ZOOLOGÍA POLÍTICA


ERNST JÜNGER: TEMPESTADES DE ACERO, DIARIOS DE GUERRA Y ESCRITURAS DE LA CATÁSTROFE Por Adolfo Vásquez Rocca

 

 

 

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Ernst Jünger por Adolfo Vásquez Rocca

 

ERNST JÜNGER: TEMPESTADES DE ACERO O LA ENTRADA EN ESCENA DE LOS TITANES

La lucha de los titanes y el crepúsculo de los dioses son metahistóricos, ellos echan mano de la historia a partir de la naturaleza y del cosmos. Considerados temporalmente, es de suponer que los titanes precedieron a los dioses y, a su vez, administraban el caos. A esto le siguió el mito que afirma que fueron los titanes quienes generaron y educaron a los dioses. Su revuelta hizo temblar el Olimpo, luego fueron refrenados por Zeus y exiliados al mundo subterráneo. Con todo, ellos han de retornar siempre de nuevo; así, por ejemplo, Prometeo encadenado, en la figura y aspecto del trabajador. Los dioses crean desde lo atemporal; los titanes empero, actúan e inventan en el tiempo. Se hallan emparentados más con la técnica que con las artes. De allí que Hölderlin aconsejase al poeta soñar y dejarse consolar por Dionisos, mientras sea que dominen los “hombres del acero”, no obstante, él sabe que los dioses han de retornar”.

Ernst Jünger

 

La trinchera tiene una profundidad de dos o tres hombres. Por tanto, los defensores se mueven por ella como por el fondo de un pozo, y, para poder observar el terreno que tienen delante o disparar contra el enemigo, tienen que subir por escalones hechos en la tierra o por escaleras de madera, al puesto de observación: una larga tarima o saliente practicado en el talud, de manera que quienes estén sobre él puedan asomar la cabeza y mirar. Sacos de tierra, pedruscos y planchas de acero constituyen el parapeto (…) Delante mismo y a lo largo de las trincheras se extiende, casi siempre en varias líneas, redes de alambradas, enrejados de púas de alambre que detienen a los asaltantes y permiten a los defensores disparar con toda tranquilidad (…)”

 

Ernst Junger. Tempestades de acero. 1920.

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Jünger La Esctitura de la Catástrofe por Adolfo Vásquez Rocca

 

 

1.-

Ernst Jünger1, escritor, filósofo, novelista e historiador alemán nacido en Heidelberg en 1895 y fallecido en Wilfingen en 1998. Hijo del doctor Ernst George Jünger, un profesor de química, y Lily Karoline. Se une a los Wandervögel en 1911, movimiento juvenil, que sostenía principios radicales posteriormente adoptados por el movimiento hippie, extremaba el espíritu de la naturaleza y la búsqueda de los bosques así como el respeto absoluto por la vida animal. Además, a diferencia de estos últimos teñía su ideario de una glorificación de la nación alemana.

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Jünger y Alemania por Adolfo Vásquez Rocca

Cuando estalló la I Guerra mundial Jünger fue uno de los primeros en alistarse, obteniendo en 1918, pocas semanas antes del fin de la guerra, la condecoración “Blaue Max” al mérito militar. Fruto de esta experiencia, fue la publicación -con tan sólo 25 años- de sus recuerdos de la guerra en el libro “Tempestades de Acero”, una alabanza a la guerra en cuanto “experiencia interior”, que catapultó al joven escritor a la fama.

 

Entre la guerra y la subida de Hitler al poder en Alemania, Jünger formó parte de la órbita de una compleja corriente político-cultural llamado “Konservative Revolution” o revolución conservadora alemana, de la que formaron parte, además de diversos grupos, autores como Ernst von Salomon, Werner Sombart, Carl Schmitt o Oswald Spengler. Algunas de las características más importantes que definieron a la “Konservative revolution” fue su nacionalismo radical, su rechazo al liberalismo decimonónico, a la Revolución francesa o la influencia de autores como Nietzsche. Dentro de esta corriente, Jünger publicó libros como “La guerra como experiencia interior”, “La movilización general” o “El trabajador”.

 

Como se ha señalado, en los primeros años de la República de Weimar -Júnger- es un activo polemista y articulista dentro de la cultura del nacionalismo alemán revolucionario, que une pasión revolucionaria y extremo conservadurismo antiliberal. En este sentido existe un elemento fascistizante en el Jünger joven, que ha constituido hasta nuestros días un punto de referencia espectacular. Nunca fue nazi, pero de los años 1925-1933 existen referencias ambiguas a ese movimiento, es decir, positivas y negativas. El asunto es que en su lenguaje ideológico —con nivel, pero dentro de esa esfera— Jünger creyó identificar el espíritu de la Historia con un tipo de actitud que en la política real no podía sino llevar a una suerte de “parafascismo.” En algunos pocos esto significó en esos años el acompañar al desarrollo de Leviatán hasta sus últimas consecuencias, hasta el fin; en muchos casos creó la ilusión de una suerte de Parusía. Conocido es el caso de Martin Heidegger que fue más allá de Jünger y apoyo al régimen, al menos en sus primeros años1.

Ahora bien, a pesar del marcado tono nacionalista de la obra de Jünger durante esta época, el matiz “de élites” de su obra, además de la ausencia de antisemitismo, llevó a Jünger a rechazar ya en 1933 al nacionalsocialismo, al no aceptar el ingreso en la Academia de Poesía Alemana, purgada hacía poco tiempo por la Gestapo, y se marchó a una aldea, Goslar, en las montañas Harz; después se radicó en Ueberlingen.

 

En 1934 prohíbe al periódico del partido nazi que siga utilizando y manipulando sus escritos, rechazando también ocupar un asiento en el Reichtsag, al tiempo que publica “Blaetter und Steine” (Hojas y piedras), su primera crítica al racismo fascista.

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Jünger pasó una parte de la II Guerra Mundial como militar en el París ocupado, donde a partir de 1941 frecuentó los salones literarios y de fumadores de opio, así como la bohemia parisina, se dejó invitar por los oficiales que comenzaban a rebelarse contra Hitler y salvó la vida a cuantos judíos represaliados pudo. “El uniforme, las condecoraciones y el brillo de las armas, que tanto he amado, me producen repugnacia”, anotó Jünger en su diario, al enterarse de la exterminación progresiva de los judíos.

Así pues, una visión como la de Jünger no se refiere únicamente al nazismo, ni siquiera a las ideologías y sistemas totalitarios, sino un rasgo de la civilización moderna de querer vincular el advenimiento de la sociedad industrial con una esperanza de escatología secularizada, que en la era de las guerras mundiales y de la Guerra Fría adquiere una dimensión política, la que más tarde – en la obra posterior– se tornará en objeto de crítica, ejerciendo una labor de medium y vidente superdotado de las sociedades del futuro.

2.-

 

Desde que en los años 50 entablara amistad con Albert Hofmann, el creador del LSD, varios de los libros de Jünger versaron de forma directa o indirecta sobre la experiencia psicodélica. En 1952, después de su primera experiencia con la LSD, escribe “Besuch auf Godenholm” (Visita a Godenholm), cuya publicación coincidió con la aparición de “Las puertas de la percepción”, de Aldous Huxley. Su otro gran libro sobre el tema de las drogas es “Annäherungen. Drogen und Rausch”, (Acercamientos. Drogas y ebriedad), de 1970. Esta obra, en la que el autor acuñó el término psiconautas (navegantes de la psique), expone las numerosas experiencias de Jünger con varios tipos de sustancias psicoactivas, tanto enteogénicas como estimulantes u opiáceos.

 

Hacia 1977 escribe otra de sus obras más conocidas, “Eumeswil”, donde sobresale la figura del “anarca”, personaje preconfigurado por Albert Camus en su libro “L’homme révolté” (El hombre rebelde, 1951). Uno de sus últimos textos sería “Die Schere” (La Tijera), publicado en 1989, cuando Jünger contaba con 95 años de edad. De gran valor histórico y literario son sus diarios de la II Guerra Mundia (”Radiaciones”). En la actualidad se considera a su obra como una de las mayores contribuciones a la literatura en lengua alemana en el siglo XX.

Finalmente murió el 17 de febrero de 1998 cuando ya contaba con 103 años de edad.

 

3.-

 

Amigo personal de Heidegger, la polémica desatada alrededor del posible nazismo personal y teórico de este filósofo le parece de tono menor. “El gran éxito de Heidegger fue el giro que le dio a la teoría del conocimiento hacia el concepto del ser. Eso es una filosofía muy amplia, que naturalmente se puede desglosar en algunos aspectos y atribuirle una conexión con ideologías de la época, pero eso no resume ni con mucho la totalidad de la filosofía de Heidegger, sino sólo algún aspecto parcial”.

 

Tempestades de acero es un canto al guerrero, un canto a los valores que surgen del peligro de vivir, una visión romántica de la guerra. Jünger, en su madurez, se distancia de aquellos primeros fervores, pero se reconoce en quien los vivió. “En cierto modo, no he realizado autocrítica. En la distancia, aún soy proclive de darle unos golpecitos en el hombro a aquel jovencito que escribió Tempestades de acero. Naturalmente, aquel jovencito era agresivo, no había llegado a la consciencia de la importancia que tiene el evitar y prevenir las guerras. Ahora que he llegado a este estado senatorial de madurez, pues tengo otra visión de las cosas, pero esto no significa que me distancie de aquel joven”.

 

Llegado a la madurez, ¿ha logrado en literatura sus propósitos? “Naturalmente, hay personas que no llegan tampoco con la edad a la madurez. A mí no me gustaría pertenecer a ese grupo de personas a las que sería aplicable la frase de Voltaire que dice que quien no tiene el espíritu de su edad tiene todas las desgracias de su edad”.

 

Instalado en la mejor tradición de la cultura alemana, Jünger parece fijarse en las individualidades que trascienden su tiempo. “A Hölderlin le ponen siempre en el grupo de los románticos, y eso no es cierto. Hölderlin sobrepasa a su tiempo, y en cierto modo prevé nuestra época y, por tanto, no es un romántico en la acepción clásica”.

 

Sus diarios, escritos en circunstancias terribles, guardan distancia para con los horrores que describen. “Un diario puede sustituir a la oración. En una ocasión fui herido, y al transportarme me quitaron los diarios; al darme cuenta, me incorporé, fui a buscarlos y me volvieron a herir”.

 

4.-

Ernst Jünger (1895-1998) constituye, posiblemente a causa de sus participaciones – diametralmente opuestas – en ambas guerras mundiales, una figura privilegiada del escritor-soldado; sin embargo, Jünger fue cronológicamente, combatiente antes de ser escritor. Así, como subraya Marcel Decombis (Ernst Jünger, l’homme et l’œuvre jusqu’en 1936) siguiendo la línea trazada por el especialista de historia literaria Langenbucher, es necesario distinguir “el linaje de poetas que se convirtieron en soldados, de la joven generación (de la cual forma parte Jünger) que la guerra transformó en poetas”. En efecto, la generación intelectual alemana que había publicado anteriormente a 1914, entre otros R.G. Binding o St George, sintió la guerra como un cuestionamiento apocalíptico de la cultura de la cual formaba parte. Sin embargo, la generación literaria de Jünger o de Dwinger y Schauwecker, irrumpía en ese momento dentro de la historia contemporánea. En este sentido, Jünger forma parte de los autores que no esperaron ver madurar en ellos una vocación, sino que se sintieron incitados a la escritura por la crudeza de una experiencia belicosa que derrocaba el antiguo mundo y que debía ser contada sin artificio.

 

Aunque Jünger ha sido acusado de poeta ingenuo y de verdadero apólogo de la guerra, su posicionamiento moral frente los conflictos es más ambiguo o heterodoxo que una aproximación superficial del autor podría sugerir. Confrontado a un dilema prometeico entre, de una parte, su lealtad espiritual a los ideales caballerescos del Imperio Alemán, y por otra, la necesidad de conformarse a los nuevos retos de “rebelión de la materia esclavizada por el hombre” (Drieu Rochelle, La comédie de Charleroi), va a intentar relatar escrupulosamente de manera a la vez objetiva (experiencia) y poética (sensación) (I), los desafíos físicos e intelectuales de la guerra, y hacerles frente formulando una nueva moral guerrera (II), que sea sintética y adaptada a la ruptura de civilización para su pertinencia en el tiempo histórico y en el espacio político (III).

 

La prosa poética de Jünger da cuenta de la naturaleza gratuita del acto heroico, que no tiene por qué tener “causas” para existir. Como lo ha dicho ya a los noventa años, la gloria “es como la cola inflamada de un cometa, que centellea todavía algún tiempo en la estela de la obra. Uno puede entonces preguntarse cuál es el propósito de la escritura, suponiendo que haya alguno: es el instante creador mismo en que algo se produce fuera del tiempo, el cual ya no puede ser anulado. El universo se ha afirmado en el individuo, y esto debe bastar, así sea que a algún otro se le ocurra o no”1.

5.-

 

I) Relatos de guerra: la aceptación de la guerra tal como es

 

Los recuerdos personales de Jünger constituyen la base esencial de sus primeros textos: escritos de fuente real, sin construcción de una intriga y sin elaboración de personajes de ficción. En complemento de estos libros, La guerra como la experiencia interior, concentra sus reflexiones acerca de la guerra. De este modo, la obra del autor resulta representativa del destino de millones de combatientes que participaron en el conflicto, “hasta el punto que sus testimonios aparecen como documentos simples” (Julien Hervier en Deux individus contre l’Histoire : Drieu la Rochelle et Jünger)

 

 

Los escritos de guerra de Jünger, como lo explica Decombis, tratan la guerra en tres dimensiones. Partiendo de la realidad, los escritos inflexionan de manera lineal hacia consideraciones más abstractas y globalizantes: en un primer momento se presentan los aspectos tácticos, luego se abordan (bajo la forma de relación carnal con la guerra) las huellas físicas en el cuerpo de los soldados, y finalmente se señalan las interrogaciones morales que produce la experiencia fuera de lo común.

 

Tres grandes escritos “objetivos” de la guerra: Tempestades de acero, El bosque 125, Fuego y Sangre

 

En la obra de Jünger, la preocupación por tratar la realidad no excluye la exigencia estética; así, Tempestades de acero serán acogidas con admiración por André Gide que verá en ellas “el más bello relato de guerra”. Este primer diario de guerra describe las diferentes campañas y las heridas del autor durante los cuatro años de guerra. Se trata, sobretodo, de una aproximación a la práctica cotidiana de la guerra: el ataque, la guardia y el descanso, entre las explosiones de obuses y las heridas meticulosamente descritas por el narrador que se abandona a “sollozos compulsivos” por la visión de “la inmensa mayoría de sus hombres destripados”.

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Jünger y André Gide por Adolfo Vásquez Rocca

 

El boqueteau 125 explicita una semana de los mismos acontecimientos en un lugar circunscrito y particularmente representativo del frente: un grupo de soldados defiende una posición totalmente devastada. El tercer texto, Feu et Sang, es la descripción de un solo día de combate: desde las esperanzas del asalto, hasta el “vértigo que se apodera de todo y arrebata la conciencia” en una “pelea donde las cosas y los valores cambian de aspecto” (Decombis).

 

El sentido de la guerra reside en su fatalidad: la negación de su absurdo.

 

Jünger toma como punto de partida la experiencia en toda su crudeza y, como Hobbes, considera que el hombre está sometido a un deseo de destrucción que constituye una ley natural. Además, como explica Julien Hervier, según Jünger “esta plaga necesaria es una fuerza saludable”. Bajo el influjo de una perspectiva nietzscheana, el escritor alemán considera que la lucha es el principio de toda vida y de la cultura misma. La guerra entendida como un acto valeroso, no deja lugar a crítica. Jünger considera que los esfuerzos de los pacifistas son vanos, y hasta condenables. Según él, “la guerra es el más potente encuentro de los pueblos” (La Guerra como experiencia interior). Jünger, alistado a la Legión extranjera de manera voluntaria a los 17 años, seducido por la cultura francesa, participará en las dos ofensivas del ejército alemán sobre París. La dureza de la prueba sufrida por el soldado implica retrospectivamente considerar la guerra como algo no absurdo. El principio de la lucha es una fuente de sentido.

 

El significado de la guerra radica en la memoria necesariamente mantenida. El valor de los combatientes, su valentía en el momento de las ofensivas, entran en la historia y dejan huella: “¿cuánto tiempo hará falta para que fenómenos como la gran ofensiva de la primavera de 1918 o la batalla de Skaggerak se desprendan del tiempo como monumentos independientes?” (La Guerra como experiencia interior).

La lógica de la prueba, entre idealismo y realismo: la aceptación de la guerra tal como es.

La postura de Jünger es heroica: la guerra es una prueba con la cual hay que enfrentarse: “para no ser víctima del acontecimiento, hay que ponerse a su altura” (Decombis). En este sentido, Jünger se inscribe dentro de la tradición heroica de la caballería inspirada por los grandes héroes homéricos de Grecia arcaica. La guerra como ineluctable, tiene consecuencias terribles para los que intentan sustraerse de ella ignorándola: “no tenemos derecho a negarla, si no nos tragará” (La Guerra como experiencia interior). Los relatos de Jünger se dirigen a los que no han conocido los combates del Frente para informarles de la realidad de la guerra vivida.

