede ya esbozar lo que pude acontecer.

Acaba usted de hacer en cierta manera la arqueología de la noción actual de utopía Pero, hoy, para retomar sus palabras, ¿nos hallamos en presencia de un resurgimiento verdadero de dicha noción o de una constatación disimulada de su muerte, de un ritual de adiós?

 

 

Peter SLOTERDIJK: El nuevo discurso sobre la utopía me parece que refleja también un cambio importante que se ha producido en el interior de la comunidad psicoanalítica o de la que se interesa por la psicología llamada “de las profundidades”: nos comenzamos a dar cuenta de que, finalmente, no es el inconsciente quien va a salvarnos. Ésta ha sido, en efecto, una de las grandes utopías de nuestro siglo, pensar que el descenso a los infiernos de nuestros deseos escondidos podría liberar un flujo de energías productivas que nos llevaría hacia un porvenir más claro. Pero, ahora, nos parece que más bien es necesario esforzarse por crearse un inconsciente a la altura de nuestras preguntas. Porque la banalidad de nuestro inconsciente es tan evidente y la esterilidad del tipo de sueños que gotean de él se ha vuelto tan obvia, que necesitamos recurrir a otro mecanismo psicológico anterior al psicoanálisis. A partir de entonces se piensa, remontando la evolución histórica, y se reencuentra la hipnosis. La utopía es, precisamente, esa función autohipnótica, a través de la cual el individuo moderno, y sobre todo el grupo moderno, reencuentra una motivación, una fuerza motivadora universal.

 

 

 

Si le he comprendido bien, la utopía actual debe ser leída, ante todo, como una voluntad consciente de utopía.

 

Peter SLOTERDIJK: Eso es. De la misma manera que el psicólogo pragmatista americano William James hablaba, a propósito de la fe, de un will to belive, de una “voluntad de creer” que ya no es la buena y vieja fe religiosa, ni el cinismo estratégico de los ideólogos o de los diseñadores de publicidad, sino una nueva sabiduría consistente en gestionar la propia vida dándonos cuenta que la reserva de energía e ilusión sobre la que reposamos no es infinita, también hemos entrado, por lo que concierne a la utopía y de una manera absolutamente lúcida, en el reino de una autohipnosis consciente. El inconsciente clásico había sido representado bajo la forma de una infinita subjetividad, como una fuente infinita que nos alimentaba de energías inagotables. Pero ahora descubrimos que ése no es del todo el caso. Nuestro tema principal no es el deseo, es la fatiga. Dicho de otra manera, la finitud del deseo deviene nuestra evidencia primera. Baudelaire, por lo demás, había percibido muy bien ese agotamiento des de fines del siglo XIX: frente a la antiutopía de nuestra vida cotidiana en las ciudades, solamente el arte nos permite escapar a esa situación de fatiga. Ese es el credo del intelectual moderno…

La utopía, así concebida, difiere profundamente de lo que era antes…

 

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Espacio Adolfo Vásquez Rocca

Peter SLOTERDIJK: Efectivamente. Es una utopía que ha perdido su inocencia, que ha entrado en la época de la psicología reflexionante. Ya no se opera un descenso al inconsciente del siglo XIX; se fabrica un inconsciente artificial para motivarse uno mismo. Se podría casi decir que hay una especie de nuevo maquinismo humano, porque hemos comprendido que nuestros motores habituales no nos proporcionan suficiente energía y como hoy todos estamos obligados a mostrar que nuestra máquina gira más deprisa que las otras, descubrimos que la utopía puede ser, al mismo tiempo motor y gasolina y que nos permite participar, a nuestra manera, en esa carrera a la felicidad que está en la base de la vida americana desde Jefferson.

Se trata, pues, de una utopía en alguna manera, “construida”…

 

Peter SLOTERDIJK: Las utopías no emanan ya, en efecto, del interior de las personas, sino de fuera de ellas. Este tipo de utopías -si se quiere mantener el nombre- conduce, por lo demás, a una nueva situación social, en que las utopías colectivas se ven reemplazadas por utopías individuales. Y la utopía individual tiene otro nombre menos bello pero también muy eficaz: el éxito. Es necesario preguntarse si la cuestión de las utopías no es simplemente más que el seudónimo actual de esa búsqueda radical, radicalizada, de nuestro tiempo: la caza del éxito. Eso plantea, por lo demás, la cuestión crucial de saber que deviene la utopía de la sociedad solidaria en una sociedad que, precisamente, se quiere, ahora mismo, regida por esa tendencia a la des-solidarización. Porque todo ocurre como si la sociedad estuviese cambiando de estado de agregación. Como el agua que, bajo el efecto del calor, pasa de hielo a estado líquido y después a vapor, algo comparable se produce actualmente en la sociedad: pasando al estado de evaporación, sus partículas elementales se liberan. Me parece que se trata de una tendencia innegable del tiempo presente: los lazos y los valores se redefinen hoy en una tendencia a la inestabilidad creciente…

Me parece que lo que dice se ejemplifica bastante bien, en Francia, en la nueva ruptura que aparece entre quienes han hecho la elección de la mundialización neoliberal y tienen éxito en ello, y los otros, los que no llegan a hacerse con la nueva idea central de la modernidad.

Arte Conceptual Adolfo Vásquez Rocca

 

 

 

Peter SLOTERDIJK: No conozco suficientemente bien la situación francesa como para incidir en este punto. Pero lo que me dice parece verosímil. En ese caso, casi deberíamos concluir que la utopía es el sueño de los perdedores. .. Esto sería la traducción de su discurso del resentimiento contra la “realidad”. Dicho esto, si esto es verdad, no habría que reírse de un discurso tal, sino más bien preguntarse cómo se pueden disminuir los estragos causados por esas proposiciones aberrantes sobre la situación del mundo. Porque no tenemos ninguna garantía de hacer el bien a las personas cuando se colabora en su resentimiento. Normalmente, el intelectual no está ahí para hacerse cómplice de las máquinas de ilusiones que dan vueltas a los individuos. Tiene que haber, teóricamente, algo mejor a hacer contra la “realidad”. Pero después hemos aprendido algo más sobre la psicología humana. Si, por lo demás, hubiésemos comprendido que la desnuda desilusión no es siempre un medio legítimo de comunicación con quienes tienen necesidad de ilusiones, el papel del intelectual habría cambiado hace tiempo. La estrategia del desvelamiento se habría substituido por una actitud más terapéutica, apta para no empujar a los perdedores de quienes usted me hablaba antes a las relaciones malsanas. ¿Qué es finalmente el fascismo sino la política del resentimiento en estado puro? Para evitar que se desarrollen las corrientes micro y macro fascistas que existen en la sociedad, sería necesario que el intelectual se convirtiese a otra manera de hacer y de pensar; que acepte su responsabilidad social que consiste en impedir que los decepcionados adopten la política de lo peor. Eso es todo lo contrario a lo que se ha visto hasta ahora y todavía recientemente en Austria con el ascenso de Jörg Haider. Hace doce años que voy con regularidad a Austria y hace doce años, Heider era no más que un pequeño político de provincias, ciertamente elocuente pero tímido, timorato, sin importancia ni porvenir. Y fue la izquierda cristiana quien, conduciendo una especie de campaña electoral permanente contra él, a través de una estrategia absolutamente idiota de diabolización, le entregó su energía, fabricó su nuevo poder. El ascenso de Haider es, pues, un ascenso irresistible en las condiciones de la ingenuidad, pero absolutamente resistible desde el momento en que se salga lúcidamente de una lógica maniquea, de una visión paranoica del mundo.

Un cambio tal implicaría también una nueva manera de construir las utopías sociales, ya no, como antes, partiendo de un sueño personal que a continuación uno se esfuerza por hacerlo “descender” a la realidad; si no intentando hacerlas surgir de abajo, a partir de las tensiones sociales concretas.

 

Peter SLOTERDIJK: Efectivamente, si la utopía social se confunde con la necesidad de construcción de lazos sociales, con la energía capaz de garantizar la coherencia del grupo, no veo otro medio, si se elimina éste, reactivo, de la paranoia para construir un proyecto común, que hacerlo surgir de las tensiones de la sociedad. No sé si conoce el hermoso librito del ingeniero, utopista y arquitecto americano Buckminster Fuller que lleva por título Manual para gestionar la nave espacial Tierra, pero es exactamente la solución a que llega. Proponía el concepto de una nueva arquitectura, de un nuevo modelo o de paradigma de coherencia constructiva a través de lo que llamaba “tensintegridades”, un híbrido construido por el elemento tensión y el elemento integridad. Las “tensintegridades” son arquitecturas en que el conjunto se aguanta por la sinergia de elementos que en el fondo no están juntos. Las fuerzas que quieren crear el hundimiento del sistema son los que, de alguna manera, lo mantienen en pie.

Es una versión positiva de la observación crítica de Baudrillard según la cual, en la sociedad actual, todo lo que está “contra” acaba por asegurar la permanencia del “por”.

 

Adolfo Vásquez Rocca

 

Peter SLOTERDIJK: En un cierto sentido, sí. Excepto que en lo que digo no hay de ninguna manera una noción deceptiva, que era propia de los años sesenta, según la cual, se haga lo que se haga, siempre se encuentra “en” el sistema. Pertenezco a una generación que ha definido la utopía como lo que se extrae forzosamente de lo que existe. Era un concepto casi ontológico de la utopía. Pero esa actitud conduce directamente al angelismo o la esquizofrenia. Porque el esquizofrénico es exactamente el que encuentra en la imposibilidad de participar. En el esquizofrénico la reflexión y el sentimiento de no-pertenencia provienen siempre del rechazo a eso que Cioran llamaba “la tentación de existir”, porque la tentación de existir se confunde naturalmente también con la tentación de participar. El esquizofrénico no participa porque su lucidez no le permite entrar en el juego. Pero ya no estamos en el tiempo de esa esquizofrenia iluminada: estaríamos más bien en la de los jugadores. Por primera vez permitimos a la realidad de alguna manera hacernos “un hijo por la espalda”. Era una metáfora que, como sabe, gustaba a Deleuze pero me parece particularmente exacta: la nueva situación consiste en que, en vez de encerrarnos en un rechazo heroico, en la armadura eterna de nuestros principios, de nuestras reglas morales, aceptamos desde ahora, constituirnos por la realidad. Descubrimos, además, que esa realidad no es siempre la violadora que denunciábamos antaño. No es tan tonta como para eso. Nos acaricia, nos halaga. Tiene también su ironía. Por lo demás, mientras continuemos en una lógica de dos elementos, solamente la ironía podrá salvarnos, porque en el ámbito de la proposición, el hecho es que estamos condenados a escoger entre un sí o un no. En resumen, estamos perdidos. A la espera de una lógica formal rigurosa pero de diversos valores, son las modalidades del espíritu de humor las únicas que pueden liberarnos de la tentación paranoica de nuestras opiniones -a menos, naturalmente, que tomemos la opción de escoger sistemáticamente la actitud positiva en una lógica bivalente cerrada y de disfrutarlo; que no es otra cosa que la definición de sadismo.

 

(*)Entrevista con Fabrice Zimmer Publicada en Magazine Littéraire, mayo de 2001. Traducción del francés de Ramón Alcoberro para Revista Observaciones Fiolosoficas

 

1SLOTERDIJK, Peter, Crítica de la razón cínica, Siruela, Madrid, 2004

2 Esto suele darse con relativa frecuencia en los Anfibios.

3 Conferencia de Sloterdijk en caixafòrum, 2003-05-07.

4 SLOTERDIJK Peter, El pensador en escena; el materialismo de Nietzsche, Ed. Pre-Textos, Valencia, 2000.

 

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Adolfo Vásquez Rocca

 

En Revista Observaciones Filosóficas © 2005 – 2007 – Director: Adolfo Vásquez Rocca

http://www.observacionesfilosoficas.net/utop.htm

 

 

ANEXO

 

EL NUEVO DISCURSO SOBRE LA UTOPÍA; Utopía y el espacio intermediario: el espacio de las formas simbólicas.

 

 

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Liliana Vásquez Rocca

 

 

 

Desde la perspectiva de su estudio analítico, la Utopía también ejerce un poder sobre el carácter individual, en la medida en que el no lugar remite a un lugar como debe ser en la interioridad del individuo. En este sentido, la Yo-topía designa un buen lugar. En la contemporaneidad, el concepto de Utopía se ha aplicado al espacio individual, el espacio de la Yo-topía. Se trata de una reflexión que considera el espacio de este proceso, como un espacio intermediario, que nos permite su manipulación para una intervención en los propios procesos, capaz de provocar nuevas situaciones.

 

Evidentemente, en la proposición de tal idea, mucho debemos al desarrollo del psicoanálisis como conocimiento sistemático. En una entrevista realizada por Fabrice Zimmer al filósofo alemán Peter Sloterdijk, considerado uno de los grandes pensadores contemporáneos, el filósofo afirma que el éxito social del psicoanálisis se debe a la revalorización del concepto de Utopía, gracias según él, a los trabajos de Bloch.

 

Bloch dividía de un lado los sueños nocturnos, los sueños regresivos, los sueños que no llevan a ningún lugar y del otro lado los sueños con la presencia de la razón. En estos, la antítesis realidad-irrealidad, se ve sustituida por un campo tripolar donde surge un valor intermediario que se inserta entre lo irreal y lo irreal. Este valor intermediario es lo que él llama de tendencia, lo que Popper llama de Propensión. Existen irrealidades portadoras de realidades, y en el acto de soñar despierto, que es lo que nos conduce al futuro, podemos tener un esbozo de lo que puede suceder de hecho”.( 4 )

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Utopías Adolfo Vásquez Rocca

 

Sloterdijk afirma que la Utopía, en sus orígenes como género literario, fue una forma de apropiación de lo lejano. Según él, la Utopía se inicia como una forma mental, literaria y retórica que tiene por base un cierto colonialismo occidental imaginario. De este modo, es posible pensar en la Utopía como un instrumento que permite la existencia de una relación entre la realidad del mundo exterior y el imaginario, que funciona para que podamos proyectar nuestros sueños interiores para lugares distantes. En este sentido la Utopía puede ser concebida como una tomada del mundo (entendiendo que aquí tratamos de una visión estrictamente occidental) que puede y debe ser entendida en su aspecto social e histórico, pero también en su aspecto más íntimo e indivisible, dentro de lo subjetivo.

 

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Liliana Vásquez Rocca

 

 

¿De qué modo se da esta tomada del mundo? ¿Cual sería la condición necesaria para la conciencia de este proceso? ¿Por qué esta no se presenta necesariamente como enfrentamiento al mundo, tal como el se nos presenta? ¿O si preferimos, en un orden psicoanalítico y recordando a Lacan, cual es su relación con el Otro?

 

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En el mundo contemporáneo, el individuo se depara con una realidad que se le impone de manera inevitable. Desde el nacimiento, la vida en su desenvolvimiento normal consiste en una preparación para el futuro. El aprendizaje de la cultura se inicia en la cuna y exige una demanda escolar que a veces dura toda la vida.

 

Consideremos, por ejemplo, el aprendizaje del lenguaje, algo tan fundamental y decisivo para nuestra especie. Las diferencias educacionales que comienzan en la educación básica dependen del cultivo de determinadas habilidades. ¿Qué será de aquellos que nunca lleguen a utilizar un computador, que no aprendan los códigos y comportamientos sociales, o a disponer administrativamente de sus recursos financieros?

 

Desde esta perspectiva, el mundo globalizado ¿no se presenta realmente como una imposición? ¿Una actitud de la economía que termina por respingar culturalmente casi todo el mundo? Tenemos que admitir que el dominio tecnológico y la necesidad de desarrollar capacidades de acumular conocimientos diferenciados nunca fue tan presente.

 

El siglo XXI se inicia con manifiestos ya conocidos: el fin de la historia, el fin de las ideologías y el fin de las Utopías. Parece indiscutible que el fundamento ideológico del pensamiento hegemónico oficial es la suposición de la superioridad cultural de la civilización tecnológica, científica y occidental que se manifiesta y se impone de una manera evidente y definitiva a través de la victoria casi absoluta del liberalismo económico y político, sinónimo de globalización.

 

Debería entonces bastar con recordar el fracaso de la última gran Utopía histórica representada por el comunismo soviético, la culminación del proyecto moderno inspirado en la idea de progreso, en el terreno de las ideologías, el fin de la guerra fría o, como sustenta Paul Ricouer, “la reducción de todas las Utopías para ideologías”.( 5 )

 

El individuo, en cuanto individuo se encuentra frente a un orden mundial liderado por una implantación universal del mercado, de la democracia y de todo lo que estos términos significan real e ideológicamente.

 

Adolfo Vásquez Rocca

 

 

Ver:

Filosofía y mundo sincrónico; post-humanismo, globalización y macroesferología en Peter Sloterdijk

THEORIA: BAUDRILLARD; METÁSTASIS DE LA IMAGEN, SIMULACROS E HIPERREALIDAD Dr. Adolfo Vásquez Rocca

 

Peter Sloterdijk ©

RECUPERACIÓN ESTÉTICA DEL IDEARIO CÍNICO; De Diógenes a Sloterdijk. Por Adolfo Vásquez Rocca

EL PALACIO DE CRISTAL; Peter Sloterdijk

MODERNIDAD LÍQUIDA Y FRAGILIDAD HUMANA; DE ZYGMUNT BAUMAN A SLOTERDIJK

 

SLOTERDIJK Y HEGEL LA TRILOGÍA ESFERAS; LA VOCACIÓN GERMÁNICA POR LA TOTALIDAD O LA PERSISTENCIA DE LA VOLUNTAD DE SISTEMA. Compilación: Adolfo Vásquez Rocca.

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Adolfo Vásquez Rocca

 

La trilogía Esferas de Peter Sloterdijk; la vocación germánica por la totalidad o la persistencia de la la voluntad de sistema.

Descriptores:

 

Esferas, Sloterdijk, Hegel, Fenomenología del Espíritu, Peter Sloterdijk, Totalidad, Razón, Spengler, Espíritu, Voluntad, Sistema, Filosofía Alemana, Adolfo Vásquez Rocca, Estética, Literatura, Gran Relato, Lyotard, Globalización, Palacio de Cristal, Sloterdijk Esferas, Burbujas’, ‘Globos’, ‘Espumas’, Sloterdijk.

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Con las consabidas excepciones (Nietzsche, Benjamin, Adorno) admitamos que los alemanes tienen una vocación confesa o encubierta por la totalidad, desde los tiempos en que hubieron de refundar la filosofía. Suyos son los sistemas más reconocidos y sus pensadores más representativos, ya se trate de los idealistas clásicos o de los actuales socialdemócratas, inevitablemente tienden a convertirse en teóricos que generalizan con el mismo desparpajo con que los franceses creen que su realidad es el mundo. Así pues, ontología, ética, estética, economía, historia, religión, etcétera, forman un todo germánico pensado de consuno. Los alemanes piensan continentalmente, como observó con su característica perspicacia Deleuze, del mismo modo como, cada tanto, les da por expandir sus territorios y aplastar a sus vecinos.

 

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Podría parecer que, en la madurez, el afrancesado Sloterdijk ha sucumbido a la idiosincrasia nacional, como parecía revelarse en el rótulo de su descomunal trilogía: Esferas, auténtico emblema de la Totalidad, reafirmado o refrendado en la sucesión de sublimes palimpsestos que forman los tres volúmenes -‘Burbujas’, ‘Globos’, ‘Espumas’- donde se describen otras tantas hipóstasis del Todo. Aunque desmesurada, la intención de Sloterdijk es loable: dejar de pensar el mundo como siempre y buscar un nuevo punto de vista de Sirio. No le falta razón. Parece obvio que, si el mundo es Uno y el Mismo, Gran Cadena u Organismo, Espíritu o Sinfonía, una sola debería ser su Razón. No de otra forma justificaba Hegel la necesidad del Sistema, contra la opinión de los románticos; lo cual hace irrisoria la rabieta de los criptohegelianos de izquierda (que antaño se llamaban marxistas) por la supuesta amenaza del pensamiento único. No, no han sido los liberales, ha sido Hegel y, en su momento, Marx, quienes reclamaron la necesidad de que los hombres contáramos con una sola manera de establecer las cosas.

 

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Adolfo Vásquez Rocca

 

 

En cualquier caso, a Sloterdijk le es indiferente esa cuestión y, por otra parte, no es un pensador sistemático. Su modelo no es Schelling o Hegel sino las seductoras generalizaciones de Spengler; y su perspectiva crítica de la tradición, la misma que cabe imaginar en algunos de los pensadores con los que le gustaría identificarse: Bacon, Hobbes, Sade, Nietzsche o Bergson, con quienes comparte la misma mirada transversal y la misma condición de outsider. Por lo demás, Sloterdijk es demasiado listo como para dejarse tentar por el sistematismo filosófico, enfermedad que suele atacar a los filósofos cuando caen presa de la angustia de muerte. Como ya se mostraba en Esferas, su propuesta es mucho más modesta (y más fácil también). Consiste en un nuevo Gran Relato, aquella gastada metáfora de Lyotard; pero no para trazar una nueva construcción ideológica sino, literalmente, para contar las cosas de otra manera, lo que a fin de cuentas significa producir un nuevo mito cosmológico. El subtítulo, pues, le queda un poco grande, porque el trabajo de Sloterdijk no es filosófico, ni siquiera histórico, sino una fantástica operación literaria. En efecto, lo que tenemos aquí es un modelo narrativo para la historia de la cultura europea, pensado como representación del mundo en la época de la llamada globalización para acompañar, paliar, ponderar o enriquecer nuestra posmoderna, fragmentada y no obstante necesaria visión del Todo. Se trata -dice- de que, por una vez, abordemos la temática libre de la mirada bastarda de sociólogos, politólogos y periodistas apocalípticos que reflexionan con categorías que no han sido deducidas filosóficamente.