 

Sin embargo, los libros de Jünger sobre la guerra de 1914-1918 no incitan al combate. Jean-Michel Palmier afirma en este sentido que “por un curioso giro dialéctico, Tempestades de acero parece ser una de las más apropiadas obras para inspirar el horror de toda guerra, precisamente porque su recurrente estética grandilocuente se convierte en insoportable”. De hecho, el mismo Jünger previene a la juventud de la posible seducción de “esta atracción de armas chispeantes, de sangre espumante y de juego intrépido con la vida y la muerte” (Fuego y Sangre). Alejado del nihilismo, Jünger ratifica el horror de la guerra, no duda en utilizar una descripción minuciosa del olor y del aspecto de los cadáveres a medio descomponer. Decombis subraya el esfuerzo de Jünger para sintetizar, según una perspectiva “estereoscópica”, los puntos de vista militaristas y antimilitaristas representantes ambos de la Alemania en guerra. Idealismo y realismo por separado acceden a una visión truncada del hecho vivido; por eso Jünger se ampara de un tono que concilia “la poesía del corazón y la prosa del mundo” (El corazón aventurero). Definición muy próxima a los términos que Hegel utilizaba en Estética por la definición de la novela (Jean-Michel Palmier).

 

II / Pensar la guerra a partir de la “experiencia interior”

 

El carácter sintético de la visión estética y metafísica de Jünger radica en un vaivén entre un gusto por la tradición y la confrontación a las exigencias de su tiempo. Siendo la guerra tanto un desafío moral como un reto para el entendimiento. La resolución de esta tensión en la persona y la psyche de Jünger, incita a reflexión.

 

6.-

Las interrogaciones morales del sentido de la guerra

 

La moral que se desprende de los diarios de guerra es fundamentalmente aristocrática. El componente nietzscheano del pensamiento de Jünger desemboca en una omnipresente apología de la fuerza, desarrollada bajo forma estética por el joven aficionado de Baudelaire y de Rimbaud. Como lo subraya Decombis, “su admiración tiene como objeto tanto la belleza del ordenamiento de las armas (…) como los soldados que las manejan con tanta (…) seguridad”. Esta estética ilustra los principales rastros de la síntesis aristocrática que concilia la firmeza de la fuerza natural con la desenvoltura en su utilización.

 

Jünger se niega a calificar la guerra de absurda: sería una renuncia y una traición a la memoria de los compañeros de armas que van desapareciendo a lo largo de las páginas de las Tempestades de acero. Según una perspectiva una vez más, resueltamente nietzscheana, el enemigo es un alter ego. Éste merece respeto según el viejo principio caballeresco. Encontramos eco de este comportamiento en otro testimonio de la Primera Guerra Mundial; la película La Gran ilusión de Jean Renoir. El capitán alemán Von Rauffenstein invita a comer a oficiales franceses cuyo avión acaba de destruir, saludando con cortesía la memoria de las víctimas francesas y pidiendo disculpas a sus huéspedes: “que la tierra les sea ligera a nuestros valerosos adversarios”. Jünger promueve este sentido de “guerra sin odio” fratricida entre los mejores de cada campo. Un juego trágico pero necesario: “cuando nos lanzamos uno contra otro en una nube de fuego y polvo, hacemos uno, no somos más que los componentes de una sola fuerza fundida en un solo cuerpo” (La guerra como experiencia interior).

 

Jünger se esfuerza por recrear la unidad de la guerra, a pesar de su complejidad y de los sentimientos contradictorios que pueden avasallar al soldado desconcertado por la violencia de su realidad. La abdicación de la Razón no le conduce a desprestigiar la guerra, le confirma en la validez de lo irracional, continuidad del romanticismo político de la segunda mitad del siglo XIX alemán. La guerra como experiencia interior abunda en los “contrastes [que] lejos de dar un carácter contradictorio a nuestra vida, constituyen su carácter grave”.(Decombis)

 

Enfrentarse con la “revancha de la materia sobre el espíritu”: hacer del materialismo un valor

 

Jünger constata la obsolescencia de la guerra de movimiento bajo las Tempestades de acero vertidas por la artillería, y considera que el fin de este tipo de guerra es la derrota del idealismo. Jean-Michel Palmier nos recuerda que Alemania conoció el equivalente de la matanza de los jóvenes Cadetes de la Academia General Militar de Saint-Cyr en la batalla de Langemark, a finales de 1914. Estos jóvenes anestesiados por la embriaguez de la acción encarnan el culto del heroísmo sin objeto calificado de “beatitud de los epilépticos” por Walter Benjamín.

 

De hecho, Jünger se aparta del heroísmo inútil y se esfuerza por entender el materialismo que caracteriza su tiempo. De ahí su obsesión por la técnica, tema objeto de la constante correspondencia entre el escritor y Heidegger. Así como lo señala Decombis, Jünger se aferraba al pasado: sabia que la caballería perdía su pertinencia una vez preparadas las trincheras. “La trinchera convirtió a los combatientes en asalariados de la muerte” (La guerra como la experiencia interior). La vigilancia del mismo Jünger ante las evoluciones tácticas de la guerra es paradigmática de la del soldado en su trinchera: se trata de comprender con pragmatismo las nuevas incógnitas del fenómeno para anticiparse. En esto, las opiniones de Jünger, lejos de ser ingenuas, son un pensamiento para la supervivencia.

 

El autor evoluciona al materialismo por la imposición de las circunstancias: se trata de resistir estoicamente bajo las tormentas de acero. Aunque la guerra “pierda alma”, su principio de prueba sigue vigente y reforzado por las nuevas condiciones materiales. Las realidades tienen vocación a ser afrontadas: Jünger, pensador distinguido del realismo conservador, se acerca a la famosa máxima del Príncipe Salina, el Gatopardo de Lampedusa: “Es necesario que todo cambie para que todo se quede como está”. Decombis anota al respecto como Jünger acepta la ineluctable dictadura del materialismo, esforzándose a encontrarle una justificación espiritual. El materialismo constituye, para él, la base de un nuevo orden moral. La guerra como experiencia interior ilustra este pensamiento: “las máquinas son la inteligencia de un pueblo soldada al acero”.

 

“La revancha de lo brutal sobre lo sentimental” (Decombis): el regreso fulgurante de los instintos primitivos y el verbo “prenazi” de Jünger

 

Jünger estudia la actitud del hombre confrontado con experiencias excepcionales como camino hacia la esencia de su ser. La verdad que encuentra es irracional, la propia de un inconsciente que se esconde bajo la capa de la Razón. Las causas: el “oscurecimiento de la inteligencia por el cansancio, el vencimiento de la sensibilidad por la indiferencia” (Decombis). Pero esta “salida de uno mismo” esta limitada temporal y espacialmente al campo de batalla, ocasión de tomar la justa medida de sí mismo y de vivir la experiencia privilegiada de la “anarquía interior” (que Jünger tratará de reencontrar por otros caminos en tiempos de paz, menos destructores para el prójimo, como en la droga y en la embriaguez: Aproximaciones a las drogas y embriaguez). Esta experiencia espiritual constituye un privilegio que no tiene vocación de durar más que un instante, permite el distanciamiento del mundo y la impasibilidad estoica de resistir.

 

En 1953, después de una experiencia con el LSD, escribió un pequeño relato titulado Visita a Godenholm, cuya publicación coincidió con el ensayo Las puertas de la percepción, de Aldous Huxley. Ambos ensayos marcan un hito en la aparición de los enteógenos en la escena del siglo XX, pero con una diferencia: Jünger en ninguna de sus páginas mencionó la palabra droga, ni LSD, ni nada que se le pareciera. La reserva y la discreción ha sido la tónica general de los libros de Jünger sobre substancias “visionarias”, ello nace del escepticismo de Jünger.

 

La guerra como la experiencia interior es la oportunidad del retorno, por el estrépito del combate, a los instintos primarios del hombre. Una propensión al equilibrio entre el miedo y la curiosidad que incita a la acción ante el peligro. Rehusando el nacionalismo como principio explicativo del coraje de los combatientes; éstos son estimulados por pulsiones anteriores y más básicas: “no queremos un mundo apacible y refinado, queremos el mundo con la totalidad de sus posibilidades” (Fuego y Sangre). La inflexión a la acción es posible gracias al descubrimiento de esta energía bruta e insospechada en “una raza nueva, del más elevado potencial, formada en la dura escuela de la guerra que tiene a mano el instrumento de realización de la muerte” (Fuego y Sangre).

 

Así, Jünger consigue la síntesis entre materialismo y brutalidad, entre modernidad y barbarie. De ellos, emana una nueva espiritualidad, propia a la raza anteriormente evocada (Decombis). Sus ideales, los encuentra en su recuerdo como teniente fuerzas de choque: el racionamiento a sangre fría y el calor en la acción. En su extremo esta idea remite a una apología audaz y peligrosa de la embriaguez y de la violencia, que ha sido etiquetada de “fascista” por Marc Vanoosthuyse en Fascismo y literatura pura. En cierta manera, prefigura los llamamientos a la lucha con un “furor sagrado” de Hitler quien asumiría la acusación de barbarie en Nuremberg (”Sí, somos unos bárbaros y queremos ser unos bárbaros. Es un título de honor. Somos los que rejuveneceremos el mundo. El mundo actual toca su fin. Nuestra tarea es de saquearlo”). No obstante, la distancia manifiesta de Jünger respecto al mundo en general o el nacionalsocialismo en particular, permitieron a sus introductores en Francia, especialmente sus traductores Henri Thomas y Julien Hervier, su editor Christian Bourgois, o sus admiradores como Julien Gracq, defender al autor, una de las más grandes figuras de la “reacción revolucionaria prefascista” (Ernst Nolte, El fascismo en su época) que constituyó la revolución conservadora alemana.

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Fascismo y Literatura por Adolfo Vásquez Rocca

 

7.-

Un pensamiento de síntesis y de ruptura: la guerra, la historia y el destino

 

La controversia en cuanto al papel exacto desempeñado por Jünger en la revolución conservadora y la dimensión “prenazi” de sus escritos nos remiten a la relación del escritor alemán con la historia y a la política de la nación alemana.

 

El mundo antiguo, feliz y glorioso, colmado de armonía y belleza, debe pasar por las llamas para ser purificado de sus debilidades

 

Militarista al igual que su generación, Jünger no pone en tela de juicio la legitimidad de la guerra: “no se rebela contra la marcha del tiempo” (Decombis) intentando anticiparlo como ilustra su relación con el materialismo. Del mismo modo que Spengler en La decadencia de Occidente, se muestra sensible a las metáforas biológicas (vegetales y entomológicas), y desarrolla una concepción cíclica de la historia parecida al ritmo de la vida: el desarrollo fulgurante de Alemania bajo Bismarck era patológico y el mundo idealista que había nacido bajo la jefatura prusiana debía inevitablemente entrar en crisis, provocando la muerte de la Alemania imperial por su afán de provocar guerra.

 

Por eso Jünger considera, según una perspectiva vitalista, que la guerra es una ruptura filosófica en el contexto de una civilización cambiante: tiene un efecto radicalmente roborativo, ya que elimina las debilidades contenidas en la Alemania imperial. La Alemania del fin del siglo XIX está condenada, aunque Jünger sea sensible a sus honores, como en la medalla Pour le mérite, la más alta condecoración alemana que simboliza las largas tradiciones militares prusianas. En el libro de protesta metafórica contra el nazismo, Sobre los acantilados de mármol, el mundo antiguo está presentado como una edad de oro marcada por una belleza y una armonía que no dejan insensible a Jünger. Sin embargo este mundo ideal debe prender en las llamas para salir regenerado: aunque “ese tiempo se fue para no volver más”, y sea objeto de “una intratable melancolía”, el renacer de la vida es necesario.

La guerra, momento de inflexión en el ciclo de la historia: la lucha entre fuertes y débiles

La guerra, siendo una prueba sin concesión, no deja espacio ni a la debilidad ni a los que se refugian en la abstracción pura. En el mismo registro, Jünger escribe en El trabajador: “en todos los países que han participado en la guerra, hay vencedores y vencidos”. Tanto para Jünger como para Nietzsche, conviene eliminar el ideal ante el hecho, así como hacer prevalecer la fuerza ante el derecho (Julien Hervier). La colectividad se reconstituye en función de la línea de ruptura, ya que el grado de devastación del país impone que los supervivientes se concentren en los recursos restantes. Los egoísmos de la sociedad burguesa de período anterior a la guerra dan sitio a la movilización total de las energías, para tomar en mano el destino de la nación a la hora de la gran prueba común.

 

Catorce veces herido, como lo relatan las últimas páginas de Tempestades de acero, Jünger no se sorprende de su suerte. El momento de la última herida, casi fatal, le causa una “tristeza extraña” (Jean-Michel Palmier), pero Jünger espera resignado el desenlace: “tenía la certeza de estar irrevocablemente perdido. Y, cosa extraña, este momento fue uno de los pocos que fueron verdaderamente felices. Comprendí en ese segundo, como a la luz de un relámpago, mi vida en su estructura más secreta (..). Allí dónde estaba entonces, no había más guerra ni enemigo”.

 

8.-

 

Las bodas bárbaras del hombre y la técnica por Ernst Jünger y Walter Benjamin

 

El destino individual y colectivo: “las bodas bárbaras del hombre y de la técnica” vistas por

 

En La guerra como la experiencia interior, Jünger manifiesta una filosofía que Decombis cualifica de “más próxima de la de las Jansenistas que de la de los antiguos griegos”: concibe una potencia superior cuyos fines son escondidos pero fijados de antemano, y niega que sólo el azar disponga del destino de los individuos. El hombre debe someterse sin queja a esta fuerza, siendo la fe lo que permite superar la crisis. Pero esta experiencia individual tiene también connotación colectiva: “porque el poderoso destino de los pueblos ha sido experimentado y sufrido a través del destino del individuo”. Así, el porvenir contingente del individuo queda justificado por el destino de la comunidad: Jünger y Alemania se reforzaron independientemente del resultado del conflicto.

 

Así como lo recuerda Decombis, Jünger estudia las “bodas bárbaras del hombre y de la técnica”, y escribe que “la guerra no es el fin, sino el comienzo de la violencia”, sugiriendo que el viejo conflicto entre los elementos que llama “solares y telúricos” acaba de terminarse con la victoria de estos últimos (El trabajador).

 

Walter Benjamin, en Dirección única, contesta irónicamente a Jünger y su misticismo, en el mismo registro lexical: “es señal de amenazadora confusión por parte de la comunidad moderna el tomar esta experiencia (de embriaguez) por algo insignificante que se pueda descartar, como lo es el dejar esta experiencia a manos del individuo que la trasforma en un delirio místico bajo el cielo de bellas noches estrelladas. No, (la confusión) se impone de nuevo en cada época, y el pueblo y las razas escapan de ella bien poco. (…) Se echaron en campo raso masas humanas, gases y fuerzas eléctricas. Corrientes de alta frecuencia atravesaron los paisajes, nuevos astros se elevaron en el cielo, el espacio aéreo y las profundidades marinas resonaron con el ruido de las hélices, y por todas partes cavamos en la Tierra Madre hoyos para el sacrificio. Este gran noviazgo con el cosmos se realizó por primera vez a escala planetaria, es decir bajo la forma de la técnica. (…) La técnica traicionó la humanidad y transformó el lecho nupcial en un baño de sangre”.

 

Como lo sugiere Benjamin, existe un lazo entre la estética jüngeriana y las formulas y temáticas del III Reich: la dimensión cosmológica, el culto del sacrificio y la exaltación de la tradición heroica de la Gran Guerra constituirán la base la propaganda nazi. Sin embargo, la “belleza de la catástrofe”, con la cual Jünger mantendrá siempre una relación ambigua, será para el autor de Sobre los acantilados de mármol, a pesar de los sarcasmos dolorosos de Benjamin, el punto de partida de un alejamiento mucho más profundo que el de Gottfried Benn que presidió la Academia de poesía de III Reich. Será un verdadero “el exilio interior” en tiempos de grandes tormentos.

 

9.-

 

Sobre los acantilados de mármol.

 

Juan-Miguel Palmier recuerda que “el 24 de junio de 1940, Jünger celebra con champán el anuncio del armisticio y guarda los leptinopartsa capturados en los jardines salvajes de la Essômes. Los únicos presos que hizo, durante la campaña de Francia, es este puñado de doríforas”. Palmier, cuya obra es la que, entre todos los comentarios sobre la vida y la obra de Ernst Jünger, se aproxima más a la biografía del autor, señala que el posicionamiento del escritor alemán en la Segunda Guerra Mundial, será muy diferente a su experiencia de combatiente veinticinco años antes; Su sola hazaña consistirá en salvar a jóvenes soldados imprudentes que se habían acercado exageradamente al Frente con el fin de tomar fotografías.

 

Después de haber escrito dos ensayos que parecían “preparar” el nazismo (El trabajador y La movilización total), Sobre los acantilados de mármol, su texto más célebre, lo alejara de sus actitudes belicistas iniciales y cultivará la lógica aristocrática de la distancia ya presente en sus primeros textos, manteniéndose lejos del nacionalismo agresivo de los nacionalsocialistas y de los círculos oficiales de la RFA durante muchos años. Su ensayo clandestino La Paz, aparecido clandestinamente poco antes el atentado contra Hitler de julio de 1944, incitará a la juventud europea a superar rencores. Hasta la alegría de Jünger ante la reconciliación franco alemana y la Construcción europea. François Mitterrand, una de las personalidades pacifistas que alimentaron el proceso, definirá al autor como un “gran ejemplo de hombre libre”.

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Teatro de vanguardia y Arte Político por Adolfo Vásquez Rocca

 

 

La figura de Jünger continua siendo objeto de debate en los círculos intelectuales: tanto en Alemania donde su estilo fue muy atacado, o en Francia donde ha sido objeto de consideración. Sin embargo son numerosas aún las obras, como la de Marc Vanoosthuyse, que asemejan injustamente al autor, con escritores sensiblemente más nihilistas como Ernst von Salomon que escribía: “el caos es más favorable para el futuro que el orden; salvando la patria del caos, cerramos la puerta del futuro y abrimos camino a la renuncia”.

 

10.-

 

Otro de los temas recurrentes que Jünger trató en varios de sus libros fue el final de la historia, y entre otras cosas de los infinitos procesos bélicos que han levantado cabeza a lo largo del siglo XX. Según Jünger, la globalización de las comunicaciones -tanto físicas como medios de información-, invitan a este punto de la historia a la creación de un estado mundial, pero no entendiendo este como un estado totalizador, sino como una administración mínima para la gestión de los problemas comunes -como el medio ambiente, o las ansias de poder de recurrentes dictadores-, y dando libertad de acción a cada una de las naciones y pueblos en los temas particulares.

 

Otro gran tema tratado en la obra de este pensador es la retirada de los dioses, o mejor dicho, la entrada en escena de los titanes. Según su visión, los antiguos cultos a divinidades, omnipresentes en las civilizaciones humanas, han sido substituidos en la cultura occidental por una concepción puramente mecanicista de la existencia, un proceso que ha desposeído de alma al mundo, velando la trascendencia y amenazando arrasar el espíritu humano y extender su poder de destrucción al mundo natural, hogar común de todos nosotros.

 

Jünger también recuerda que las sociedades humanas nacieron con el culto a los difuntos, y apunta que nuestra cultura es la primera en la historia que ignora el momento del tránsito. Así pues, en opinión de Jünger, nuestra civilización no puede ser otra que la del fin de los tiempos -o en todo caso, llevarnos sin solución de continuidad a un proceso de inflexión en el que una nueva concepción ha de nacer, esta vez representando una unión entre lo aportado por la ciencia y lo atesorado por los antiguos cultos religiosos.

 

En Heliopolis, con más o menos optimismo, Jünger sitúa la experiencia visionaria como punto de inflexión de esta carrera de velocidad que no nos lleva a otra parte que a estamparnos contra el rígido muro de nuestra soberbia.

 

Dr. Adolfo Vásquez Rocca

 

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Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, Teoría del Conocimiento y Pensamiento Contemporáneo. Áreas de Especialización Antropología y Estética. Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la PUCV; Profesor de Antropología Filosófica en la Escuela de Medicina y de Estética en el Departamento de Artes y Humanidades de la UNAB. Profesor asociado al Grupo Theoria Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado. Director de la Revista Observaciones Filosóficas http://www.observacionesfilosoficas.net/. Editor asociado de Psikeba Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales http://www.psikeba.com.ar/; Director del Consejo Consultivo Internacional de Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo.

Compilador

1FERMANDOIS, Joaquín, Ernst Jünger, Escritura en tiempos de catástrofe, Estudios Públicos, 58 (otoño 1995)

1 Ernest Jünger: Su obra, polémica donde las haya, ha ido sobreviviendo a los avatares de la Historia gracias a la sedimentada lucidez con la cual ha vivido y dado cuenta, desde una posición personal siempre incómoda y delicada, de los acontecimientos que han ido marcando un siglo cargado de convulsiones de toda índole. Escribió entre otras obras, Acercamientos, La emboscadura, El libro del reloj de arena, Radiaciones (Vol. 1 Diarios de la Segunda Guerra Mundial), Radiaciones (Vol. 2 Diarios de la Segunda Guerra Mundial), Pasados los setenta I (Radiaciones Vol. 3), Tempestades de acero, La tijera, El tirachinas y El trabajador.

1 HERVIER, Julien, Conversaciones con Ernst Jünger (Buenos Aires, México, Madrid: Fondo de Cultura Económica, 1990; original, Paris, Gallimard, 1986), p. 50

 

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PETER SLOTERDIJK ‘EL PALACIO DE CRISTAL’; Introducción Dr. Adolfo Vásquez Rocca

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Peter Sloterdijk por Adolfo Vásquez Rocca

EL PALACIO DE CRISTAL; Peter Sloterdijk

 

EL PALACIO DE CRISTAL

Peter Sloterdijk

 

Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona 2004 Conferencia pronunciada en el marco del debate “Traumas urbanos. La ciudad y los desastres”. CCCB.

Peter Sloterdijk – Dr. Adolfo Vásquez Rocca

 

Seminario Sloterdijk; La Estética Contemporánea

 

Prof. Dr. Adolfo Vásquez Rocca

POSTGRADO

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INSTITUTO DE FILOSOFÍA

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PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE VALPARAÍSO

 

Si hubiera que ampliar las investigaciones de Benjamin al siglo XX y principios del XXI, sería necesario –a parte de algunas correcciones en el método– tomar como punto de partida los modelos arquitectónicos del presente: centros comerciales, recintos feriales, estadios, espacios lúdicos cubiertos, estaciones orbitales y gated communities; los nuevos trabajos tendrían títulos como Los palacios de cristal, Los invernaderos, y, si los lleváramos a sus últimas consecuencias, quizá también Las estaciones orbitales 3. Sin duda alguna, los pasajes encarnaron una sugestiva idea del espacio en los principios del consumismo. Consumaron la fusión, que tanto había inspirado a Benjamin, entre salón y universo en un espacio interior de carácter público; eran un «templo del capital mercantil», «voluptuosa calle del comercio» 4, proyección de los bazares de Oriente en el mundo burgués y símbolo de la metamorfosis de todas las cosas bajo la luz de su venalidad, escenario de una féerie que embruja a los clientes hasta el final de la visita. Sin embargo, el Palacio de Cristal, el de Londres, que primero albergó las Exposiciones Universales y luego un centro lúdico consagrado a la «educación del pueblo», y aún más, el que aparece en el texto de Dostoievsky y que hacía de toda la sociedad un «objeto de exposición» ante sí misma, apuntaba mucho más allá que la arquitectura de los pasajes; Benjamin lo cita a menudo, pero lo considera tan sólo como la versión ampliada de un pasaje. Aquí, su admirable capacidad fisonómica lo abandonó. Porque, aun cuando el pasaje contribuyera a glorificar y hacer confortable el capitalismo 5, el Palacio de Cristal –la estructura arquitectónica más imponente del siglo XIX– apunta ya a un capitalismo integral, en el que se produce nada menos que la total absorción del mundo exterior en un interior planificado en su integridad.

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Si se acepta la metáfora del «palacio de cristal» como emblema de las ambiciones últimas de la Modernidad, se reconoce sin esfuerzo alguno la simetría entre el programa capitalista y el socialista: el socialismo no fue otra cosa que la segunda puesta en práctica del proyecto de construcción del palacio. Después de su liquidación, se ha hecho evidente que socialismo y comunismo fueron estadios en el camino hacia el capitalismo. Ahora se puede decir abiertamente que el capitalismo es algo más que un modo de producción; apunta más lejos, como se expresa con la figura de pensamiento «mercado mundial». Implica el proyecto de transportar todo el contexto vital de los seres humanos que se hallan en su radio de acción a la inmanencia del poder de compra.

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El mundo denso y la desinhibición secundaria: el terrorismo

 

El rasgo distintivo de la globalidad establecida es la situación de proximidad forzosa con todo tipo de elementos. Creemos que lo más adecuado es designarla con el término topológico «densidad». Este término designa el grado de presión para la coexistencia entre un número indefinidamente grande de partículas y centros de acción. Mediante el concepto de densidad, se puede superar el romanticismo de la cercanía con el que los moralistas modernos han querido explicar la abertura del sujeto hacia el Otro 6.

 

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La elevada densidad implica una probabilidad cada vez más elevada de encuentros entre los agentes, ya sea bajo la forma de transacciones, o en la de colisiones o casi colisiones. Allí donde reinan las condiciones de densidad, la falta de comunicación entre los agentes no es plausible, en la misma medida en que tampoco lo son los dictados unilaterales. La elevada densidad garantiza la resistencia permanente del entorno contra la expansión unilateral, una resistencia que desde el punto de vista cognitivo se puede calificar como entorno estimulante para los procesos de aprendizaje, puesto que los actores suficientemente fuertes en medios densos se hacen unos a otros inteligentes, cooperativos y amistosos (y, como es natural, también se trivializan entre sí). Esto es así porque se interponen efectivamente el uno en el camino del otro, y han aprendido a equilibrar intereses opuestos. Al cooperar tan sólo con las miras puestas en el reparto de beneficios, dan por supuesto que las reglas de juego de la reciprocidad también son evidentes para los demás.

 

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Peter Sloterdijk por Adolfo Vásquez Rocca

A causa de la densidad, la inhibición se transforma en nuestra segunda naturaleza. Allí donde se manifiesta, la agresión unilateral adopta la apariencia de una utopía que ya no se corresponde con ninguna praxis. La libertad para actuar obra entonces como un motivo de cuento de hadas procedente de la época en que la agresión aún prestaba algún servicio. Toda expansión unilateral demuestra que todavía existen condiciones previas a la densidad. La densidad conlleva lo siguiente: la fase en que la praxis unilateral desinhibida tenía éxito ha llegado, en lo esencial, a su término, sin que podamos descartar alguna que otra secuela violenta. Los actores han sido expulsados del jardín de Edén en el que se prometía la salvación a los unilaterales.

El concepto de telecomunicaciones tiene una gran seriedad ontológica, en tanto que designa la forma procesual de la densificación. Las telecomunicaciones producen una forma de mundo cuya actualización requiere diez millones de e-mail por minuto y transacciones en dinero electrónico por un monto de un billón de dólares diarios. Este término no se comprenderá bien en tanto que no exprese de manera más explícita la creación de un sistema mundial de reciprocidad basado en la cooperación, esto es, en la inhibición mutua, en el que se incluyen las transacciones a distancia, las obligaciones a distancia, los conflictos a distancia y la ayuda a distancia. Tan sólo este concepto fuerte de las telecomunicaciones como forma capitalista de la actio in distans es el adecuado para describir el tono y el modo de existencia en el palacio de cristal ampliado. Gracias a las telecomunicaciones, se ha realizado por medios técnicos el viejo sueño de los moralistas de un mundo en el que la inhibición se imponga a la desinhibición.

Por consiguiente, la esperanza –y que Ernst Bloch me perdone– no es un principio, sino un resultado. La esperanza que podemos abrigar en algunos casos, en el marco de la teoría de procesos, es doble: en primer lugar, el hecho de que los seres humanos tienen ocasionalmente nuevas ideas que al aplicarse producen alteraciones en las condiciones de vida, tanto en un microentorno como a gran escala. De vez en cuando, se encuentran entre ellas grandes ideas con un nivel reducido de efectos secundarios. En segundo lugar, por la constatación del hecho que, del torrente de ideas que querrían hacerse realidad, dadas unas condiciones de densidad suficiente, se filtra un poso de ocurrencias factibles que ofrecen algo mejor, si no a todo el mundo, sí, por lo menos, a muchas personas. La racionalidad del espacio denso produce el mismo efecto que una secuencia de cedazos encargados de la eliminación de ofensivas unilaterales y de innovaciones que puedan causar daños inmediatos (semejantes, como si dijéramos, a los delitos que pueden cometerse en una única ocasión, o en breves series). Su manera de actuar puede llamarse comunicativa, si se quiere, pero tan sólo en la medida en que se pueda llamar comunicación a la sustracción recíproca de espacios de acción. El fantasma que aparece ante unos ojos miopes como competencia comunicativa se transforma, tras la disolución de las brumas, en mera capacidad de inhibición recíproca. El tan pregonado consenso de los sensatos es una cáscara que recubre el poder de inhibirse recíprocamente de toda acción unilateral. También el fenómeno, excesivamente valorado desde un punto de vista moral, del reconocimiento corresponde en lo esencial a la capacidad de hacerse respetar como obstáculo efectivo o potencial frente a una iniciativa ajena. Jürgen Habermas tiene el mérito de haber reconocido que la «inclusión del otro» es un procedimiento para la ampliación del ámbito de aplicación de los mecanismos de inhibición recíproca, aun cuando haya incurrido en una sobrevaloración idealista de dicho procedimiento y en una errónea interpretación dialógica; la «inclusión del otro» es, muy al contrario, un indicio de la tendencia postmoderna a eliminar la acción. De hecho, el establecimiento de inhibiciones recíprocas es digno de alabanza por ser el mecanismo civilizatorio más eficaz, si bien habría que tener en cuenta que justo con los aspectos indeseables e intolerables de la praxis unilateral desinhibida también se elimina a menudo lo que ésta tiene de bueno.

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Ernst Bloch

Sobre este telón de fondo, la globalización de la criminalidad se nos revela instructiva por lo que respecta a la situación posthistórica. Nos muestra cómo y dónde la desinhibición activa se impone una y otra vez a las instancias inhibidoras en ámbitos locales. La criminalidad organizada reposa sobre el perfeccionamiento profesionalizado de la desinhibición, que avanza, por así decir, con pasos silenciosos por las fisuras abiertas en el abrumador entorno circundante; en cambio, la criminalidad espontánea sólo da fe de la momentánea pérdida de control sobre sí mismo por parte de individuos confusos que la jerga de los juristas se obstina en llamar autores del crimen. La criminalidad profesional constituye, fundamentalmente, un sentido para hallar las fisuras (en el mercado y en la ley), junto con una energía que no conoce el desaliento. Gracias a ella, se siguen cumpliendo las condiciones necesarias para poder hablar de autoría de los hechos en un sentido satisfactorio desde el punto de vista filosófico. Los criminales organizados de manera eficaz no son víctimas de su propio nerviosismo, sino los testimonios principales de la libertad de acción en abierto desafío del sistema universal de inhibiciones.

Este diagnóstico tiene una especial validez para lo que últimamente se ha dado en llamar «terrorismo global», del que aún no se ha dado ninguna explicación satisfactoria pese a los brillantes análisis parciales que se han ido realizando. La vía más inmediata para hacer justicia en el plano teórico a sus potentes manifestaciones, y en especial al acto inconcebiblemente simple del 11 de septiembre de 2001, consiste en interpretarlo como un indicio de que el motivo de la desinhibición cayó en manos de perdedores activos, procedentes del bando antioccidental en el contexto posthistórico. Esto no demuestra que el mal llegara hasta Manhattan, sino que una nueva ola de perdedores de la «historia» descubrió para sí los placeres de la unilateralidad; por desgracia, los descubrió después de que terminara el tiempo de juego y en abierta transgresión de las normas de contención posthistóricas. No imitan, como anteriores movimientos surgidos de los perdedores, ningún modelo de «revolución»; imitan directamente el impulso originario de las expansiones europeas: la superación de la inercia mediante el ataque, la asimetría euforizante garantizada por la agresión pura, la superioridad indiscutible del que llega primero a un lugar y planta su estandarte antes de que lo hagan los demás. La clara primacía de la violencia agresora hiere de nuevo al mundo, pero esta vez desde el otro lado, desde el lado no occidental. Pero como también es demasiado tarde para que los terroristas islámicos pretendan recuperar terreno en el mundo de las cosas y los territorios, ocupan zonas aún más amplias en el espacio abierto de las noticias del mundo. En él erigen su blasón de fuego, del mismo modo que los portugueses, antaño, erigieron su blasón de piedra allí donde desembarcaban.

Las circunstancias favorecen a los terroristas: éstos han comprendido, mejor que otros colectivos de productores, que los amos del cable no son capaces de generar todos los contenidos en el estudio y que siguen dependiendo de los acontecimientos exteriores. Y han aprendido de la experiencia: ellos mismos pueden brindarles tales acontecimientos, puesto que, como content providers, se han hecho casi con el monopolio del sector de la violencia real. Además, pueden estar seguros: ante los actos de invasión, el infoespacio del gran sistema no ofrece más resistencia de la que ofreció un África amorfa en el siglo XIX frente a los más brutales ataques de los europeos. Con siniestro regocijo, advierten el motivo: los invasores pueden ocupar, sin esfuerzo alguno, el sistema nervioso de los moradores del palacio de cristal, porque éstos, condicionados por el tedio que reina en el palacio, aguardan noticias del exterior; los programas generados por la paranoia, faltos de trabajo, se afanan por reconocer -con paranoia- cualquier indicio de la existencia de un enemigo. La suma de estos análisis casi teóricos brinda una praxis coherente a los terroristas: al preparar sus explosiones televisadas, sacan partido, con aguda intuición, de la constitución hipercomunicativa del espacio social de Occidente; por medio de invasiones mínimas, ejercen un influjo sobre la totalidad del sistema, en tanto que lo vulneran y lastiman en sus centros neuralgicos. Pueden estar seguros de que la única medida antiterrorista que alcanzaría el éxito, el silencio absoluto de los medios de comunicación a propósito de los atentados, se frustrará siempre a causa de la fidelidad de aquéllos a su deber de informar. Por ello, «nuestros» conductos de excitación transmiten de manera casi automática el estímulo terrorista local a los consumidores de terror, los ciudadanos mayores de edad del palacio de cristal, de manera muy parecida a como los conductos de mi sistema nervioso transmiten el dolor de la quemadura desde las yemas de los dedos hasta el registro general en el cerebro. Nuestro propio deber de informar garantiza al terrorismo un puesto duradero como arte de hacer hablar de sí mismo. Por ello, los dirigentes del terror, al igual que todos los conquistadores que los precedieron, pueden equiparar el éxito con la verdad. El resultado, absurdo o no, se pone de manifiesto en el hecho de que aparezcan en los medios con una regularidad casi comparable a la de la meteorología y los secretos de las mujeres. Aun cuando se trate de un fantasma que en raras ocasiones se materializa, goza de una consideración ontológica que habitualmente se otorga tan sólo a los existentes. En comparación con ello, el hecho de que los autores de atentados graves reciban la consideración de héroes en extensas zonas del mundo no controladas por Occidente constituye tan sólo un aspecto secundario de su triunfo.