 

 

 

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Adolfo Vásquez Rocca

 

 

 

 

Como corresponde a un mito, la narración no propone una explicación, porque entonces sería ideológica, sino una vertiginosa descripción. Primero, del modo como se constituyó el exterior del Globo, que se traza, se cartografía y se conquista en la época de los grandes descubrimientos, examinados como patrón originario de la circulación del dinero y de la representación europea del mundo, bajo el dominio de la banca y la Compañía de Jesús. Aquí la narración adquiere los visos de una epopeya del espíritu. En la segunda parte, bajo el emblema del Palacio de Cristal, presentado como epítome del mundo contemporáneo, Sloterdijk describe a la manera de un Spengler los hitos de nuestra modernidad, desde la cibernética y el consumo hasta la apología del homoerotismo y auge del turismo de masas pasando por la lucha entre neoliberales y terroristas islámicos, presentados como “mártires de la poshistoria”. Si la primera modernidad era épica, la actual es tragicómica; y en ambas, observa la misma orfandad de un destino.

 

 

Como ocurre con todos los libros de Sloterdijk, el lector se complace de leer muchos pasajes memorables, de diabólica inteligencia (equiparar a Lukács con Himmler, comparar a los filósofos con las hijas cultas y sensibles de los mafiosos, recordar que el doble siniestro del terrorismo se encuentra en los medios de comunicación, que Negri y Hardt, también totalizadores, son “marxistas ultratardíos”, o denunciar el bluff de las consultorías que han tomado el relevo de los grandes ideólogos, etcétera), sin dejar de referirse aquí y allá a la tradición filosófica pero siempre de soslayo. Pero justamente aquí está el punto débil de esta mirada tan inteligente e incisiva como superficial, porque una teoría que se pretende global no puede ser solamente especular, es preciso que también sea especulativa, o sea, bastante más que una operación literaria.

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Enrique L ynch – en El Pai s, M adrid.

Introducción al Libro:

PETER SLOTERDIJK; ESFERAS, HELADA CÓSMICA Y POLÍTICAS DE CLIMATIZACIÓN.

Dr. Adolfo Vásquez Rocca

Con las consabidas excepciones (Nietzsche y Benjamin) es sabido que los alemanes tienen una vocación confesa o encubierta por “la totalidad”, desde los tiempos en que hubieron de refundar la filosofía. Suyos son los sistemas más reconocidos y sus pensadores más representativos, ya se trate de los idealistas clásicos o de los actuales socialdemócratas, inevitablemente tienden a convertirse en teóricos que generalizan con el mismo desparpajo con que los franceses creen que su realidad es el mundo. Así pues, ontología, ética, estética, economía, historia, religión, etc., forman un todo germánico pensado de consuno. Los alemanes piensan continentalmente, como observó con su característica perspicacia Deleuze, del mismo modo como, cada tanto, les da por expandir sus territorios y aplastar a sus vecinos.


Podría parecer que, en la madurez, el afrancesado Sloterdijk ha sucumbido a la idiosincrasia nacional, como parecía revelarse en el rótulo de su descomunal trilogía: Esferas, auténtico emblema de la Totalidad, reafirmado o refrendado en la sucesión de sublimes palimpsestos que forman los tres volúmenes –’Burbujas’, ‘Globos’, ‘Espumas’– donde se describen otras tantas hipóstasis del Todo. Aunque desmesurada, la intención de Sloterdijk, pese a todo, es renovadora: intenta dejar de pensar el mundo como siempre y buscar un nuevo punto de vista, nuevas metáforas. Asume la perspectiva del macrohistoriador, del crítico de la cultura, por momentos la de un teólogo.


Buena parte de las imágenes, literarias y gráficas del libro son de raíz religiosa. Parece obvio que, si el mundo es Uno y el Mismo, Organismo, Espíritu o Sinfonía, una sola debería ser su Razón. No de otra forma justificaba Hegel la necesidad del Sistema, contra la opinión de los románticos; lo cual hace irrisoria la rabieta de los criptohegelianos de izquierda (que antaño se llamaban marxistas) por la supuesta amenaza del pensamiento único. No, no han sido los liberales, ha sido Hegel y, en su momento, Marx, quienes reclamaron la necesidad de que los hombres contáramos con una sola manera de establecer las cosas.


En cualquier caso, a Sloterdijk le es indiferente esa cuestión y, por otra parte, no es un pensador sistemático. Su modelo no es Schelling o Hegel sino las seductoras generalizaciones de Spengler; su perspectiva es crítica de la tradición, es –en suma– un outsider al modo de Nietzsche. Por lo demás, Sloterdijk es lo suficientemente cauto como para dejarse tentar por el sistematismo filosófico, enfermedad que suele atacar a los filósofos cuando intervienen en diversos ámbitos, digamos transversales a la filosofía pura, y caen bajo la amenaza de la dispersión. Como se muestra en Esferas su propuesta es mucho más modesta. Consiste en un nuevo Gran Relato, aquello de lo que nos previno Lyotard hasta el hostigamiento. Pero, que quede claro, no para trazar una nueva construcción ideológica sino, literalmente, para contar las cosas de otra manera, lo que a fin de cuentas significa producir un nuevo mito cosmológico. El subtítulo, pues, le queda un poco grande, porque el trabajo de Sloterdijk no es filosófico, ni siquiera histórico, sino una reflexión literaria que se ofrece como campo de proyección de la experiencia. En efecto, lo que Sloterdijk nos ofrece es un nuevo modelo narrativo para la historia de la cultura europea, otro modo de redescribir el mundo o, si se quiere, de representárselo, en la época de la llamada globalización para examinar nuestra posmoderna, fragmentada y no obstante necesaria visión del Todo.

 

Adolfo Vasquez Rocca Esferas Sloterdijk

 

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    EL DESPRECIO DE LAS MASAS, DE PETER SLOTERDIJK [Adolfo Vásquez Rocca]

     

    PETER SLOTERDIJK MIEMBRO DE LA ACADEMIA DE LAS ARTES DE BERLÍN Y CONDUCTOR DE ‘DAS PHILOSOPHISCHE QUARTETT’ -ZDF-

     

    EL PARQUE HUMANO; Peter Sloterdijk

     

    Sloterdijk; De terror y de genes

     

    Sloterdijk y Canetti; El detonante iconográfico y operístico de la política de masas

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    Ver:

    REVISTAS DE FILOSOFÍA: REVISTAS DE FILOSOFÍA

    REVISTAS DE FILOSOFÍA. Revista de Filosofía contemporánea, Publicaciones Científicas Indexadas en Directorios Internacionales

    PETER SLOTERDIJK Libro de Adolfo Vasquez Rocca | Institución Alfons el Magnànim (IAM) Valencia 2008

    BIBLIOGRAFÍA

    Peter Sloterdijk

    • Crítica de la razón cínica, [1983] 1ª Edición, Taurus; (Re-edición) Editorial Siruela, Madrid, 2004.

    • El pensador en escena; el materialismo de Nietzsche, [1986], Editorial Pre-Textos, Valencia, 2001.

    • Eurotaoismo, [1989], Editorial Seix Barral, Barcelona, 2001.

    • Extrañamiento del mundo, [1993], Editorial Pre-textos, Valencia, 2001.

    • El árbol mágico, [1985], Editorial Seix Barral, Barcelona, 2002.

    • En el mismo Barco, [1993], Editorial Siruela, Madrid, 1994.

    • Normas para el parque humano; una respuesta a la Carta sobre el humanismo”, [1999], Editorial Siruela, Madrid, 2000. / Conferencia pronunciada en el Castillo de Elmau, Baviera, en julio de 1999 y publicada en Die Zeit ese mismo año.

    • El hombre auto-operable”, en revista Sileno, Madrid, 2001.

    • El desprecio de las masas; Ensayos sobre las luchas culturales de la sociedad moderna, [2000], Editorial Pre-textos, Valencia, 2002.

    • El sol y la muerte, con Heinrichs, Hans-Jürgen, [2001], Editorial Siruela, 2004, Madrid.

    • Experimentos con uno mismo; Una conversación con Carlos Oliveira, [1996] Editorial Pre-Textos, Valencia, 2003.

    • Esferas I. Burbujas , [1998], Editorial Siruela, Madrid, 2003.

    • Esferas II. Globos. Macroesferología, [1999], Editorial Siruela, 2004.

    • Esferas III , Espumas, [2004], Editorial Siruela, Barcelona, 2005.

    • El hombre más independiente de Europa”, [2000], Conferencia pronunciada en Weimar, el 25 de agosto de 2000 en ocasión del centenario de la muerte de Friedrich Nietzsche, fue publicada en versión original en el Frankfurter Allgemeine Zeitung del 28 de agosto del mismo año.

    • El Desprecio de las Masas; Ensayo sobre las luchas culturales de la sociedad moderna [2000], Editorial Pre-textos, Valencia, 2001.

    • Temblores de Aire; En las fuentes del terror, [2002], Editorial Pre-textos, Valencia, 2003.

    Peter Sloterdijks Werk im Suhrkamp-Verlag (Kurzübersicht):

    1983 Kritik der zynischen Vernunft

    1985 Der Zauberbaum.Die Entstehung der Psychoanalyse im Jahr 1785

    1986 Der Denker auf der Bühne.Nietzsches Materialismus

    1986 Kopernikanische Mobilmachung und ptolmäische Abrüstung

    1988 Zur Welt kommen – Zur Sprache kommen.Frankfurter Vorlesungen

    1989 Eurotaoismus.Zur Kritik der politischen Kinetik

    1990 Vor der Jahrtausendwende- Berichte zur Lage der Zukunft (Hrsg.)

    1990 Versprechen auf Deutsch. Rede über das eigene Land

    1993 Weltfremdheit

    1993 Im selben Boot.Versuch über die Hyperpolitik

    1994 Falls Europa erwacht.Gedanken zum Programm einer Weltmacht am

    Ende des Zeitalters seiner politischen Absence

    1998 Der starke Grund zusammen zu sein.Erinnerungen an die

    Erfindung des Volkes

    1998 Sphären I – Blasen, Mikrosphärologie

    1999 Sphären II – Globen, Makrosphärologie

    1999 Regeln für den Menschenpark.Ein Antwortschreiben zu

    Heideggers Brief über den Humanismus

    2000 Die Verachtung der Massen.Versuch über Kulturkämpfe in der

    modernen Gesellschaft

    2000 Über die Verbesserung der guten Nachricht.Nietzsches fünftes

    Evangelium. Rede zum 100. Todestag von Friedrich Nietzsche

    2001 Nicht gerettet.Versuche nach Heidegger

    2001 Die Sonne und der Tod.Dialogische Untersuchungen mit H.-J.

    Heinrichs

    2001 Tau von den Bermudas.Über einige Regime der Phantasie

    2002 Luftbeben.An den Wurzeln des Terrors

    2004 Sphären III – Schäume, Plurale Sphärologie

    2005 Im Weltinnenraum des Kapitals.

    2005 Was zählt, kehrt wieder.Philosophische Dialoge, gem.

    mit Alain Finkielkraut (aus d. frz.)

    Institució Alfons el Magnànim

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    PETER SLOTERDIJK Libro de Adolfo Vasquez Rocca | Institución Alfons el Magnànim (IAM) Valencia 2008

     

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    Peter Sloterdijk por Adolfo Vásquez Rocca

    PETER SLOTERDIJK ‘ESFERAS, HELADA CÓSMICA Y POLÍTICAS DE CLIMATIZACIÓN’ Libro de Adolfo Vasquez Rocca | Institución Alfons el Magnànim (IAM) Valencia

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    PETER SLOTERDIJK por Adolfo Vásquez Rocca

    Contenido del Libro

    Libro Peter Sloterdijk; Esferas, helada cósmica y políticas de climatización del Dr. Adolfo Vásquez Rocca, por Editorial de la Institución Alfons el Magnànim (IAM), Colección Pensamiento y Sociedad, Diputación de Valencia, España; publicación programada para Abril de 2008. Directora Editorial: Dra. Rosa María Rodríguez Magda.

    Institució Alfons el Magnànim

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    Funciones:

    Estudio y difusión de la Cultura de las Humanidades, tanto a nivel valenciano, como español y universal.
    Difusión y publicación de Colecciones que abarcan temas plurales y variados, desde Pensamiento y Sociedad, Estudios Universitarios, Biografías… hasta Formas Plásticas, Posiblemente de Autores Valencianos y Teatrales, música, poesía, etc.
    Convocatoria de los Premios de Literatura “Alfons el Magnànim de Poesía y Narrativa en valenciano y en castellano” (estos último de ámbito nacional).
    Coordinación e interrelación con organismos nacionales, internacionales y sobre todo valencianos…
    Peter Sloterdijk

    Sloterdijk por Adolfo Vásquez Rocca


    Contenido del Libro

    Artículos Publicados en Revistas Internacionales y Consignados en el Directorio DIALNET

    Adolfo Vásquez Rocca

     

     

     

     

    Prólogo


    Los Artículos que aquí se presentan por primera vez bajo la forma de libro han aparecido previamente en Revistas Internacionales de Filosofía, principalmente españolas, y otras tantas de Chile, Argentina y México. Ellos han sido, a su vez, resultado del trabajo investigador y docente desarrollado tanto en el Seminario monográfico sobre Sloterdijk dictado desde hace algunos años en el Programa de Postgrado en Filosofía de la PUCV, como en cursos de Postgrado y Conferencias impartidas como profesor invitado en Universidades de México, entre las que se cuentan la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla BUAP y la Universidad Nacional Autónoma de México UNAM. Con justicia, cabe señalar la importancia de las traducciones al español de la trilogía Esferas, llevada a cabo por Isidoro Reguera, bajo el alero de la editorial Siruela de Madrid.


    Entre las entidades españolas a las que cabe agradecer por hacer posible este Libro se cuenta en primer término la Institució Alfons el Magnànim que publica la obra en su Colección “Pensamiento y Sociedad”, bajo la dirección editorial de la Dra. Rosa María Rodríguez Magda –impulsora de este Proyecto– así como a la Revista Debats –perteneciente a la misma entidad editora– y que publicó en su oportunidad [/debats/num/94/otoño/2006] el Ensayo central que da título a la presente obra.


    Cabe una mención a las importantes Revistas que, en su momento, acogieron y publicaron alguno de los Artículos que aquí se publican y otros que se reservan para una eventual segunda entrega, entre ellas se cuentan: ‘Philosophica’ – Revista del Instituto de Filosofía de la PUCV–; ‘Konvergencias’ –Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo, Argentina; ‘Cuadernos del Seminario’ –Revista del Seminario del Espacio, Estudios Avanzados de la PUCV.– ; ‘Eikasia’ –Revista de Filosofía, ISSN 1885-5679 – Oviedo, España–; ‘Cuenta Y Razón’ –Revista de la Fundación de Estudios Sociológicos (FUNDES) de Madrid, Fundada por Julián Marías; Revista ‘Cuadrante Phi’ –Publicación de la Facultad de Filosofía de la Pontificia Universidad Javeriana– Bogotá, Colombia; ; ‘Revista de Humanidades’ –Tecnológico de Monterrey– México; ‘Gazeta de Antropología’ –Universidad de Granada– España; ‘La lámpara de Diógenes’ –Benemérita Universidad Autónoma de Puebla–; ‘Cuaderno de Materiales’ –Revista de Filosofía y Ciencias Humanas– Gestionada por la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid; ‘AdVersuS’ –Revista de Semiótica– Centro di Ricerca Semiotica “Ferruccio Rossi-Landi” (CRS), del Instituto Italoargentino di Ricerca Sociale, etc.


    Finalmente no puedo dejar de mencionar a la Universidad Complutense de Madrid y al programa de Doctorado del Departamento de Filosofía IV, donde desarrollé las líneas de investigación en torno a la Estética contemporánea que han dado lugar a buena parte de los Artículos publicados en este Libro. Investigaciones que han contado con el valioso respaldo del grupo Theoria –Proyecto Crítico de Ciencias Sociales UCM– bajo la persona de su Director el Profesor Dr. Román Reyes quien ha alentado y propiciado la publicación de los avances en sucesivas entregas de la Revista ‘Nómadas’ –también bajo su Dirección– de los últimos Artículos que componen el estudio que aquí presento en versión ampliada, crítica y anotada.


    Adolfo Vásquez Rocca

    Valparaíso, Febrero de 2008

    Adolfo Vásquez Rocca

    Artículos de revistas (74)

    Artículos de revistas

    LIBRO Sloterdijk [Valencia, España] Anticipo

    https://i1.wp.com/bogarin.blogsome.com/images/Dr.AdolfoVsquezRocca.jpg


    Dr. Adolfo Vásquez Rocca

    KONVERGENGIAS, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo, Nº 16 – 2007, Capital Federal, Argentina, presenta con exclusividad dos capítulos del próximo Libro Peter Sloterdijk; Esferas, helada cósmica y políticas de climatización del Dr. Adolfo Vásquez Rocca, por Editorial de la Institución Alfons el Magnànim (IAM), Colección Pensamiento y Sociedad, Diputación de Valencia, España; publicación programada para Abril de 2008.

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    Dr. Adolfo Vásquez Rocca PUCV – UCM

    Peter Sloterdijk; Temblores de aire, atmoterrorismo y crepúsculo de la inmunidad (pp. 196-216)

    Artículo ” Peter Sloterdijk; Temblores de aire, atmoterrorismo y crepúsculo de la inmunidad” Prof. Dr. Adolfo Vásquez Rocca, PUCV – UCM, En KONVERGENCIAS, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo, Nº 16 – 2007, Capital Federal, Argentina, pp. 196-216

    .
    Peter Sloterdijk; Espumas, mundo poliesférico y ciencia ampliada de invernaderos (pp. 217-228)

    Dr. Adolfo Vásquez Rocca PUCV – UCM

    .
    – Artículo “Peter Sloterdijk; Espumas, mundo poliesférico y ciencia ampliada de invernaderos “ Prof. Dr. Adolfo Vásquez Rocca, PUCV – UCM, En KONVERGENCIAS, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo, Nº 16 – 2007, Capital Federal, Argentina, pp. 217-228

    http://www.konvergencias.net/vasquezrocca155.pdf


    KONVERGENCIAS
    Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo
    Año V, Número 16, Tercer Cuatrimestre 2007
    Capital Federal, Argentina
    http://www.konvergencias.net/

    Referencias de Autor
    CV. Prof. Dr. Adolfo Vásquez Rocca
    http://www.danoex.net/adolfovasquezrocca.html

    Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, Estética y Pensamiento Contemporáneo. Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la PUCV, Profesor de Antropología y de Estética en el Departamento de Artes y Humanidades de la Universidad Andrés Bello UNAB. En Octubre de 2006 y 2007 es invitado por la Fundación Hombre y Mundo y la UNAM a dictar un Ciclo de Conferencias en México. Profesor visitante de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Profesor asociado al Grupo Theoria, Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado UCM.


    Publicaciones Internacionales Catalogadas (DIALNET)

    http://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=1053859


    Directorio de recursos digitales – Ministerio de Cultura, España

    http://roai.mcu.es/es/consulta/busqueda_referencia.cmd?campo=idautor&idValor=3440


    Publications Scientific

    http://de.scientificcommons.org/adolfo_vásquez_rocca

    La Institució Alfons el Magnànim (IAM)

     

     

    PATRIA Y GLOBALIZACION Peter Sloterdijk (Notas sobre un recipiente hecho pedazos)

    Peter Sloterdijk

    La palabra Heimat (patria) forma parte de un núcleo lingüístico cargado atmosféricamente que constituye algo intraducible, propio de la territorialidad de la lengua alemana. Aun así, aquello que denomina no debería verse como una vía específicamente alemana hacia el ser-en-el-mundo. Todas las lenguas de las culturas altamente desarrolladas son capaces de expresar el concepto de “patria” con sus propios medios, aun cuando el color sonoro de esas expresiones varíe de país en país y de lengua en lengua.

     

     

     

    La razón de esa capacidad común podemos encontrarla en experiencias análogas del desarrollo cultural. Así, con conceptos como “tierra”, “pueblo” y “madre patria”, los pueblos que tras la revolución neolítica comenzaron a cultivar la tierra caracterizaban el lado positivo de su sedentarismo. En las diferentes expresiones que daban al espacio con el que se habían familiarizado, los pueblos sedentarios articulaban su simbiosis con un suelo que, a la vez que los alimentaba, era el depositario de sus muertos. En las palabras que expresan las ventajas de tener un espacio de residencia propio, esos pueblos manifiestan su patriotismo agrario. Es también por eso que la palabra alemana Heimat (patria) forma parte de una reserva de signos cuya poca de validez principal evidentemente ha terminado: esto es, el vocabulario guía de la sociedad agraria, con su política y su metafísica.