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Peter Sloterdijk por Adolfo Vásquez Rocca

 

Así, el terrorismo ha conseguido ser objeto de «atención» como estrategia de expansión unilateral en el continente posthistórico. Penetra fácilmente en el cerebro de las «masas» y se asegura un espacio significativo en el mercado mundial de las emociones temáticas. Por ello, y tal como nos mostró Boris Groys mediante análisis realizados con suficiente sangre fría, el terrorismo está estrechamente emparentado con las artes mediáticas postmodernas, y quizá no haga otra cosa que extraer las consecuencias más extremas de las tradiciones del arte transgresor de raíz romántica. Desde épocas tempranas, éste trató de forzar el significado mediante agresivas expansiones de los procedimientos artísticos. Con el desarrollo de tales técnicas a lo largo del siglo XX, se hizo perceptible que la transgresión no es un indicador de la grandeza metafísica ni artística de una obra, sino un recurso publicitario tan sencillo como efectivo. El famoso arranque de celos de Stockhausen frente a los autores del drama de Nueva York nos dice más acerca de la verdad de aquel día que toda la industria literaria dedicada al 11 de septiembre 8.

A la vista de todo ello, se comprende por qué el neoliberalismo y el terrorismo son como el recto y el verso de una misma hoja. Sobre ambas caras se lee un texto articulado con suma claridad:

«Para los audaces, la historia no ha terminado. La unilateralidad es rentable para los que confían en la agresión. Los elegidos aún pueden contemplar el mundo como una hacienda sin dueño, los testigos de la Pura Agresión aún tienen el botín en la punta de la espada. La libertad para atacar es la esencia de la verdad.»

Forzoso es reconocer que todo esto son cantos de sirena, y que no existen suficientes mástiles para amarrar a quienes los escuchan. Esta música de la acción desinhibida es grata a los individuos vigorosos que desean emplear su exceso de fuerza, sea en la empresa o en la venganza.

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La obra de teatro que la coalición de los bienpensantes llama «agresión del fundamentalismo» se representa tan sólo en la superficie del escenario mundial; lo que causa verdadera inquietud es el fundamentalismo de la agresión. Aun cuando parezca pertenecer a una época ya pasada, sus restos se mantienen con virulencia en el mundo postunilateral. Lo que impulsa a los resueltos agresores, trátese de terroristas, especuladores, delincuentes o empresarios, es el anhelo de transformarse en un chorro de pura iniciativa en un contexto mundial que emplea todas sus fuerzas para frenar las iniciativas. El fundamentalismo islámico, que en la actualidad se percibe como un paradigma de agresividad sin sentido, tiene interés tan sólo en tanto que componenda mental circunscrita a ámbitos locales, que hace posible el tránsito, siempre precario, desde la teoría (o el resentimiento) a la práctica por parte de un determinado grupo de candidatos (véase más arriba notas 1 y 2). Podríamos recordar que, desde siempre, la función cognitiva del «fundamento» no es otra que la de garantizar la desinhibición del agente que lo transforma en hechos. (Por ello, los que hoy ejercen como antifundamentalistas en el ámbito de la teoría niegan en redondo a sus clientes el derecho a esperar de ellos instrucciones de cualquier tipo para la acción, lo cual es, naturalmente, una medida de autoprotección –para los teóricos, se entiende–, quienes, tras la sobreabundancia de autorías y responsabilidades del siglo XX, han comprendido con qué facilidad los autores de tesis generales incurren en situaciones de complicidad).

Con todo, nos preguntamos en retrospectiva por qué se ha tardado tanto en desvelar el significado práctico de la alegación de motivos: el «motivo» real por el que se tienen motivos es el deseo de hallar una motivación que el hombre que actúa pueda adoptar como «guía». Desde Descartes se sabe qué es lo que el hombre que actúa, si es exigente, requerirá de sus motivos desinhibidores: todo el que quiera sacudir el entorno con sus actos en tiempos de incertidumbre generalizada apenas si puede quedar satisfecho con algo que no alcance el rango de inconcussum. La pared que tiene que atravesar todo aquel que aspire a poner en práctica lo improbable sólo se puede perforar con un potente medio de desinhibición. Y, dado que el mundo actual, desde el punto de vista de los humillados y los codiciosos de honores, está formado casi en exclusiva por paredes que disuaden de la acción, el hombre que actúa en estos últimos tiempos necesita las máquinas de derribo más potentes. Como observó Niklas Luhmann, el radicalismo es para los modernos el único medio de probada eficacia para representar lo no plausible como lo único plausible. Y, como ya se ha visto, en la práctica es posible perforar algún que otro muro. Por consiguiente, lo que es notable en los ataques terroristas actuales contra los grandes sistemas es sólo el hecho de que demuestren la existencia de un radicalismo posthistórico, algo comparable al descubrimiento de una especie de cisnes negros. Aún tendrán que sucederse muchas decepciones hasta que los neoliberales y los terroristas islámicos –unos y otros, mártires de la posthistoria– comprendan que los placeres de la vida activa asimétrica pertenecen ontológicamente al ancien régime. Habrá que esperar a ver si entonces estos cisnes también se vuelven blancos.

Ambos tipos de actuantes son intempestivos en todos los sentidos del término. Los unos quieren navegar como los marinos sedientos de riqueza a partir de 1492, y los otros sueñan con lanzarse al galope cual tribus del desierto inflamadas por el monoteísmo en el siglo VII. Sin embargo, unos y otros tienen que pactar con la época en la que viven y fingen percibir las redes modernas como su gran oportunidad, y no como quintaesencia de las circunstancias que los frenan. Con sus obsoletas filosofías de la acción, unos y otros nos brindan, a principios del siglo XXI, sendas formas de romanticismo de la agresión. Este romanticismo confunde las fisuras con un espacio libre. Mediante la realización de misiones, proyectos y otros gestos, sus actores querrían rescatar la fuerza de la asimetría de su carácter de golpe adelantado y autosatisfactorio, en una época que se encuentra ya bajo el primado de la amabilidad, la inhibición, la acción recíproca, la cooperación, tanto en Oriente como en Occidente. Sólo se escapan algunas fisuras que son angostas desde el punto de vista del sistema, aunque numerosas.

Por consiguiente, desde el punto de vista de la teoría de la acción, la «existencia histórica» puede definirse como participación en un espacio de acción donde el empleo de un excedente de energías interiores y la realización de la historia mundial en ocasiones confluían. Un autista presuntuoso como Colón demostró lo que puede conseguir un verdadero héroe de la historia; igual que incontables imitadores, se abrió paso desde la neurosis hasta lo universal. Sin embargo, una vez concluida la «historia», sólo intentan hacer «historia» aquellos que no comprenden que ésta ha terminado. Así, aparecen autismos sin salida en el escenario mundial; pero éstos producen un fuerte eco en el murmullo posthistórico de los medios de comunicación. El 11 de septiembre ha sido hasta ahora el indicio más claro de posthistoricidad, aunque fueran muchos quienes, en estado de shock, lo confundieran con un signo de la historia. Marcó una fecha cuya misma superfluidad es siniestra, una fecha que no apunta a nada, salvo al mismo día en que tuvo lugar el hecho. Los criminales de septiembre engendraron una violencia unilateral que no tenía absolutamente nada in petto que pudiera compararse a un proyecto, salvo vagas alusiones a una repetición, alusiones que malos estrategas han interpretado erróneamente como una amenaza. Una verdadera amenaza tendría que adoptar, como todo el mundo sabe, la forma de una «advertencia armada» 9, y el atentado de septiembre no buscaba ninguna consecuencia, fue una mera demostración de la capacidad de llevar a cabo un ataque puntual contra el palacio cristalino; fue una «medida» que se agotó en su misma realización. Tampoco tenía nada de lucha por un buen fin por medios violentos, pero desgraciadamente necesarios, como la había enseñado la metaética revolucionaria desde el siglo XIX. El atentado fue una pura reivindicación de la primacía de la agresión en un tiempo regido por las inhibiciones y el acoplamiento regenerativo.

A la vista del 11 de septiembre, se puede deducir que el contenido de la posthistoria en su aspecto más dramático quedará determinado durante mucho tiempo por las interacciones de los porfiados. Esto no es una constatación como cualquier otra. A la imposibilidad, advertida por Hegel, de aprender algo de la historia, se le añade ahora la imposibilidad de aprender de los episodios de la posthistoria. Solamente los proveedores de tecnología de seguridad pueden extraer alguna conclusión de los incidentes posthistóricos. Todo lo demás se libra al flujo y reflujo de las agitaciones mediáticas, incluidos los afanes de las policías internacionalizadas que emplean la angustia colectiva como legitimación de su propia expansión. Dentro del gran invernáculo, los clientes viven una serie interminable de incidentes sin explicación y de gestos sin referente. Éstos constituyen los grandes temas de actualidad. Pero las noticias y su material, los actos de violencia y dramas reales «sobre el terreno» –como reza la estúpida jerga profesional en referencia a los lugares donde se producen los accidentes y acontecimientos– no son más que hierbajos que crecen en la superficie de la regularidad operativa en el espacio denso.

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Las provocaciones de los terroristas no constituyen en ningún caso un motivo objetivamente satisfactorio para un retorno de la cultura política de Occidente al «momento hobbesiano»: la cuestión de si el Estado moderno tiene capacidad para proteger con eficacia la vida de sus ciudadanos halla en el balance de los hechos una respuesta claramente afirmativa, de tal manera que sería necio planteársela de nuevo con seriedad. Hace tiempo ya que la «sociedad» adquirió la competencia necesaria para la absorción psíquica del terror, y la inquietud provocada por el terrorismo llega a la «sociedad» tan sólo a través de los medios de comunicación y no a través de movilizaciones ordenadas por el Estado; el Estado de hoy en día es, igual que todos los demás, un consumidor de actos terroristas, y el hecho de que se le exija competencia en la lucha contra el terror no cambia para nada el hecho de que ni se ve directamente atacado por éste ni tampoco puede reaccionar de manera directa. De todos modos, la legitimación del Estado dejó de basarse hace algún tiempo en sus funciones hobbesianas, y se fundamenta en sus prestaciones como redistribuidor de los medios de vida y el acceso al confort; demuestra su utilidad como imaginario terapeuta colectivo, así como garante de comodidades tanto materiales como imaginarias, dirigidas a una mayoría 10.

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El Palacio de Cristal Peter Sloterdijk por Adolfo Vásquez Rocca

Por ello, las reacciones no liberales contra el terror son siempre inadecuadas, puesto que infravaloran la tremenda superioridad del atacado sobre el atacante; magnifican el fantasma insustancial de Al Qaeda, ese conglomerado de odio, desempleo y citas del Corán, hasta convertirlo en un totalitarismo con rasgos propios, y algunos, incluso, creen ver en él un «fascismo islámico» que, no se sabe con qué medios imaginarios, amenaza a la totalidad del mundo libre. Dejaremos abierta la pregunta por los motivos que han conducido a aquella infravaloración y a esta magnificación. Sólo esto es seguro: los realistas se hallan de nuevo en su elemento; por fin pueden ponerse, una vez más, al frente de los irresolutos, con los ojos clavados en el fantasma del enemigo fuerte, medida antigua y nueva de lo real. Con el pretexto de la seguridad, los voceros de la nueva militancia dan rienda suelta a tendencias autoritarias cuyo origen hay que buscar en otro sitio; la angustia colectiva, cuidadosamente mantenida, hace que la gran mayoría de los mimados consumidores de seguridad de Occidente se sume a la comedia de lo inevitable. ¿A dónde nos puede llevar todo ello? Los pasajeros que, desde el 11 de septiembre, en los aeropuertos europeos, tienen que sacrificar las tijeras para uñas a fin de reducir los riesgos del vuelo han experimentado en sus propias carnes un anticipo.

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Notas

1 Más detalles al respecto en: SLOTERDIJK, Peter, Sphären III: Schäume, Suhrkamp, Frankfurt 2004. Los ecos literarios de la estancia de Dostoievsky en Londres se encuentran en su suplemento literario de viajes «Anotaciones de invierno sobre impresiones de verano», 1863, un texto en el que el autor se burla, entre otras cosas, de los «sargentos primeros de la civilización» de Occidente, de los «progresistas de invernadero», y expresa su angustia acerca del triunfalismo baálico del palacio de la Exposición Universal. Dostoievsky reconoce ya en la burguesía francesa la equiparación europea occidental y posthistórica entre seres humanos y poder adquisitivo: «La posesión de dinero [es] la más elevada virtud y deber del ser humano».

2 Para una interpretación de la teoría heideggeriana del tedio en el contexto del desarrollo de la ironía y la ausencia de tensión modernas, cfr. Sphären III: Schäume, op. cit.

3 Cfr. «Absolute Inseln» en: Sphären III: Schäume, op. cit., cap. 1, sección A, pp. 317-337.

4 BENJAMIN, Walter, Gesammelte Schriften, Suhrkamp, Frankfurt 1989, vol. 1, pp. 86 y 93.

5 Acerca del motivo del «capitalismo confortable», cfr. CLAESSENS, Dieter y CLAESSENS, Karin, Kapitalismus als Kultur: Entstehung und Grundlagen der bürgerlichen Gesellschaft, Suhrkamp, Frankfurt 1979.

6 Cfr. LEVINAS, Emmanuel, «La proximité», Autrement qu’être ou au delà de l’essence, Le Livre de Poche, París 2004 (1978), pp. 129-155.

7 Paul Berman se sirve de la comparación con las «picaduras de mosquito»; por desgracia, el autor se rasca con tanta energía, que le sale una sobreinterpretación del terrorismo islamista como nuevo totalitarismo: cfr. BERMAN, Paul, Terror und Liberalismus, Europäische Verlagsanstalt, Hamburgo 2004, p. 32; sin preocuparse por lo poco afortunado de sus imágenes, añade que las picaduras de mosquito son «parte de una guerra»; una vez más se emplea la lucha contra los insectos como modelo de la gran política.

8 Cfr. LENTRICCHIA, Frank; MCAULIFFE, Jody, Crimes of Art and Terror, University of Chicago Press, Chicago y Londres 2003, pp. 6-17.

9 LUTTWAK, Edward N., «Armed Suasion», Strategy. The Logic of War and Peace, The Belknap Press of Harvard University Press, Cambridge (MA) y Londres 1987, cap. 13.

10 Cfr. «Das Empire – oder: Das Komforttreibhaus; die nach oben offene Skala der Verwöhnung», Sphären III: Schäume, Plurale Sphärologie, op. cit., cap. 3, sección 9, pp. 801 y ss.

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Instituto de Filosofía Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

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Instituto de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso;

Seminario Sloterdijk

Ver:

VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo

Artículo “Peter Sloterdijk; Espumas, mundo poliesférico y ciencia ampliada de invernaderos” En KONVERGENCIAS, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo, Nº 16 – 2007, Capital Federal, Argentina, pp. 217-228

Artículo “Peter Sloterdijk: Temblores de aire, atmoterrorismo y crepúsculo de la inmunidad” En NÓMADAS, Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas ISSN 1578-6730 – Universidad Complutense de Madrid, | Nº 17 | Enero-Junio 2008 -1º | En Prensa
http://www.ucm.es/info/nomadas/17/avrocca_sloterdijk3.pdf

 

SLOTERDIJK Y NIETZSCHE; POSTHUMANISMO, ANTROPOTÉCNICA Y EL DISCURSO DEL POSTHUMANISMO

PETER SLOTERDIJK; MIEMBRO DE LA ACADEMIA DE LAS ARTES DE BERLÍN Y DE ‘DAS PHILOSOPHISCHE QUARTETT’ .

SLOTERDIJK; ESFERAS, ESPACIO DENSO Y FLUJOS HIPERCOMUNICATIVOS Dr. Adolfo Vásquez Rocca

MODERNIDAD LÍQUIDA Y FRAGILIDAD HUMANA; DE ZYGMUNT BAUMAN A SLOTERDIJK

HABERMAS; EL DISCURSO FILOSÓFICO DE LA MODERNIDAD Y LA CRÍTICA A FOUCAULT

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Peter Sloterdijk por Adolfo Vásquez Rocca

PATRIA Y GLOBALIZACION Peter Sloterdijk (Notas sobre un recipiente hecho pedazos)

Peter Sloterdijk

La palabra Heimat (patria) forma parte de un núcleo lingüístico cargado atmosféricamente que constituye algo intraducible, propio de la territorialidad de la lengua alemana. Aun así, aquello que denomina no debería verse como una vía específicamente alemana hacia el ser-en-el-mundo. Todas las lenguas de las culturas altamente desarrolladas son capaces de expresar el concepto de “patria” con sus propios medios, aun cuando el color sonoro de esas expresiones varíe de país en país y de lengua en lengua.

 

 

 

La razón de esa capacidad común podemos encontrarla en experiencias análogas del desarrollo cultural. Así, con conceptos como “tierra”, “pueblo” y “madre patria”, los pueblos que tras la revolución neolítica comenzaron a cultivar la tierra caracterizaban el lado positivo de su sedentarismo. En las diferentes expresiones que daban al espacio con el que se habían familiarizado, los pueblos sedentarios articulaban su simbiosis con un suelo que, a la vez que los alimentaba, era el depositario de sus muertos. En las palabras que expresan las ventajas de tener un espacio de residencia propio, esos pueblos manifiestan su patriotismo agrario. Es también por eso que la palabra alemana Heimat (patria) forma parte de una reserva de signos cuya poca de validez principal evidentemente ha terminado: esto es, el vocabulario guía de la sociedad agraria, con su política y su metafísica.

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 Filosofía  Jünger y Sloterdijk Guerra química  por Adolfo Vásquez Rocca

Quien dice patria reclama su derecho de poder florecer, como una planta de segundo orden, por debajo de la vegetación del suelo que habita. El sujeto que se define por su referencia a una patria es como un animal que hubiera hecho suyo el privilegio de las plantas de echar raíces.

 

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Sloterdijk por Adolfo Vásquez Rocca en CUENTA Y RAZON

 

 

Claro está que ese animal con raíces representa una imaginaria forma híbrida que, bajo condiciones históricas distintas, deberá pagar el precio de su imposibilidad biológica. El inicio de ese cambio histórico decisivo lo marcan las grandes doctrinas de la Edad Media asiática y europea, en las cuales el acento de la existencia humana pasó del arraigo nacional al desarraigo y de los usos y costumbres autóctonos a la ética mundial. Desde entonces, las raíces y el lugar de residencia se encuentran bajo reserva espiritual ya que una ética más elevada habrá de volverse contra todo tipo de etnocentrismo, racismo y racinismo (del francés racine: raíz). En ese sentido armonizan el budismo, que enseña el ascetismo del abandono del hogar; el estoicismo, que desea promover un exilio global del alma, y el cristianismo, que propone una ética de la peregrinación.

Resulta fácil comprender que esas elevadas enseñanzas permanezcan por debajo de su nivel cuando son presentadas a los arraigados. Sin embargo, el destino del sujeto definido por su relación con una patria sólo habría de cumplirse hasta en el mundo moderno que, mediante la revolución antiagraria, condujo a la ciudadanización y la movilización de las formas de vida. El fin de la civilización sedentaria inaugura una época de crisis permanente del concepto de patria.

 

 

 

Me gustaría llevar esas observaciones de carácter histórico a la pregunta sobre cómo ha afectado esta transformación la conciencia del hombre actual de los países movilizados, modernos, respecto a sus condiciones de residencia. Es un hecho que el mundo moderno ha creado una nueva política del espacio y una dinámica particular en cuanto a las formas de residencia. En nuestra época, todas las preguntas sobre la identidad social y personal se plantean desde el punto de vista de cómo, en macro-mundos llenos de movimiento y riesgos, puede ser posible establecer formas viables de residencia, o del estar-consigo-y-con-los-suyos. Filosóficamente visto, residir significa formar parte de un sistema inmunológico espacial o, en palabras de Hermann Schmitz, es la cultura de los sentimientos en un espacio de desasosiego.

 

Portrait Adolfo Vásquez Rocca

 

El nerviosismo globalizador actual refleja el hecho de que, además de los Estados nacionales, también las que hasta ahora eran las mejores condiciones políticas posibles de residencia —por decirlo así, la sala y el salón de conferencias de los pueblos democráticos (o quimeras populares)— se han vuelto intercambiables, y en esa sala nacional, aquí y allá, comienza a entrar una corriente muy desagradable. La proeza cultural del Estado nacional moderno fue, como puede apreciarse retrospectivamente, el haberle dado una especie de calor de hogar a la mayoría de sus habitantes; esa suerte de estructura inmunológica, a la vez real e imaginaria que, en el sentido más favorable del término, pudo ser vivida como punto de convergencia entre espacio y sí-mismo, como identidad regional. Esa proeza se realizó de forma más impresionante ahí donde el Estado de poder logró ser controlado de mejor manera y se transformó en un Estado benefactor. Pero justamente ese efecto de calor de hogar político-cultural es lo que se ve afectado por la globalización —con la consecuencia de que incontables habitantes de los Estados nacionales modernos no se sienten estar consigo mismos ni en su casa, y estando consigo mismos tampoco se sienten en su casa.

 

 

 

 

La construcción inmunológica de la identidad político-étnica ha empezado a tambalearse ostensiblemente. Sobre todo, puede apreciarse de forma cada vez más clara que el vinculo entre espacio y sí-mismo no es tan estable cuando las condiciones cambian, como promulgó el folklore político del territorialismo, desde las culturas agrícolas arcaicas y antiguas hasta el Estado nacional moderno. Cuando la interdependencia entre espacios y sí-mismos se afloja o desaparece, pueden presentarse dos posiciones extremas en las que la estructura del campo social puede registrarse con una exactitud casi experimental, a saber: la de un sí-mismo sin espacio y la de un espacio sin sí-mismo.

Por supuesto, todas las sociedades realmente existentes debieron buscar hasta ahora su modus vivendi entre esos dos polos —de forma ideal, lo más lejos posible de ambos extremos— y es fácil comprender que, también en el futuro, toda comunidad política real tendrá que dar una respuesta al doble imperativo de la determinación por el espacio y la determinación por el sí-mismo.

 

Lo que más se acerca al primer extremo, el de la desvinculación del sí-mismo del espacio, es seguramente la Diáspora judía de los últimos 2000 años. No sin razón se ha dicho que el pueblo judío es un pueblo sin “fundamento”. Heinrich Heine llevó ese estado de cosas al terreno humorístico cuando dijo que el hogar de los judíos no estaba en ningún país sino en un libro —en aquella Torá que llevaban consigo como una “patria portátil”—. Esa elegante y aguda observación pone al descubierto un hecho de validez general pocas veces notado, a saber, que los grupos “de vida nómada” o “desterritorializados” no construyen su inmunidad simbólica y su coherencia étnica, o lo hacen sólo de modo secundario, en relación a un suelo sustentador, sino que su intercomunicación funge directamente como un “recipiente autógeno”1 en el que los participantes se contienen a sí mismos y se mantienen “en forma” mientras el grupo se desplaza a través de paisajes externos.

 

Julie Andree

Arte – Performance – Posmodernidad Políticas del cuerpo por Adolfo Vásquez Rocca

En recipientes autógenos, al igual que en comunidades fuertes, se experimenta de forma directa la prioridad que la autorreferencia tiene sobre la territorialidad. Un pueblo sin tierra no puede ser víctima del sofisma que ha engañado a todos los pueblos sedentarios a lo largo de la historia, esto es: que la tierra es el recipiente del pueblo y el propio suelo el principio del que deriva el sentido de su vida y su identidad.

Esa “territorial fallacy” (la falsa conexión entre el territorio y su propietario) es hasta hoy uno de los legados más efectivos y problemáticos de la era sedentaria, ya que en ella se afirma el reflejo básico de todo uso aparentemente legítimo de la violencia, la así llamada “defensa de la patria”. Esta falacia reposa sobre la obsesiva equiparación entre espacio y sí-mismo, la falacia originaria de la razón territorializada. Ese error fatal se ha puesto cada vez más al descubierto desde que una onda de movilidad transnacional, sin precedente en la historia, ha relativizado la ligazón entre pueblos y territorios. La tendencia hacia el sí-mismo multilocal es característica de la Modernidad avanzada —del mismo modo que la tendencia hacia el espacio poliétnico o “desnacional”—. Cuando el discurso de la Modernidad habla de la patria se refiere a un punto de partida del movimiento hacia el espacio terráqueo abierto y no al claustro regional ineluctable de antes.

El antropólogo cultural indo-americano Arjun Appadurai llamó hace poco la atención sobre esas cosas al crear el concepto de “etnoescape”, que permite comprender procesos como la “desespacialización” progresiva (desterritorialización) con rasgos étnicos, la constitución de “comunidades imaginarias” fuera de toda referencia a lo nacional, y la participación imaginaria de innumerables individuos en las imágenes de otras formas de vida propias de otras culturas nacionales.2 De ese modo puede describirse de qué manera las formas de residencia modernas vinculan desarraigo y contacto con el suelo. En lo que atañe al judaísmo durante su periodo de exilio, resulta claro que su provocación consistió en restregarle a los pueblos del hemisferio occidental la paradoja aparente —en realidad un verdadero escándalo— de un sí-mismo sin espacio existente de facto.

El otro polo, que adquiere cada vez contornos más claros a los ojos contemporáneos, lo constituye el fenómeno de un espacio sin sí-mismo. Las regiones de la Tierra deshabitadas son el primer ejemplo de él: los desiertos blancos (mundo polar), grises (altas montañas), verdes (selvas), amarillos (arena) y azules (océanos). Pero en este contexto, los desiertos externos tienen menos importancia que esos espacios cuasisociales en los que las personas se reúnen sin por ello querer (o poder) establecer un vínculo entre su identidad y la localidad. Eso puede aplicarse a todas las zonas de paso, en estricto y amplio sentido del término. Ya sean localidades destinadas al tránsito, como estaciones, puertos, aeropuertos, calles, plazas y centros comerciales, o se trate de instalaciones diseñadas para una estancia limitada como los centros vacacionales o las ciudades turísticas, plantas fabriles o asilos nocturnos.

Adolfo Vásquez Rocca

 

 

Tales espacios pueden poseer su propia atmósfera; sin embargo, su existencia no depende de una población regular o un sí-mismo colectivo que estuviera arraigado a ellos. Lo propio de ellos es no detener a sus visitantes o paseantes. Son tierra de nadie, a veces repleta, a veces vacía. Desiertos de paso que pululan en los centros sin núcleo y en las periferias híbridas de las sociedades contemporáneas.

En dichas sociedades puede reconocerse sin mayor esfuerzo analítico que lo que hasta ahora constituía su normalidad —la vida en condiciones de hacinamiento masivo, ya sea regional o nacional, incluidos los fantasmas y narcisismos etnocéntricos— ha sido alterada de manera decisiva por las tendencias a la globalización. La licencia expedida desde tiempos inmemoriales para confundir país y sí-mismo no puede renovarse infinitamente. Por un lado, las sociedades modernas aflojan sus vínculos con el espacio en tanto las grandes poblaciones se apropian de una movilidad sin precedente en la historia. Por otro lado, aumenta dramáticamente el número de las zonas de paso donde las personas que las frecuentan no pueden establecer una relación de residencia.

De esa forma, las sociedades globalizadas y móviles se acercan simultáneamente tanto al “polo nómada”, al sí-mismo sin espacio, como al polo desértico, al espacio sin sí-mismo —con un terreno intermedio que se va encogiendo sobre las culturas regionales que han florecido y las satisfacciones fieles al espacio.

 

 

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Adolfo Vásquez Rocca

 

 

La crisis formal de la moderna sociedad de masas (que actualmente se discute como crisis de los Estados nacionales) tiene así su origen en la erosión avanzada de las funciones étnico-regionales del contenedor. Lo que anteriormente se entendía, y comprendía, por “pueblo” o “sociedad” en el mayor de los casos no era sino el contenido de un recipiente de gruesas paredes, territorial y sostenido por símbolos, en el que casi siempre se hablaba un único idioma. Es decir, un colectivo que encontraba su autocerteza en un sistema nacional cerrado y oscilaba dentro de sus propias redundancias —lo cual difícilmente podía ser comprendido por los extraños—. Tales comunidades históricas que se situaban en la intersección entre el sí-mismo y el espacio, los así llamados pueblos, se encontraban, debido a sus características de autocontención, la mayoría de las veces sobre un mayor declive entre el interior y el exterior (un estado de cosas que en las culturas prepolíticas solía reflejarse como inocente etnocentrismo y, en el nivel político, como diferencia sustancial entre el interior y el exterior). Pero justamente esa diferencia y ese declive son los que hoy día, y debido a los efectos de la globalización, se nivelan cada vez más, y la situación inmunológica del contenedor nacional se vive cada vez más como algo problemático por los usuarios de condiciones de vida anteriores. Si bien es cierto que casi nadie que haya conocido los privilegios de la liberalidad moderna desea, en aras de las consignas militantes, que vuelva el reinado del Estado nacional, y menos aún el retorno a la autohipnosis totalitaria característica de las formas de vida tribales, para muchos el sentido y riesgo de la tendencia hacia un mundo de paredes delgadas y sociedades mezcladas es incomprensible y, además, se ve con recelo.

 

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Roland Robertson opina, y es cierto, que la globalización es un proceso al que acompaña la protesta (a basically contested process).3 Pero la protesta contra la globalización es, también, la globalización misma —ella forma parte de la reacción inmunológica ineludible e ineluctable de los organismos locales contra la infección provocada por un formato mundial más elevado.

El reto psicopolítico de la era global consiste en no ver el debilitamiento de la inmunidad tradicional y ética del contenedor como pérdida de forma y decadencia —vale decir, como ayuda ambivalente o cínica para la autodestrucción—. Lo que para los postmodernos está realmente en juego son diseños exitosos y condiciones de inmunidad dignas de ser vividas. Y esto es justamente lo que en sociedades de paredes delgadas puede volver a constituirse de múltiples formas —aunque, como siempre, no para todos.

En ese contexto social-sistémico se revela el sentido inmunológico revolucionario de la tendencia actual hacia formas de vida individualistas, a saber: quizá por primera vez en la historia de las formas de vida homínidas y humanas, en las sociedades avanzadas los individuos, en tanto portadores de propiedades inmunológicas, se desprenden de sus cuerpos sociales (hasta ahora esencialmente protectores) y aspiran a desenganchar su felicidad y su desgracia del estar-en-forma de la comuna política. Esa tendencia encuentra su mejor encarnación en la nación piloto del mundo occidental, los Estados Unidos, donde el concepto individualista “pursuit of happiness”, desde 1776, constituye el fundamento del contrato social. Los efectos centrífugos de esa orientación hacia la felicidad individual fueron compensados mediante energías de la comunidad y la sociedad civil, de tal forma que la prioridad inmunológica tradicional del grupo frente al individuo parecía también haber encarnado en la síntesis de pueblos que constituyen los Estados Unidos.

 

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Adolfo Vásquez Rocca

Pero con el paso del tiempo se han invertido los augurios: en ninguna otra parte, en ninguna población, en ninguna cultura, el individuo se hace cargo, en tan gran medida, de sus necesidades biológicas, psicoétnicas y religiosas en la medida en que la abstinencia en el terreno político va creciendo. Durante las últimas elecciones presidenciales en los Estados Unidos se registró por primera vez una participación por debajo del 50%. Y en las recientes elecciones para la Cámara de Representantes y el Senado, en noviembre de 1998, alrededor de dos de cada tres votantes se abstuvieron de votar —para los expertos el nivel de participación en la votación, de casi un 38%, fue un resultado relativamente bueno.

 

Ello nos revela una situación en la que la mayoría de los individuos cree poder desolidarizarse del destino de su comunidad política imaginando, con buen fundamento, que, de ahora en adelante, el óptimo inmunológico del individuo no se encuentra (o sólo en contadas excepciones) en el colectivo nacional —parcialmente, quizás en el sistema de solidaridad de su “minoría” o su community—. Donde más claramente lo encuentra es asegurándose de forma privada, sea en el terreno religioso, dietético, gimnástico o de las compañías de seguros.

El axioma del orden inmunológico individualista se propaga en las masas de los individuos centrados en sí mismos como una nueva evidencia vital: que nadie hará por ellos lo que ellos no hagan por sí mismos. Las nuevas técnicas inmunológicas se recomiendan como estrategias existenciales en sociedades constituidas por individuos para los cuales la Larga Marcha hacia la flexibilidad, el debilitamiento de la “relación de objeto” y la licencia general para mantener relaciones de infidelidad o relaciones reversibles entre personas y espacios, haya alcanzado su culminación lógica.

Adolfo Vásquez Rocca

 

 

En un mundo así, la antigua sabiduría del emigrante: ubi bene ibi patria, será obligatoria para todos. Y es que la patria como espacio de la buena vida es cada vez menos fácil de encontrar ahí donde, por un accidente de nacimiento, cada quien está. Sin importar donde se esté, la patria debe ser reinventada permanentemente mediante el arte de saber vivir y las alianzas inteligentes.

 

Notas

1Acerca de esta expresión, cf. Peter Sloterdijk: Spharen I. Blasen, Suhrkamp Verlag, Frankfurt a. M., p. 60 ss.

2 Cf. Arjun Appadurai: “Globale ethnische Raume. Bemerkungen und Fragen zur Entwickulng einer transnationalen Anthropologie”, en Perpektiven der Weltgesellschaft, Ulrich Beck (ed.), Suhrkamp Verlag, Frankfurt a. M., pp. 11-40.

3 Roland Robertson: Globalization: Social Theory and Global Culture. Sage Publications, London, p. 182.

Peter Sloterdijk.