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     Filosofía  Jünger y Sloterdijk Guerra química  por Adolfo Vásquez Rocca

    Quien dice patria reclama su derecho de poder florecer, como una planta de segundo orden, por debajo de la vegetación del suelo que habita. El sujeto que se define por su referencia a una patria es como un animal que hubiera hecho suyo el privilegio de las plantas de echar raíces.

     

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    Sloterdijk por Adolfo Vásquez Rocca en CUENTA Y RAZON

     

     

    Claro está que ese animal con raíces representa una imaginaria forma híbrida que, bajo condiciones históricas distintas, deberá pagar el precio de su imposibilidad biológica. El inicio de ese cambio histórico decisivo lo marcan las grandes doctrinas de la Edad Media asiática y europea, en las cuales el acento de la existencia humana pasó del arraigo nacional al desarraigo y de los usos y costumbres autóctonos a la ética mundial. Desde entonces, las raíces y el lugar de residencia se encuentran bajo reserva espiritual ya que una ética más elevada habrá de volverse contra todo tipo de etnocentrismo, racismo y racinismo (del francés racine: raíz). En ese sentido armonizan el budismo, que enseña el ascetismo del abandono del hogar; el estoicismo, que desea promover un exilio global del alma, y el cristianismo, que propone una ética de la peregrinación.

    Resulta fácil comprender que esas elevadas enseñanzas permanezcan por debajo de su nivel cuando son presentadas a los arraigados. Sin embargo, el destino del sujeto definido por su relación con una patria sólo habría de cumplirse hasta en el mundo moderno que, mediante la revolución antiagraria, condujo a la ciudadanización y la movilización de las formas de vida. El fin de la civilización sedentaria inaugura una época de crisis permanente del concepto de patria.

     

     

     

    Me gustaría llevar esas observaciones de carácter histórico a la pregunta sobre cómo ha afectado esta transformación la conciencia del hombre actual de los países movilizados, modernos, respecto a sus condiciones de residencia. Es un hecho que el mundo moderno ha creado una nueva política del espacio y una dinámica particular en cuanto a las formas de residencia. En nuestra época, todas las preguntas sobre la identidad social y personal se plantean desde el punto de vista de cómo, en macro-mundos llenos de movimiento y riesgos, puede ser posible establecer formas viables de residencia, o del estar-consigo-y-con-los-suyos. Filosóficamente visto, residir significa formar parte de un sistema inmunológico espacial o, en palabras de Hermann Schmitz, es la cultura de los sentimientos en un espacio de desasosiego.

     

    Portrait Adolfo Vásquez Rocca

     

    El nerviosismo globalizador actual refleja el hecho de que, además de los Estados nacionales, también las que hasta ahora eran las mejores condiciones políticas posibles de residencia —por decirlo así, la sala y el salón de conferencias de los pueblos democráticos (o quimeras populares)— se han vuelto intercambiables, y en esa sala nacional, aquí y allá, comienza a entrar una corriente muy desagradable. La proeza cultural del Estado nacional moderno fue, como puede apreciarse retrospectivamente, el haberle dado una especie de calor de hogar a la mayoría de sus habitantes; esa suerte de estructura inmunológica, a la vez real e imaginaria que, en el sentido más favorable del término, pudo ser vivida como punto de convergencia entre espacio y sí-mismo, como identidad regional. Esa proeza se realizó de forma más impresionante ahí donde el Estado de poder logró ser controlado de mejor manera y se transformó en un Estado benefactor. Pero justamente ese efecto de calor de hogar político-cultural es lo que se ve afectado por la globalización —con la consecuencia de que incontables habitantes de los Estados nacionales modernos no se sienten estar consigo mismos ni en su casa, y estando consigo mismos tampoco se sienten en su casa.

     

     

     

     

    La construcción inmunológica de la identidad político-étnica ha empezado a tambalearse ostensiblemente. Sobre todo, puede apreciarse de forma cada vez más clara que el vinculo entre espacio y sí-mismo no es tan estable cuando las condiciones cambian, como promulgó el folklore político del territorialismo, desde las culturas agrícolas arcaicas y antiguas hasta el Estado nacional moderno. Cuando la interdependencia entre espacios y sí-mismos se afloja o desaparece, pueden presentarse dos posiciones extremas en las que la estructura del campo social puede registrarse con una exactitud casi experimental, a saber: la de un sí-mismo sin espacio y la de un espacio sin sí-mismo.

    Por supuesto, todas las sociedades realmente existentes debieron buscar hasta ahora su modus vivendi entre esos dos polos —de forma ideal, lo más lejos posible de ambos extremos— y es fácil comprender que, también en el futuro, toda comunidad política real tendrá que dar una respuesta al doble imperativo de la determinación por el espacio y la determinación por el sí-mismo.

     

    Lo que más se acerca al primer extremo, el de la desvinculación del sí-mismo del espacio, es seguramente la Diáspora judía de los últimos 2000 años. No sin razón se ha dicho que el pueblo judío es un pueblo sin “fundamento”. Heinrich Heine llevó ese estado de cosas al terreno humorístico cuando dijo que el hogar de los judíos no estaba en ningún país sino en un libro —en aquella Torá que llevaban consigo como una “patria portátil”—. Esa elegante y aguda observación pone al descubierto un hecho de validez general pocas veces notado, a saber, que los grupos “de vida nómada” o “desterritorializados” no construyen su inmunidad simbólica y su coherencia étnica, o lo hacen sólo de modo secundario, en relación a un suelo sustentador, sino que su intercomunicación funge directamente como un “recipiente autógeno”1 en el que los participantes se contienen a sí mismos y se mantienen “en forma” mientras el grupo se desplaza a través de paisajes externos.

     

    Julie Andree

    Arte – Performance – Posmodernidad Políticas del cuerpo por Adolfo Vásquez Rocca

    En recipientes autógenos, al igual que en comunidades fuertes, se experimenta de forma directa la prioridad que la autorreferencia tiene sobre la territorialidad. Un pueblo sin tierra no puede ser víctima del sofisma que ha engañado a todos los pueblos sedentarios a lo largo de la historia, esto es: que la tierra es el recipiente del pueblo y el propio suelo el principio del que deriva el sentido de su vida y su identidad.

    Esa “territorial fallacy” (la falsa conexión entre el territorio y su propietario) es hasta hoy uno de los legados más efectivos y problemáticos de la era sedentaria, ya que en ella se afirma el reflejo básico de todo uso aparentemente legítimo de la violencia, la así llamada “defensa de la patria”. Esta falacia reposa sobre la obsesiva equiparación entre espacio y sí-mismo, la falacia originaria de la razón territorializada. Ese error fatal se ha puesto cada vez más al descubierto desde que una onda de movilidad transnacional, sin precedente en la historia, ha relativizado la ligazón entre pueblos y territorios. La tendencia hacia el sí-mismo multilocal es característica de la Modernidad avanzada —del mismo modo que la tendencia hacia el espacio poliétnico o “desnacional”—. Cuando el discurso de la Modernidad habla de la patria se refiere a un punto de partida del movimiento hacia el espacio terráqueo abierto y no al claustro regional ineluctable de antes.

    El antropólogo cultural indo-americano Arjun Appadurai llamó hace poco la atención sobre esas cosas al crear el concepto de “etnoescape”, que permite comprender procesos como la “desespacialización” progresiva (desterritorialización) con rasgos étnicos, la constitución de “comunidades imaginarias” fuera de toda referencia a lo nacional, y la participación imaginaria de innumerables individuos en las imágenes de otras formas de vida propias de otras culturas nacionales.2 De ese modo puede describirse de qué manera las formas de residencia modernas vinculan desarraigo y contacto con el suelo. En lo que atañe al judaísmo durante su periodo de exilio, resulta claro que su provocación consistió en restregarle a los pueblos del hemisferio occidental la paradoja aparente —en realidad un verdadero escándalo— de un sí-mismo sin espacio existente de facto.

    El otro polo, que adquiere cada vez contornos más claros a los ojos contemporáneos, lo constituye el fenómeno de un espacio sin sí-mismo. Las regiones de la Tierra deshabitadas son el primer ejemplo de él: los desiertos blancos (mundo polar), grises (altas montañas), verdes (selvas), amarillos (arena) y azules (océanos). Pero en este contexto, los desiertos externos tienen menos importancia que esos espacios cuasisociales en los que las personas se reúnen sin por ello querer (o poder) establecer un vínculo entre su identidad y la localidad. Eso puede aplicarse a todas las zonas de paso, en estricto y amplio sentido del término. Ya sean localidades destinadas al tránsito, como estaciones, puertos, aeropuertos, calles, plazas y centros comerciales, o se trate de instalaciones diseñadas para una estancia limitada como los centros vacacionales o las ciudades turísticas, plantas fabriles o asilos nocturnos.

    Adolfo Vásquez Rocca

     

     

    Tales espacios pueden poseer su propia atmósfera; sin embargo, su existencia no depende de una población regular o un sí-mismo colectivo que estuviera arraigado a ellos. Lo propio de ellos es no detener a sus visitantes o paseantes. Son tierra de nadie, a veces repleta, a veces vacía. Desiertos de paso que pululan en los centros sin núcleo y en las periferias híbridas de las sociedades contemporáneas.

    En dichas sociedades puede reconocerse sin mayor esfuerzo analítico que lo que hasta ahora constituía su normalidad —la vida en condiciones de hacinamiento masivo, ya sea regional o nacional, incluidos los fantasmas y narcisismos etnocéntricos— ha sido alterada de manera decisiva por las tendencias a la globalización. La licencia expedida desde tiempos inmemoriales para confundir país y sí-mismo no puede renovarse infinitamente. Por un lado, las sociedades modernas aflojan sus vínculos con el espacio en tanto las grandes poblaciones se apropian de una movilidad sin precedente en la historia. Por otro lado, aumenta dramáticamente el número de las zonas de paso donde las personas que las frecuentan no pueden establecer una relación de residencia.

    De esa forma, las sociedades globalizadas y móviles se acercan simultáneamente tanto al “polo nómada”, al sí-mismo sin espacio, como al polo desértico, al espacio sin sí-mismo —con un terreno intermedio que se va encogiendo sobre las culturas regionales que han florecido y las satisfacciones fieles al espacio.

     

     

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    Adolfo Vásquez Rocca

     

     

    La crisis formal de la moderna sociedad de masas (que actualmente se discute como crisis de los Estados nacionales) tiene así su origen en la erosión avanzada de las funciones étnico-regionales del contenedor. Lo que anteriormente se entendía, y comprendía, por “pueblo” o “sociedad” en el mayor de los casos no era sino el contenido de un recipiente de gruesas paredes, territorial y sostenido por símbolos, en el que casi siempre se hablaba un único idioma. Es decir, un colectivo que encontraba su autocerteza en un sistema nacional cerrado y oscilaba dentro de sus propias redundancias —lo cual difícilmente podía ser comprendido por los extraños—. Tales comunidades históricas que se situaban en la intersección entre el sí-mismo y el espacio, los así llamados pueblos, se encontraban, debido a sus características de autocontención, la mayoría de las veces sobre un mayor declive entre el interior y el exterior (un estado de cosas que en las culturas prepolíticas solía reflejarse como inocente etnocentrismo y, en el nivel político, como diferencia sustancial entre el interior y el exterior). Pero justamente esa diferencia y ese declive son los que hoy día, y debido a los efectos de la globalización, se nivelan cada vez más, y la situación inmunológica del contenedor nacional se vive cada vez más como algo problemático por los usuarios de condiciones de vida anteriores. Si bien es cierto que casi nadie que haya conocido los privilegios de la liberalidad moderna desea, en aras de las consignas militantes, que vuelva el reinado del Estado nacional, y menos aún el retorno a la autohipnosis totalitaria característica de las formas de vida tribales, para muchos el sentido y riesgo de la tendencia hacia un mundo de paredes delgadas y sociedades mezcladas es incomprensible y, además, se ve con recelo.

     

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    Roland Robertson opina, y es cierto, que la globalización es un proceso al que acompaña la protesta (a basically contested process).3 Pero la protesta contra la globalización es, también, la globalización misma —ella forma parte de la reacción inmunológica ineludible e ineluctable de los organismos locales contra la infección provocada por un formato mundial más elevado.

    El reto psicopolítico de la era global consiste en no ver el debilitamiento de la inmunidad tradicional y ética del contenedor como pérdida de forma y decadencia —vale decir, como ayuda ambivalente o cínica para la autodestrucción—. Lo que para los postmodernos está realmente en juego son diseños exitosos y condiciones de inmunidad dignas de ser vividas. Y esto es justamente lo que en sociedades de paredes delgadas puede volver a constituirse de múltiples formas —aunque, como siempre, no para todos.

    En ese contexto social-sistémico se revela el sentido inmunológico revolucionario de la tendencia actual hacia formas de vida individualistas, a saber: quizá por primera vez en la historia de las formas de vida homínidas y humanas, en las sociedades avanzadas los individuos, en tanto portadores de propiedades inmunológicas, se desprenden de sus cuerpos sociales (hasta ahora esencialmente protectores) y aspiran a desenganchar su felicidad y su desgracia del estar-en-forma de la comuna política. Esa tendencia encuentra su mejor encarnación en la nación piloto del mundo occidental, los Estados Unidos, donde el concepto individualista “pursuit of happiness”, desde 1776, constituye el fundamento del contrato social. Los efectos centrífugos de esa orientación hacia la felicidad individual fueron compensados mediante energías de la comunidad y la sociedad civil, de tal forma que la prioridad inmunológica tradicional del grupo frente al individuo parecía también haber encarnado en la síntesis de pueblos que constituyen los Estados Unidos.

     

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    Adolfo Vásquez Rocca

    Pero con el paso del tiempo se han invertido los augurios: en ninguna otra parte, en ninguna población, en ninguna cultura, el individuo se hace cargo, en tan gran medida, de sus necesidades biológicas, psicoétnicas y religiosas en la medida en que la abstinencia en el terreno político va creciendo. Durante las últimas elecciones presidenciales en los Estados Unidos se registró por primera vez una participación por debajo del 50%. Y en las recientes elecciones para la Cámara de Representantes y el Senado, en noviembre de 1998, alrededor de dos de cada tres votantes se abstuvieron de votar —para los expertos el nivel de participación en la votación, de casi un 38%, fue un resultado relativamente bueno.

     

    Ello nos revela una situación en la que la mayoría de los individuos cree poder desolidarizarse del destino de su comunidad política imaginando, con buen fundamento, que, de ahora en adelante, el óptimo inmunológico del individuo no se encuentra (o sólo en contadas excepciones) en el colectivo nacional —parcialmente, quizás en el sistema de solidaridad de su “minoría” o su community—. Donde más claramente lo encuentra es asegurándose de forma privada, sea en el terreno religioso, dietético, gimnástico o de las compañías de seguros.

    El axioma del orden inmunológico individualista se propaga en las masas de los individuos centrados en sí mismos como una nueva evidencia vital: que nadie hará por ellos lo que ellos no hagan por sí mismos. Las nuevas técnicas inmunológicas se recomiendan como estrategias existenciales en sociedades constituidas por individuos para los cuales la Larga Marcha hacia la flexibilidad, el debilitamiento de la “relación de objeto” y la licencia general para mantener relaciones de infidelidad o relaciones reversibles entre personas y espacios, haya alcanzado su culminación lógica.

    Adolfo Vásquez Rocca

     

     

    En un mundo así, la antigua sabiduría del emigrante: ubi bene ibi patria, será obligatoria para todos. Y es que la patria como espacio de la buena vida es cada vez menos fácil de encontrar ahí donde, por un accidente de nacimiento, cada quien está. Sin importar donde se esté, la patria debe ser reinventada permanentemente mediante el arte de saber vivir y las alianzas inteligentes.

     

    Notas

    1Acerca de esta expresión, cf. Peter Sloterdijk: Spharen I. Blasen, Suhrkamp Verlag, Frankfurt a. M., p. 60 ss.

    2 Cf. Arjun Appadurai: “Globale ethnische Raume. Bemerkungen und Fragen zur Entwickulng einer transnationalen Anthropologie”, en Perpektiven der Weltgesellschaft, Ulrich Beck (ed.), Suhrkamp Verlag, Frankfurt a. M., pp. 11-40.

    3 Roland Robertson: Globalization: Social Theory and Global Culture. Sage Publications, London, p. 182.

    Peter Sloterdijk.

    Peter Sloterdijk ©Adolfo Vásquez Rocca

    Seminario ‘Peter Sloterdijk, un pensador Estético’ – Prof. Dr. Adolfo Vásquez Rocca

    INSTITUTO DE FILOSOFÍA

    PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE VALPARAÍSO

     

    Seminario “Peter Sloterdijk, un pensador Estético”

     

    Prof. Dr. Adolfo Vásquez Rocca

    PROGRAMA

    Seminario: Peter Sloterdijk, un pensador Estético

     

    Prof. Dr. Adolfo Vásquez Rocca

    http://www.danoex.net/adolfovasquezrocca.html

     

    Modalidad: Seminario de Postgrado

     

     

    Peter Sloterdijk

    Bibliografía:

     

    http://www.psikeba.com.ar/recursos/autores/sloterdijk.htm

     

     

    Contenidos del Seminario:

     

     

    1.- Sloterdijk Un pensador Estético; El artista como teórico

     

    • Problematización del concepto de Arte y sus perplejidades ante el enunciado: “Esto es arte”

    • Arte conceptual y postconceptual

    • El giro Estético de la epistemología; La ficción como conocimiento, subjetividad y texto.

    • Los mapas cognitivos bajo los conceptos de paradigmas y meta-relatos culturales.

    • La metafórica de Sloterdijk:

    • Metafórica de la navegación; clérigos a bordo

    • Éxtasis náuticos

    • La metafórica de las Esferas: Burbujas, Globos y Espumas

    • Microesferas íntimas y “úteros fantásticos para masas infantilizadas”

    • Provincialismo global, frío estelar y complejidad extrahumana.

    • La emergencia del humano potencial de traslado; El shock de transcolonización y el desenraizamiento existencial

    • Conjeturas sobre el animal que topa consigo, se propone lo grande, a menudo no avanza un paso y, a veces, esta harto de todo

    2.- El hombre como experimento sonoro.

    • ¿Dónde estamos, cuando escuchamos música?

    • Experimentos con uno mismo; la escucha de sí.

    • El metafísico animal de la ausencia.

    • La música como “analogía tonal de la vida emotiva

    • El secuestro del ánimo

    • El espacio interior acústico de la escucha fetal

    • El pensamiento polifónico y la mácula sorda

    • Las metáforas auditivas en la filosofía; Heidegger y Sloterdijk

    • La escucha de sí como fundamento de toda intimidad

    • El olvido del ser desde todos los altavoces y las masas desespiritualizadas.

    • Las prácticas de silencio y la política como una forma cultural del hábito de hablar a gritos

     

    3.- El arte se repliega en sí mismo.

    • La producción indiscriminada de obras

    • Inflación de las Exposiciones; Galerías de arte, marchantes de Arte, curadores y otros esperpentos.

    • La así llamada Novela del Arte.

    • Forma y valor de la obra de Arte; el estatuto ontológico y psico-político de al obra de arte.

    • Obras y Exposiciones como acciones bursátiles estéticas

    • Consumo cultural, políticas de identidad y el posmodernismo en el Arte.

    • ¡El arte abandona la Galería! ¿Adónde va?…

    • De la muerte del arte al postvanguardismo: eclecticismo, citacionismo, fragmentación, ironización y reapropiacionismo

    • Sloterdijk y Baudrillard; alteridad, seducción y simulacro – Lo hiperreal.

    • De la metástasis de la imagen a la incautación de lo real

    4.- Estética Política y Telecomunicaciones

     

     

    • Las imágenes híbridas de la posmodernidad

    • Estética y globalización

    • Patria y globalización; Notas sobre un recipiente hecho pedazos

    • Telecomunicaciones; ontología de las distancias

    • Flujos y redes; De la ontología de las distancias al surgimiento del ‘provincianismo global”

    • Sobre capitalismo, telepatía y mundos asesores

    • Temblores de aire; en las fuentes del terror

    • Guerra medioambiental y el atmoterrorismo; el frágil respiro de los muertos.

    • El régimen del sabotaje y la lógica del pánico como argumento central de la política.

    • El detonante iconográfico y operístico de la política de masas

    • El Fascismo como metafísica de la inmoderación; como síntesis de humanismo y barbarie o la coincidencia paradojal de inhibición y desinhibición.

    • La política como arte; ‘belleza’ convulsiva y proyecto nacionalsocialista

    • El Desprecio de las Masas

    • El artista como dictador social y el político como escenógrafo

     

    5.Filosofía, Urbanismo y Arquitectura; Espacio tanatológico

    • El diseño de la ciudad; mirada reticular y mirada fragmentada

    • Arcas, murallas, de ciudad y fronteras del mundo

    • Para una ontología del espacio cercado

    • El vértigo de la sobremodernidad; “no lugares”, espacios públicos y figuras del anonimato

    • Los ‘no lugares’ y el turismo a gran escala

    • La ciudad como museo

    • Ciudades y desastres

    • Sloterdijk: El palacio de cristal; traumas urbanos

    • Sloterdijk; Espacio tanatológico, duelo esférico y disposición melancólica

    • Cultura, muerte y espacios interiores para las emociones escindidas.