Peter Sloterdijk ©Adolfo Vásquez Rocca

Seminario ‘Peter Sloterdijk, un pensador Estético’ – Prof. Dr. Adolfo Vásquez Rocca

INSTITUTO DE FILOSOFÍA

PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE VALPARAÍSO

 

Seminario “Peter Sloterdijk, un pensador Estético”

 

Prof. Dr. Adolfo Vásquez Rocca

PROGRAMA

Seminario: Peter Sloterdijk, un pensador Estético

 

Prof. Dr. Adolfo Vásquez Rocca

http://www.danoex.net/adolfovasquezrocca.html

 

Modalidad: Seminario de Postgrado

 

 

Peter Sloterdijk

Bibliografía:

 

http://www.psikeba.com.ar/recursos/autores/sloterdijk.htm

 

 

Contenidos del Seminario:

 

 

1.- Sloterdijk Un pensador Estético; El artista como teórico

 

  • Problematización del concepto de Arte y sus perplejidades ante el enunciado: “Esto es arte”

  • Arte conceptual y postconceptual

  • El giro Estético de la epistemología; La ficción como conocimiento, subjetividad y texto.

  • Los mapas cognitivos bajo los conceptos de paradigmas y meta-relatos culturales.

  • La metafórica de Sloterdijk:

  • Metafórica de la navegación; clérigos a bordo

  • Éxtasis náuticos

  • La metafórica de las Esferas: Burbujas, Globos y Espumas

  • Microesferas íntimas y “úteros fantásticos para masas infantilizadas”

  • Provincialismo global, frío estelar y complejidad extrahumana.

  • La emergencia del humano potencial de traslado; El shock de transcolonización y el desenraizamiento existencial

  • Conjeturas sobre el animal que topa consigo, se propone lo grande, a menudo no avanza un paso y, a veces, esta harto de todo

2.- El hombre como experimento sonoro.

  • ¿Dónde estamos, cuando escuchamos música?

  • Experimentos con uno mismo; la escucha de sí.

  • El metafísico animal de la ausencia.

  • La música como “analogía tonal de la vida emotiva

  • El secuestro del ánimo

  • El espacio interior acústico de la escucha fetal

  • El pensamiento polifónico y la mácula sorda

  • Las metáforas auditivas en la filosofía; Heidegger y Sloterdijk

  • La escucha de sí como fundamento de toda intimidad

  • El olvido del ser desde todos los altavoces y las masas desespiritualizadas.

  • Las prácticas de silencio y la política como una forma cultural del hábito de hablar a gritos

 

3.- El arte se repliega en sí mismo.

  • La producción indiscriminada de obras

  • Inflación de las Exposiciones; Galerías de arte, marchantes de Arte, curadores y otros esperpentos.

  • La así llamada Novela del Arte.

  • Forma y valor de la obra de Arte; el estatuto ontológico y psico-político de al obra de arte.

  • Obras y Exposiciones como acciones bursátiles estéticas

  • Consumo cultural, políticas de identidad y el posmodernismo en el Arte.

  • ¡El arte abandona la Galería! ¿Adónde va?…

  • De la muerte del arte al postvanguardismo: eclecticismo, citacionismo, fragmentación, ironización y reapropiacionismo

  • Sloterdijk y Baudrillard; alteridad, seducción y simulacro – Lo hiperreal.

  • De la metástasis de la imagen a la incautación de lo real

4.- Estética Política y Telecomunicaciones

 

 

  • Las imágenes híbridas de la posmodernidad

  • Estética y globalización

  • Patria y globalización; Notas sobre un recipiente hecho pedazos

  • Telecomunicaciones; ontología de las distancias

  • Flujos y redes; De la ontología de las distancias al surgimiento del ‘provincianismo global”

  • Sobre capitalismo, telepatía y mundos asesores

  • Temblores de aire; en las fuentes del terror

  • Guerra medioambiental y el atmoterrorismo; el frágil respiro de los muertos.

  • El régimen del sabotaje y la lógica del pánico como argumento central de la política.

  • El detonante iconográfico y operístico de la política de masas

  • El Fascismo como metafísica de la inmoderación; como síntesis de humanismo y barbarie o la coincidencia paradojal de inhibición y desinhibición.

  • La política como arte; ‘belleza’ convulsiva y proyecto nacionalsocialista

  • El Desprecio de las Masas

  • El artista como dictador social y el político como escenógrafo

 

5.Filosofía, Urbanismo y Arquitectura; Espacio tanatológico

  • El diseño de la ciudad; mirada reticular y mirada fragmentada

  • Arcas, murallas, de ciudad y fronteras del mundo

  • Para una ontología del espacio cercado

  • El vértigo de la sobremodernidad; “no lugares”, espacios públicos y figuras del anonimato

  • Los ‘no lugares’ y el turismo a gran escala

  • La ciudad como museo

  • Ciudades y desastres

  • Sloterdijk: El palacio de cristal; traumas urbanos

  • Sloterdijk; Espacio tanatológico, duelo esférico y disposición melancólica

  • Cultura, muerte y espacios interiores para las emociones escindidas.

  • Autocobijo y sistemas metafísicos de inmunidad.

  • El Duelo Esférico1; Sobre la pérdida del ‘nobjeto’ y la dificultad de decir lo que falta.

  • Sloterdijk y Jean-Luc Nancy; De la Filosofía del cuerpo a las metáforas de la enfermedad

  • Body Art; políticas del cuerpo humano y social.

  • Estética y Biotecnología

  • Metáfora viral, Escatología de la enfermedad y Literatura conspirativa

  • Sloterdijk; del pesimismo metodológico al cinismo difuso de nuestras sociedades exhaustas

Prof. Dr. Adolfo Vásquez Rocca

 

BIBLIOGRAFÍA:

SLOTERDIJK, Peter, Crítica de la razón cínica, (Re-edición) Siruela, Madrid, 2004.

SLOTERDIJK, Peter, Temblores de aire, en las fuentes del terror, Ed. Pre-Textos, Valencia 2003

SLOTERDIJK Peter, El arte se repliega en sí mismo – Peter Sloterdijk

SLOTERDIJK Peter, El pensador en escena; el materialismo de Nietzsche, Ed. Pre-Textos, Valencia, 2000.

 

SLOTERDIJK Peter, El Palacio de Cristal, Conferencia.

 

SLOTERDIJK, Peter, “Normas para el parque humano; una respuesta a la Carta sobre el humanismo”. Ediciones Siruela, Madrid, 2000.

SLOTERDIJK, Peter, “El hombre más independiente de Europa”, Conferencia pronunciada, 2000.

 

SLOTERDIJK, Peter, Extrañamiento del mundo, Editorial Pre-textos, Valencia, 2001

 

SLOTERDIJK, Peter, “El hombre auto-operable; Notas sobre el estado ético de la tecnología génica, En Revista Sileno, Madrid, 2001.

 

SLOTERDIJK, Peter, El desprecio de las masas; Ensayos sobre las luchas culturales de la sociedad moderna, Editorial Pre-textos, Valencia, 2002. SLOTERDIJK, Peter,, Pre-textos, Valencia, 2001

 

SLOTERDIJK, Peter, Experimentos con uno mismo, Editorial Pre-Textos, Valencia, 2003.

 

SLOTERDIJK, Peter, Esferas I. Burbujas , Ediciones Siruela, Madrid, 2003.

SLOTERDIJK, Peter, Esferas II. Globos. Macroesferología,. Siruela, 2004.

 

SLOTERDIJK, Peter, Esferas III , Espumas, Editorial Siruela, Barcelona, 2005

 

BAUDRILLARD, Jean, La transparencia del mal (1989) Anagrama, Barcelona, 1990.

 

VIRILIO, Paul, Ville panique, Ailleurs commence ici, Galilée, 2004

 

DUQUE, Felix, En torno al humanismo. Heidegger, Gadamer, Sloterdijk, Editorial Tecnos, Madrid, 2002.

 

GIRARD, René, La violencia y lo Sagrado, Editorial Anagrama, Barcelona, 1995.

 

CANETTI, Elías (1960), Masa y poder, Ed. Alianza, Muchnik, Madrid, 1997

 

 

ARTÍCULOS:

 

VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “Sloterdijk; Temblores de aire, atmoterrorismo y crepúsculo de la inmunidad” En A Parte Rei, Nº 53, Sociedad de Estudios Filosóficos, Madrid, 2007
http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/vasquez53.pdf

 

SLOTERDIJK, Peter, El arte se repliega en sí mismo – En Revista Observaciones Filosóficas

 

VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “Sloterdijk y Canetti; El detonante iconográfico y operístico de la política de masas”, en NÓMADAS Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas. Universidad Complutense de Madrid, | Nº 15 | Enero-Junio 2007, pp. 201-214, http://www.ucm.es/info/nomadas/15/avrocca_detonanteiconografico.pdf

 

VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, Artículo “Peter Sloterdijk: Espacio tanatológico, duelo esférico y disposición melancólica” En NÓMADAS, Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas ISSN 1578-6730 – Universidad Complutense de Madrid, | Nº 17 | Enero-Junio 2008 -1º | En Prensa http://www.ucm.es/info/nomadas/17/avrocca_sloterdijk2.pdf

VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “El vértigo de la sobremodernidad; “no lugares”, espacios públicos y figuras del anonimato”, En U&P Revista de Diseño Urbano y Paisaje, Universidad Central de Chile, Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Paisaje, FAUP, ISSN 0717- 9758, Volumen IV, Nº10, 2007.
http://www.ucentral.cl/Sitio%20web%202003/Revista%20Farq/pdf/10_vertigo_delasobremodernidad.pdf
VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “Peter Sloterdijk;. Esferas, helada cósmica y políticas de climatización”, En Debats, ISSN 0212-0585, Nº 94, 2006, pags. 6-13, Universidad de Valencia; y Eikasia, Revista de Filosofía, 5 (julio 2006); http://www.revistadefilosofia.com/SLOTERDIJK.pdf
SLOTERDIJK, Peter, Patria y globalización; Notas sobre un recipiente hecho pedazos
VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “El Giro Estético de la Epistemología; La ficción como conocimiento, subjetividad y texto”, En Revista AISTHESIS, Instituto de Estética de la Pontificia Universidad Católica de Chile, PUC, Nº 40, 2006.
http://www.puc.cl/estetica/html/revista/pdf/Adolfo_Vssquez.pdf

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Artículos relacionados:
Peter Sloterdijk: Esferas, flujos, sistemas metafísicos de inmunidad y complejidad extrahumana – Adolfo Vásquez Rocca. En NÓMADAS Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas. Universidad Complutense de Madrid, | Nº 17 | Enero-Junio 2008 | En Prensa / Y Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo, Córdoba, Argentina, Nº 15, Año IV, Segundo Cuatrimestre 2007, (pp. 93 -100) http://www.konvergencias.net/vasquezrocca140.pdf

 

  • Sloterdijk; De la ontología de las distancias al surgimiento del ‘provincianismo global’ – Liliana Vásquez Rocca, en Psikeba – Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, Buenos Aires, ISSN 1850-339X, 2007.

  • As influências gnósticas de Peter Sloterdijk, José Luiz Bueno, En Revista Observaciones Filosóficas, 2007.

  • Peter Sloterdijk, El Pensador en Escena; ‘Das Philosophische Quartett’ – Adolfo Vásquez Rocca

  • La evolución del mundo como una fiesta de suicidas; Sloterdijk y el pesimismo metodológico” – Adolfo Vásquez Rocca. En Luke, Revista de Arte y Literatura Contemporánea, N º 86, junio, 2007, España.

  • Peter Sloterdijk: Esferas, flujos, sistemas metafísicos de inmunidad y complejidad extrahumana – Adolfo Vásquez Rocca. En NÓMADAS Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas. Universidad Complutense de Madrid, | Nº 17 | Enero-Junio 2008 | En Prensa

  • Peter Sloterdijk; miembro de la Academia de las Artes de Berlín y de ‘Das Philosophische Quartett’ – Adolfo Vásquez Rocca. En Escáner Cultural, Revista de arte
    contemporáneo y nuevas tendencias, Nº 96, Santiago

  • Peter Sloterdijk y Nietzsche; De las antropotecnias al discurso del posthumanismo y el advenimiento del super-hombre – Adolfo Vásquez Rocca

  • Peter Sloterdijk; El post-humanismo: sus fuentes teológicas y sus medios técnicos – Adolfo Vásquez Rocca

  • De la escuela cínica al cinismo contemporáneo de Sloterdijk – Adolfo Vásquez Rocca

  • Música concreta y Filosofía contemporánea; Registros polifónicos de John Cage a Peter Sloterdijk – Adolfo Vásquez Rocca

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  • Sloterdijk y la ontogénesis del ser humano; la planta y el animal que hay en nosotros – Dra. Carolina Villagrán M. En Revista Observaciones Filosóficas, 2007.

  • Solterdijk; organicidad metafórica, modelos de comunicación y crítica del psicoanálisis fundacional – Lic Carlos Reyes González. En Revista Observaciones Filosóficas, 2007.

  • Peter Sloterjijk, la escucha de sí y el olvido del Ser desde todos los altavoces – Adolfo Vásquez Rocca

  • “Peter Sloterdijk; del pesimismo metodológico al cinismo difuso de nuestras sociedades exhaustas. “, En Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo, Córdoba, Argentina, Nº 15, Año IV, Segundo Cuatrimestre 2007, (pp. 84-92). – Adolfo Vásquez Rocca

  • “Peter Sloterdijk, Esferas, flujos, sistemas metafísicos de inmunidad y complejidad extrahumana. “, En Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo, Córdoba, Argentina, Nº 15, Año IV, Segundo Cuatrimestre 2007, (pp. 93 -100). – Adolfo Vásquez Rocca

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Adolfo Vásquez Rocca

Prof. Dr. Adolfo Vásquez Rocca

Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
Universidad Complutense de Madrid
Universidad Nacional Andrés Bello – UNAB
E-mail: adolfovrocca@gmail.com

EL PALACIO DE CRISTAL; Peter Sloterdijk

 

EL PALACIO DE CRISTAL

Peter Sloterdijk

 

Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona 2004 Conferencia pronunciada en el marco del debate “Traumas urbanos. La ciudad y los desastres”. CCCB.

Peter Sloterdijk

Sloterdijk; La Estética Contemporánea

 

Prof. Dr. Adolfo Vásquez Rocca

POSTGRADO

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INSTITUTO DE FILOSOFÍA

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PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE VALPARAÍSO

 

 

 

 

Si hubiera que ampliar las investigaciones de Benjamin al siglo XX y principios del XXI, sería necesario –a parte de algunas correcciones en el método– tomar como punto de partida los modelos arquitectónicos del presente: centros comerciales, recintos feriales, estadios, espacios lúdicos cubiertos, estaciones orbitales y gated communities; los nuevos trabajos tendrían títulos como Los palacios de cristal, Los invernaderos, y, si los lleváramos a sus últimas consecuencias, quizá también Las estaciones orbitales 3. Sin duda alguna, los pasajes encarnaron una sugestiva idea del espacio en los principios del consumismo. Consumaron la fusión, que tanto había inspirado a Benjamin, entre salón y universo en un espacio interior de carácter público; eran un «templo del capital mercantil», «voluptuosa calle del comercio» 4, proyección de los bazares de Oriente en el mundo burgués y símbolo de la metamorfosis de todas las cosas bajo la luz de su venalidad, escenario de una féerie que embruja a los clientes hasta el final de la visita. Sin embargo, el Palacio de Cristal, el de Londres, que primero albergó las Exposiciones Universales y luego un centro lúdico consagrado a la «educación del pueblo», y aún más, el que aparece en el texto de Dostoievsky y que hacía de toda la sociedad un «objeto de exposición» ante sí misma, apuntaba mucho más allá que la arquitectura de los pasajes; Benjamin lo cita a menudo, pero lo considera tan sólo como la versión ampliada de un pasaje. Aquí, su admirable capacidad fisonómica lo abandonó. Porque, aun cuando el pasaje contribuyera a glorificar y hacer confortable el capitalismo 5, el Palacio de Cristal –la estructura arquitectónica más imponente del siglo XIX– apunta ya a un capitalismo integral, en el que se produce nada menos que la total absorción del mundo exterior en un interior planificado en su integridad.

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Si se acepta la metáfora del «palacio de cristal» como emblema de las ambiciones últimas de la Modernidad, se reconoce sin esfuerzo alguno la simetría entre el programa capitalista y el socialista: el socialismo no fue otra cosa que la segunda puesta en práctica del proyecto de construcción del palacio. Después de su liquidación, se ha hecho evidente que socialismo y comunismo fueron estadios en el camino hacia el capitalismo. Ahora se puede decir abiertamente que el capitalismo es algo más que un modo de producción; apunta más lejos, como se expresa con la figura de pensamiento «mercado mundial». Implica el proyecto de transportar todo el contexto vital de los seres humanos que se hallan en su radio de acción a la inmanencia del poder de compra.

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Walter Benjamin por Adolfo Vásquez Rocca

El mundo denso y la desinhibición secundaria: el terrorismo

 

El rasgo distintivo de la globalidad establecida es la situación de proximidad forzosa con todo tipo de elementos. Creemos que lo más adecuado es designarla con el término topológico «densidad». Este término designa el grado de presión para la coexistencia entre un número indefinidamente grande de partículas y centros de acción. Mediante el concepto de densidad, se puede superar el romanticismo de la cercanía con el que los moralistas modernos han querido explicar la abertura del sujeto hacia el Otro 6.