    • Autocobijo y sistemas metafísicos de inmunidad.

    • El Duelo Esférico1; Sobre la pérdida del ‘nobjeto’ y la dificultad de decir lo que falta.

    • Sloterdijk y Jean-Luc Nancy; De la Filosofía del cuerpo a las metáforas de la enfermedad

    • Body Art; políticas del cuerpo humano y social.

    • Estética y Biotecnología

    • Metáfora viral, Escatología de la enfermedad y Literatura conspirativa

    • Sloterdijk; del pesimismo metodológico al cinismo difuso de nuestras sociedades exhaustas

    Prof. Dr. Adolfo Vásquez Rocca

     

    BIBLIOGRAFÍA:

    SLOTERDIJK, Peter, Crítica de la razón cínica, (Re-edición) Siruela, Madrid, 2004.

    SLOTERDIJK, Peter, Temblores de aire, en las fuentes del terror, Ed. Pre-Textos, Valencia 2003

    SLOTERDIJK Peter, El arte se repliega en sí mismo – Peter Sloterdijk

    SLOTERDIJK Peter, El pensador en escena; el materialismo de Nietzsche, Ed. Pre-Textos, Valencia, 2000.

     

    SLOTERDIJK Peter, El Palacio de Cristal, Conferencia.

     

    SLOTERDIJK, Peter, “Normas para el parque humano; una respuesta a la Carta sobre el humanismo”. Ediciones Siruela, Madrid, 2000.

    SLOTERDIJK, Peter, “El hombre más independiente de Europa”, Conferencia pronunciada, 2000.

     

    SLOTERDIJK, Peter, Extrañamiento del mundo, Editorial Pre-textos, Valencia, 2001

     

    SLOTERDIJK, Peter, “El hombre auto-operable; Notas sobre el estado ético de la tecnología génica, En Revista Sileno, Madrid, 2001.

     

    SLOTERDIJK, Peter, El desprecio de las masas; Ensayos sobre las luchas culturales de la sociedad moderna, Editorial Pre-textos, Valencia, 2002. SLOTERDIJK, Peter,, Pre-textos, Valencia, 2001

     

    SLOTERDIJK, Peter, Experimentos con uno mismo, Editorial Pre-Textos, Valencia, 2003.

     

    SLOTERDIJK, Peter, Esferas I. Burbujas , Ediciones Siruela, Madrid, 2003.

    SLOTERDIJK, Peter, Esferas II. Globos. Macroesferología,. Siruela, 2004.

     

    SLOTERDIJK, Peter, Esferas III , Espumas, Editorial Siruela, Barcelona, 2005

     

    BAUDRILLARD, Jean, La transparencia del mal (1989) Anagrama, Barcelona, 1990.

     

    VIRILIO, Paul, Ville panique, Ailleurs commence ici, Galilée, 2004

     

    DUQUE, Felix, En torno al humanismo. Heidegger, Gadamer, Sloterdijk, Editorial Tecnos, Madrid, 2002.

     

    GIRARD, René, La violencia y lo Sagrado, Editorial Anagrama, Barcelona, 1995.

     

    CANETTI, Elías (1960), Masa y poder, Ed. Alianza, Muchnik, Madrid, 1997

     

     

    ARTÍCULOS:

     

    VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “Sloterdijk; Temblores de aire, atmoterrorismo y crepúsculo de la inmunidad” En A Parte Rei, Nº 53, Sociedad de Estudios Filosóficos, Madrid, 2007
    http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/vasquez53.pdf

     

    SLOTERDIJK, Peter, El arte se repliega en sí mismo – En Revista Observaciones Filosóficas

     

    VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “Sloterdijk y Canetti; El detonante iconográfico y operístico de la política de masas”, en NÓMADAS Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas. Universidad Complutense de Madrid, | Nº 15 | Enero-Junio 2007, pp. 201-214, http://www.ucm.es/info/nomadas/15/avrocca_detonanteiconografico.pdf

     

    VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, Artículo “Peter Sloterdijk: Espacio tanatológico, duelo esférico y disposición melancólica” En NÓMADAS, Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas ISSN 1578-6730 – Universidad Complutense de Madrid, | Nº 17 | Enero-Junio 2008 -1º | En Prensa http://www.ucm.es/info/nomadas/17/avrocca_sloterdijk2.pdf

    VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “El vértigo de la sobremodernidad; “no lugares”, espacios públicos y figuras del anonimato”, En U&P Revista de Diseño Urbano y Paisaje, Universidad Central de Chile, Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Paisaje, FAUP, ISSN 0717- 9758, Volumen IV, Nº10, 2007.
    http://www.ucentral.cl/Sitio%20web%202003/Revista%20Farq/pdf/10_vertigo_delasobremodernidad.pdf
    VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “Peter Sloterdijk;. Esferas, helada cósmica y políticas de climatización”, En Debats, ISSN 0212-0585, Nº 94, 2006, pags. 6-13, Universidad de Valencia; y Eikasia, Revista de Filosofía, 5 (julio 2006); http://www.revistadefilosofia.com/SLOTERDIJK.pdf
    SLOTERDIJK, Peter, Patria y globalización; Notas sobre un recipiente hecho pedazos
    VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “El Giro Estético de la Epistemología; La ficción como conocimiento, subjetividad y texto”, En Revista AISTHESIS, Instituto de Estética de la Pontificia Universidad Católica de Chile, PUC, Nº 40, 2006.
    http://www.puc.cl/estetica/html/revista/pdf/Adolfo_Vssquez.pdf

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    Artículos relacionados:
    Peter Sloterdijk: Esferas, flujos, sistemas metafísicos de inmunidad y complejidad extrahumana – Adolfo Vásquez Rocca. En NÓMADAS Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas. Universidad Complutense de Madrid, | Nº 17 | Enero-Junio 2008 | En Prensa / Y Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo, Córdoba, Argentina, Nº 15, Año IV, Segundo Cuatrimestre 2007, (pp. 93 -100) http://www.konvergencias.net/vasquezrocca140.pdf

     

    • Sloterdijk; De la ontología de las distancias al surgimiento del ‘provincianismo global’ – Liliana Vásquez Rocca, en Psikeba – Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, Buenos Aires, ISSN 1850-339X, 2007.

    • As influências gnósticas de Peter Sloterdijk, José Luiz Bueno, En Revista Observaciones Filosóficas, 2007.

    • Peter Sloterdijk, El Pensador en Escena; ‘Das Philosophische Quartett’ – Adolfo Vásquez Rocca

    • La evolución del mundo como una fiesta de suicidas; Sloterdijk y el pesimismo metodológico” – Adolfo Vásquez Rocca. En Luke, Revista de Arte y Literatura Contemporánea, N º 86, junio, 2007, España.

    • Peter Sloterdijk: Esferas, flujos, sistemas metafísicos de inmunidad y complejidad extrahumana – Adolfo Vásquez Rocca. En NÓMADAS Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas. Universidad Complutense de Madrid, | Nº 17 | Enero-Junio 2008 | En Prensa

    • Peter Sloterdijk; miembro de la Academia de las Artes de Berlín y de ‘Das Philosophische Quartett’ – Adolfo Vásquez Rocca. En Escáner Cultural, Revista de arte
      contemporáneo y nuevas tendencias, Nº 96, Santiago

    • Peter Sloterdijk y Nietzsche; De las antropotecnias al discurso del posthumanismo y el advenimiento del super-hombre – Adolfo Vásquez Rocca

    • Peter Sloterdijk; El post-humanismo: sus fuentes teológicas y sus medios técnicos – Adolfo Vásquez Rocca

    • De la escuela cínica al cinismo contemporáneo de Sloterdijk – Adolfo Vásquez Rocca

    • Música concreta y Filosofía contemporánea; Registros polifónicos de John Cage a Peter Sloterdijk – Adolfo Vásquez Rocca

    • Peter Sloterdijk: ‘Extrañamiento del mundo’. Abstinencia, drogas y ritual – Adolfo Vásquez Rocca

    • Peter Sloterdijk; la música de las esferas y la era antropotécnica – Adolfo Vásquez Rocca

    • Peter Sloterdijk ¿dónde estamos, cuando escuchamos música? – Adolfo Vásquez Rocca

    • Peter Sloterdijk; El Desprecio de las Masas, consideraciones en torno al poder – Adolfo Vásquez Rocca

    • Peter Sloterdijk: de las ‘Normas para el Parque humano’ a la biotecnología y el discurso del posthumanismo – Adolfo Vásquez Rocca

    • Peter Sloterdijk: Esferas, helada cósmica y políticas de climatización – Adolfo Vásquez Rocca

    • Peter Sloterdijk y la metafórica de la navegación – Pablo Gutiérrez Echegoyen

    • Sloterdijk y la ontogénesis del ser humano; la planta y el animal que hay en nosotros – Dra. Carolina Villagrán M. En Revista Observaciones Filosóficas, 2007.

    • Solterdijk; organicidad metafórica, modelos de comunicación y crítica del psicoanálisis fundacional – Lic Carlos Reyes González. En Revista Observaciones Filosóficas, 2007.

    • Peter Sloterjijk, la escucha de sí y el olvido del Ser desde todos los altavoces – Adolfo Vásquez Rocca

    • “Peter Sloterdijk; del pesimismo metodológico al cinismo difuso de nuestras sociedades exhaustas. “, En Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo, Córdoba, Argentina, Nº 15, Año IV, Segundo Cuatrimestre 2007, (pp. 84-92). – Adolfo Vásquez Rocca

    • “Peter Sloterdijk, Esferas, flujos, sistemas metafísicos de inmunidad y complejidad extrahumana. “, En Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo, Córdoba, Argentina, Nº 15, Año IV, Segundo Cuatrimestre 2007, (pp. 93 -100). – Adolfo Vásquez Rocca

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    Adolfo Vásquez Rocca

    Prof. Dr. Adolfo Vásquez Rocca

    Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
    Universidad Complutense de Madrid
    Universidad Nacional Andrés Bello – UNAB
    E-mail: adolfovrocca@gmail.com

    FILOSOFÍA Y GLOBALIZACIÓN SLOTERDIJK; DE LA ONTOLOGÍA DE LAS DISTANCIAS AL SURGIMIENTO DEL ‘PROVINCIANISMO GLOBAL’ Por Liliana Vásquez Rocca

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    Lic. Liliana Vásquez Rocca [*]

     

    Resumen:

    Este ensayo busca dar cuenta del proceso de globalización, a partir del anuncio que hace Sloterdijk del fin del cosmopolitismo y el surgimiento del ‘provincianismo global’. De la globalización electrónica informática, en la que los hombres superan las distancias, y el mundo vuelve a hacerse más pequeño. También se propone un análisis de las fronteras como configuraciones móviles, la crisis de los Estados Nacionales y la emergencia de un espacio sin sí mismo, esto es, como mero espacio de tránsito.

     

    Palabras Clave:

    Globalización, hibridación, cultura, distancia, esfera, espacio, Estado-nación, identidad, frontera.

    1.

     

    Peter Sloterdijk en “La última esfera, historia de la globalización terrestre[1] pone de manifiesto su interpretación del desarrollo de estos procesos desde la época de la colonización hasta lo que él denomina sociedades de paredes finas y que no es otra cosa que el escenario de la época actual marcada por la globalización, que debe ser entendida más allá del sentido clásico de la eliminación de fronteras[2], como un proceso de desterritorialización, un movimiento de descentramiento donde se produce una combinación entre lo geográfico, lo simbólico y lo disciplinario. Las fronteras se vuelven móviles, cambian dependiendo del espacio en el cual se encuentra el individuo.

     

     

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    En el texto referido Sloterdijk presenta una teoría de la reconfiguración del espacio y del tiempo, donde en uno de sus más polémicos planteamientos señala que el problema fundamental de la Filosofía no es el tiempo, sino el espacio. Esto quiere decir, entre otras cosas, que los estudios culturales actuales deben ser una investigación de los espacios y los desplazamientos, esto es, de las formas de tránsito -espacios de tránsito- del ser humano como fugitivo del cosmos. Desde esta perspectiva sloterdijkdiana, acuerdo al proyecto Esferas que no es otro que el de repensar las configuración de espacios y climas donde existe y se desarrolla el ser humano, donde el hombre construye y reconfigura sus relaciones emocionales, protege su intimidad, acaricia sus afectos e hilvana sus historias. El espacio donde enfrenta sus miedos y se arroja a sus proyectos, donde tienen lugar catastrofes y restauraciones inmunológicas, entre una historia de separaciones, asentamientos y repatriaciones -reales y simbólicas.

     

     

     

     

    Liliana Vásquez Rocca

    Desde la terminología de Sloterdijk estar en el mundo es vivir en esferas, espacios de relación, climas o atmósferas, “espacios de coexistencia, que se pasan por alto o se consideran comúnmente como dados encubriendo así la información crucial para desarrollar una comprensión de cómo somos los seres humanos. La exploración de las esferas comienza con la diferencia básica que existe entre los mamíferos y otros animales; la comodidad biológica y utópica que los seres humanos intentan reconstruir mediante la ciencia, la ideología y la religión. De estas microesferas (relaciones ontológicas del tipo feto-placenta) a las macroesferas (los macro-úteros, estructuras políticas que adoptan la forma de naciones o de Estados), Sloterdijk analiza así las esferas donde los seres humanos intentan sin éxito morar y refiere a una conexión entre la crisis vital (como la separación narcisista) y las crisis que se generan cuando una esfera estalla”[3].

    En este espacio esferológico propuesto por Sloterdijk es donde se va desarrollando el proceso globalizante, que no es de reciente data, sino un cambio que se ha venido gestando desde la colonización de América y la era de los primeros viajes de descubrimiento.

    Aquí es fundamental comprender el hecho humano como una historia de la espacialidad y la búsqueda de nuevos lugares, de habitáculos de recambio para el fugitivo del cosmos. Y como correlato de esto el mundo contemporáneo se nos ofrece con su disposición expansiva, donde pareciera que el mundo huye de sí mismo en sí mismo. La paradoja de la globalización es que allí donde todo es centro no puede existir un verdadero centro.

    Es curioso que la palabra descubrimiento no aprezca en los diccionarios de Filosofía, cuando es lo que da lugar a toda ulterior pesquiza.

     

     

     

    Liliana Vásquez Rocca

     

    2.

    Sloterdijk sostiene que una primera y temprana globalización tuvo lugar mediante la colonización que se dio en el siglo XVIII. Dado que en estos procesos de conquista de nuevos territorios el europeo alfabetizado nunca se sintió completamente distante de sus sistemas de sentidos patrios, esto aún cuando se encontrase en una remota isla, fue necesario un elemento que al modo de constelaciones guiara estas nuevas navegaciones ahora existenciales surgiendo así la necesidad de un cielo común, bajo el que pudieran reunirse y -en algún sentido- atenuarse todas las soledades de los primeros exploradores en los confines del nuevo mundo. El sustento que permitió esta globalización, esta integración de un alma y mente común, que además compilara los nuevos saberes y el desarrollo de las incipientes ciencias etnográficas fue -sin duda- la Enciclopedia. La Enciclopedia elimina la sensación de des-ubicación y deriva del ser humano, otorgando seguridad y pertenencia, un reconocimiento, un periscopio, un remanzo contemplativo. “El baldaquín bajo el que se reúnen todas las soledades de los exploradores tenía que ser un fantástico libro integral: un libro de los récords cognitivos en el que no se olvidara a nadie que hubieses destacado como aportador de experiencia y como contribuyente al gran texto de la colonización del mundo”[4]. Esta fue, precisamente la función de la Enciclopedia, servir de interconexión de los nuevos saberes, nuevos mundos híbridos, la contaminación cultural, la pérdida y la reapropiación de sentidos y los nuevos hombres que en lejanas tierras comenzaron a experimentar la extrañeza del mestizaje y la eclosión de los límites del mundo.

     

     

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    En este devenir el ser humano se plantea la tarea de ordenar en una sola mirada abarcante este nuevo conocimiento en gestación, misión -en un primer momento- de lingüistas y etnólogos quienes en una tarea de ingeniería tendieron puentes para lograr encuentros con lenguas extranjeras, posibilitando la expansión del saber de la época a los distintas latitudes de la tierra. Desde esta perspectiva, la de la traducción, existían dos caminos posibles: la imposición por medio de la fuerza de las lenguas de los señores de los feudos o la contaminación por parte pequeñas conspiraciones de lenguajes marginales desde la periferia al centro, penetrando el núcleo del saber europeo por pequeñas asoladas indigenistas -por las lenguas concretas, por el habla ancestral y telúrica de los colonizados- logrando contagiar un virus hipertextual y expansivo en el seno mismo del habla de los así mismos llamados señores.

     

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    Liliana Vásquez Rocca

     

    Es así como la traducción se vuelve la clave de los procesos esferopoiéticos concretos y regionales. Uno de los ejemplos más claro de este proceso casi hegemónico fue la traducción de textos de la tradición cristiana. Esta traducción viene a convertirse en una especie de colonización del inconsciente colectivo, de naciones y pueblos, pero la pregunta que surge aquí es si esta traducción no es si no, otro tipo de invasión, ¿es posible traducir culturas sin existir los contextos necesarios para su interpretación idónea? La Biblia, por ejemplo está traducida a más de dos mil cuatrocientas lenguas, pero su contenido habrá sido interpretado de la manera correcta. De qué modo se produce la adaptación de los designios de Dios a cada cultura.

    Desde mi punto de vista la expansión del conocimiento ‘oficial’ viene a ser el envoltorio de seguridad para el ser humano de la época, el resguardo del desarraigo del venir al mundo, sin embargo, Sloterdijk hace “estallar la herencia de la ilustración y la creencia en el progreso, proclama el fin del totalitarismo metafísico y la caducidad de la fatiga nihilista para encarar el mundo contemporáneo, abriendo una brecha entre los apocalípticos y los entusiastas de las nuevas tecnologías, incluida la genética, ha cambiado el eje del preguntar filosófico desde el tradicional ¿quiénes somos? al innovador ¿dónde estamos?.”[5].

     

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    Liliana Vásquez Rocca

     

    3.

    Ahora bien, qué ocurre cuando producto del desarrollo de las nuevas tecnologías y el avance de los medios de comunicación, sobretodo lo que se refiere a Internet y las posibilidades de conexiones que esta herramienta provoca, el mundo se vuelve sincrónico haciendo que se viva un presente común, vemos las noticias al instante en todo el mundo. En tiempos pasados las noticias tardaban días en llevar al último lugar recóndito de la tierra, sin embargo, ahora está presente desde el mismo instante en que están ocurriendo los hechos, es el caso del conflicto israelí, las ganancias de la bolsa de China o la suspensión del gas desde Argentina a Chile. Se nos instala el concepto del “instante”, el momentum como lo define Sloterdijk, como modo de vivencia cotidiana, sin distancias espaciales, el espectro espacio se torna gigantesco. Lo lejano se vuelve cercano. Vivimos en un espacio y tiempo donde las fronteras (terrenales – simbólicas) existen por todas partes, las fronteras pone los límites donde los individuos se pueden mantener dentro o fuera de una zona. Salir de estos límites, sin duda, representa un desafío, presupone un gran riesgo, por eso es que generalmente, los hombres no cruzan las fronteras y se mantienen aislados en una esfera (estable). Sin embargo, con esta movilidad de la frontera, el hombre debe aprender a convivir (sobrevivir) en este espacio cambiante.

     

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    En lo que respecta al tiempo, estamos ante unos medios dedicados a fabricar presente, lo que sólo puede producirse mediante el debilitamiento del pasado, de la conciencia histórica, desde esta lógica por ejemplo, las tradicionales plazas de las ciudades de cualquier ciudad del mundo significaban lugares de encuentros sociales, donde se hacía política, el lugar donde se producía la socialización, sin embargo, ahora este espacio ha sido reemplazado por la moda del mall, estas imponentes construcciones modernas, aglutinan a jóvenes y adultos como un bricolaje de la moda mundial. También este debilitamiento se puede ver reflejada en la conciencia políticas donde son evidentes la disminución de los sujetos comprometidos con la discusión y actuación política de su país.

     

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    Liliana Vásquez Rocca

     

    “Cubiertas virtuales han sustituido al imaginado cielo de éter de otros tiempos; mediante sistemas de transmisión la eliminación de la lejanía se ha implementado técnicamente por doquier en los centros de poder y consumo. Desde el punto de vista aeronáutico la tierra se ha reducido a un trayecto en jet de cincuenta horas como máximo; en el caso de las vueltas en torno a la tierra de los satélites y de las circunvoluciones-Mir, se han conseguido unidades de tiempo de noventa minutos y menos; para mensajes de radio y de luz la tierra se ha reducido casi a un punto fijo: rota como esfera temporal-compacta en una mantilla electrónica que la rodea como una segunda atmósfera”[6].

    En este nuevo espacio esferológico, Sloterdijk nos plantea la idea que esta globalización (espacio-temporal) arrasa con cualquier pueblo que quiera mantenerse intacto producto de la revolución destructora de la lejanía: la Modernidad. “a causa de su desdichada accesibilidad por los otros agresores, viven en uno y el mismo planeta, en la estrella de los descubiertos”.