 

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La elevada densidad implica una probabilidad cada vez más elevada de encuentros entre los agentes, ya sea bajo la forma de transacciones, o en la de colisiones o casi colisiones. Allí donde reinan las condiciones de densidad, la falta de comunicación entre los agentes no es plausible, en la misma medida en que tampoco lo son los dictados unilaterales. La elevada densidad garantiza la resistencia permanente del entorno contra la expansión unilateral, una resistencia que desde el punto de vista cognitivo se puede calificar como entorno estimulante para los procesos de aprendizaje, puesto que los actores suficientemente fuertes en medios densos se hacen unos a otros inteligentes, cooperativos y amistosos (y, como es natural, también se trivializan entre sí). Esto es así porque se interponen efectivamente el uno en el camino del otro, y han aprendido a equilibrar intereses opuestos. Al cooperar tan sólo con las miras puestas en el reparto de beneficios, dan por supuesto que las reglas de juego de la reciprocidad también son evidentes para los demás.

 

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A causa de la densidad, la inhibición se transforma en nuestra segunda naturaleza. Allí donde se manifiesta, la agresión unilateral adopta la apariencia de una utopía que ya no se corresponde con ninguna praxis. La libertad para actuar obra entonces como un motivo de cuento de hadas procedente de la época en que la agresión aún prestaba algún servicio. Toda expansión unilateral demuestra que todavía existen condiciones previas a la densidad. La densidad conlleva lo siguiente: la fase en que la praxis unilateral desinhibida tenía éxito ha llegado, en lo esencial, a su término, sin que podamos descartar alguna que otra secuela violenta. Los actores han sido expulsados del jardín de Edén en el que se prometía la salvación a los unilaterales.

El concepto de telecomunicaciones tiene una gran seriedad ontológica, en tanto que designa la forma procesual de la densificación. Las telecomunicaciones producen una forma de mundo cuya actualización requiere diez millones de e-mail por minuto y transacciones en dinero electrónico por un monto de un billón de dólares diarios. Este término no se comprenderá bien en tanto que no exprese de manera más explícita la creación de un sistema mundial de reciprocidad basado en la cooperación, esto es, en la inhibición mutua, en el que se incluyen las transacciones a distancia, las obligaciones a distancia, los conflictos a distancia y la ayuda a distancia. Tan sólo este concepto fuerte de las telecomunicaciones como forma capitalista de la actio in distans es el adecuado para describir el tono y el modo de existencia en el palacio de cristal ampliado. Gracias a las telecomunicaciones, se ha realizado por medios técnicos el viejo sueño de los moralistas de un mundo en el que la inhibición se imponga a la desinhibición.

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Walter Benjamin por Adolfo Vásquez Rocca

Por consiguiente, la esperanza –y que Ernst Bloch me perdone– no es un principio, sino un resultado. La esperanza que podemos abrigar en algunos casos, en el marco de la teoría de procesos, es doble: en primer lugar, el hecho de que los seres humanos tienen ocasionalmente nuevas ideas que al aplicarse producen alteraciones en las condiciones de vida, tanto en un microentorno como a gran escala. De vez en cuando, se encuentran entre ellas grandes ideas con un nivel reducido de efectos secundarios. En segundo lugar, por la constatación del hecho que, del torrente de ideas que querrían hacerse realidad, dadas unas condiciones de densidad suficiente, se filtra un poso de ocurrencias factibles que ofrecen algo mejor, si no a todo el mundo, sí, por lo menos, a muchas personas. La racionalidad del espacio denso produce el mismo efecto que una secuencia de cedazos encargados de la eliminación de ofensivas unilaterales y de innovaciones que puedan causar daños inmediatos (semejantes, como si dijéramos, a los delitos que pueden cometerse en una única ocasión, o en breves series). Su manera de actuar puede llamarse comunicativa, si se quiere, pero tan sólo en la medida en que se pueda llamar comunicación a la sustracción recíproca de espacios de acción. El fantasma que aparece ante unos ojos miopes como competencia comunicativa se transforma, tras la disolución de las brumas, en mera capacidad de inhibición recíproca. El tan pregonado consenso de los sensatos es una cáscara que recubre el poder de inhibirse recíprocamente de toda acción unilateral. También el fenómeno, excesivamente valorado desde un punto de vista moral, del reconocimiento corresponde en lo esencial a la capacidad de hacerse respetar como obstáculo efectivo o potencial frente a una iniciativa ajena. Jürgen Habermas tiene el mérito de haber reconocido que la «inclusión del otro» es un procedimiento para la ampliación del ámbito de aplicación de los mecanismos de inhibición recíproca, aun cuando haya incurrido en una sobrevaloración idealista de dicho procedimiento y en una errónea interpretación dialógica; la «inclusión del otro» es, muy al contrario, un indicio de la tendencia postmoderna a eliminar la acción. De hecho, el establecimiento de inhibiciones recíprocas es digno de alabanza por ser el mecanismo civilizatorio más eficaz, si bien habría que tener en cuenta que justo con los aspectos indeseables e intolerables de la praxis unilateral desinhibida también se elimina a menudo lo que ésta tiene de bueno.

Peter Sloterdijk por Adolfo Vásquez Rocca – Esferas

 

Sobre este telón de fondo, la globalización de la criminalidad se nos revela instructiva por lo que respecta a la situación posthistórica. Nos muestra cómo y dónde la desinhibición activa se impone una y otra vez a las instancias inhibidoras en ámbitos locales. La criminalidad organizada reposa sobre el perfeccionamiento profesionalizado de la desinhibición, que avanza, por así decir, con pasos silenciosos por las fisuras abiertas en el abrumador entorno circundante; en cambio, la criminalidad espontánea sólo da fe de la momentánea pérdida de control sobre sí mismo por parte de individuos confusos que la jerga de los juristas se obstina en llamar autores del crimen. La criminalidad profesional constituye, fundamentalmente, un sentido para hallar las fisuras (en el mercado y en la ley), junto con una energía que no conoce el desaliento. Gracias a ella, se siguen cumpliendo las condiciones necesarias para poder hablar de autoría de los hechos en un sentido satisfactorio desde el punto de vista filosófico. Los criminales organizados de manera eficaz no son víctimas de su propio nerviosismo, sino los testimonios principales de la libertad de acción en abierto desafío del sistema universal de inhibiciones.

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Walter Benjamin por Adolfo Vásquez Rocca

 

Este diagnóstico tiene una especial validez para lo que últimamente se ha dado en llamar «terrorismo global», del que aún no se ha dado ninguna explicación satisfactoria pese a los brillantes análisis parciales que se han ido realizando. La vía más inmediata para hacer justicia en el plano teórico a sus potentes manifestaciones, y en especial al acto inconcebiblemente simple del 11 de septiembre de 2001, consiste en interpretarlo como un indicio de que el motivo de la desinhibición cayó en manos de perdedores activos, procedentes del bando antioccidental en el contexto posthistórico. Esto no demuestra que el mal llegara hasta Manhattan, sino que una nueva ola de perdedores de la «historia» descubrió para sí los placeres de la unilateralidad; por desgracia, los descubrió después de que terminara el tiempo de juego y en abierta transgresión de las normas de contención posthistóricas. No imitan, como anteriores movimientos surgidos de los perdedores, ningún modelo de «revolución»; imitan directamente el impulso originario de las expansiones europeas: la superación de la inercia mediante el ataque, la asimetría euforizante garantizada por la agresión pura, la superioridad indiscutible del que llega primero a un lugar y planta su estandarte antes de que lo hagan los demás. La clara primacía de la violencia agresora hiere de nuevo al mundo, pero esta vez desde el otro lado, desde el lado no occidental. Pero como también es demasiado tarde para que los terroristas islámicos pretendan recuperar terreno en el mundo de las cosas y los territorios, ocupan zonas aún más amplias en el espacio abierto de las noticias del mundo. En él erigen su blasón de fuego, del mismo modo que los portugueses, antaño, erigieron su blasón de piedra allí donde desembarcaban.

Las circunstancias favorecen a los terroristas: éstos han comprendido, mejor que otros colectivos de productores, que los amos del cable no son capaces de generar todos los contenidos en el estudio y que siguen dependiendo de los acontecimientos exteriores. Y han aprendido de la experiencia: ellos mismos pueden brindarles tales acontecimientos, puesto que, como content providers, se han hecho casi con el monopolio del sector de la violencia real. Además, pueden estar seguros: ante los actos de invasión, el infoespacio del gran sistema no ofrece más resistencia de la que ofreció un África amorfa en el siglo XIX frente a los más brutales ataques de los europeos. Con siniestro regocijo, advierten el motivo: los invasores pueden ocupar, sin esfuerzo alguno, el sistema nervioso de los moradores del palacio de cristal, porque éstos, condicionados por el tedio que reina en el palacio, aguardan noticias del exterior; los programas generados por la paranoia, faltos de trabajo, se afanan por reconocer -con paranoia- cualquier indicio de la existencia de un enemigo. La suma de estos análisis casi teóricos brinda una praxis coherente a los terroristas: al preparar sus explosiones televisadas, sacan partido, con aguda intuición, de la constitución hipercomunicativa del espacio social de Occidente; por medio de invasiones mínimas, ejercen un influjo sobre la totalidad del sistema, en tanto que lo vulneran y lastiman en sus centros neuralgicos. Pueden estar seguros de que la única medida antiterrorista que alcanzaría el éxito, el silencio absoluto de los medios de comunicación a propósito de los atentados, se frustrará siempre a causa de la fidelidad de aquéllos a su deber de informar. Por ello, «nuestros» conductos de excitación transmiten de manera casi automática el estímulo terrorista local a los consumidores de terror, los ciudadanos mayores de edad del palacio de cristal, de manera muy parecida a como los conductos de mi sistema nervioso transmiten el dolor de la quemadura desde las yemas de los dedos hasta el registro general en el cerebro. Nuestro propio deber de informar garantiza al terrorismo un puesto duradero como arte de hacer hablar de sí mismo. Por ello, los dirigentes del terror, al igual que todos los conquistadores que los precedieron, pueden equiparar el éxito con la verdad. El resultado, absurdo o no, se pone de manifiesto en el hecho de que aparezcan en los medios con una regularidad casi comparable a la de la meteorología y los secretos de las mujeres. Aun cuando se trate de un fantasma que en raras ocasiones se materializa, goza de una consideración ontológica que habitualmente se otorga tan sólo a los existentes. En comparación con ello, el hecho de que los autores de atentados graves reciban la consideración de héroes en extensas zonas del mundo no controladas por Occidente constituye tan sólo un aspecto secundario de su triunfo.

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Peter Sloterdijk Esferas por Adolfo Vásquez Rocca – Sloterdijk Esferas

Así, el terrorismo ha conseguido ser objeto de «atención» como estrategia de expansión unilateral en el continente posthistórico. Penetra fácilmente en el cerebro de las «masas» y se asegura un espacio significativo en el mercado mundial de las emociones temáticas. Por ello, y tal como nos mostró Boris Groys mediante análisis realizados con suficiente sangre fría, el terrorismo está estrechamente emparentado con las artes mediáticas postmodernas, y quizá no haga otra cosa que extraer las consecuencias más extremas de las tradiciones del arte transgresor de raíz romántica. Desde épocas tempranas, éste trató de forzar el significado mediante agresivas expansiones de los procedimientos artísticos. Con el desarrollo de tales técnicas a lo largo del siglo XX, se hizo perceptible que la transgresión no es un indicador de la grandeza metafísica ni artística de una obra, sino un recurso publicitario tan sencillo como efectivo. El famoso arranque de celos de Stockhausen frente a los autores del drama de Nueva York nos dice más acerca de la verdad de aquel día que toda la industria literaria dedicada al 11 de septiembre 8.

A la vista de todo ello, se comprende por qué el neoliberalismo y el terrorismo son como el recto y el verso de una misma hoja. Sobre ambas caras se lee un texto articulado con suma claridad:

«Para los audaces, la historia no ha terminado. La unilateralidad es rentable para los que confían en la agresión. Los elegidos aún pueden contemplar el mundo como una hacienda sin dueño, los testigos de la Pura Agresión aún tienen el botín en la punta de la espada. La libertad para atacar es la esencia de la verdad.»

Forzoso es reconocer que todo esto son cantos de sirena, y que no existen suficientes mástiles para amarrar a quienes los escuchan. Esta música de la acción desinhibida es grata a los individuos vigorosos que desean emplear su exceso de fuerza, sea en la empresa o en la venganza.

La obra de teatro que la coalición de los bienpensantes llama «agresión del fundamentalismo» se representa tan sólo en la superficie del escenario mundial; lo que causa verdadera inquietud es el fundamentalismo de la agresión. Aun cuando parezca pertenecer a una época ya pasada, sus restos se mantienen con virulencia en el mundo postunilateral. Lo que impulsa a los resueltos agresores, trátese de terroristas, especuladores, delincuentes o empresarios, es el anhelo de transformarse en un chorro de pura iniciativa en un contexto mundial que emplea todas sus fuerzas para frenar las iniciativas. El fundamentalismo islámico, que en la actualidad se percibe como un paradigma de agresividad sin sentido, tiene interés tan sólo en tanto que componenda mental circunscrita a ámbitos locales, que hace posible el tránsito, siempre precario, desde la teoría (o el resentimiento) a la práctica por parte de un determinado grupo de candidatos (véase más arriba notas 1 y 2). Podríamos recordar que, desde siempre, la función cognitiva del «fundamento» no es otra que la de garantizar la desinhibición del agente que lo transforma en hechos. (Por ello, los que hoy ejercen como antifundamentalistas en el ámbito de la teoría niegan en redondo a sus clientes el derecho a esperar de ellos instrucciones de cualquier tipo para la acción, lo cual es, naturalmente, una medida de autoprotección –para los teóricos, se entiende–, quienes, tras la sobreabundancia de autorías y responsabilidades del siglo XX, han comprendido con qué facilidad los autores de tesis generales incurren en situaciones de complicidad).

Con todo, nos preguntamos en retrospectiva por qué se ha tardado tanto en desvelar el significado práctico de la alegación de motivos: el «motivo» real por el que se tienen motivos es el deseo de hallar una motivación que el hombre que actúa pueda adoptar como «guía». Desde Descartes se sabe qué es lo que el hombre que actúa, si es exigente, requerirá de sus motivos desinhibidores: todo el que quiera sacudir el entorno con sus actos en tiempos de incertidumbre generalizada apenas si puede quedar satisfecho con algo que no alcance el rango de inconcussum. La pared que tiene que atravesar todo aquel que aspire a poner en práctica lo improbable sólo se puede perforar con un potente medio de desinhibición. Y, dado que el mundo actual, desde el punto de vista de los humillados y los codiciosos de honores, está formado casi en exclusiva por paredes que disuaden de la acción, el hombre que actúa en estos últimos tiempos necesita las máquinas de derribo más potentes. Como observó Niklas Luhmann, el radicalismo es para los modernos el único medio de probada eficacia para representar lo no plausible como lo único plausible. Y, como ya se ha visto, en la práctica es posible perforar algún que otro muro. Por consiguiente, lo que es notable en los ataques terroristas actuales contra los grandes sistemas es sólo el hecho de que demuestren la existencia de un radicalismo posthistórico, algo comparable al descubrimiento de una especie de cisnes negros. Aún tendrán que sucederse muchas decepciones hasta que los neoliberales y los terroristas islámicos –unos y otros, mártires de la posthistoria– comprendan que los placeres de la vida activa asimétrica pertenecen ontológicamente al ancien régime. Habrá que esperar a ver si entonces estos cisnes también se vuelven blancos.

Ambos tipos de actuantes son intempestivos en todos los sentidos del término. Los unos quieren navegar como los marinos sedientos de riqueza a partir de 1492, y los otros sueñan con lanzarse al galope cual tribus del desierto inflamadas por el monoteísmo en el siglo VII. Sin embargo, unos y otros tienen que pactar con la época en la que viven y fingen percibir las redes modernas como su gran oportunidad, y no como quintaesencia de las circunstancias que los frenan. Con sus obsoletas filosofías de la acción, unos y otros nos brindan, a principios del siglo XXI, sendas formas de romanticismo de la agresión. Este romanticismo confunde las fisuras con un espacio libre. Mediante la realización de misiones, proyectos y otros gestos, sus actores querrían rescatar la fuerza de la asimetría de su carácter de golpe adelantado y autosatisfactorio, en una época que se encuentra ya bajo el primado de la amabilidad, la inhibición, la acción recíproca, la cooperación, tanto en Oriente como en Occidente. Sólo se escapan algunas fisuras que son angostas desde el punto de vista del sistema, aunque numerosas.

Por consiguiente, desde el punto de vista de la teoría de la acción, la «existencia histórica» puede definirse como participación en un espacio de acción donde el empleo de un excedente de energías interiores y la realización de la historia mundial en ocasiones confluían. Un autista presuntuoso como Colón demostró lo que puede conseguir un verdadero héroe de la historia; igual que incontables imitadores, se abrió paso desde la neurosis hasta lo universal. Sin embargo, una vez concluida la «historia», sólo intentan hacer «historia» aquellos que no comprenden que ésta ha terminado. Así, aparecen autismos sin salida en el escenario mundial; pero éstos producen un fuerte eco en el murmullo posthistórico de los medios de comunicación. El 11 de septiembre ha sido hasta ahora el indicio más claro de posthistoricidad, aunque fueran muchos quienes, en estado de shock, lo confundieran con un signo de la historia. Marcó una fecha cuya misma superfluidad es siniestra, una fecha que no apunta a nada, salvo al mismo día en que tuvo lugar el hecho. Los criminales de septiembre engendraron una violencia unilateral que no tenía absolutamente nada in petto que pudiera compararse a un proyecto, salvo vagas alusiones a una repetición, alusiones que malos estrategas han interpretado erróneamente como una amenaza. Una verdadera amenaza tendría que adoptar, como todo el mundo sabe, la forma de una «advertencia armada» 9, y el atentado de septiembre no buscaba ninguna consecuencia, fue una mera demostración de la capacidad de llevar a cabo un ataque puntual contra el palacio cristalino; fue una «medida» que se agotó en su misma realización. Tampoco tenía nada de lucha por un buen fin por medios violentos, pero desgraciadamente necesarios, como la había enseñado la metaética revolucionaria desde el siglo XIX. El atentado fue una pura reivindicación de la primacía de la agresión en un tiempo regido por las inhibiciones y el acoplamiento regenerativo.