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    Liliana Vásquez Rocca

    Es el reino -planetario por lo demás- de lo sincronizado, donde se priorizan los acontecimientos cotidianos sin grandes análisis y que desde la perspectiva comunicacional, buscan el efecto inmediato de la tele-audencia facilista. La convergencia temática que envuelve a este espacio es el de las actualidades. Esto es lo que Sloterdijk llama el despiadado imperativo-día, en donde ya no hay tiempos-afuera, el mundo ha perdido sus sombras.

    Cómo entonces, el ser humano reorganiza su estabilidad tensional si sus espacios de tranquilidad y seguridad comienzan a ser invadidos desde fuera (hasta ese momento). Ya su intimidad, su casa a donde regresa todos los días después de deambular por los espacios de tránsito no es el asilo del mundo y su esencia domiciliaria se transforma bruscamente en la del vendedor viajero que vive siempre en trayecto, sin retorno[7], ya no está aislado del mundo externo. Los espacios seguros (en Sloterdijk la interioridad, intimidad) se entremezclan con los espacios extrañamente externos. Para Sloterdijk como no existen las dicotomías (sujeto-objeto, hombre-mundo) los espacios externos e internos se interrelacionan de manera radical. El hombre que se sabe habitante de la tierra, ya sin el techo (hogar, como sustitución de espacio feto-placenta), ante lo infinito y extraño, debe recompensar su antigua seguridad ya perdida por otros medios y paradojalmente utiliza la causa de esta reconfiguración, la globalización que lleva espíritus envolventes.

     

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    Luego del recorrido analítico que hace Sloterdijk sobre los distintos fenómenos espaciales hasta llegar a la actual globalización, pregona el fin del cosmopolitismo y plantea el surgimiento del ‘provincianismo global’. “La globalización electrónica informática, en la que -dice Sloterdijk- los hombres superan las distancias, y el mundo vuelve a hacerse más pequeño, porque si la segunda etapa generó el cosmopolitismo, la tercera globalización produce un provincianismo global”[8].

    Esta instalación del provincianismo global caracterizado por un mundo sincronizado se caracteriza por la eliminación de la lejanía y la reconfiguración de las culturas locales. Estos cambios se pueden conceptualizar con la construcción de Híbridos y palimpsestos donde se da cuenta cómo los hombres fundan sus identidades en épocas de globalización. Son categorías que proponen en su esencia la heterogeneidad cultural, diferenciando lo que tienen de imaginarios compartidos y diferentes y el carácter conflictivo que los actores globales y locales.

     

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    Esta idea de hibridación cultural sustenta una nueva construcción de los imaginarios simbólicos y será objeto de un próximo análisis en una segunda entrega de estas investigaciones en curso.

    Por ahora, sólo diremos que en el análisis de la constitución híbrida de las identidades la discusión se trasladará hacia la problemática de la integración, de las transformaciones en las nociones de espacio territorial y cronología temporal, desde dónde se planteará un cuestionamiento de los referentes clásicos y la manera como habitualmente pensamos los procesos de construcción de las identidades bajo la forma de Estados-Nación.

     

     

    Lic. Liliana Vásquez Rocca

     

    Bibliografía

    – AUGE, Marc, Los no-lugares. Espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad, Ed. Gedisa

    – BALARDINI, Sergio. De los jóvenes, la juventud y las políticas de juventud. Última Década. Políticas Públicas y Juventud. Tribus Urbanas. Santiago de Chile, Ediciones CIDPA, septiembre de 2000.

    GIANNINI, Humberto, La “reflexión” cotidiana. Hacia una arqueología de la experiencia, Editorial Universitaria, 2004

    – KROTZ, Esteban. La Otredad Cultural entre Utopía y Ciencia, Fondo de Cultura Económica, México 2002

    – MARTIN BARBERO, Jesús “Nuevos mapas culturales de la integración y el desarrollo“. En Bernardo Kliksberg y Luciano Tomassini (compiladores): Capital social y cultura: claves estratégicas para el desarrollo. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica. 2000, p. 337.

    – MICHAELSEN, Scout y JOHNSON, David, Teoría de la Frontera. Los límites de la política cultural, Editorial Gedisa, Barcelona, 2003.

    – SLOTERDIJK, Peter, El desprecio de las masas; Ensayos sobre las luchas culturales de la sociedad moderna, Editorial Pre-textos, Valencia, 2002.

    – SLOTERDIJK, Peter,, Pre-textos, Valencia, 2001.

     

    SLOTERDIJK, Peter, Esferas II. Globos. Macroesferología,. Siruela, 2004.

    Artículos

    VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo.

    1. “Peter Sloterdijk; Esferas, helada cósmica y políticas de climatización” En Eikasia Revista de Filosofía, julio 2006, Oviedo, España. ISSN: 1885-5679
    2. “Peter Sloterdijk; Microesferas íntimas y úteros fantásticos para masas infantilizadas”, en NÓMADAS Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas. Universidad Complutense de Madrid, | Nº 15 | Enero-Junio 2007, pp. 193-200.
      http://www.ucm.es/info/nomadas/15/avrocca_microesferas.pdf
    3. “Sloterdijk y Canetti; El detonante iconográfico y operístico de la política de masas”, en NÓMADAS Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas. Universidad Complutense de Madrid, | Nº 15 | Enero-Junio 2007, pp. 201-214.
      http://www.ucm.es/info/nomadas/15/avrocca_detonanteiconografico.pdf

     

    [1] SLOTERDIJK, Peter, Esferas II -capítulo 8-

    [2] MICHAELSEN, S. Y JOHNSON D., Teoría de la Frontera, Los límites de la política cultural.

    [3] VASQUEZ ROCCA, Adolfo, Peter Sloterdijk; Esferas, helada cósmica y políticas de climatización. 2007

    [4] SLOTERDIJK, Peter, Esferas II. Globos. Macroesferología,. Siruela, 2004, p. 843.

    [5] VASQUEZ ROCCA, Adolfo, Peter Sloterdijk; Esferas, helada cósmica y políticas de climatización. 2007, p. 3

    [6] SLOTERDIJK, Peter, Esferas II. Globos. Macroesferología,. Siruela, 2004. p. 848

    [7] GIANINNI, Humberto, La “reflexión” cotidiana. Hacia una arqueología de la experiencia, Editorial Universitaria, 1989, Santiago.

    [8] VASQUEZ, Adolfo, Peter Sloterdijk; Esferas, helada cósmica y políticas de climatización. 2007, p. 9.

     

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    Liliana Vásquez Rocca

     

    Lic. Liliana Vásquez Rocca

    [*] Licenciada en Comunicación Social, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Periodista. Cursa Postgrado en Filosofía Instituto de Filosofía PUCV.

    Ver:

    Sloterdijk; De la ontología de las distancias al surgimiento del ‘provincianismo global’ – Liliana Vásquez Rocca

    http://www.psikeba.com.ar/articulos/LVR_Sloterdijk_Ontologia_de_las_distancias.htm

    Filosofía y mundo sincrónico; post-humanismo, globalización y macroesferología en Sloterdijk (pp. 76-88)

    Liliana Vásquez Rocca http://www.konvergencias.net/lilianavasquezrocca145.pdf

    Peter Sloterdijk

    Peter Sloterdijk ©Adolfo Vásquez Rocca

    Ver:

    SLOTERDIJK; ESFERAS, GLOBALIZACIÓN Y ESTORNUDOS METAFÍSICOS Por Adolfo Vásquez Rocca

    FILOSOFÍA Y GLOBALIZACIÓN; DE LA ‘TRANSPARENCIA DEL MAL’ A LA VIOLENCIA DE LO GLOBAL Jean Baudrillard

    EL PALACIO DE CRISTAL; Peter Sloterdijk

     

    EL PALACIO DE CRISTAL

    Peter Sloterdijk

     

    Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona 2004 Conferencia pronunciada en el marco del debate “Traumas urbanos. La ciudad y los desastres”. CCCB.

    Peter Sloterdijk

    Sloterdijk; La Estética Contemporánea

     

    Prof. Dr. Adolfo Vásquez Rocca

    POSTGRADO

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    INSTITUTO DE FILOSOFÍA

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    PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE VALPARAÍSO

     

     

     

     

    Si hubiera que ampliar las investigaciones de Benjamin al siglo XX y principios del XXI, sería necesario –a parte de algunas correcciones en el método– tomar como punto de partida los modelos arquitectónicos del presente: centros comerciales, recintos feriales, estadios, espacios lúdicos cubiertos, estaciones orbitales y gated communities; los nuevos trabajos tendrían títulos como Los palacios de cristal, Los invernaderos, y, si los lleváramos a sus últimas consecuencias, quizá también Las estaciones orbitales 3. Sin duda alguna, los pasajes encarnaron una sugestiva idea del espacio en los principios del consumismo. Consumaron la fusión, que tanto había inspirado a Benjamin, entre salón y universo en un espacio interior de carácter público; eran un «templo del capital mercantil», «voluptuosa calle del comercio» 4, proyección de los bazares de Oriente en el mundo burgués y símbolo de la metamorfosis de todas las cosas bajo la luz de su venalidad, escenario de una féerie que embruja a los clientes hasta el final de la visita. Sin embargo, el Palacio de Cristal, el de Londres, que primero albergó las Exposiciones Universales y luego un centro lúdico consagrado a la «educación del pueblo», y aún más, el que aparece en el texto de Dostoievsky y que hacía de toda la sociedad un «objeto de exposición» ante sí misma, apuntaba mucho más allá que la arquitectura de los pasajes; Benjamin lo cita a menudo, pero lo considera tan sólo como la versión ampliada de un pasaje. Aquí, su admirable capacidad fisonómica lo abandonó. Porque, aun cuando el pasaje contribuyera a glorificar y hacer confortable el capitalismo 5, el Palacio de Cristal –la estructura arquitectónica más imponente del siglo XIX– apunta ya a un capitalismo integral, en el que se produce nada menos que la total absorción del mundo exterior en un interior planificado en su integridad.

    https://i2.wp.com/www.othervoices.org/gpeaker/Arcade2.Jpeg

    Si se acepta la metáfora del «palacio de cristal» como emblema de las ambiciones últimas de la Modernidad, se reconoce sin esfuerzo alguno la simetría entre el programa capitalista y el socialista: el socialismo no fue otra cosa que la segunda puesta en práctica del proyecto de construcción del palacio. Después de su liquidación, se ha hecho evidente que socialismo y comunismo fueron estadios en el camino hacia el capitalismo. Ahora se puede decir abiertamente que el capitalismo es algo más que un modo de producción; apunta más lejos, como se expresa con la figura de pensamiento «mercado mundial». Implica el proyecto de transportar todo el contexto vital de los seres humanos que se hallan en su radio de acción a la inmanencia del poder de compra.

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    Walter Benjamin por Adolfo Vásquez Rocca

    El mundo denso y la desinhibición secundaria: el terrorismo

     

    El rasgo distintivo de la globalidad establecida es la situación de proximidad forzosa con todo tipo de elementos. Creemos que lo más adecuado es designarla con el término topológico «densidad». Este término designa el grado de presión para la coexistencia entre un número indefinidamente grande de partículas y centros de acción. Mediante el concepto de densidad, se puede superar el romanticismo de la cercanía con el que los moralistas modernos han querido explicar la abertura del sujeto hacia el Otro 6.

     

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    La elevada densidad implica una probabilidad cada vez más elevada de encuentros entre los agentes, ya sea bajo la forma de transacciones, o en la de colisiones o casi colisiones. Allí donde reinan las condiciones de densidad, la falta de comunicación entre los agentes no es plausible, en la misma medida en que tampoco lo son los dictados unilaterales. La elevada densidad garantiza la resistencia permanente del entorno contra la expansión unilateral, una resistencia que desde el punto de vista cognitivo se puede calificar como entorno estimulante para los procesos de aprendizaje, puesto que los actores suficientemente fuertes en medios densos se hacen unos a otros inteligentes, cooperativos y amistosos (y, como es natural, también se trivializan entre sí). Esto es así porque se interponen efectivamente el uno en el camino del otro, y han aprendido a equilibrar intereses opuestos. Al cooperar tan sólo con las miras puestas en el reparto de beneficios, dan por supuesto que las reglas de juego de la reciprocidad también son evidentes para los demás.

     

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    A causa de la densidad, la inhibición se transforma en nuestra segunda naturaleza. Allí donde se manifiesta, la agresión unilateral adopta la apariencia de una utopía que ya no se corresponde con ninguna praxis. La libertad para actuar obra entonces como un motivo de cuento de hadas procedente de la época en que la agresión aún prestaba algún servicio. Toda expansión unilateral demuestra que todavía existen condiciones previas a la densidad. La densidad conlleva lo siguiente: la fase en que la praxis unilateral desinhibida tenía éxito ha llegado, en lo esencial, a su término, sin que podamos descartar alguna que otra secuela violenta. Los actores han sido expulsados del jardín de Edén en el que se prometía la salvación a los unilaterales.

    El concepto de telecomunicaciones tiene una gran seriedad ontológica, en tanto que designa la forma procesual de la densificación. Las telecomunicaciones producen una forma de mundo cuya actualización requiere diez millones de e-mail por minuto y transacciones en dinero electrónico por un monto de un billón de dólares diarios. Este término no se comprenderá bien en tanto que no exprese de manera más explícita la creación de un sistema mundial de reciprocidad basado en la cooperación, esto es, en la inhibición mutua, en el que se incluyen las transacciones a distancia, las obligaciones a distancia, los conflictos a distancia y la ayuda a distancia. Tan sólo este concepto fuerte de las telecomunicaciones como forma capitalista de la actio in distans es el adecuado para describir el tono y el modo de existencia en el palacio de cristal ampliado. Gracias a las telecomunicaciones, se ha realizado por medios técnicos el viejo sueño de los moralistas de un mundo en el que la inhibición se imponga a la desinhibición.

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    Walter Benjamin por Adolfo Vásquez Rocca

    Por consiguiente, la esperanza –y que Ernst Bloch me perdone– no es un principio, sino un resultado. La esperanza que podemos abrigar en algunos casos, en el marco de la teoría de procesos, es doble: en primer lugar, el hecho de que los seres humanos tienen ocasionalmente nuevas ideas que al aplicarse producen alteraciones en las condiciones de vida, tanto en un microentorno como a gran escala. De vez en cuando, se encuentran entre ellas grandes ideas con un nivel reducido de efectos secundarios. En segundo lugar, por la constatación del hecho que, del torrente de ideas que querrían hacerse realidad, dadas unas condiciones de densidad suficiente, se filtra un poso de ocurrencias factibles que ofrecen algo mejor, si no a todo el mundo, sí, por lo menos, a muchas personas. La racionalidad del espacio denso produce el mismo efecto que una secuencia de cedazos encargados de la eliminación de ofensivas unilaterales y de innovaciones que puedan causar daños inmediatos (semejantes, como si dijéramos, a los delitos que pueden cometerse en una única ocasión, o en breves series). Su manera de actuar puede llamarse comunicativa, si se quiere, pero tan sólo en la medida en que se pueda llamar comunicación a la sustracción recíproca de espacios de acción. El fantasma que aparece ante unos ojos miopes como competencia comunicativa se transforma, tras la disolución de las brumas, en mera capacidad de inhibición recíproca. El tan pregonado consenso de los sensatos es una cáscara que recubre el poder de inhibirse recíprocamente de toda acción unilateral. También el fenómeno, excesivamente valorado desde un punto de vista moral, del reconocimiento corresponde en lo esencial a la capacidad de hacerse respetar como obstáculo efectivo o potencial frente a una iniciativa ajena. Jürgen Habermas tiene el mérito de haber reconocido que la «inclusión del otro» es un procedimiento para la ampliación del ámbito de aplicación de los mecanismos de inhibición recíproca, aun cuando haya incurrido en una sobrevaloración idealista de dicho procedimiento y en una errónea interpretación dialógica; la «inclusión del otro» es, muy al contrario, un indicio de la tendencia postmoderna a eliminar la acción. De hecho, el establecimiento de inhibiciones recíprocas es digno de alabanza por ser el mecanismo civilizatorio más eficaz, si bien habría que tener en cuenta que justo con los aspectos indeseables e intolerables de la praxis unilateral desinhibida también se elimina a menudo lo que ésta tiene de bueno.

    Peter Sloterdijk por Adolfo Vásquez Rocca – Esferas

     

    Sobre este telón de fondo, la globalización de la criminalidad se nos revela instructiva por lo que respecta a la situación posthistórica. Nos muestra cómo y dónde la desinhibición activa se impone una y otra vez a las instancias inhibidoras en ámbitos locales. La criminalidad organizada reposa sobre el perfeccionamiento profesionalizado de la desinhibición, que avanza, por así decir, con pasos silenciosos por las fisuras abiertas en el abrumador entorno circundante; en cambio, la criminalidad espontánea sólo da fe de la momentánea pérdida de control sobre sí mismo por parte de individuos confusos que la jerga de los juristas se obstina en llamar autores del crimen. La criminalidad profesional constituye, fundamentalmente, un sentido para hallar las fisuras (en el mercado y en la ley), junto con una energía que no conoce el desaliento. Gracias a ella, se siguen cumpliendo las condiciones necesarias para poder hablar de autoría de los hechos en un sentido satisfactorio desde el punto de vista filosófico. Los criminales organizados de manera eficaz no son víctimas de su propio nerviosismo, sino los testimonios principales de la libertad de acción en abierto desafío del sistema universal de inhibiciones.

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    Walter Benjamin por Adolfo Vásquez Rocca

     

    Este diagnóstico tiene una especial validez para lo que últimamente se ha dado en llamar «terrorismo global», del que aún no se ha dado ninguna explicación satisfactoria pese a los brillantes análisis parciales que se han ido realizando. La vía más inmediata para hacer justicia en el plano teórico a sus potentes manifestaciones, y en especial al acto inconcebiblemente simple del 11 de septiembre de 2001, consiste en interpretarlo como un indicio de que el motivo de la desinhibición cayó en manos de perdedores activos, procedentes del bando antioccidental en el contexto posthistórico. Esto no demuestra que el mal llegara hasta Manhattan, sino que una nueva ola de perdedores de la «historia» descubrió para sí los placeres de la unilateralidad; por desgracia, los descubrió después de que terminara el tiempo de juego y en abierta transgresión de las normas de contención posthistóricas. No imitan, como anteriores movimientos surgidos de los perdedores, ningún modelo de «revolución»; imitan directamente el impulso originario de las expansiones europeas: la superación de la inercia mediante el ataque, la asimetría euforizante garantizada por la agresión pura, la superioridad indiscutible del que llega primero a un lugar y planta su estandarte antes de que lo hagan los demás. La clara primacía de la violencia agresora hiere de nuevo al mundo, pero esta vez desde el otro lado, desde el lado no occidental. Pero como también es demasiado tarde para que los terroristas islámicos pretendan recuperar terreno en el mundo de las cosas y los territorios, ocupan zonas aún más amplias en el espacio abierto de las noticias del mundo. En él erigen su blasón de fuego, del mismo modo que los portugueses, antaño, erigieron su blasón de piedra allí donde desembarcaban.

    Las circunstancias favorecen a los terroristas: éstos han comprendido, mejor que otros colectivos de productores, que los amos del cable no son capaces de generar todos los contenidos en el estudio y que siguen dependiendo de los acontecimientos exteriores. Y han aprendido de la experiencia: ellos mismos pueden brindarles tales acontecimientos, puesto que, como content providers, se han hecho casi con el monopolio del sector de la violencia real. Además, pueden estar seguros: ante los actos de invasión, el infoespacio del gran sistema no ofrece más resistencia de la que ofreció un África amorfa en el siglo XIX frente a los más brutales ataques de los europeos. Con siniestro regocijo, advierten el motivo: los invasores pueden ocupar, sin esfuerzo alguno, el sistema nervioso de los moradores del palacio de cristal, porque éstos, condicionados por el tedio que reina en el palacio, aguardan noticias del exterior; los programas generados por la paranoia, faltos de trabajo, se afanan por reconocer -con paranoia- cualquier indicio de la existencia de un enemigo. La suma de estos análisis casi teóricos brinda una praxis coherente a los terroristas: al preparar sus explosiones televisadas, sacan partido, con aguda intuición, de la constitución hipercomunicativa del espacio social de Occidente; por medio de invasiones mínimas, ejercen un influjo sobre la totalidad del sistema, en tanto que lo vulneran y lastiman en sus centros neuralgicos. Pueden estar seguros de que la única medida antiterrorista que alcanzaría el éxito, el silencio absoluto de los medios de comunicación a propósito de los atentados, se frustrará siempre a causa de la fidelidad de aquéllos a su deber de informar. Por ello, «nuestros» conductos de excitación transmiten de manera casi automática el estímulo terrorista local a los consumidores de terror, los ciudadanos mayores de edad del palacio de cristal, de manera muy parecida a como los conductos de mi sistema nervioso transmiten el dolor de la quemadura desde las yemas de los dedos hasta el registro general en el cerebro. Nuestro propio deber de informar garantiza al terrorismo un puesto duradero como arte de hacer hablar de sí mismo. Por ello, los dirigentes del terror, al igual que todos los conquistadores que los precedieron, pueden equiparar el éxito con la verdad. El resultado, absurdo o no, se pone de manifiesto en el hecho de que aparezcan en los medios con una regularidad casi comparable a la de la meteorología y los secretos de las mujeres. Aun cuando se trate de un fantasma que en raras ocasiones se materializa, goza de una consideración ontológica que habitualmente se otorga tan sólo a los existentes. En comparación con ello, el hecho de que los autores de atentados graves reciban la consideración de héroes en extensas zonas del mundo no controladas por Occidente constituye tan sólo un aspecto secundario de su triunfo.

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    Peter Sloterdijk Esferas por Adolfo Vásquez Rocca – Sloterdijk Esferas

    Así, el terrorismo ha conseguido ser objeto de «atención» como estrategia de expansión unilateral en el continente posthistórico. Penetra fácilmente en el cerebro de las «masas» y se asegura un espacio significativo en el mercado mundial de las emociones temáticas. Por ello, y tal como nos mostró Boris Groys mediante análisis realizados con suficiente sangre fría, el terrorismo está estrechamente emparentado con las artes mediáticas postmodernas, y quizá no haga otra cosa que extraer las consecuencias más extremas de las tradiciones del arte transgresor de raíz romántica. Desde épocas tempranas, éste trató de forzar el significado mediante agresivas expansiones de los procedimientos artísticos. Con el desarrollo de tales técnicas a lo largo del siglo XX, se hizo perceptible que la transgresión no es un indicador de la grandeza metafísica ni artística de una obra, sino un recurso publicitario tan sencillo como efectivo. El famoso arranque de celos de Stockhausen frente a los autores del drama de Nueva York nos dice más acerca de la verdad de aquel día que toda la industria literaria dedicada al 11 de septiembre 8.

    A la vista de todo ello, se comprende por qué el neoliberalismo y el terrorismo son como el recto y el verso de una misma hoja. Sobre ambas caras se lee un texto articulado con suma claridad:

    «Para los audaces, la historia no ha terminado. La unilateralidad es rentable para los que confían en la agresión. Los elegidos aún pueden contemplar el mundo como una hacienda sin dueño, los testigos de la Pura Agresión aún tienen el botín en la punta de la espada. La libertad para atacar es la esencia de la verdad.»

    Forzoso es reconocer que todo esto son cantos de sirena, y que no existen suficientes mástiles para amarrar a quienes los escuchan. Esta música de la acción desinhibida es grata a los individuos vigorosos que desean emplear su exceso de fuerza, sea en la empresa o en la venganza.

    La obra de teatro que la coalición de los bienpensantes llama «agresión del fundamentalismo» se representa tan sólo en la superficie del escenario mundial; lo que causa verdadera inquietud es el fundamentalismo de la agresión. Aun cuando parezca pertenecer a una época ya pasada, sus restos se mantienen con virulencia en el mundo postunilateral. Lo que impulsa a los resueltos agresores, trátese de terroristas, especuladores, delincuentes o empresarios, es el anhelo de transformarse en un chorro de pura iniciativa en un contexto mundial que emplea todas sus fuerzas para frenar las iniciativas. El fundamentalismo islámico, que en la actualidad se percibe como un paradigma de agresividad sin sentido, tiene interés tan sólo en tanto que componenda mental circunscrita a ámbitos locales, que hace posible el tránsito, siempre precario, desde la teoría (o el resentimiento) a la práctica por parte de un determinado grupo de candidatos (véase más arriba notas 1 y 2). Podríamos recordar que, desde siempre, la función cognitiva del «fundamento» no es otra que la de garantizar la desinhibición del agente que lo transforma en hechos. (Por ello, los que hoy ejercen como antifundamentalistas en el ámbito de la teoría niegan en redondo a sus clientes el derecho a esperar de ellos instrucciones de cualquier tipo para la acción, lo cual es, naturalmente, una medida de autoprotección –para los teóricos, se entiende–, quienes, tras la sobreabundancia de autorías y responsabilidades del siglo XX, han comprendido con qué facilidad los autores de tesis generales incurren en situaciones de complicidad).

    Con todo, nos preguntamos en retrospectiva por qué se ha tardado tanto en desvelar el significado práctico de la alegación de motivos: el «motivo» real por el que se tienen motivos es el deseo de hallar una motivación que el hombre que actúa pueda adoptar como «guía». Desde Descartes se sabe qué es lo que el hombre que actúa, si es exigente, requerirá de sus motivos desinhibidores: todo el que quiera sacudir el entorno con sus actos en tiempos de incertidumbre generalizada apenas si puede quedar satisfecho con algo que no alcance el rango de inconcussum. La pared que tiene que atravesar todo aquel que aspire a poner en práctica lo improbable sólo se puede perforar con un potente medio de desinhibición. Y, dado que el mundo actual, desde el punto de vista de los humillados y los codiciosos de honores, está formado casi en exclusiva por paredes que disuaden de la acción, el hombre que actúa en estos últimos tiempos necesita las máquinas de derribo más potentes. Como observó Niklas Luhmann, el radicalismo es para los modernos el único medio de probada eficacia para representar lo no plausible como lo único plausible. Y, como ya se ha visto, en la práctica es posible perforar algún que otro muro. Por consiguiente, lo que es notable en los ataques terroristas actuales contra los grandes sistemas es sólo el hecho de que demuestren la existencia de un radicalismo posthistórico, algo comparable al descubrimiento de una especie de cisnes negros. Aún tendrán que sucederse muchas decepciones hasta que los neoliberales y los terroristas islámicos –unos y otros, mártires de la posthistoria– comprendan que los placeres de la vida activa asimétrica pertenecen ontológicamente al ancien régime. Habrá que esperar a ver si entonces estos cisnes también se vuelven blancos.

    Ambos tipos de actuantes son intempestivos en todos los sentidos del término. Los unos quieren navegar como los marinos sedientos de riqueza a partir de 1492, y los otros sueñan con lanzarse al galope cual tribus del desierto inflamadas por el monoteísmo en el siglo VII. Sin embargo, unos y otros tienen que pactar con la época en la que viven y fingen percibir las redes modernas como su gran oportunidad, y no como quintaesencia de las circunstancias que los frenan. Con sus obsoletas filosofías de la acción, unos y otros nos brindan, a principios del siglo XXI, sendas formas de romanticismo de la agresión. Este romanticismo confunde las fisuras con un espacio libre. Mediante la realización de misiones, proyectos y otros gestos, sus actores querrían rescatar la fuerza de la asimetría de su carácter de golpe adelantado y autosatisfactorio, en una época que se encuentra ya bajo el primado de la amabilidad, la inhibición, la acción recíproca, la cooperación, tanto en Oriente como en Occidente. Sólo se escapan algunas fisuras que son angostas desde el punto de vista del sistema, aunque numerosas.

    Por consiguiente, desde el punto de vista de la teoría de la acción, la «existencia histórica» puede definirse como participación en un espacio de acción donde el empleo de un excedente de energías interiores y la realización de la historia mundial en ocasiones confluían. Un autista presuntuoso como Colón demostró lo que puede conseguir un verdadero héroe de la historia; igual que incontables imitadores, se abrió paso desde la neurosis hasta lo universal. Sin embargo, una vez concluida la «historia», sólo intentan hacer «historia» aquellos que no comprenden que ésta ha terminado. Así, aparecen autismos sin salida en el escenario mundial; pero éstos producen un fuerte eco en el murmullo posthistórico de los medios de comunicación. El 11 de septiembre ha sido hasta ahora el indicio más claro de posthistoricidad, aunque fueran muchos quienes, en estado de shock, lo confundieran con un signo de la historia. Marcó una fecha cuya misma superfluidad es siniestra, una fecha que no apunta a nada, salvo al mismo día en que tuvo lugar el hecho. Los criminales de septiembre engendraron una violencia unilateral que no tenía absolutamente nada in petto que pudiera compararse a un proyecto, salvo vagas alusiones a una repetición, alusiones que malos estrategas han interpretado erróneamente como una amenaza. Una verdadera amenaza tendría que adoptar, como todo el mundo sabe, la forma de una «advertencia armada» 9, y el atentado de septiembre no buscaba ninguna consecuencia, fue una mera demostración de la capacidad de llevar a cabo un ataque puntual contra el palacio cristalino; fue una «medida» que se agotó en su misma realización. Tampoco tenía nada de lucha por un buen fin por medios violentos, pero desgraciadamente necesarios, como la había enseñado la metaética revolucionaria desde el siglo XIX. El atentado fue una pura reivindicación de la primacía de la agresión en un tiempo regido por las inhibiciones y el acoplamiento regenerativo.

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    A la vista del 11 de septiembre, se puede deducir que el contenido de la posthistoria en su aspecto más dramático quedará determinado durante mucho tiempo por las interacciones de los porfiados. Esto no es una constatación como cualquier otra. A la imposibilidad, advertida por Hegel, de aprender algo de la historia, se le añade ahora la imposibilidad de aprender de los episodios de la posthistoria. Solamente los proveedores de tecnología de seguridad pueden extraer alguna conclusión de los incidentes posthistóricos. Todo lo demás se libra al flujo y reflujo de las agitaciones mediáticas, incluidos los afanes de las policías internacionalizadas que emplean la angustia colectiva como legitimación de su propia expansión. Dentro del gran invernáculo, los clientes viven una serie interminable de incidentes sin explicación y de gestos sin referente. Éstos constituyen los grandes temas de actualidad. Pero las noticias y su material, los actos de violencia y dramas reales «sobre el terreno» –como reza la estúpida jerga profesional en referencia a los lugares donde se producen los accidentes y acontecimientos– no son más que hierbajos que crecen en la superficie de la regularidad operativa en el espacio denso.

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    Las provocaciones de los terroristas no constituyen en ningún caso un motivo objetivamente satisfactorio para un retorno de la cultura política de Occidente al «momento hobbesiano»: la cuestión de si el Estado moderno tiene capacidad para proteger con eficacia la vida de sus ciudadanos halla en el balance de los hechos una respuesta claramente afirmativa, de tal manera que sería necio planteársela de nuevo con seriedad. Hace tiempo ya que la «sociedad» adquirió la competencia necesaria para la absorción psíquica del terror, y la inquietud provocada por el terrorismo llega a la «sociedad» tan sólo a través de los medios de comunicación y no a través de movilizaciones ordenadas por el Estado; el Estado de hoy en día es, igual que todos los demás, un consumidor de actos terroristas, y el hecho de que se le exija competencia en la lucha contra el terror no cambia para nada el hecho de que ni se ve directamente atacado por éste ni tampoco puede reaccionar de manera directa. De todos modos, la legitimación del Estado dejó de basarse hace algún tiempo en sus funciones hobbesianas, y se fundamenta en sus prestaciones como redistribuidor de los medios de vida y el acceso al confort; demuestra su utilidad como imaginario terapeuta colectivo, así como garante de comodidades tanto materiales como imaginarias, dirigidas a una mayoría 10.

    Por ello, las reacciones no liberales contra el terror son siempre inadecuadas, puesto que infravaloran la tremenda superioridad del atacado sobre el atacante; magnifican el fantasma insustancial de Al Qaeda, ese conglomerado de odio, desempleo y citas del Corán, hasta convertirlo en un totalitarismo con rasgos propios, y algunos, incluso, creen ver en él un «fascismo islámico» que, no se sabe con qué medios imaginarios, amenaza a la totalidad del mundo libre. Dejaremos abierta la pregunta por los motivos que han conducido a aquella infravaloración y a esta magnificación. Sólo esto es seguro: los realistas se hallan de nuevo en su elemento; por fin pueden ponerse, una vez más, al frente de los irresolutos, con los ojos clavados en el fantasma del enemigo fuerte, medida antigua y nueva de lo real. Con el pretexto de la seguridad, los voceros de la nueva militancia dan rienda suelta a tendencias autoritarias cuyo origen hay que buscar en otro sitio; la angustia colectiva, cuidadosamente mantenida, hace que la gran mayoría de los mimados consumidores de seguridad de Occidente se sume a la comedia de lo inevitable. ¿A dónde nos puede llevar todo ello? Los pasajeros que, desde el 11 de septiembre, en los aeropuertos europeos, tienen que sacrificar las tijeras para uñas a fin de reducir los riesgos del vuelo han experimentado en sus propias carnes un anticipo.

     

    Notas

    1 Más detalles al respecto en: SLOTERDIJK, Peter, Sphären III: Schäume, Suhrkamp, Frankfurt 2004. Los ecos literarios de la estancia de Dostoievsky en Londres se encuentran en su suplemento literario de viajes «Anotaciones de invierno sobre impresiones de verano», 1863, un texto en el que el autor se burla, entre otras cosas, de los «sargentos primeros de la civilización» de Occidente, de los «progresistas de invernadero», y expresa su angustia acerca del triunfalismo baálico del palacio de la Exposición Universal. Dostoievsky reconoce ya en la burguesía francesa la equiparación europea occidental y posthistórica entre seres humanos y poder adquisitivo: «La posesión de dinero [es] la más elevada virtud y deber del ser humano».

    2 Para una interpretación de la teoría heideggeriana del tedio en el contexto del desarrollo de la ironía y la ausencia de tensión modernas, cfr. Sphären III: Schäume, op. cit.

    3 Cfr. «Absolute Inseln» en: Sphären III: Schäume, op. cit., cap. 1, sección A, pp. 317-337.

    4 BENJAMIN, Walter, Gesammelte Schriften, Suhrkamp, Frankfurt 1989, vol. 1, pp. 86 y 93.

    5 Acerca del motivo del «capitalismo confortable», cfr. CLAESSENS, Dieter y CLAESSENS, Karin, Kapitalismus als Kultur: Entstehung und Grundlagen der bürgerlichen Gesellschaft, Suhrkamp, Frankfurt 1979.

    6 Cfr. LEVINAS, Emmanuel, «La proximité», Autrement qu’être ou au delà de l’essence, Le Livre de Poche, París 2004 (1978), pp. 129-155.

    7 Paul Berman se sirve de la comparación con las «picaduras de mosquito»; por desgracia, el autor se rasca con tanta energía, que le sale una sobreinterpretación del terrorismo islamista como nuevo totalitarismo: cfr. BERMAN, Paul, Terror und Liberalismus, Europäische Verlagsanstalt, Hamburgo 2004, p. 32; sin preocuparse por lo poco afortunado de sus imágenes, añade que las picaduras de mosquito son «parte de una guerra»; una vez más se emplea la lucha contra los insectos como modelo de la gran política.

    8 Cfr. LENTRICCHIA, Frank; MCAULIFFE, Jody, Crimes of Art and Terror, University of Chicago Press, Chicago y Londres 2003, pp. 6-17.

    9 LUTTWAK, Edward N., «Armed Suasion», Strategy. The Logic of War and Peace, The Belknap Press of Harvard University Press, Cambridge (MA) y Londres 1987, cap. 13.

    10 Cfr. «Das Empire – oder: Das Komforttreibhaus; die nach oben offene Skala der Verwöhnung», Sphären III: Schäume, Plurale Sphärologie, op. cit., cap. 3, sección 9, pp. 801 y ss.

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    Instituto de Filosofía Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

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    Instituto de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso;

    Seminario Sloterdijk

    Ver:

    SLOTERDIJK Y NIETZSCHE; POSTHUMANISMO, ANTROPOTÉCNICAS Y COMPLEJIDAD EXTRA-HUMANA

     

     

    ROSI LÓPEZ; EXPOSICIÓN “TEMBLORES DE AIRE”

    PETER SLOTERDIJK ‘EL PALACIO DE CRISTAL’; Introducción Dr. Adolfo Vásquez Rocca

     

    EL DESPRECIO DE LAS MASAS, DE PETER SLOTERDIJK [Adolfo Vásquez Rocca]

     

    Adolfo Vásquez Rocca

    PETER SLOTERDIJK; EL DESPRECIO DE LAS MASAS,

    EL DETONANTE ICONOGRÁFICO Y OPERÍSTICO DE LA POLÍTICA DE MASAS.

     

     

    Dr. Adolfo Vásquez Rocca

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    Peter Sloterdijk, El desprecio de las masas. Ensayo sobre las luchas culturales de la sociedad moderna, Pre-Textos, Valencia, 2001, 102 pp.

    Die Verachtung der Massen

    Peter Sloterdijk ©

     

    1.- La entrada en escena de las masas.

    A.-

    Las masas han irrumpido en la escena de nuestro tiempo, configurándola, deviniendo sujeto y dotándose de una voluntad y una historia. Como lo había prefigurado Hegel se trata del desarrollo de la masa como sujeto. En este fenómeno se presagia la aparición de un poderoso y sospechoso actor sobre el escenario político. Cuando la masa se dota de voluntad cabe atisbar el fin de la época de la altivez idealista. Tan pronto como la masa se considera capaz de acceder al estatuto de una subjetividad o de una soberanía propia, los privilegios metafísicos desaparecen. La exaltación de lo masivo y ruidoso, lo violento y coactivo, así como la fascinación por la aglomeración y el desfile de tropas resultan irresistibles para las sensibilidades totalitarias siempre ávidas de agitación y despliegue de poderío.

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    Con el ascenso de las masas a la categoría de sujeto se produce el colapso de la visión romántico-racional del sujeto democrático consciente de sus deseos. La tesis aquí en juego, y de la cual se derivarán serias consecuencias, es que en la constitución originaria del sujeto masificado predominan las motivaciones opacas. Como advierte Sloterdijk, en el seno de la masa los individuos excitados no componen lo que la mitología de la discusión -la sociología convencional- denomina un público; ellos, al contrario, se concentran en un punto donde se forman hombres sin perfiles, los que confluyen a un lugar donde todo por sí mismo se revela como lo más denso [am scwärzesten]. Este ímpetu hacia el tumulto humano revela que en la escena original de la formación del yo colectivo existe un exceso de material humano, una sobre-densidad.

    Estas observaciones son fundamentales para la comprensión de la naturaleza insuperablemente inerte e impenetrable de la formación de la subjetividad.

    En la era del individualismo burgués, definido por la creación de distancias entre los sujetos, donde el propio sistema aisla a los individuos entre sí, y los dirige a cada uno de ellos hacia el esfuerzo solitario de tener que llegar a ser ellos mismos, “nadie puede aproximarse, nadie alcanza las alturas del otro”[1]. En el tumulto, en cambio, se derriban todas las distancias. Allí donde la turba humana se hace más densa, empieza a tener efecto una prodigiosa marea desinhibida. La masa tumultuosa vive de esta voluntad de descarga.

     

    Sólo todos juntos pueden liberarse de sus cargas de distancia. Eso es exactamente lo que ocurre en la masa. En la descarga se elimina toda separación y todos se sienten iguales. En esta densidad, donde apenas cabe observar espacios, entre ellos, cada cuerpo está tan cerca del otro como de sí mismo. Es así como se consigue un inmenso alivio. La inmersión del yo en el colectivo que lo contiene y supera.

     

     

     

    La masa, como una prolongación ontológica del individuo, manifiesta algunas de las propiedades de éste: se angustia, se excita, se protege, se enriquece, se desarrolla y fenece. A diferencia de los individuos aislados y aunque esté constituida por ellos, la masa opera como una entidad autónoma y obedece a un determinismo disímil. La agresión exterior a la masa, por ejemplo, sólo podría fortalecerla, mientras que un ataque interno podría implicar un peligro extremo.

    Así, entre los atributos principales que pueden reconocerse en la masa están la compulsión a crecer en número y en concentración; la masa ama la densidad y siempre se mueve hacia algo. Existirá mientras tenga una meta no alcanzada.

    La compulsión a crecer es la primera y suprema característica de la masa. Incorpora a todos los que se pongan a su alcance. La masa natural es la masa abierta, sin límites prefijados. Con la misma rapidez que surge, la masa se desintegra. Siempre permanece vivo en ella el presentimiento de la desintegración, de la amenaza y de la que intenta evadirse mediante un crecimiento acelerado. La masa cerrada renuncia al crecimiento y se concentra en su permanencia, se establece y crea su lugar para limitarse, crea su propio espacio protegido y vigilado de las influencias externas.

    Nada teme el hombre más que ser tocado por lo desconocido. En todas partes el hombre elude el contacto con lo extraño. Aún cuando se mezcla con gente en la calle, evita cualquier contacto físico. La rapidez con que nos disculpamos cuando se produce un contacto físico involuntario, pone en evidencia esta aversión al contacto.

     

     

    Solamente inmerso en la masa, puede liberarse el hombre de este temor a ser tocado. Es la única situación en la que ese temor se convierte en su contrario. Para ello es necesaria la masa densa, en la que cada cuerpo se estrecha con el otro; densa, también, en su constitución cívica, pues dentro de ella no se presta atención a quién es el que se estrecha contra uno. En cuanto nos abandonamos a la masa, dejamos de temer su contacto. Llegados a esta situación ideal, todos somos iguales.

     

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    Adolfo Vásquez Rocca

    Muchedumbres ha habido siempre. Ocurre que es ahora -desde comienzos del siglo XX- cuando se han hecho visibles y se han puesto en marcha, ingobernables, arrasando e imponiéndose sobre los individuos –sobre los personajes principales y dotados de excelencia o nobleza. El decir de la gente -que compone un coro nutrido de voces que opinan más o menos lo mismo y se estructura en forma de ”usos establecidos” o lugares comunes asume el carácter de ley; de modo tal que de pronto nos hallamos ante suntuosas “vigencias”, usos sociales que no precisan para su extensión de comprensión sino, tan sólo y primariamente, de presión. Se ponen de manifiesto porque sencillamente se imponen. La sociedad, la gente, no tiene ideas propias. La colectividad no piensa, y, estrictamente hablando, tampoco tiene opiniones, sino que las contiene y en ellas está instalada[2] -aun cuando no repare en ello. Las ‘opiniones’ pues se imponen tanto por el arrastre propio de lo vulgar y simple, como por el poder comunicativo que las “ideas” de esta índole suelen comportan en la coacción de unos grupos de individuos concretos sobre otros. Luego, por la fuerza de la costumbre se generalizan hasta que entran en desuso, por cansancio o por su desvelamiento.