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A la vista del 11 de septiembre, se puede deducir que el contenido de la posthistoria en su aspecto más dramático quedará determinado durante mucho tiempo por las interacciones de los porfiados. Esto no es una constatación como cualquier otra. A la imposibilidad, advertida por Hegel, de aprender algo de la historia, se le añade ahora la imposibilidad de aprender de los episodios de la posthistoria. Solamente los proveedores de tecnología de seguridad pueden extraer alguna conclusión de los incidentes posthistóricos. Todo lo demás se libra al flujo y reflujo de las agitaciones mediáticas, incluidos los afanes de las policías internacionalizadas que emplean la angustia colectiva como legitimación de su propia expansión. Dentro del gran invernáculo, los clientes viven una serie interminable de incidentes sin explicación y de gestos sin referente. Éstos constituyen los grandes temas de actualidad. Pero las noticias y su material, los actos de violencia y dramas reales «sobre el terreno» –como reza la estúpida jerga profesional en referencia a los lugares donde se producen los accidentes y acontecimientos– no son más que hierbajos que crecen en la superficie de la regularidad operativa en el espacio denso.

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Las provocaciones de los terroristas no constituyen en ningún caso un motivo objetivamente satisfactorio para un retorno de la cultura política de Occidente al «momento hobbesiano»: la cuestión de si el Estado moderno tiene capacidad para proteger con eficacia la vida de sus ciudadanos halla en el balance de los hechos una respuesta claramente afirmativa, de tal manera que sería necio planteársela de nuevo con seriedad. Hace tiempo ya que la «sociedad» adquirió la competencia necesaria para la absorción psíquica del terror, y la inquietud provocada por el terrorismo llega a la «sociedad» tan sólo a través de los medios de comunicación y no a través de movilizaciones ordenadas por el Estado; el Estado de hoy en día es, igual que todos los demás, un consumidor de actos terroristas, y el hecho de que se le exija competencia en la lucha contra el terror no cambia para nada el hecho de que ni se ve directamente atacado por éste ni tampoco puede reaccionar de manera directa. De todos modos, la legitimación del Estado dejó de basarse hace algún tiempo en sus funciones hobbesianas, y se fundamenta en sus prestaciones como redistribuidor de los medios de vida y el acceso al confort; demuestra su utilidad como imaginario terapeuta colectivo, así como garante de comodidades tanto materiales como imaginarias, dirigidas a una mayoría 10.

Por ello, las reacciones no liberales contra el terror son siempre inadecuadas, puesto que infravaloran la tremenda superioridad del atacado sobre el atacante; magnifican el fantasma insustancial de Al Qaeda, ese conglomerado de odio, desempleo y citas del Corán, hasta convertirlo en un totalitarismo con rasgos propios, y algunos, incluso, creen ver en él un «fascismo islámico» que, no se sabe con qué medios imaginarios, amenaza a la totalidad del mundo libre. Dejaremos abierta la pregunta por los motivos que han conducido a aquella infravaloración y a esta magnificación. Sólo esto es seguro: los realistas se hallan de nuevo en su elemento; por fin pueden ponerse, una vez más, al frente de los irresolutos, con los ojos clavados en el fantasma del enemigo fuerte, medida antigua y nueva de lo real. Con el pretexto de la seguridad, los voceros de la nueva militancia dan rienda suelta a tendencias autoritarias cuyo origen hay que buscar en otro sitio; la angustia colectiva, cuidadosamente mantenida, hace que la gran mayoría de los mimados consumidores de seguridad de Occidente se sume a la comedia de lo inevitable. ¿A dónde nos puede llevar todo ello? Los pasajeros que, desde el 11 de septiembre, en los aeropuertos europeos, tienen que sacrificar las tijeras para uñas a fin de reducir los riesgos del vuelo han experimentado en sus propias carnes un anticipo.

 

Notas

1 Más detalles al respecto en: SLOTERDIJK, Peter, Sphären III: Schäume, Suhrkamp, Frankfurt 2004. Los ecos literarios de la estancia de Dostoievsky en Londres se encuentran en su suplemento literario de viajes «Anotaciones de invierno sobre impresiones de verano», 1863, un texto en el que el autor se burla, entre otras cosas, de los «sargentos primeros de la civilización» de Occidente, de los «progresistas de invernadero», y expresa su angustia acerca del triunfalismo baálico del palacio de la Exposición Universal. Dostoievsky reconoce ya en la burguesía francesa la equiparación europea occidental y posthistórica entre seres humanos y poder adquisitivo: «La posesión de dinero [es] la más elevada virtud y deber del ser humano».

2 Para una interpretación de la teoría heideggeriana del tedio en el contexto del desarrollo de la ironía y la ausencia de tensión modernas, cfr. Sphären III: Schäume, op. cit.

3 Cfr. «Absolute Inseln» en: Sphären III: Schäume, op. cit., cap. 1, sección A, pp. 317-337.

4 BENJAMIN, Walter, Gesammelte Schriften, Suhrkamp, Frankfurt 1989, vol. 1, pp. 86 y 93.

5 Acerca del motivo del «capitalismo confortable», cfr. CLAESSENS, Dieter y CLAESSENS, Karin, Kapitalismus als Kultur: Entstehung und Grundlagen der bürgerlichen Gesellschaft, Suhrkamp, Frankfurt 1979.

6 Cfr. LEVINAS, Emmanuel, «La proximité», Autrement qu’être ou au delà de l’essence, Le Livre de Poche, París 2004 (1978), pp. 129-155.

7 Paul Berman se sirve de la comparación con las «picaduras de mosquito»; por desgracia, el autor se rasca con tanta energía, que le sale una sobreinterpretación del terrorismo islamista como nuevo totalitarismo: cfr. BERMAN, Paul, Terror und Liberalismus, Europäische Verlagsanstalt, Hamburgo 2004, p. 32; sin preocuparse por lo poco afortunado de sus imágenes, añade que las picaduras de mosquito son «parte de una guerra»; una vez más se emplea la lucha contra los insectos como modelo de la gran política.

8 Cfr. LENTRICCHIA, Frank; MCAULIFFE, Jody, Crimes of Art and Terror, University of Chicago Press, Chicago y Londres 2003, pp. 6-17.

9 LUTTWAK, Edward N., «Armed Suasion», Strategy. The Logic of War and Peace, The Belknap Press of Harvard University Press, Cambridge (MA) y Londres 1987, cap. 13.

10 Cfr. «Das Empire – oder: Das Komforttreibhaus; die nach oben offene Skala der Verwöhnung», Sphären III: Schäume, Plurale Sphärologie, op. cit., cap. 3, sección 9, pp. 801 y ss.

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Instituto de Filosofía Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

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Instituto de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso;

Seminario Sloterdijk

Ver:

SLOTERDIJK Y NIETZSCHE; POSTHUMANISMO, ANTROPOTÉCNICAS Y COMPLEJIDAD EXTRA-HUMANA

 

 

ROSI LÓPEZ; EXPOSICIÓN “TEMBLORES DE AIRE”

PETER SLOTERDIJK ‘EL PALACIO DE CRISTAL’; Introducción Dr. Adolfo Vásquez Rocca

 

PETER SLOTERDIJK MIEMBRO DE LA ACADEMIA DE LAS ARTES DE BERLÍN Y CONDUCTOR DE ‘DAS PHILOSOPHISCHE QUARTETT’ -ZDF-

Adolfo Vasquez Rocca - Sloterdijk

 

Dr. Adolfo Vásquez Rocca

Pontificia Universidad Católica de Valparaíso – Universidad Complutense de Madrid

 

Sloterdijk Atmo-terrorismo - Adolfo Vasquez Rocca

 

El filósofo alemán Peter Sloterdijk1 fue designado -en junio pasado- miembro de la Academia de las Artes de Berlín junto a otros seis artistas e intelectuales.

 

La Academia de las Artes, actualmente presidida por el artista Klaus Staeck, tiene un total de 370 miembros alemanes y extranjeros y su tarea es difundir las tendencias actuales de las artes y la cultura y contribuir a la conservación del patrimonio intelectual.

 

 

 

En Berlín cuenta actualmente con dos sedes, una situada al lado de la Puerta de Brandeburgo y otra al lado del parque Tiergarten. Los miembros están distribuidos en seis secciones que son artes plásticas, arquitectura, música, literatura, artes escénicas y cine y nuevos medios.

 

 

 

 

 

Adolfo Vásquez Rocca

 

 

Los otros nuevos miembros son el escritor Friedrich Christian Delius, el crítico literario Peter von Matt, el compositor Manfred Trojahn, el cineasta Andres Veiel y los arquitectos y urbanistas Rena Wandel-Hoefer y Thomas Sievert.

 

Sloterdijk es el más polémico y conocido filósofo vivo en lengua alemana. El autor de la Crítica de la razón cínica y la Trilogía Esferas2 revolucionó el panorama del pensamiento en Europa cuando en 1999 difundió su ensayo Reglas para el Parque Humano3 en el que abogaba por un debate sin tabúes sobre la ingeniería y la manipulación genética, con la tesis de que quizá por esa vía se llegaría a transparentar los límites y alcances de tales tecnologías para la especie.

 

Sloterdijk, que ha sido candidato al Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, es rector de una universidad especializada en nuevos medios y diseño -la Hochschule für Gestaltung, en Karlsruhe.

 

Sloterdijk - Adolfo Vasquez Rocca

 

Sloterdijk es además conductor de un programa de televisión en la cadena pública alemana -ZDF-: “El Cuarteto Filosófico”4 [Das Philosophische Quartett] -que tomó el nombre del célebre “Cuarteto literario” de Marcel Reich Ranicki- donde tienen lugar debates y análisis político-culturales de actualidad desde una óptica filosófica y estética. El Programa se emite -cada dos meses- el domingo en directo, en horario estelar, con una duración de una hora y se graba en un estudio instalado en la fábrica de cristal que posee el consorcio automovilístico Volkswagen en Dresde. En este sugerente programa Sloterdijk junto a selectos invitados realiza originalísimos análisis estético-fenomenológicos de los espacios humanos o Esferas -como prefiere llamarles-, una indagación de los dispositivos iconográficos de la política de masas, del imaginario del arte, de sus nuevas tecnologías y la ampliación de su concepto y competencias en ámbitos tan diversos como la literatura, la música pop, la mitología, la arquitectura, la medicina magnetopática, la psicología analítica, la mística, expresiones todas, que se sitúan en un cruce entre política y filosofía, para exhibir los forados de una y de otra, en una corrosiva representación del carácter volátil de la sociedades liberales, cuyo estatuto ontológico es un híbrido difícil de precisar, una inflación de las patrias en medio de la ontología de las distancias globales.

 

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Así en uno de los primeros programas se abordo la cuestión del miedo, con la colaboración de dos invitados inteligentes y experimentados en la vivencia del miedo, el alpinista y escritor Reinhold Messner, y el teólogo y ex disidente germano oriental Friedrich Schorlemmer. Temas no ajenos a las preocupaciones de Sloterdijk en obras recientes como Temblores de Aire; en las fuentes del terror.

 

Rosi López  Arte
Rosi López en ArteLista.com

 

En su obra Temblores de aire5 Sloterdijk se interna en las fuentes del terror, corriendo la niebla, buscando luz en el crepúsculo de la inmunidad, Sloterdijk mueve provocadoramente su pensamiento. Este escrito se arma bajo la lógica del pánico como argumento central de la política. Escrito entre la voladura de los rascacielos de Nueva York y el secuestro por un comando checheno de los asistentes al teatro de Moscú. Asalto cuya conclusión -que todavía suscita discusiones en torno a si los gases empleados eran enervantes, anestésicos o una mezcla inodora e incolora de ambos- parece la confirmación empírica de la fantasía profética de Haslinger, citada por Sloterdijk, cuando imagina en Opernhall la ópera de Viena convertida por unos criminales en una gran cámara de gas.

 

Sloterdijk - Adolfo Vasquez Rocca

 

Sloterdijk plantea en Temblores de aire6 algo acerca de este tipo de espanto cuando estudia detalladamente la originalidad de esta época, al considerar a la práctica del terrorismo, el concepto de diseño productivo y la reflexión en torno al medio ambiente como un tríptico organizador de un estilo de muerte: el modelo atmoterrorista y la guerra del gas. Es desde el medio ambiente, desde la necesidad elemental del respirar que proviene el cambio en los medios de agresión al semejante. Se arrebata la vida arrebatando los medios que permiten vivir, en una comedia económica de la asfixia.

 

Sloterdijk Atmo-terrorismo - Adolfo Vasquez Rocca

 

Sloterdijk, uno de los intelectuales convocados recientemente por el canciller Schröder para debatir sobre las consecuencias del nuevo escenario mundial en la era del atmo-terrorismo y las guerras de rehenes, se refirió al binomio miedo y seguridad, en relación con la política exterior estadounidense, que suele presentar Washington bajo la rúbrica “intereses de seguridad”. Destacó el filósofo cómo “vivimos en una sociedad obsesionada por la seguridad”, por las pólizas y las políticas de climatización corriendo el riesgo de perder nuestra libertad. El alpinista Reinhold Messner se refirió al miedo como un elemento clave para el desarrollo del intelecto. “El miedo está al comienzo del intelecto, el miedo de alguna manera hizo al hombre”, señaló Messner, en su intervención. El ex disidente y teólogo Schorlemmer insistió en que el miedo es un instrumento que manejan los regímenes totalitarios para controlar a la población.

 

Sloterdijk - Adolfo Vasquez Rocca

 

 

Sloterdijk partidario de que el pensamiento no sólo se difunda, sino que se visualice, se presta a esta experiencia única en la televisión europea, debido a que cree que la filosofía se encuentra aislada y estado de sopor en ciertos claustros universitarios, en esas especies de sociedades secretas donde el pensamiento languidece, de ahí la necesidad de buscar espacios en los nuevos medios, para conseguir llegar al gran público y así terminar con la ruptura -especialmente profunda en Alemania- entre el saber académico y las preocupaciones del hombre corriente, el ciudadano medio -con sus agobios y perplejidades.

Adolfo Vásquez Rocca

 

Adolfo Vásquez Rocca PH D.

 

ADOLFO VÁSQUEZ ROCCA. Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, Teoría del Conocimiento y Pensamiento Contemporáneo. Áreas de Especialización: Antropología y Estética. Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la PUCV, del Magíster en Etnopsicología, Escuela de Psicología PUCV, Profesor de Antropología y de Estética en el Departamento de Artes y Humanidades de la UNAB. Profesor asociado al Grupo Theoria, Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado. Director de la Revista Observaciones Filosóficas http://www.observacionesfilosoficas.net/. Secretario de Ejecutivo de PHILOSOPHICA, Revista del Instituto de Filosofía de la PUCV http://www.philosophica.ucv.cl/editorial.htm, Editor Asociado de Psikeba Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, Buenos Aireshttp://www.psikeba.com.ar/, miembro del Consejo Editorial de Escaner Cultural Revista de arte contemporáneo y nuevas tendenciashttp://www.escaner.cl/ y Director del Consejo Consultivo Internacional de Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo.

 

Dr. Adolfo Vásquez Rocca

http://www.psikeba.com.ar/obras/AVR/autor.htm

 

| E-mail:adolfovrocca@gmail.com

 

1 SLOTERDIJK, Peter, Hochschule für Gestaltung, Karlsruhe, Alemania. Referencia a la obra de Peter Sloterdijk: http://www.psikeba.com.ar/recursos/autores/sloterdijk.htm

2 VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “Peter Sloterdijk;. Esferas, helada cósmica y políticas de climatización”, En Debats, ISSN 0212-0585, Nº 94, 2006, pags. 6-13, Valencia; y Eikasia, Revista de Filosofía, 5 (julio 2006); http://www.revistadefilosofia.com/SLOTERDIJK.pdf

3 VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “Peter Sloterdijk; De las ‘Normas para el Parque humano’ a la biotecnología y el discurso del posthumanismo”, En Opinatio, Barcelona, 2006 http://usuarios.iponet.es/ddt/biotecnologia.htm

4El Cuarteto Filosófico, Programa -ZDF-: http://www.zdf.de/ZDFde/inhalt/8/0,1872,1021352,00.html

5SLOTERDIJK, Peter, Temblores de aire, en las fuentes del terror, Ed. Pre-Textos, Valencia 2003

6SLOTERDIJK, Peter, Temblores de aire, en las fuentes del terror, Ed. Pre-Textos, Valencia 2003

ROSI LÓPEZ; EXPOSICIÓN “TEMBLORES DE AIRE”

 

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