    Look and Philosophy – Posmodernidad por Adolfo Vásquez Rocca

     

     

     

     

     

    Aun cuando, “la” opinión pública sea en realidad una ficción, ella intenta, como se ha mostrado, imponerse y dominar el gusto bajo la coerción del autovalidado sentido-común; sera desde el lugar común, desde donde las masas -la opinión pública- intentará tomar por asalto la razón y convencer que la ‘obligación’ democrática de los gobernantes es escuchar y seguir la voz de la calle, cuestión que se valida desde la convicción cívica de que todo poder y todas las formas legitimas de expresión proceden de las mayorías.

     

    La presencia de las masas, de las gentes saliendo a la calle a manifestarse movidos por una suerte de pulsión autoafirmadora (que supone a la vez una fuerza negadora de la individualidad), pero también por una descarga de tensión, por una pasión o un instinto de supervivencia, como cuando el apremio y el miedo les paraliza y necesitan sacudírselos, allí buscan la calle y el amparo de la gente, el contacto con los otros, como ocurre, por ejemplo, al producirse una catástrofe, un terremoto o un incendio. Elías Canetti, junto con Ortega[3] –y en la actualidad Peter Sloterdijk– son quienes mejor han comprendido la fenomenología de la masa, denominando justamente “descarga” a su más característico movimiento interior.

     

    El fenómeno más importante que se produce en el interior de la masa es la descarga. Es el instante en que todos los que forman parte de ella, se deshacen de sus diferencias y se sienten iguales. Las jerarquías que dividen, las individuaciones que diferencian, las distancias que separan; todo esto queda abolido en la masa. Únicamente en forma conjunta pueden liberarse los hombres del lastre de sus distancias. En la descarga se despojan de las separaciones y todos se sienten iguales.

    Es en la densidad donde, como se ha señalado, cada cual se encuentra tan próximo al otro como a sí mismo, lo que produce un inmenso alivio. Y es en razón de este instante de felicidad, en el que ninguno es más ni mejor que el otro, como los hombres se convierten en masa.

     

    Las masas cerradas tienden a la estabilidad, mediante la invención de reglas y ceremonias características que capturan a sus integrantes. En la asistencia regular a la Iglesia, en los actos cívicos, en las ceremonias militares, en la repetición precisa y conocida de ciertos ritos, se garantiza a la masa algo así como una experiencia domesticada de sí misma.

     

     

    Otra hipótesis de interés acerca de los referidos mecanismos ceremoniales es la de Girard en torno a “la existencia de mecanismos victimales y su función en el origen de las religiones, las culturas y la humanidad”. Girard habla de mecanismos para “señalar la naturaleza automática del proceso y de sus resultados, así como la incomprensión e incluso inconsciencia de quienes participan en él”[4] .

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    Adolfo Vásquez Rocca

     

     

    Antes de la constitución de la humanidad, había violencia entre los homínidos. Se trataba de una violencia de rapiña, y era especialmente fuerte al interior de las especies más avanzadas, cuyas pautas dominantes eran frágiles y susceptibles de ser quebrantadas, al punto que se hicieron letales. Esta violencia de todos contra todos es un proceso simétrico, recíproco, porque es mimético, de manera que se trata de una violencia que es respondida con otra violencia similar.

     

     

     

    Se trata de un proceso de imitación que no se ve frenado por las pautas de la comunidad, sino que se intensifica hasta hacerse una violencia de dos que se imitan el uno al otro, y se extiende por contagio para convertirse en violencia de todos contra todos. No obstante, en este punto no existen sino dos caminos: la disolución total de la comunidad por la violencia, o la transferencia de la violencia de todos contra una víctima.

     

    No hay en el origen de la sociedad una decisión razonable o de un contrato, sino un mecanismo inconsciente, del mismo orden del deseo que toda la mimesis, y que Girard ha llamado “chivo expiatorio”, el cual probablemente ocurre cuando una diferencia, un rasgo de debilidad, distingue a un miembro particular del grupo en el combate por la ‘muta’ de destrucción. Así, en su perspectiva, la víctima tan sólo cuenta con el indicio de una violencia que no tiene causa, que sólo se origina en la misma violencia.

     

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    Posmodernidad por Adolfo Vásquez Rocca

     

     

    A partir de cierto grado de frenesí, la polarización mimética se realiza sobre la víctima única. Después que la violencia se ha saciado sobre esa víctima, se interrumpe necesariamente y el silencio sucede al alboroto. Este contraste máximo entre el desencadenamiento y la calma, la agitación y la tranquilidad crea las circunstancias más favorables que pueden darse para que despierte esa nueva atención. Como la víctima es la víctima de todos, en ese instante se fija sobre ella la mirada de todos los miembros de la comunidad. Por encima del objeto puramente instintivo (…) está el cadáver de la víctima colectiva y ese cadáver es lo que constituye el primer objeto para ese nuevo tipo de atención .

     

     

    De este modo, siempre late la amenaza de un estallido, el que debe entenderse como la repentina transición de una masa cerrada a una abierta. La masa ya no se conforma con condiciones y promesas piadosas, quiere experimentar ella misma el supremo sentido de su potencia y pasión animales, y con este fin utiliza una y otra vez cuanto le brindan los actos y exigencias sociales.

     

     

    El ataque desde fuera sólo puede fortalecer a la masa. Físicamente separados, sus miembros tienden a reunirse con más fuerza. El ataque desde dentro es, en cambio, peligroso de verdad. Una huelga que haya obtenido determinadas concesiones se desintegrará a ojos vistas. El ataque desde dentro obedece a apetencias individuales. La masa lo siente como un soborno, como algo inmoral, ya que se opone a su clara y transparente condición básica. Todo el que pertenece a una masa lleva en sí a un pequeño traidor deseoso de comer, beber, amar y vivir en paz. La masa está siempre amenazada desde adentro y desde afuera. Una masa que no aumenta está en ayunas.

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    Adolfo Vásquez Rocca

    B.-

     

    Una de las primeras cosas que se descubre al moverse por una gran ciudad es el hecho de que la gente parece desplazarse errática, con el sentimiento de ser una isla solitaria, sin conexión con las de su alrededor.

     

     

    Al respecto Sloterdijk nos refiere en El desprecio de las masas una descripción muy afín a los tiempos actuales cuando destaca que: “Ahora se es masa sin ver a los otros. El resultado de todo ello es que las sociedades actuales o, si se prefiere, postmodernas han dejado de orientarse a sí mismas de manera inmediata por experiencias corporales: sólo se perciben a sí mismas a través de símbolos mediáticos de masas, discursos, modas, programas y personalidades. (…) La masa postmoderna es una masa carente de todo potencial, una suma de micro-anarquismos y soledades que apenas recuerda la época en la que ella – excitada y conducida hacia sí misma a través de sus portavoces y secretarios generales- debía y quería hacer historia en virtud de su condición de colectivo preñado de expresividad.”[5]

    La sociedad entonces se fragmenta en pequeñas epidemias cerradas, que ni se mezclan ni se comprenden, lo que aumenta los problemas de violencia, pequeñas sectas de gente idéntica enfr

     

    Zizek, en La metástasis del goce, recurre a categorías freudianas para referirse a la circulación simbólica de la violencia, conjeturas en torno a un orden sacrificial donde la inmolación tiene lugar en vistas a un credo fundamental por el que no sólo se esta dispuesto a matar, sino también y de modo principal, a morir, para ello no es necesario recurrir a racionalizaciones espurias para caer en la cuenta que la violencia encuentra su anclaje en referencias simbólicas. El ideario, la cosmovisión que comporta un discurso será siempre secundario frente a la puesta en marcha de los instintos, eventualmente crueles, por el detonante iconográfico y operístico de la política de masas[6].

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    El esquema que presenta Zizek[7] deja entrever además el rechazo de lo simbólico propio del discurso capitalista, cuyas formas de dominación se cimentan, precisamente, en ese tipo de negaciones. Es a esto lo que Sloterdijk llama la falsa conciencia ilustrada, un claro síntoma del tardo-capitalismo es la negación de la distancia entre la máscara ideológica y la realidad social. La fórmula es simple: “ellos saben muy bien lo que hacen, pero aún así, lo hacen. La razón cínica ya no es ingenua, sino que es una paradoja de una falsa conciencia ilustrada: uno sabe de sobra la falsedad, está muy al tanto de que hay un interés particular oculto tras una universalidad ideológica, pero aún así, no renuncia a ella.”[8]

    Entre los tipos de muerte que una horda o un pueblo puede imponer a un individuo, puede distinguirse dos formas principales. Una de ellas es la exclusión, y la otra, la ejecución colectiva. En este segundo caso, se conduce al condenado a un lugar abierto y se lo lapida. Todo el mundo participa en esta muerte; alcanzado por las piedras de todos el culpable se desploma. Nadie es designado como el ejecutor. Es la comunidad entera la que mata. La tendencia a matar colectivamente subsiste incluso allí donde se ha perdido la costumbre de lapidar. La muerte por el fuego puede comparársele: el fuego actúa en lugar de la muchedumbre que deseó la muerte del condenado.

    La desintegración de la masa de acoso, una vez que ha cobrado su víctima, es particularmente rápida. Los poderosos que se sienten amenazados son muy conscientes de este hecho y suelen arrojar una víctima a la masa para detener su crecimiento. Muchas ejecuciones políticas han sido ordenadas sólo con este fin.

    La repulsa que provoca la ejecución colectiva es de fecha muy reciente y no debe subestimarse. Pero también hoy participa todo el mundo en las ejecuciones públicas a través de los medios de comunicación. En el público de los medios se ha mantenido viva una masa de acoso moderado, tanto más irresponsable cuanto más alejada queda de los acontecimientos; esta es su forma más despreciable.

     

     

     

    Ahora bien, Canetti denomina “cristales de masa” a esos pequeños y rígidos grupos humanos, bien delimitados y de gran estabilidad, que sirven para desencadenar la formación de masas. Los así llamados “cristales de masa” representan una gran densidad. Es importante que tales grupos sean visibles en su conjunto, que se los abarque de una mirada. Su unidad importa mucho más que su tamaño. El cristal de masa es duradero. Sus integrantes han sido adiestrados para compartir un plan de acción o unas determinadas ideas. Quien los vea o los conozca deberá sentir, ante todo, que jamás se desintegrarán.

     


    Adolfo Vásquez Rocca

     

     

     

    Leer más:

    Peter Sloterdijk; El Desprecio de las Masas

    Dr. Adolfo Vásquez Rocca

    2.- El desprecio de las masas Juan Malpartida

     

     

     

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    Sloterdijk por Adolfo Vásquez Rocca

     

     

    Para el filósofo Peter Sloterdijk, la característica que adopta la masa en nuestro tiempo es un fenómeno poco pensado a pesar de ser radicalmente moderno, y por lo tanto es causa y expresión de nuestro tiempo. Si Hegel pensó a comienzos del siglo XIX que la sustancia adoptaba la forma del sujeto, la novedad ha sido el rápido desplazamiento hacia una masa que parece poseer esta cualidad sustantiva.

    Para el filósofo Peter Sloterdijk, la característica que adopta la masa en nuestro tiempo es un fenómeno poco pensado a pesar de ser radicalmente moderno, y por lo tanto es causa y expresión de nuestro tiempo. Si Hegel pensó a comienzos del siglo XIX que la sustancia adoptaba la forma del sujeto, la novedad ha sido el rápido desplazamiento hacia una masa que parece poseer esta cualidad sustantiva.

    A lo largo de El desprecio de las masas la noción de masa, lejos de ser clara, desvela una inquietante ambigüedad. Adulada y despreciada, temida y usada, la masa es la depositaria de nuestras esperanzas, pero también la que suscita nuestro desdén: nos gustaría apartarnos y extraer nuestro peculiar sujeto, ese que se rige por su propia voluntad, por sus propios deseos y pensamientos; pero la capacidad de absorción de la masa nos dice que eso que tanto apreciamos individualmente es, precisamente, lo que somos todos. El origen de este complejo igualitarismo estaría, según Sloterdijk, en Thomas Hobbes (1588-1679): su reducción casuística del comportamiento humano a un último resorte común, el miedo, nos convierte a todos, esclavos y amos, en sujetos bajo sospecha. Una sospecha que a poco que se la desarrolle transforma la vertical noción estamental de clases y privilegios, heredera de la monarquía, en una realista y horizontal. Con el igualitarismo antropológico de Hobbes se inicia la abolición teórica de la nobleza. El paso siguiente lo da Spinoza (1632-1677). Para éste, el vulgus es una modificación (una encarnación a pequeña escala) de la sustancia divina y por lo tanto habrá de volver a la totalidad de la que parte; sin embargo, cree en la necesidad de que la masa se autogobierne. Pero aún habría de conocer la masa otras vueltas de tuerca en su aventura de reconocimiento. Marx, siguiendo a Hegel y llevándolo al campo político que inauguraría el siglo XX, entendió que esa sustancia estaba vaciada de su contenido o, dicho de otra forma, alienada por la explotación. Se trata de una visión materialista, sin duda: el economicismo de Marx supone una visión de la sociedad regida por la ley de producción. La masa proletaria produce un objeto que no puede consumir, y lejos de afirmarla la niega. “El imperativo categórico revolucionario —vuelvo a Sloterdijk—, si quería realizar la completa rebelión antropológica, [aún tenía que] restituir la sustancia vaciada y explotada a la forma completa del sujeto.”

    Este igualitarismo ha conocido, lógicamente, excepciones, y las más brillantes quizás hayan sido las de Carlyle y Nietzsche, espíritu éste antidemocrático que opuso el crecimiento de unos pocos creadores a la satisfacción de la mayoría. (No podemos detenernos en una nota como ésta en Gabriel Tarde, Gustave Le Bon, Freud y otros.) El último eslabón decisivo lo engarzó Martin Heidegger al desplazar en Ser y tiempo (1922) la ideología hegeliana del espíritu hacia la existencia. Aunque Sloterdijk lo ignora en su libro, debemos mencionar a Ortega y Gasset; pensó, al mismo tiempo que el filósofo alemán, el deslizamiento hacia la existencia como terreno donde la persona se juega lo que va a ser. El ser es, pues, un devenir que nos compete. También escribió Ortega tempranamente sobre la masa (La rebelión de las masas se comenzó a publicar en 1927), pero aunque tiene observaciones lúcidas, su idea de la sociedad es jerárquica. Volviendo a Heidegger, es sabido que lo que denomina existencia se divide en aquellos que son capaces de pensar el ser (nuestra existencia propia) y aquellos (casi todos) que viven del lugar común, en el dominio masificado de los otros.


    Volvamos de lleno a la masa. Sloterdijk exalta la figura de Elias Canetti; de hecho, Masa y poder (1960) le parece el libro de antropología social más acerado e ideológicamente fecundo del siglo XX. No entra a valorar esa compleja obra, llena, por otra parte, de inexactitudes históricas y etnológicas, cuando no de una sorprendente carencia de interpretación. Nos quedamos a la espera de ese ensayo que sin duda le debe al inquietante y lúcido escritor judío-alemán. Por lo pronto nos señala lo obvio: que Canetti enseña que la crítica al fenómeno religioso (Marx), tan presente en los movimientos de masa, ha de pasar por la distinción “de las fuerzas de arrastre” con el fin de desembocar en una “clasificación de los buenos y malos fervores”.


    En definitiva, la emancipación del individuo, por un lado, ha de insertarse en la masa (todos somos iguales, etc.); por el otro, ese mismo espíritu emancipatorio se ve abocado a chocar contra la petición que toda masa exige, para su propia subsistencia, de derogación del sujeto que piensa por sí mismo y quiere sus propios deseos. A este punto complejo es a donde quiere llegar este ensayo: a la tensión entre igualitarismo y diferencia, a “la disputa que se libra en torno a la legitimidad y procedencia de las distinciones en general”. En definitiva: la masificación igualitaria es un logro antinietzscheano que transforma la diferencia vertical (aristocrática, ontológica) en diferencia horizontal; o dicho por el propio Sloterdijk con agudeza: “en la diferencia que no hace distinciones.” El elemento radical de la masa es, pues, la existencia (que nos hace iguales), y por lo tanto toda distinción es relativa y secundaria. Este gran logro provocado por el cambio en el paradigma de la sustancia, tal como lo plantea Sloterdijk, contiene riesgos ante los cuales el individuo, que es quien quiere, el que de verdad puede remitirse a sí mismo como sujeto de sus deseos, debe estar vigilante. El peor riesgo: el imperio de las diferencias arbitrarias, o regidas por un igualitarismo antivalorativo, como —ejemplificaré por mi cuenta— el que denuncia Harold Bloom en la enseñanza de la literatura en las universidades de los EE. UU., o el caos insignificante de la pintura moderna, empeñada en amansar lo extraordinario. La masa está en nosotros, cierto, y por ello debemos, como dice Sloterdijk haciéndose eco de Cioran, provocar con lo excelso.

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    Sloterdijk por Adolfo Vásquez Rocca

     

     

    3.- Masa y Poder. – José Morella

     

     

    El desprecio de las masas (Pre-textos). Este libro sigue la estela de Masa y Poder, de Elias Canetti, y en él Sloterdijk se dedica al rescate de la palabra masa. La diferencia entre la masa en tiempo de Canetti y la actual, dice Sloterdijk, es que antes la masa se reunía en lugares públicos (para montar revoluciones sociales o para oír discursos de Hitler) donde descargaba inconsciente tensión colectiva. Ahora ya no tiene la posibilidad de reunirse, ya no hay plazas públicas repletas de gente, sino masa “fraccionada, mediática y posmoderna”. La masa que antes descargaba fuerza, ahora busca entretenimiento. Ya no es ideológica sino consumidora. Intenta interrumpir cualquier discurso sobre sí misma, cualquier repuesta del individuo a la pregunta quién soy yo. El fascismo mataba el yo, pero en la sociedad actual el yo es tan grande que lo mata todo. Somos jaulas diseñadas para encerrar a nuestra libertad.

     

     

     

     

    Esa masa narcisista se cree perfecta. Distingue, entre los partidos políticos que quieren captarla, dos tipos de discurso: el del progresismo que quiere desarrollarla, dirigirla para que mejore (es decir, incide en su perfectibilidad, en sus déficits) y el de la derechona o el centro que la adulan para seducirla, diciéndole que no necesita mejorar, que es fantástica como es. Se trata de desarrollar o mimar. Los que miman a la masa deben hacer que lo exento de interés sea interesante. Se deben centrar siempre en lo no llamativo, en lo trivial. Lo especial debe ser eliminado. Y esto porque, según Sloterdijk, la masa desprecia los actos libres. La identidad de la masa es lo semejante, mientras que la del ser humano libre es la diferencia. Por eso en las sociedades europeas las elecciones se ganan cada vez más a base de alimentar el asco a lo otro, a la inmigración o a las identidades nacionales periféricas. Se alude al “buen sentido” de la masa, a la que por supuesto no se la llama “masa”, sino electorado. Esto también explica el odio al artista, al hombre o mujer de genio, y la adoración de personajes producidos por la industria, triunfitos o famosos nacidos de la nada. La diferencia entre uno de estos productos y un artista es que el primero está diseñado para gustar a la masa desde antes de que le escuchen o le vean, y el segundo crea en soledad para que luego la gente se esfuerce en entenderle. El artista necesita producir un discurso propio, y el famoso-producto está pensado como ingrediente comercial de un mundo en el que todo discurso propio sobre el yo debe desaparecer. Lo que los intelectuales, y los escritores en particular, deben preguntarse siguiendo a Sloterdijk es hasta qué punto la literatura puede también pensarse desde el esquema de desarrollo-adulación: hasta qué punto el escritor conseguirá escribir sin adular al lector. Quizás sea posible, además de un poco reduccionista, intentar hablar de dos tipos de obra literaria: la que deja al lector con la sensación de ser un ente inteligente, cultivado, lúcido, bien colocado en el mundo, y aquella otra obra que nos inquieta, que hace brotar la sospecha de nuestra falibilidad, de nuestra miseria. Para nosotros sólo sirve la segunda, porque sin reconocimiento de nuestra propia humanidad, de nuestra falta, es imposible superarla o sublimarla. Aquel que no acepta que se equivoca es quien lleva más tiempo equivocándose. Sólo los escritores que nos devuelvan las palabras, la política, el desarraigo, la conciencia de pequeñez, y que nos señalen las estrategias de los que nos dominan podrán ayudarnos a dejar de ser masa. No es tan difícil ni tan lejano. Hay que ir a votar, como siempre. Desempolvar periódicos, sacarle brillo a las palabras de hace no tantos años. Volver a usar el lenguaje para convencer, que es para lo que ha servido durante toda la historia de la humanidad.

     

     

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    Adolfo Vásquez Rocca

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    Adolfo Vásquez Rocca

     

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    PETER SLOTERDIJK MIEMBRO DE LA ACADEMIA DE LAS ARTES DE BERLÍN Y CONDUCTOR DE ‘DAS PHILOSOPHISCHE QUARTETT’ -ZDF-

    Adolfo Vasquez Rocca - Sloterdijk

     

    Dr. Adolfo Vásquez Rocca

    Pontificia Universidad Católica de Valparaíso – Universidad Complutense de Madrid

     

    Sloterdijk Atmo-terrorismo - Adolfo Vasquez Rocca

     

    El filósofo alemán Peter Sloterdijk1 fue designado -en junio pasado- miembro de la Academia de las Artes de Berlín junto a otros seis artistas e intelectuales.

     

    La Academia de las Artes, actualmente presidida por el artista Klaus Staeck, tiene un total de 370 miembros alemanes y extranjeros y su tarea es difundir las tendencias actuales de las artes y la cultura y contribuir a la conservación del patrimonio intelectual.

     

     

     

    En Berlín cuenta actualmente con dos sedes, una situada al lado de la Puerta de Brandeburgo y otra al lado del parque Tiergarten. Los miembros están distribuidos en seis secciones que son artes plásticas, arquitectura, música, literatura, artes escénicas y cine y nuevos medios.

     

     

     

     

     

    Adolfo Vásquez Rocca

     

     

    Los otros nuevos miembros son el escritor Friedrich Christian Delius, el crítico literario Peter von Matt, el compositor Manfred Trojahn, el cineasta Andres Veiel y los arquitectos y urbanistas Rena Wandel-Hoefer y Thomas Sievert.

     

    Sloterdijk es el más polémico y conocido filósofo vivo en lengua alemana. El autor de la Crítica de la razón cínica y la Trilogía Esferas2 revolucionó el panorama del pensamiento en Europa cuando en 1999 difundió su ensayo Reglas para el Parque Humano3 en el que abogaba por un debate sin tabúes sobre la ingeniería y la manipulación genética, con la tesis de que quizá por esa vía se llegaría a transparentar los límites y alcances de tales tecnologías para la especie.

     

    Sloterdijk, que ha sido candidato al Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, es rector de una universidad especializada en nuevos medios y diseño -la Hochschule für Gestaltung, en Karlsruhe.

     

    Sloterdijk - Adolfo Vasquez Rocca

     

    Sloterdijk es además conductor de un programa de televisión en la cadena pública alemana -ZDF-: “El Cuarteto Filosófico”4 [Das Philosophische Quartett] -que tomó el nombre del célebre “Cuarteto literario” de Marcel Reich Ranicki- donde tienen lugar debates y análisis político-culturales de actualidad desde una óptica filosófica y estética. El Programa se emite -cada dos meses- el domingo en directo, en horario estelar, con una duración de una hora y se graba en un estudio instalado en la fábrica de cristal que posee el consorcio automovilístico Volkswagen en Dresde. En este sugerente programa Sloterdijk junto a selectos invitados realiza originalísimos análisis estético-fenomenológicos de los espacios humanos o Esferas -como prefiere llamarles-, una indagación de los dispositivos iconográficos de la política de masas, del imaginario del arte, de sus nuevas tecnologías y la ampliación de su concepto y competencias en ámbitos tan diversos como la literatura, la música pop, la mitología, la arquitectura, la medicina magnetopática, la psicología analítica, la mística, expresiones todas, que se sitúan en un cruce entre política y filosofía, para exhibir los forados de una y de otra, en una corrosiva representación del carácter volátil de la sociedades liberales, cuyo estatuto ontológico es un híbrido difícil de precisar, una inflación de las patrias en medio de la ontología de las distancias globales.

     

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    Así en uno de los primeros programas se abordo la cuestión del miedo, con la colaboración de dos invitados inteligentes y experimentados en la vivencia del miedo, el alpinista y escritor Reinhold Messner, y el teólogo y ex disidente germano oriental Friedrich Schorlemmer. Temas no ajenos a las preocupaciones de Sloterdijk en obras recientes como Temblores de Aire; en las fuentes del terror.

     

    Rosi López  Arte
    Rosi López en ArteLista.com

     

    En su obra Temblores de aire5 Sloterdijk se interna en las fuentes del terror, corriendo la niebla, buscando luz en el crepúsculo de la inmunidad, Sloterdijk mueve provocadoramente su pensamiento. Este escrito se arma bajo la lógica del pánico como argumento central de la política. Escrito entre la voladura de los rascacielos de Nueva York y el secuestro por un comando checheno de los asistentes al teatro de Moscú. Asalto cuya conclusión -que todavía suscita discusiones en torno a si los gases empleados eran enervantes, anestésicos o una mezcla inodora e incolora de ambos- parece la confirmación empírica de la fantasía profética de Haslinger, citada por Sloterdijk, cuando imagina en Opernhall la ópera de Viena convertida por unos criminales en una gran cámara de gas.

     

    Sloterdijk - Adolfo Vasquez Rocca

     

    Sloterdijk plantea en Temblores de aire6 algo acerca de este tipo de espanto cuando estudia detalladamente la originalidad de esta época, al considerar a la práctica del terrorismo, el concepto de diseño productivo y la reflexión en torno al medio ambiente como un tríptico organizador de un estilo de muerte: el modelo atmoterrorista y la guerra del gas. Es desde el medio ambiente, desde la necesidad elemental del respirar que proviene el cambio en los medios de agresión al semejante. Se arrebata la vida arrebatando los medios que permiten vivir, en una comedia económica de la asfixia.

     

    Sloterdijk Atmo-terrorismo - Adolfo Vasquez Rocca

     

    Sloterdijk, uno de los intelectuales convocados recientemente por el canciller Schröder para debatir sobre las consecuencias del nuevo escenario mundial en la era del atmo-terrorismo y las guerras de rehenes, se refirió al binomio miedo y seguridad, en relación con la política exterior estadounidense, que suele presentar Washington bajo la rúbrica “intereses de seguridad”. Destacó el filósofo cómo “vivimos en una sociedad obsesionada por la seguridad”, por las pólizas y las políticas de climatización corriendo el riesgo de perder nuestra libertad. El alpinista Reinhold Messner se refirió al miedo como un elemento clave para el desarrollo del intelecto. “El miedo está al comienzo del intelecto, el miedo de alguna manera hizo al hombre”, señaló Messner, en su intervención. El ex disidente y teólogo Schorlemmer insistió en que el miedo es un instrumento que manejan los regímenes totalitarios para controlar a la población.

     

    Sloterdijk - Adolfo Vasquez Rocca

     

     

    Sloterdijk partidario de que el pensamiento no sólo se difunda, sino que se visualice, se presta a esta experiencia única en la televisión europea, debido a que cree que la filosofía se encuentra aislada y estado de sopor en ciertos claustros universitarios, en esas especies de sociedades secretas donde el pensamiento languidece, de ahí la necesidad de buscar espacios en los nuevos medios, para conseguir llegar al gran público y así terminar con la ruptura -especialmente profunda en Alemania- entre el saber académico y las preocupaciones del hombre corriente, el ciudadano medio -con sus agobios y perplejidades.

    Adolfo Vásquez Rocca

     

    Adolfo Vásquez Rocca PH D.

     

    ADOLFO VÁSQUEZ ROCCA. Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, Teoría del Conocimiento y Pensamiento Contemporáneo. Áreas de Especialización: Antropología y Estética. Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la PUCV, del Magíster en Etnopsicología, Escuela de Psicología PUCV, Profesor de Antropología y de Estética en el Departamento de Artes y Humanidades de la UNAB. Profesor asociado al Grupo Theoria, Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado. Director de la Revista Observaciones Filosóficas http://www.observacionesfilosoficas.net/. Secretario de Ejecutivo de PHILOSOPHICA, Revista del Instituto de Filosofía de la PUCV http://www.philosophica.ucv.cl/editorial.htm, Editor Asociado de Psikeba Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, Buenos Aireshttp://www.psikeba.com.ar/, miembro del Consejo Editorial de Escaner Cultural Revista de arte contemporáneo y nuevas tendenciashttp://www.escaner.cl/ y Director del Consejo Consultivo Internacional de Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo.

     

    Dr. Adolfo Vásquez Rocca

    http://www.psikeba.com.ar/obras/AVR/autor.htm

     

    | E-mail:adolfovrocca@gmail.com

     

    1 SLOTERDIJK, Peter, Hochschule für Gestaltung, Karlsruhe, Alemania. Referencia a la obra de Peter Sloterdijk: http://www.psikeba.com.ar/recursos/autores/sloterdijk.htm

    2 VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “Peter Sloterdijk;. Esferas, helada cósmica y políticas de climatización”, En Debats, ISSN 0212-0585, Nº 94, 2006, pags. 6-13, Valencia; y Eikasia, Revista de Filosofía, 5 (julio 2006); http://www.revistadefilosofia.com/SLOTERDIJK.pdf

    3 VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “Peter Sloterdijk; De las ‘Normas para el Parque humano’ a la biotecnología y el discurso del posthumanismo”, En Opinatio, Barcelona, 2006 http://usuarios.iponet.es/ddt/biotecnologia.htm

    4El Cuarteto Filosófico, Programa -ZDF-: http://www.zdf.de/ZDFde/inhalt/8/0,1872,1021352,00.html

    5SLOTERDIJK, Peter, Temblores de aire, en las fuentes del terror, Ed. Pre-Textos, Valencia 2003

    6SLOTERDIJK, Peter, Temblores de aire, en las fuentes del terror, Ed. Pre-Textos, Valencia 2003

    ROSI LÓPEZ; EXPOSICIÓN “TEMBLORES DE AIRE”

     

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    EL PARQUE HUMANO; Sloterdijk

     

     

    Dr. Adolfo Vásquez Rocca

    Ver: Peter Sloterdijk

    1.- El cinismo difuso de nuestras sociedades exhaustas

    ¿Quién es Peter Sloterdijk? La nueva estrella de la filosofía mundial, que dirige la Universidad de Karlsruhe. Célebre por su ya legendaria ‘Crítica de la razón Cínica’. Un visionario, un “nuevo y genial Nietzsche”, el filósofo alemán más célebre después de Jürgen Habermas o el supuesto responsable -a través de la publicación de su “Reglas para el Parque Humano” de abrir las puertas a la eugenesia y con ello convocar los fantasmas del nacional-socialismo -que aun se ciernen sobre el inconsciente colectivo de Alemania, que reviven con el anuncio de una era antropotécnica caracterizada por los experimentos y la manipulación genética.

     

    Peter Sloterdijk

     

    De una gran cultura filosófica, bella retórica y un estilo provocador. Sloterdijk enfrenta los problemas de su tiempo con las armas de un fenomenólogo agudo, atento y perspicaz, que desea escribir una “ontología de nosotros mismos”. Su independencia le lleva, sin reparos, no sólo a mostrar su vasta discrepancia con “el sueño ilustrado”, sino que además a hacer suyas las propuestas de filósofos incómodos y no siempre bienvenidos en Alemania: Nietzsche y Heidegger.

    Apelando al arte y la literatura de comienzos de este siglo que se nos acabó, Sloterdijk logró, con referencias a Duchamp, Man Ray y Musil, proponer al cínico como estandarte de la razón, que llama a la sensibilidad y a su razón de perro como la única posible: después de la caída en la alienación, al humano lo único que le queda es el cinismo -de la raíz can, perro-.

    De los discípulos de Heidegger quedan hoy testimonios de su grandeza personal, cruzados por los diferentes silencios, rechazos y enigmas por su posición en los años 30, cuando afirmó que el Führer era el único destino del pueblo alemán. Hay uno de Levinas, el más importante por su condena irreductible a la vez que por su reconocimiento al filósofo; está el silencioso y amante de Hannah Arendt, del cual supimos hace poco, y está el testimonio de Sloterdijk.

     

    2.- Normas Parque Humano, una respuesta a la Carta sobre el Humanismo.

     

    Con ocasión de un seminario a los pocos años de la muerte de Levinas, en septiembre pasado, Sloterdijk propuso un documento que llamó el Parque Humano, una respuesta a la Carta sobre el Humanismo, suscitando el debate filosófico de Europa más importante en este momento. La teoría es que si el humanismo fue rechazado por Heidegger en su carta a un filósofo francés en los 60, no fue por un capricho del alemán, sino porque ya se vislumbraba que la educación que estábamos recibiendo y dando los humanos no era buena, en el sentido que dejaba por fuera la verdadera dignidad del hombre, que está en otra parte y que no es la razón occidental, ni son la ciencia y la técnica, sus hijas. La sorpresa por lo sucedido se muestra en la carta de Heidegger, quien puso en tela de juicio todas las proposiciones -incluso la que presuponía su interlocutor acerca de si habría lugar para el humanismo-.

    Sloterdijk, recordando todo este ambiente, se propone mostrar hoy que el parque humano, como lo intuyeron Platón y Nietszche, ya está andando, y que es el proyecto de la razón occidental, donde la educación será un desafío, el más grande: existirán dos esferas sociales que ni siquiera se tocarán. Habrá una aristocracia del gobierno, que será la misma de la ciencia, y una plebe, la gente con cuernos de la que habla Platón en La República en boca de un extranjero; a esta gente se le permitirá habitar el parque humano como un zoológico más sofisticado.

     

    Peter Sloterdijk

     

    En esta ponencia Sloterdijk reclama una revisión genético-técnica de la humanidad. En su planteamiento constata que “las fantasías de selección biopolítica han tomado el relevo de las utopías de justicia”, de allí que Sloterdijk al destacar los medios y posibilidades que ofrece la biotecnología, sugiera formular un ‘código antropotécnico’, dejando abierta la posibilidad a una ‘antropotecnología’ en la que pueda cambiarse el ‘fatalismo del nacimiento’ por un ‘nacimiento opcional’ y una ‘selección prenatal’. Reviviendo con ello los fantasmas de los totalitarismos del siglo XX, con sus sueños eugenésicos y ambiciones de poder y control en la selección de seres humanos. Esta nueva ingeniería social busca cimentarse en una antropología de cuño neo-darwinista, compatible con cualquier racismo revivido, encontrando sus primeros antecedentes en Platón donde los discursos educativos sobre la comunidad humana parecen apuntar a un parque zoológico.

    El Humanismo como palabra y proyecto tiene siempre un opuesto, la Barbarie. Es fácil de entender que precisamente aquellas épocas que han hecho sus principales experiencias a partir de un potencial de barbarie liberado excesivamente en las relaciones interhumanas, sean asimismo aquellas en las que el llamado al Humanismo suele sonar más alto y perentorio. Quien hoy se pregunta por el futuro del humanitarismo y de los medios de humanización, quiere saber en el fondo si quedan esperanzas de dominar las tendencias actuales que apuntan a la caída en el salvajismo [Verwilderung] del hombre.

    Sin querer confrontar a nadie, Sloterdijk ha tenido la valentía de mostrar que entre las cosas fantasmales que amenazaban el desarrollo de la humanidad estaba, sin duda, el asunto de la cibernética aplicada a la vida. Cuando Platón y Nietzsche, separados por el comienzo y el fin de la metafísica y de la ontología, dijeron que la filosofía era un punto de referencia de los fantasmas de la organización humana -en ‘La República’ y en ‘La Voluntad de Poder’ respectivamente- dejaron abierto el campo a la amenaza del poder de los gobernantes, pero con el poder de la ciencia y la técnica de su lado, como advirtió Foucault.

    Podrían hacer cosas que nos dejarían anulada la voluntad autónoma, en situación de habitantes del parque de diversiones de los experimentadores científicos y los locos postmilenaristas de los laboratorios: ya no produciendo Frankesteins sino meros obesos asimilados, con su ración de McHamburger asegurada, mientras la humanidad -quién sabe qué querrá decir esa palabra a estas alturas del partido- se encargaba de seguir con fiereza el desafío de ser la administradora del parque, y hacer uno que otro experimento de vez en cuando (en un zoológico nazi, o en un campo de concentración, como la isla del doctor Moreau de Wells), o como si fuéramos plantas de hace 100 años, cuando comenzaron los cruces de Mendel.

    Lo que no le perdonan a Sloterdijk es su capacidad de desnudar la jerga filosófica sin perder de vista el fondo de la cuestión. Si Heidegger es difícil de leer, en cambio Sloterdijk lo cita sin traicionarlo y nos lo muestra en el problema de nuestra condición de huérfanos y a la vez padres del sentido a la espera del ser, que sólo se revela en el acto poético y en la aclaración del bosque de los símbolos, por decirlo de alguna manera. Pero esa horfandad no nos coge solos, como al comienzo de la historia. Nos coge en el momento más delicado, cuando -como ya lo había advertido Heidegger, buen lector de Platón y de Nietzsche- la técnica va a dar un vuelco a la condición humana, desde una forma matemática oculta, pero evidente en la metafísica occidental, que le roba a los entes una capacidad común de ser numerados, contados, olvidando el ser. Algo así.

    La obligación de hacerle frente a la segunda etapa de este fenómeno epocal está ahí. Y mientras Habermas -una especie de enfermero de la asimetría humana- con su preocupación por las condiciones del diálogo insiste en que sin los apósitos por él diseñados (la “horizontalidad”, el “conocimiento de los intereses” y la “transparencia”) no se puede hablar, otros -sin preguntarnos nada- están cambiando la clínica. Sloterdijk lo dice. Y Habermas se enfurece. El debate está encendiendo las cátedras de filosofía y la opinión ilustrada en el mundo entero. Mientras tanto, lleno de suspicacia, Habermas intuye que Sloterdijk es pronazi y el otro le recuerda que la finitud moral de Habermas comienza donde termina su juventud hitleriana, con la intención de crear un debate sobre el verdadero tono moral de la época. Sloterdijk ve tres formas morales: la de los que tienen algo que fundamentar (Habermas entre ellos), la de los que tienen en frente el horizonte de las ciencias duras sin horror pero sin mayor entusiasmo, y los jóvenes, a quienes no les importa el debate pero que, a la hora de la verdad, preferirían el parque humano.

    El reto no es sólo para filósofos desencantados. La educación humanística y en general la idea de ciencias sociales, economía, etc., queda afectada por el ensayo de Sloterdijk que no tiene más de diez cuartillas. Es hora de que repensemos estos retos, sobre todo en estas sociedades pequeñas donde todo está por hacer y en donde, por lo mismo, se puede hacer distinto.

    Ahora bien, como lo indica su título, Reglas para el Parque Humano aborda el problema del Humanismo bajo la forma de una respuesta al conocido texto de Heidegger de 1946[2]. La tesis fundamental es que el supuesto componente bestial de la naturaleza humana quiso ser neutralizado por el humanismo clásico mediante la domesticación a través de la lectura, entendida ésta más que como una campaña de alfabetización, como un masivo envío postal -bajo la forma de extensas cartas dirigidas a los amigos- cartas destinadas a instaurar lo que Sloterdijk define como una sociedad pacificada de lecto-amigos. De tal modo que las naciones lejanas serían ellas mismas productos literarios y postales: ficciones de un destino de amistad con compatriotas remotos y una afinidad empática entre lectores de los mismos autores de propiedad común[3]. De ahí en adelante, los pueblos se organizan como ligas alfabetizadas de amistad compulsiva, conjuradas en torno a un canon de lectura asociado en cada caso con un espacio nacional. Esto fue así, hasta el advenimiento de las ideologías, con los Estados- nacionales en los siglos XIX y XX, el humanismo se vuelve pragmático y programático, el modelo de sociedad literaria amplía su alcance, convirtiéndose en norma de la sociedad política y -en la práctica- germen de ambiciones imperialistas. Además de los autores europeos antiguos se movilizan ahora también -para estos fines- clásicos modernos y nacionales, cuyas cartas al público son ensalzadas y convertidas en motivos eficientes de la creación nacional por parte del mercado de libros, las casas de altos estudios y los ideólogos de los nuevos totalitarismos.

    Dr. Adolfo Vásquez Rocca

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    Dr. Adolfo Vásquez Rocca

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    Dr. Adolfo Vásquez Rocca

    * De la escuela cínica al cinismo contemporáneo de Sloterdijk – Adolfo Vásquez Rocca

    *

    Música concreta y Filosofía contemporánea; Registros polifónicos de John Cage a Peter Sloterdijk – Adolfo Vásquez Rocca

    * Peter Sloterdijk: ‘Extrañamiento del mundo’. Abstinencia, drogas y ritual – Adolfo Vásquez Rocca

    * Peter Sloterdijk; la música de las esferas y la era antropotécnica – Adolfo Vásquez Rocca

    * Peter Sloterdijk ¿dónde estamos, cuando escuchamos música? – Adolfo Vásquez Rocca

    * Peter Sloterdijk; El Desprecio de las Masas, consideraciones en torno al poder – Adolfo Vásquez Rocca

    * Peter Sloterdijk: de las ‘Normas para el Parque humano’ a la biotecnología y el discurso del posthumanismo – Adolfo Vásquez Rocca

    * Peter Sloterdijk: Esferas, helada cósmica y políticas de climatización – Adolfo Vásquez Rocca

    * Peter Sloterdijk y la metafórica de la navegación – Adolfo Vásquez Rocca

    * Peter Sloterjijk, la escucha de sí y el olvido del Ser desde todos los altavoces – Adolfo Vásquez Rocca

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    Sitios relacionados con Peter Sloterdijk

    Seminario SLOTERDIJK – NIETZSCHE

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